17 sept. 2019

La magia infantil


Creo que “descubrí” la música con el disco de Yellow Submarine de los Beatles. Yo debía estar en cuarto o quinto de primaria (¿9 años?), y mi padre nos lo ponía con frecuencia a mi hermano y a mí porque nos había encantado la película homónima. Naturalmente, las canciones del disco me traen imágenes de mi infancia, del piso donde vivíamos, de la película, etcétera, pero no tengo conciencia de guardar un especial vínculo sentimental con los Beatles. Los escucho ahora y me gustan, pero no me entusiasman.

En la adolescencia opté por el rock más duro, un camino musical que hice por mi cuenta. Es una música que sigo escuchando ahora, y creo que me gusta más por el hecho de ser yo solo quien la fue descubriendo. Veo más similitudes, ahora mismo, con mi yo adolescente que con mi yo preadolescente. Puede que haya tomado esa etapa (14-16 años) como algo fundacional en mí, y no me identifique tanto con la anterior.

Veremos cómo evoluciona la cosa. Un buen colega mío me dijo una vez que lo más auténtico que hay en nosotros habita en la infancia. Quizás acabe volviendo ahí y recupere el hábito de escuchar los Beatles con frecuencia. Ahora les tengo un cierto cariño, pero poco más. Eso sí: a pesar de no identificarme con ella, la infancia tiene para mí una especie de halo mágico.

Recuerdo que también fue en quinto o sexto de primaria que empecé a leer La comunidad del anillo, un poco antes de que saliera su adaptación cinematográfica. Naturalmente no lo acabé: me quedé a las puertas de Moria, si mal no recuerdo, pero cuando pienso en mi infancia no puedo evitar ligarla a los Beatles... y a Tom Bombadil, mi personaje favorito de Tolkien. Y, bien pensado, ambos combinan la mar de bien.

Definición de felicidad

quandoque licebit
nunc veterum libris, nunc somno et inertibus horis
ducere sollicitae iucunda oblivia vitae? 
¿Cuándo podré traer el dulce olvido a mi vida estresada, y pasarla entre los libros de los antiguos y entre el sueño y las horas improductivas?  
Horacio, Sátiras, 2.6 v. 60-2.

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16 sept. 2019

Metempsicosis lingüística

Un profesor de historia de la universidad me dijo una vez que él podía estudiar a los griegos, pero nosotros –los estudiantes que sabíamos griego- podíamos pensar como un griego. Meternos en la cabeza de un jónico del siglo V a.C. era algo posible, en su opinión, dominando el código que empleaban y que les moldeaba el pensamiento: su lenguaje.

Hay una barbaridad de implicaciones filosóficas bajo esa presunción que no voy a discutir. Sólo diré que, para mí, dominar una lengua extranjera, más que una transmigración anímica, lo que nos proporciona es un segundo corazón, en un sentido emocional. Poder llorar, reír, aprender o reflexionar en griego no tiene precio. Poder sentir en griego es algo que acaba en otro corazón distinto del habitual, con el que siento cada día y en mi lengua materna.

14 sept. 2019

Fundamentos

Siempre me ha gustado decir a mis alumnos que los griegos dieron en el clavo con las preguntas que formularon, aunque no con las respuestas. Éstas últimas cambian y son dictadas por cada época. Pero el marco, el modelo y los fundamentos del pensamiento moderno –las preguntas que se formula- son todavía las del mundo clásico, grosso modo.

Distanciarnos del mundo clásico es muy difícil, en este sentido. Pero es muy fácil distanciarnos de su estudio, y pensar erróneamente que innovamos a cada cosa que hacemos. Una falacia enorme pero rentable.

Incluso para cambiar o mejorar la sociedad moderna, en un sentido ideológico, necesitamos conocer bien el mundo clásico, su modelo. Es difícil modificar o conservar algo que no se conoce bien. Un amigo mío lo sintetizaba diciendo que se empieza por eliminar el latín y se acaba por permitir las ablaciones de clítoris. Si uno no sabe por qué se han hecho las cosas como se han hecho hasta el día de hoy, el relativismo absoluto le acecha amenazante. Y eso es siempre una mala noticia.

11 sept. 2019

Quintiliano y el colegio

Algunas frases del orador romano Quintiliano sobre la educación que me han llamado mucho la atención:
si quid discere satis non est, ideo nec necesse est. 
Que alguien no tenga una buena capacidad para aprender no significa que no deba hacerlo. 
Institutio Oratoria, 1.1.21 
In emendando quae corrigenda erunt non acerbus minimeque contumeliosus. 
El profesor, cuando corrige a sus alumnos, debe evitar ser sarcástico y altivo. 
2.2.7 
Non austeritas eius tristis, non dissoluta sit comitas, ne inde odium, hinc contemptus oriatur. 
El profesor no debe ser excesivamente estrico ni desenfrenadamente amigable, porque de lo primero viene el odio y de lo segundo el menosprecio. 
2.2.5 
Pueros adulescentibus permixtos sedere non placet mihi. 
No me gusta que los adolescentes compartan espacio con los niños. 
2.14.1 
Sumat igitur ante omnia parentis erga discipulos suos animum, ac succedere se in eorum locum a quibus sibi liberi tradantur existimet. 
El profesor debe adoptar una actitud parental, y verse como el representante de aquellos que han delegado sus hijos a su cargo. 
2.2.5

10 sept. 2019

Los valores del misántropo

¿Puede haber una misantropía constructiva? Creo que fue en Graveyard Masonry donde leí que el siglo XVIII, con sus ilustrados, nos trajo una valiosísima idea, la de que se puede amar a la humanidad sin amar a sus individuos. Amar al prójimo en un sentido abstracto y prescindir del concreto. A veces, como persona introvertida (en un mundo exacerbadamente extrovertido) y profesor a la vez, siento que ése es mi camino por lo menos en parte.

Pero hay otra cosa. A mi entender existe un sentido bueno de la palabra misantropía, un sentido que le confiere valor y valores, y que consiste en saber que todo el mundo tiene el derecho a ser un misántropo. Eso conlleva, entre otras cosas, respetar siempre la libertad individual y aborrecer lo colectivo, lo masivo y lo común. Una idea que yo enmarcaría dentro de un utópico, imposible y, por desgracia, antinatural, anarquismo. Un anarquismo absoluto que se desinteresa de la política, no para que nos la hagan otros, sino porque idealmente nadie debería hacerla.

Insisto en lo de utópico, que conste.

9 sept. 2019

El mundo no clásico

Creo que era el historiador británico Robin Lane Fox quien delimitaba el mundo clásico entre Homero (siglo VIII aC) y el emperador Adriano (siglo II dC). ¿Por qué empezar y acabar ahí? La historia de Grecia empieza mucho antes, también la de la Grecia indoeuropea. Y no digamos cuánto más dura la historia de Roma. Si mal no recuerdo, él lo achacaba, además de a una división tradicional, a una serie de factores culturales comunes, a saber: el cánon literario, indiscutiblemente homérico; la lengua franca, también griega, con la que uno podía ir de Hispania a la Arabia Feliz; y también factores más secundarios como una cierta prosperidad económica, unos dioses paganos, etcétera.

Esta denominación de mundo clásico es más poética que no científica. Insisto en que para los historiadores no tiene una especial relevancia situar Grecia y Roma en un continuum cultural: ésta es una idea esencialmente renacentista, basada en los textos canónicos de la antigüedad y en su humanitas intrínseca. Pero, desde luego, es una denominación muy productiva. La mayoría de profanos ligan Grecia con Roma. También quienes vivimos de ellas.

A veces me gustaría saber qué opinará el futuro de nosotros, de nuestra época. La llamamos ‘edad contemporánea’ a falta de algo más técnico, preciso o que nos relacione con algo. Somos hijos del siglo XIX y XX, desde luego, pero ¿nos va a agrupar la posteridad con ellos? ¿Cuál será el adjetivo que nos definirá, y cuáles las características? Esto es sólo visible con la lejanía de los años, pero creo que saberlo de antemano nos ayudaría a conocernos mejor. Yo he hecho una tentativa con el título de la entrada...

7 sept. 2019

Cultura y naturaleza

Con el tiempo cada vez valoro más estar rodeado de naturaleza. Últimamente voy apurando los últimos días de playa, y me doy cuenta de que bañarse es, sin duda, el mejor momento del día para mí. También cuando viajo: una de las cosas que más me gustaron de Grecia fueron sus paisajes naturales. Algo impensable en mis anteriores viajes a Italia, hechos por y para la cultura.

Creo que era Turner quien, en los últimos años de su vida, se interesó meramente por pintar la naturaleza en estado puro, sin mediación humana alguna. También el conocido pintor de la tele americana Bob Ross, quien pintaba casi siempre paisajes sin huella humana. Siempre he sospechado que esta (aparente y superficial) misantropía era precisamente lo que le permitía ser tan positivo, relajado y optimista. Tratar con seres humanos constantemente suele decantar al personal hacia las cualidades opuestas. La naturaleza, en cambio, nos vuelve a centrar y a reequilibrar. Al menos, ésa es mi impresión.


Bob Ross

6 sept. 2019

El mes más cruel

Recuerdo haber leído en un comentario al The Waste Land de T. S. Eliot que su famoso inicio, “Abril es el mes más cruel”, se refería al hecho de que en abril se espera la primavera –en el poema, metáfora para la recuperación tras la guerra- que acaba por no llegar. El invierno es duro, pero alberga esperanza; el abril ni siquiera tiene eso.

Por una serie de cuestiones que escapan a mi control, vuelvo a estar sin trabajo en un inicio de curso. Mientras duran las vacaciones uno se hace la idea que va en la misma dirección que el decurso habitual de las cosas –uno está ocioso, pero ¿quién no lo está en agosto?-, pero cuando se acaban la realidad nos golpea de nuevo. En setiembre el mundo gira, y uno se lleva la impresión de estar quieto. Y aunque la situación no se alargará demasiado, el simple hecho de no saber cuándo se acabará exactamente tiene algo de exasperante. Recupero el blog ahora, tras un agosto movidito por la mudanza, con la esperanza de que me ayude en el tedio.

23 jul. 2019

Un católico inconsciente

Todos hemos bebido de la mentalidad judeo-cristiana en mayor o menor grado. Sin embargo, a veces me doy cuenta de que al menos yo he ido algunos pasos más adelante. Creo que el dinero envilece al hombre; creo que el perdón es una virtud –y que es posible­-; creo que existen el bien y el mal diferenciados, y creo en algún tipo de más allá, que no me atrevería a definir. Soy un católico insconsciente, y también me opongo, inconscientemente, a ciertas ideas muy germánicas; a saber, que la riqueza viene de Dios (una idea protestante) y que es preferible la venganza al perdón (una idea nietzscheniana).

Para todo lo demás, me quedo con la tradición intelectual de Atenas (racionalismo, ilustración, deducción, empirismo...) antes que con la de Jerusalén (revelación, profecía, verdad divina, fe...). Aunque bien es cierto que ésta última, cuando se ha hecho patente en mí, ha cobrado muchísima fuerza. Supongo que la inspiración divina, por ser más escasa, siempre nos parece más potente que, por ejemplo, la deducción filosófica. De tan socorrida, ‘Atenas’ nos parece ya vulgar, cuando realmente somos nosotros los incapaces de apreciarla bien. Muy probablemente, sin ella yo ya no sería un católico inconsciente, sino un fanático. Vade retro.

Una vieja rezando, de Nicolás Maes

22 jul. 2019

Una segunda existencia

Arthur Schopenhauer, Arte del buen vivir, 1851 (1980, Madrid, pg. 48):
Un ser así privilegiado, además de su vida personal, vive una segunda existencia, una existencia intelectual que gradualmente llega a ser su verdadero fin, no considerándose la otra más que como medio; para el resto de los hombres su existencia misma, insípida, vana y desolada, es la que debe servirles de fin. Esa vida intelectual será la principal ocupación del hombre superior; aumentando sin cesar su tesoro de juicio y de conocimiento, adquiere constantemente una unidad y una perfección cada vez más pronunciada, como una obra de arte en vías de formación; en cambio, la vida de los demás, puramente práctica, está dirigida únicamente hacia el bien personal, aumentando sólo en longitud, no en profundidad, y destinada, no obstante, a servirse de fin a sí misma, mientras que la otra, que es un simple medio, forma un contraste penoso con ésta.

pg. 49:
Así a mí, por ejemplo, mi filosofía no me ha dado a ganar nada, pero me ha ahorrado mucho.
Pigmalión y la imagen (1878), de Edward Burne-Jones

Unas suertes inversas

Arthur Schopenhauer, Arte del buen vivir, 1851 (1980, Madrid, pg. 33):
En iguales circunstancias de éxito o de fracaso en una empresa, el “de humor, difícil” se enfadará por el fracaso y no se regocijará por el éxito; el “de humor, fácil”, por el contrario, no se disgustará por el fracaso y se alegrará del éxito. Si el “de humor, difícil” tiene éxito en sus proyectos, de diez veces, nueve, no se alegrará de las nueve veces que ha tenido éxito, sino que se enfadará por la décima en que ha fracasado; en el caso inverso, el “de humor, fácil” se consolará y regocijará con este éxito único. Pero no es fácil encontrar un mal sin compensación alguna; así ocurre que los “de humor, difícil”, es decir, los caracteres sombríos e inquietos, tendrán que soportar más desgracias y sufrimientos imaginarios, pero, en cambio, menos desgracias y sufrimientos reales que los caracteres alegres y despreocupados, porque el que todo lo ve negro, el que siempre piensa en lo peor y, por consiguiente, toma sus determinaciones, no tendrá desengaños tan frecuentes como el que ve todas las cosas con los colores y las perspectivas risueñas.

21 jul. 2019

Toscos y apresurados

Manuel Fernández Álvarez, Carlos V: Un hombre para Europa, 1999, Madrid, pg. 20:
[En el siglo XV] Muchos leían ya –gran maravilla- los libros impresos, gracias al invento de Gutenberg, si bien los exquisitos seguían encontrándolos toscos y apresurados, frente a los deliciosos libros manuscritos, miniados con arte y paciencia, según las reglas tradicionales.

Códice medieval

20 jul. 2019

El léxico esquimal

Antonio Blanco Salgueiro, La Relatividad Lingüística (Variaciones Filosóficas), 2017, Madrid, pg. 50:
O, lo que es más grave, [los lingüistas generativistas contraatacan acusando] de inventarse la evidencia, como ocurre, según ellos, en el célebre caso de las múltiples palabras para la nieve en esquimal. El título de Pullum (1991) tacha de “estafa” la afirmación de que existe un léxico muy rico para la nieve en las lenguas esquimales o yupik-inuit. Más que de un hecho empírico, se trataría de una leyenda urbana que se exagera cada vez que se cuenta, pero sin base fáctica.

El título de Pullum (1991) aparece citado en la bibliografía. Lo anoto aquí: Pullum, G. (1991), The Great Eskimo Language Hoax, Chicago, The University of Chicago Press.

El pastor, de E.F. Brewtnall

19 jul. 2019

Arcaizante y renovador

Manuel Fernández Álvarez, Carlos V: Un hombre para Europa, 1999, Madrid, p. 87:
En fin, [Carlos V] va y viene por los caminos de Europa, al frente de sus tropas –donde se mezclan todos los soldados de su imperio- o como simple político al que le preocupan los inagotables problemas de la cristiandad. De esa forma, Carlos se nos aparece tallado a escala continental, más que a escala nacional. Y eso le da un aire a veces arcaizante y a veces renovador. Admirando las ruinas romanas o evocando a Julio César, es un auténtico renacentista. Como caballero de la Orden del Toisón de Oro, que quiere medirse en duelo personal con Francisco I de Francia, es una figura medieval. Como paladín de una Europa unida, o legislador y protector de sus nuevos vasallos de las Indias occidentales, es un precursor.

18 jul. 2019

Todo lo que concierne a los hombres

ἀλλ᾽ οὐδὲ περὶ τῶν ἀνθρωπίνων ἁπάντων, οἷον πῶς ἂν Σκύθαι ἄριστα πολιτεύοιντο οὐδεὶς Λακεδαιμονίων βουλεύεται. 
Nadie discute sobre todo lo que concierne a los hombres; ningún espartano deliberará sobre cuál es el mejor gobierno para los escitas. 
Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1112a.

Se ve que la era de los cuñaos es posterior a nuestro filósofo.

17 jul. 2019

Las edades del filólogo

A mi edad, Nietzsche ya era profesor titular de griego clásico en una reputada universidad alemana, y Michael Ventris estaba descifrando el griego micénico. Sin embargo, éstas son dos excepciones notables al decurrir habitual de la vida de un filólogo: los frutos de ésta maduran tarde y se recogen en la edad avanzada.

La filología –el dominio de una lengua y su literatura- se aposenta con la edad y necesita su reposo. El criterio filológico y la auténtica sabiduría emergen mucho después de los arduos esfuerzos de estudiante. Por eso la juventud del filólogo es reconfortante si uno tiene paciencia: él sabe que lo mejor está por venir. A diferencia de la explosividad de un matemático, el filólogo no aspira a revolucionar nada. Su camino es el de las lentas hormigas, y su horizonte, lejano pero reconfortante a la vista, porque lo puede vislumbrar a pesar de todo. No es un horizonte imposible, sino un horizonte que fabricamos día a día, con cada lectura y su comentario correspondiente. Caminante no hay camino.

Mi blog nace de una voluntad por recoger mis impresiones y poder volverlas a leer a largo plazo. Es una obra honesta porque pretende funcionarme como un archivo personal, que evite las distorsiones del futuro al contemplar el pasado. Sin embargo, uno también hace camino con él. Recomendaría a mucha gente abrir un blog, pero ante todo, lo recomendaría a los filólogos. O, al menos, a quien encuentre en la filología un refugio interior, un espacio de felicidad y una morada contra la intemperie de estos tiempos. Creo que le ayuda a uno a recoger los frutos de la vida filológica, si se me permite la expresión, y a saber ver que hoy somos buenos filólogos, pero mañana seremos mejores incluso.

Richard Porson pintado por Thomas Kirkby

15 jul. 2019

Elogiar a los hombres antiguos

εἴωθα μέντοι ἔγωγε τοὺς παλαιούς τε καὶ προτέρους ἡμῶν προτέρους τε καὶ μᾶλλον ἐγκωμιάζειν ἢ τοὺς νῦν, εὐλαβούμενος μὲν φθόνον τῶν ζώντων, φοβούμενος δὲ μῆνιν τῶν τετελευτηκότων. 
Personalmente, yo acostumbro a elogiar a los hombres antiguos y anteriores a nosotros más que a los de ahora, porque tomo precauciones con la envidia de los vivos y temo también la ira de los que ya han muerto. 
Platón, Hipias Mayor, 282a.

12 jul. 2019

Un helenista en Grecia

Hoy, día 12 de julio de 2019, acabo de cumplir uno de los ritos iniciáticos para cualquier filólogo clásico: volver de un viaje a Grecia. Un viaje por placer, intensísimo, que he hecho con mi familia y mi pareja. Acabado de llegar a casa, comento un par de cosas antes de que se me vayan de la cabeza.

Atenas. La ciudad. Es sorprendente, esperes lo que te esperes. Es caótica, viva, auténtica y muy, muy oriental. Las señales de tránsito son orientativas: la gente cruza por donde puede. Aunque tiene algún
Atenas
rincón con aires de capital europea, por lo general Atenas se entiende mucho mejor si la englobas dentro del mundo de Oriente Próximo. Volviendo del aeropuerto, que está francamente lejos de la ciudad, tomamos un bus que no nos pudo dejar en plaza Syntagma –lo esperado-, porque había un mitin político celebrándose ahí. Así pues, tomamos metro y bajamos en Omonia. Desde ahí, en pleno barrio de Psirrí, anduvimos hasta el hotel por unos callejones medio abandonados, llenos de pintadas, mercadillos a plena calle, inmigrantes, miseria, un asfalto desgastadísimo, y un cierto aire imperante de caos ordenado. Como primera impresión fue única. Vimos la otra cara de Europa, la cara de la crisis y de unos ciudadanos que tiran como pueden. Las caras que vimos los siguientes días matizaron esa primera impresión: Atenas es una ciudad que respira, con un mercado y unos cafés preciosos, librerías bellísimas y selváticas, gatos por todas partes e historia en cada calle.

La subida y visita a la Acrópolis fue algo chamánico. Llegamos a las ocho de la mañana y todavía se nos comportó el sol. Había poca gente... hasta que transcurrieron unos cuarenta minutos. Pero ver en persona el Partenón a primeras horas de la mañana fue algo asombroso. Ahí, y sólo ahí, imperaba un silencio muy peculiar entre los turistas. En mi cabeza resonaba una frase: cuántas cosas empezaron justo aquí...

El Museo de la Acrópolis, igual que el Arqueológico, contienen piezas de un valor incalculable que son un gozo de contemplar. Como museos, eso sí, distan de cumplir bien su función. Hay tantísimo material que al final el recinto se trata más de un mero depósito que de una presentación didáctica de éste. Aún así, hay que verlos.

En los días siguientes estuve en Navplia y en la isla de Hydra. Esta primera ciudad tiene también un museo arqueológico con menos material pero mejor expuesto. Gran parte del material proviene de Micenas, bastante cerca, y de Epidauro, también cercano y donde pudimos ir a hacer una excursión. Su impresionante teatro y su santuario de Asclepio son dignos de mencionar.

De Hydra ya hablaré con calma otro día, si encuentro el momento. Es una antigua isla de pescadores que hoy en día vive de y para el turismo. Cuando nos alejamos de su turístico puerto pudimos ver la isla en sí, blanca, seca y soleada, hacer algunos amigos griegos la mar de agradecidos y visitar un convento ortodoxo. Es una cara más reciente en la historia de Grecia pero igual de interesante...

3 jul. 2019

El latín, las vacaciones y la cultura de campesino

Ayer tuve el privilegio de participar en las jornadas de formación para el profesorado de latín que organiza la Universidad Autónoma de Barcelona, llamadas Colloquia Latina Barcinonensia. Todo un honor y un gozo colaborar con la universidad que me formó como latinista y helenista, y que será siempre mi alma mater en mi corazón. Mañana parto para Grecia de vacaciones, con mi pareja, mis padres y mi hermano. Todo muy intenso, como debe ser siempre en vacaciones.

A pesar de ser un gran defensor de que una dosis de aburrimiento es necesaria en la vida, creo que las vacaciones deben ser ociosas sólo en parte. Y, precisamente, de esto mismo charlé ayer en la Autónoma. Estuve, durante hora y media, explicando y comentando mi experiencia con el latín, y lo hice, además, en latín. La idea de estos cursos es que los profesores de clásicas practiquen el latín oral, y qué mejor manera de hacerlo que con una charla en latín en la que animaba al público a participar y a contradecirme en la lengua de los Césares.

Mi experiencia con el latín es que debe ser, ante todo, nuestro ocio. Naturalmente, los profesores de latín vivimos gracias a él. El latín nos da el sueldo y el pan, y por eso es nuestro negotium. No obstante, mi charla se centró en que debería ser también nuestro otium, nuestro espacio privado de felicidad, una idea que tomé de Wilfred Stroh. Las vacaciones, por lo tanto, son un momento ideal para dedicarlas a esta lengua.

Yo así lo hice hace años. El latín me divertía, y en vacaciones quería divertirme, ante todo. El verano de 2008, justo después de acabar mi primer año de bachillerato, lo dediqué a completar el manual de Hans Orberg Lingua Latina per se Illustrata por amor al arte y a la lengua. Era la primera vez que hacía algo así; cuadernos de verano Santillana a parte, nunca había dedicado una parte tan importante de mi tiempo libre a hacer algo académico por iniciativa propia. Y el gozo y el placer que obtuve fue enorme. Fue, además, el verano que fui a Roma con mis padres.

La combinación fue explosiva. Hay un tipo de cultura, que yo envidio por no tener, que consiste en saber explicar los propios conocimientos derivándolos de los lugares en los que uno ha estado. Ir al foro de Roma y saber explicar dónde estaba cada edificio, para qué servía, qué pasó ahí, etcétera. A veces llamo a este saber cultura de campesino, porque los campesinos son expertos en esta ciencia. Lo sé de primera mano, porque mi suegro lo es: a cada pueblo, a cada rincón de bosque donde va, te sabe explicar anécdotas, quién ha pasado por el sitio, qué pasó ahí hace veinte años y un montón de cosas más que me encanta escuchar anonadado. Es el arte de saber relacionar lo vaporoso y abstracto con lo inmediato y terrenal.

Algún día yo también tendré esta cultura de campesino. Mientras tanto, mi especialidad son las lenguas. Disfruté mucho en la Autónoma; comentar y compartir mi experiencia junto con otros docentes fue sensacional. Espero repetir el año que viene, si Júpiter quiere.