20 jul. 2017

La bicicleta de Platón

Ramon Casas, Ramon Casas i Pere Romeu en un tàndem

Recuerdo haber ido al festival romano Tarraco Viva hace ya unos cuantos años. Pude asistir a las luchas de gladiadores y a un mercado romano. Vi a abogados con toga y a legionarios con un casco Gálico-imperial. Había un centurión, caballos y garum. Me impresionó, igual que a todos, ver hasta qué punto era distinto y exótico para mí aquel mundo de hace dos mil años.

Exótico es la palabra. El mundo clásico es exótico para nosotros cuando lo vemos representado. Las armas de hierro, los vestidos, los peinados, la comida o la bebida no son los de nuestra época. Tampoco sus edificios, su escultura o sus costumbres. Quizás, en parte, por eso nos fascina tanto. En otro sentido, sin embargo, el mundo clásico es de lo menos exótico que hay.

Me refiero aquí al aspecto intangible de nuestra cultura. Hoy en día nadie que viva en Francia, España o Estados Unidos diría que es romano o griego, en gran parte porque la Edad Media y los nacionalismos del siglo XIX supusieron un corte en nuestra percepción identitaria. Y, no obstante, tengo la impresión de que somos herederos directos de aquel mundo en todo cuanto no sea material.

En general, se perciben las lenguas clásicas como unos artefactos anticuados. Saber latín y griego clásico es como saber manejar un submarino de 1930, o el avión de los hermanos Wright, o, para enlazar con el título de esta entrada, como saber manejar una bicicleta del siglo XIX. Nosotros ya no hablamos latín ni griego, se opina, del mismo modo en que tampoco viajamos en submarinos, aviones o bicicletas anticuados.

Yo tengo la impresión de que hay algo que falla en esta comparación. Saber latín y griego no es equiparable a saber manejar un velocípedo de 1830. Es más equiparable a saber explicar el modelo de las bicicletas actuales. Y es que, en efecto, la lengua, la ciencia, la cultura, el pensamiento y la política –nuestra bicicleta, en definitiva- están impregnados de una serie de cuestiones hereditarias.

Problemas ‘actuales’ como la justa repartición de la tierra son, realmente, milenarios - en época romana, los hermanos Graco perdieron la vida intentando solucionarlos; las humanidades no tenían futuro ni siquiera en la Roma imperial, nos advierte Juvenal en su sátira séptima; la difusa frontera entre el arte y la pornografía ya fue advertida por Augusto, quien censuró los poemas de Ovidio; el hecho de que siempre se absuelva al acusado en caso de duda es una idea genuinamente romana; saber que la naturaleza no siempre es amiga nuestra es una noción griega que los médicos de hoy en día tienen clarísima. Etcétera y más etcétera.

Nuestro calendario, alfabeto, lengua, derecho, religión, costumbres y moral son romanos. Todos hablamos un mal latín la mayor parte del tiempo, y los científicos, cuando quieren hablar y pensar de forma más específica, se pasan siempre al griego. Y es que por más curioso que nos parezca su mundo material, yo creo que la bicicleta de Platón es nuestra bicicleta, porque no hemos dejado de ser ni griegos ni romanos en muchos sentidos.

19 jul. 2017

Glaucopis

En la Ilíada y en la Odisea, el adjetivo o epíteto por excelencia de Atenea es γλαυκῶπις, glaucopis, “de mirada verde”. Así en los siguientes pasajes:


τὸν δ᾽ αὖτε προσέειπε θεὰ γλαυκῶπις Ἀθήνη:
ἦλθον ἐγὼ παύσουσα τὸ σὸν μένος, αἴ κε πίθηαι,
οὐρανόθεν: πρὸ δέ μ᾽ ἧκε θεὰ λευκώλενος Ἥρη
ἄμφω ὁμῶς θυμῷ φιλέουσά τε κηδομένη τε.

A éste respondió a su vez Atenea de mirada verde: “He venido desde el cielo para hacer cesar tu ira, si obedeces; Hera, de brazos blancos, me ha enviado porque os quiere a ambos y se preocupa por vosotros”.

Homero, Ilíada, I, 206-210

Cf.:
αὐτὰρ Τηλέμαχος προσέφη γλαυκῶπιν Ἀθήνην,
ἄγχι σχὼν κεφαλήν, ἵνα μὴ πευθοίαθ᾽ οἱ ἄλλοι:

Telémaco le habló a Atenea de mirada verde, con su cabeza cerca, para que los demás no se enterasen.

Homero, Odisea, I, 156-157


El adjetivo glaucopis no sólo se lo encuentran los helenistas que lidian con Homero, sino también los biólogos, pues una especie de picaflor suramericano lleva el nombre de Thalurania Glaucopis.

Thalurania Glaucopis

No es lo que parece

οὔ μοι δικαίως μοιχὸς ἁλῶναι δοκεῖ
Κριτίης ὁ Χῖος ἐν κασωρικῷ δούλῳ.

Me parece que es injustamente como ha sido convicto de adulterio Critias el de Quíos en un burdel.

Hiponacte, Fragmento 30.

18 jul. 2017

Ascendencia

crede non illam tibi de scelesta
plebe dilectam, neque sic fidelem,
sic lucro aversam potuisse nasci
matre pudenda.

Créetelo: no la has escogido de la vil plebe; una chica tan fiel, tan desinteresada, no puede haber nacido de una madre infame.

Horacio, Odas, II, 4


La cuarta oda de Horacio loa a una chica de clase baja y a su amante, a quien el propio Horacio advierte que no sospeche de sus intenciones pues el poeta acaba de cumplir ya cuarenta años. Es posible que el adjetivo desinteresada (lucro aversam) sea irónico.

Sea como fuere, me parece interesante ver cómo el poeta romano pone de manifiesto la importancia de la ascendencia en los últimos versos, como si la villanía de las clases bajas se heredase. En el Nuevo Testamento éste será un argumento recurrente.

Entradas relacionadas:

· El fruto de los árboles

17 jul. 2017

Los poetas no tienen futuro

Michael von Albrecht & al., A History of Roman Literature, 1994, Munich (ed. inglesa de 1997, Brill, vol. I, pg. 1020):

7: (Intellectuals in Rome): There is no future for poets (1-97), historians (98-104), advocates (105-149), teachers of rhetoric (150-214), or grammarians (215-243).
7: (Intelectuales en Roma): No hay futuro para los poetas (1-97), historiadores (98-104), abogados (105-149), profesores de retórica (150-214), o gramáticos (215-243).


Este es el resumen de von Albrecht de la sátira séptima de Juvenal. Es posible que las humanidades nunca hayan tenido demasiado futuro...

14 jul. 2017

El intelectual

José Ferrater Mora, Del intelectual y de su relación con el político, 1945, en Variaciones sobre el espíritu, ed. Sudamericana, Buenos Aires, pg. 23-24:

Alguien me replicará que el intelectual se pone con frecuencia al servicio de ideas erróneas, de sentimientos mezquinos, de valores falsos. Es absolutamente cierto. Pero es precisamente entonces cuando el intelectual deja de serlo. Porque no hay duda: cuando la inteligencia trabaja honradamente, no descubre jamás realidades torpes.

pg. 24:

Pues el auténtico intelectual es siempre humilde, humilde ante las cosas y las ideas, aunque a veces sea desenfadadamente orgulloso ante ciertas personas, que no son precisamente las que poseen escasas luces, sino las que se creen con el derecho de proyectar sombra sobre todas las luces. 
(...) 
El verdadero intelectual sabe, en cambio, que toda idea implica siempre su contraria y que su misión no es imponerlas, sino descubrirlas y averiguar sus límites. 
(...) 
(El intelectual) es todo lo contrario del hombre de una sola idea y de un solo libro.

pg. 38:
El fanático es lo inverso del intelectual, como es lo inverso del político, porque es, podríamos decir, un híbrido producto de estos dos seres.

pg. 39:

Aunque hijo de su época, el intelectual está siempre un poco al margen de toda época.

Ferrater Mora

9 jul. 2017

Heliotropo

El género de plantas heliotropium recibe su nombre de las palabras griegas sol (ἥλιος) y girarse hacia (τρέπω). Yo propongo aplicarlo a los turistas británicos de la Costa Brava.

Heliotropo

Jamás doy mi opinión

καὶ ὅπερ ἤδη πολλοί μοι ὠνείδισαν, ὡς τοὺς μὲν ἄλλους ἐρωτῶ, αὐτὸς δὲ οὐδὲν ἀποφαίνομαι περὶ οὐδενὸς διὰ τὸ μηδὲν ἔχειν σοφόν, ἀληθὲς ὀνειδίζουσιν. 
Y como muchos ya me han acusado, pregunto a los demás, pero yo mismo jamás doy mi opinión sobre nada, precisamente por no saber nada de nada. Esto es totalmente cierto. 
Platón, Teeteto, 150c

Cleopatra

Indro Montanelli, Storia di Roma, 1959, Milán (trad. Domingo Pruna, 1961, Barcelona, ed. Plaza & Janes, pg. 202):
No muy guapa, pero rebosante de sex-appeal, rubia, serpentina, sabia maestra en polvos de arroz y cosméticos, con una voz melodiosa que no correspondía en absoluto, como a menudo sucede, a su temperamento ambicioso y calculador, lo suficientemente intelectual para sostener con brío una conversación y absolutamente ignorante de todo cuanto pudiera parecerse al pudor, ...

6 jul. 2017

Una naturaleza hostil

Recientemente, en Laudator Temporis Acti se ha publicado una entrada con un fragmento de las Epístolas de Pseudo-Hipócrates. Me ha parecido un excelente ejemplo de cómo algunas ideas griegas han influido directamente en la ciencia y la medicina actual. Veamos el pasaje:
οὐχ' ὁρῇς, ὅτι καὶ ὁ κόσμος μισανθρωπίης πεπλήρωται; ἄπειρα κατ' αὐτῶν πάθεα ξυνήθροικε. ὅλος ἄνθρωπος ἐκ γενετής νοῦσός ἐστι· τρεφόμενος ἄχρηστος, ἱκέτης βοηθείης· αὐξανόμενος ἀτάσθαλος, ἄφρων διὰ χειρὸς παιδαγωγίης· θρασὺς ἀκμάζων, παρακμάζων οἰκτρός, τοὺς ἰδίους πόνους ἀλογιστίῃ γεωργήσας·  
¿Acaso no ves que incluso el cosmos está lleno de odio hacia los hombres? Habitan en él infinitos dolores para la humanidad. El hombre entero es una enfermedad desde el nacimiento: mientras se le alimenta, es inútil y suplica ayuda; mientras crece, es presuntuoso y un estúpido a las manos de su tutor; en su esplendor es insolente, y de viejo da lástima, con los muchos dolores que conlleva su insensatez. 
Pseudo-Hipócrates, Epístolas, 17.9

En efecto, los griegos fueron los primeros en formular la idea de que la naturaleza es de una hostilidad considerable para el hombre. Véase Roger James, Understanding Medicine, 1970, Harmondsworth, Middlesex (trad. Elena Armedo Soriano, 1994, ed. del Prado, Madrid, pg. 13-14):

Debe ocupar un pimerísimo lugar en la lista de las interpretaciones equivocadas el confuso concepto sobre la Naturaleza arraigado en la mentalidad de la gente por frases hechas del tipo “La Naturaleza nunca se equivoca”, y “hay que dejar actuar a la Naturaleza”.  Estos sustitutos del pensamiento son utilizados para apoyar posturas de desaprobación ante cualquier medida, desde la fluorificación del agua de bebida hasta la aceptación de medidas terapéuticas médicas de probada eficacia. Incluso si admitimos la dudosa posibilidad de conceder a la Naturaleza inteligencia y capacidad de lucha, no podemos olvidar la suposición implícita de que la Naturaleza está de nuestro lado, suposición que es una reminiscencia de la idea de que Dios, creador y preservador de toda la especie humana, se pone siempre de nuestro lado en cualquier combate. 
(...) 
Podemos decir, si queremos, que, en general, la Naturaleza está efectivamente de nuestro lado. Pero cuando sabemos que la Naturaleza está en contra nuestra, y cuando sabemos, gracias a anteriores experiencias, que las consecuencias de la falta de acción son el empeoramiento del proceso o la muerte, entonces nos interesa combatir a la Naturaleza, si vemos alguna posibilidad de vencerla.

2 jul. 2017

Satán era persa

Jesús Mosterín, Los judíos, 2006, Madrid, Alianza Editorial (reedición de 2015, pg. 69):

Durante los siglos de teocracia yahvista bajo tutela política persa, la influencia cultural de la religión de los persas se hizo sentir sobre el judaísmo, como era de esperar. En los textos de esa época aparecen por primera vez temas típicos de la religión mazdeísta, pero completamente ajenos al yahvismo preexílico, tales como la figura de Satán, las jerarquías de ángeles y demonios, el juicio final y la inmortalidad del alma. En el Iyyob (Job) y en el Dibré ha-yamim (Crónicas) aparece Satán como adversario de Dios y factor del mal, en claro reflejo de la concepción dualista persa. A la idea de un Satán opuesto a Dios se une la de un juicio final y una vida después de la muerte, con premios para los humanes (sic) que en esta vida hubieran estado con Dios y castigos para los que hubieran estado con Satán. Estas ideas persas, a través del judaísmo, acabarían pasando al cristianismo y al islam.

Les Trésors de Satan, de Jean Delville

17 jun. 2017

Las palabras del mundo

Ryszard Kapuscinski, Viajes con Herodoto, 2004 (ed. Empúries, 2006, trad. Anna Rubió y Jerzy Slawomirski, Barcelona, pg. 25, trad. mía a partir del catalán):
Observé que entre el hecho de tener un nombre y el de existir hay una relación, porque, al volver al hotel, descubría que sólo había visto lo que sabía nombrar; que, por ejemplo, recordaba una acacia, pero no el árbol contiguo, cuyo nombre ignoraba. En resumen, entendí que, cuantas más palabras supiese, más rico y lleno sería el mundo que se abriría ante mí.

Cf. Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, 1921, 5.62 (trad. mía a partir del inglés accesible en wikisource):

Que el mundo es mi mundo, muestra el hecho de que los límites de mi lenguaje (del lenguaje que yo entiendo) son los límites de mi mundo.

10 abr. 2017

El desarrollo histórico

Erich Fromm, Marx y Freud, 1962 (ed. edicions 62, Barcelona, 1967, pg. 42, traducción mía a partir del catalán):
(Para Freud) Cuanto más crece la civilización, más se sublima el hombre, pero también se frustran más sus impulsos libidinosos originales. Se vuelve más sabio y culto, pero también, en cierto sentido, menos feliz que el hombre primitivo; está más expuesto a la neurosis, resultado de una excesiva frustración instintiva. El hombre no se siente satisfecho con la civilización que crea. El desarrollo histórico es un fenómeno positivo, si lo consideramos desde el punto de vista de los productos de la civilización, pero es también un proceso que implica una insatisfacción creciente, unas posibilidades de neurosis cada vez mayores.

3 abr. 2017

Preparar la guerra

Erich Fromm, Marx y Freud, 1962 (ed. edicions 62, Barcelona, 1967, pg. 10, traducción mía a partir del catalán):


Contribuyeron a cambiar mi opinión sobre la guerra algunas experiencias con mis profesores. El profesor de latín, quien durante los dos últimos años inmediatamente anteriores a la guerra no hacía más que repetir en sus clases su máxima favorita, Si vis pacem, para bellum (“si quieres paz, prepara la guerra”), manifestó un gran entusiasmo cuando la guerra estalló. Comprendí entonces que su pretendido deseo de paz era falso. ¿Cómo era posible que un hombre que parecía tan preocupado por preservar la paz estuviese tan contento al estallar la guerra? A partir de entonces, me fue muy difícil creer en el principio que el armamento preserva la paz.

Ilusiones


Erich Fromm, Marx y Freud, 1962 (ed. edicions 62, Barcelona, 1967, pg. 21, traducción mía a partir del catalán):


El presupuesto subyacente en el “arma de la verdad” de Marx es el mismo que hay en Freud: que el hombre vive de ilusiones porque estas ilusiones hacen soportable el infortunio de la vida real.

13 mar. 2017

Los colores y las lenguas

The Joy of Painting, programa americano

Describir los colores es un viejo e interesante problema. El diccionario de la Real Academia Española en su última versión opta por definir los colores indicando elementos, en su mayoría sacados de la naturaleza, que tengan ese color. Así, se nos define el marrón como un color “semejante al de la cáscara de la castaña o el pelaje de la ardilla”, y el verde como un color “semejante al de la hierba fresca o al de la esmeralda”.

Es remarcable observar cómo, si cambiamos de lengua, las asociaciones entre colores y elementos que los tengan también pueden cambiar. Por ejemplo, en la Ilíada se nos define numerosas veces el mar como “color de vino” (οἶνοψ, óinops), y existe un adjetivo en griego clásico, οἰνωπός, oinopós, cuya definición en los diccionarios ingleses es “black mixed with bright light”. ¿Negro mezclado con luz brillante? Es difícil de imaginar, pero seguramente las notables diferencias culturales nos den algunas pistas aquí.

Hay un ejemplo clásico al respecto, el de las lenguas esquimales que tienen una cantidad considerable de adjetivos para referirse al color blanco. Naturalmente, porque la necesidad de distinguir entre distintos tipos de nieve creó estas sutiles distinciones. Personalmente, creo que el “espectro crómatico” que es capaz de distinguir una cultura puede determinar su vocabulario. Quizás por eso las sociedades urbanas e industrializadas, que han perdido contacto con la naturaleza y sus inacabables tonos de verdes o amarillos, también han perdido las palabras para designarlos.

Naturalmente, esto es sólo mi opinión. Hoy quisiera llamar la atención sobre algunos puntos que pasan desapercibidos cuando hablamos de los colores y de su reflejo lingüístico.

El primero, que siempre hablamos de los colores como adjetivos. Para explicar frases en las que actúen como nombres (por ejemplo, en El rojo es mi color favorito), hablamos de una sustantivización adjetival. Es decir, damos al color la categoría de atributo, de complemento, de propiedad de alguna otra cosa. El lingüista Leonard Talmy ha hablado de ello en más de una ocasión: el color –igual que el tamaño, por ejemplo- no es una cualidad estructural de los nombres. Talmy ha argumentado que las cualidades estructurales no se expresan mediante adjetivos, sino mediante marcas morfológicas: por ejemplo, el número o el género sí que son cualidades estructurales, y por eso tienen un reflejo morfológico –por ejemplo, poniendo una –s para indicar plural o una –a para indicar femenino, en castellano-. No hay ninguna lengua en el mundo en que el color tenga una desinencia propia. Siempre se expresa con adjetivos.

Es muy posible que las cualidades no estructurales sean más subjetivas que el número (singular o plural) o el género. Más aún: es muy posible que sean graduales. La barrera entre el naranja y el amarillo está sujeta a interpretación, a veces. O, por lo menos, ésta es nuestra percepción al respecto. Al fin y al cabo, los fenómenos lingüísticos vienen determinados por nuestras capacidades y estructuras cognitivas.

En este sentido, lo esperable es que las diferencias entre lenguas al respecto tengan un arraigo cultural –y no biológico- muy fuerte. Hay un célebre poema de Safo en que la autora nos dice que cuando ve a su amado se queda “más verde que la hierba”. ¿Puede una persona estar verde? La mayoría de traducciones del poema optan por decir “más pálida que la hierba”, y es que en griego clásico hay una fuerte asociación entre el verde y el blanco – por ejemplo, en el adjetivo γλαυκός, glaukós, que designa un color verde muy claro-. Esta asociación (verde y blanco) seguramente será exclusiva de la cultura griega: en castellano, asociaríamos al verde con otros colores antes que con el blanco. 

¿O quizás hemos perdido colores respecto a las lenguas clásicas? Los romanos, siguiendo aquella famosa máxima, eran “soldados y campesinos”. Un breve apunte lingüístico al respecto: el latín es una de las lenguas con más adjetivos para distinguir tonos de colores. Quizás por eso ha sido siempre la lengua predilecta de los botánicos para su nomenclatura. Por ejemplo, el latín cásico distingue once verdes: 

 Extracto de Colores Latini

Quienes se dedican a pintar cuadros, por ejemplo, suelen añadir adjetivos a cada tono para distinguir entre distintos verdes, azules o incluso blancos. En el mítico programa de televisión americano The Joy of Painting, los colores se nombraban con un adjetivo delante: Midnight Black, Van Dyke Brown, Prussian Blue, Thalo Blue...Todo esto, incluso antes de mezclarlos en la paleta y conseguir colores nuevos.

Finalmente, tengo la impresión de que la percepción de los colores no varia mucho según la cultura o la lengua. Lo que sí que cambia son sus “asociaciones”. El mar color de vino o la persona pálida como la hierba son ejemplos en griego clásico de lo subjetivo que es atribuir a un nombre una cualidad cromática. Seguramente, si pusiéramos estos colores en una paleta no habría discusión en cuál es cuál, pero tenerlos que relacionar con algo nos llevaría a la discrepancia asegurada. Pero, como siempre, esto es sólo mi opinión.
 

Una lectura relajada

Nikola Tesla

17 feb. 2017

Raíces médicas (y no tan médicas)



Si en una entrada reciente discutía términos de botánica que han trascendido a nuestra habla común, hoy le toca a la medicina. La preocupación histórica de los médicos por tener un lenguaje específico y propio no ha podido evitar que algunas raíces griegas muy usadas en medicina hayan trascendido al lenguaje corriente. Veamos:

· -algia: “dolor”.
            · Término médico: cefalalgia (“dolor de cabeza”).
            · Término común: nostalgia.
· auto-: “él mismo”.
            · Término médico: autólisis (“suicidio”)
            · Término común: automóvil.

· ciano-: “azul”.
            · Término médico: cianosis (“enfermedad azul”).
            · Término común: cian.

· -fag-: “comer”.
            · Término médico: disfagia (“dificultad al comer”).
            · Término común: sarcófago.

· fen-: “manifestación”.
            · Término médico: acúfenos (“manifestación por el oído”).
            · Término común: fantasma.

· -gno-: “conocimiento”.
            ·Término médico: diagnóstico (“conocimiento completo”).
            · Término común: agnóstico.

· -plas: “moldeado”.
            · Término médico: ectoplasma (“moldeado exterior”).
            · Término común: plástica.

· -poiesis: “creación”.
            · Término médico: hematopoyesis (“creación de la sangre”).
            · Término común: poesía.

· orto-: “recto”.
            · Término médico: ortodoncia (“rectificación dental”).
            · Término común: ortografía.

· rino-: “nariz”.
            · Término médico: rinoplastia (“moldeado de la nariz”).
            · Término común: rinoceronte.

· -taks-: “orden”.
            · Término médico: ataxia (“desorden”).
            · Término común: sintaxis.