15 abr. 2019

Espino blanco

El espino blanco (Crataegus monogyna) suele tener el fruto con una sola semilla. Por eso recibe el epíteto griego monogyna, “de una sola mujer”, que los nombres vulgares en las lenguas europeas suelen respetar: así el inglés single-seeded hawthorn, o el francés aubépine à un style. Me gusta pensar que uno de sus apelativos catalanes, cirerer de la Mare de Déu, también recibe su nombre por esto.

La felicidad extrovertida

Bertrand Russell, La conquista de la felicidad, 1930, Londres (trad. Juan Manuel Ibeas, 2000, Barcelona, pg. 24):
Pero principalmente [el hecho de que sea feliz ahora] se debe a que me preocupo menos por mí mismo. (...) Poco a poco aprendí a ser indiferente a mí mismo y a mis deficiencias; aprendí a centrar la atención, cada vez más, en objetos externos; el estado del mundo, diversas ramas de conocimiento, individuos por los que sentía afecto.
pg. 25:
En cambio, el interés por uno mismo no conduce a ninguna actividad de tipo progresivo.
pg. 27:
Todo éxito verdadero en el trabajo depende del interés auténtico por el material relacionado con el trabajo.
pg. 34:
Una parte indispensable de la felicidad es carecer de algunas de las cosas que se desean. 

12 abr. 2019

Una educación helénica

Sir Richard Francis Burton, Relato personal de una peregrinación a Medina y a la Meca, 1855-6, Londres (ed. Quaderns Crema, 2003, pg. 131, traducción mía a partir del catalán):
Constantinopla le había transmitido un gusto por la poesía anacreóntica y por la compañía de mujeres de reputación dudosa, una afición a las bebidas fuertes (...) y una manera frívola y desganada de tratar cualquier tema serio.

Un camino personal

Idealmente, cuanto uno más va creciendo más se convierte en uno mismo. Nos separamos de los demás, nos convertimos en seres únicos y distinguibles: es lo que los psicólogos llaman individuación, un proceso que ocupa toda nuestra vida. En mi opinión, cuanto más individuados estamos, más éxito cosechamos socialmente, y más capaces somos de influir en los demás. Es casi una paradoja: cuanto más distinto de los otros es uno, más le comprenden, admiran o imitan estos mismos otros.

8 abr. 2019

No hemos nacido sólo para nosotros

Sed quoniam, ut praeclare scriptum est a Platone, non nobis solum nati sumus ortusque nostri partem patria vindicat, partem amici, atque, ut placet Stoicis, quae in terris gignantur, ad usum hominum omnia creari, homines autem hominum causa esse generatos, ut ipsi inter se aliis alii prodesse possent, in hoc naturam debemus ducem sequi, communes utilitates in medium afferre mutatione officiorum, dando accipiendo, tum artibus, tum opera, tum facultatibus devincire hominum inter homines societatem. 
No obstante, y como Platón escribió elocuentemente, no hemos nacido sólo para nosotros, y el país nos pide una parte de nuestra existencia, igual que los amigos. Como les gusta decir a los estoicos, todo cuanto ha nacido en la tierra ha sido creado para el uso humano; también los humanos hemos nacido para los demás humanos, con tal de poder ayudarnos mútuamente -y en esto debemos seguir a la Naturaleza-. Debemos contribuir al bien común con un intercambio de saberes, con el dar y con el recibir, con las artes, con las obras, y construir con nuestras facultades un mundo humano para los humanos. 
Cicerón, De Officiis, 1.22

El arte de la paciencia

Agradezco sobre todo dos cosas a haber aprendido las lenguas clásicas: poder leer literatura antigua en su lengua original, y haber adquirido el arte de la paciencia. Aprender latín y griego fue duro, mucho más duro que aprender inglés o francés: su riquísima morfología –reconocible, en el caso del latín, tan sólo de una forma remota en castellano y catalán-, su sintaxis única y sui generis –las lenguas romances la han cambiado de raíz, respecto al latín, y el griego moderno está sintácticamente muy balcanizado, respecto al clásico-, su léxico inacabable o las dificultades particulares de cada autor me trajeron muchísimos quebraderos de cabeza en los primeros tres años de carrera. Si no eres filólogo clásico, pero has cursado latín y griego en bachillerato, te has llevado una impresión equivocada del latín y del griego: has tratado con ellos sólo de una forma anestésica y artificial, controlada y adaptada. El latín y el griego, y sus respectivos autores, son artefactos francamente difíciles de manejar cuando se los toma directamente y en su hábitat natural e indomado: en los textos clásicos.

Interiorizar los participios griegos o la pasiva latina me llevó mi digestión intelectual particular. Y eso me ayudó a comprender bien el viejo dicho griego: ‘las cosas que valen la pena cuestan’ (χαλεπὰ τὰ καλά, chalepá ta kalá), y a cultivar una humildad intelectual, una pasión por ir paso a paso y por el trabajo bien hecho. A otro, esto se lo habrán enseñado el arte de la costura, la astronomía o reparar relojes antiguos. Sea cual sea tu caso, estemos orgullosos de haber aprendido la humildad.


6 abr. 2019

Frigusculum

Estoy pasando el fin de semana en Solsona, en casa de mis suegros. El frío nos acompaña a pesar de estar ya en abril, como si el invierno quisiera despedirse a lo grande. El latín tiene una palabra para esto: frigusculum, literalmente ‘pequeño frío’. Los romanos, por cierto, también lo usaban para hablar del distanciamiento entre un marido y una mujer. No es mi caso, por suerte.

5 abr. 2019

Las mariposas y el griego

Algunos adjetivos griegos, que los helenistas encontramos con frecuencia en nuestros textos, son compartidos también por la nomenclatura biológica, especialmente cuando se trata de clasificar mariposas. Algunos ejemplos son astyanaks (ἀστυάναξ), ‘gobernador de la ciudad’, documentado en Homero y usado en una especie de mariposa de la familia Basilarchia; philenor (φιλήνωρ), ‘amable con los hombres’, usado por los poetas líricos y también para clasificar una mariposa de la familia Battus; o el compuesto glaukopsyche (γλαυκός, glaukós, y ψυχή, psyché), literalmente ‘alma gris’, que nombra a una familia de mariposas americana.

Glaucopsyche lygdamus

La gallina psicodélica

En su Historia Natural, Plinio nos describe al exótico pájaro Tragopan al lado del pegaso o de la sirena, pero en el siglo XIX Georges Cuvier demostró que, como mínimo, este primero sí que existía. Larga vida a la gallina psicodélica.


Cabezas de tragopan

2 abr. 2019

Escitas travestidos

οἱ δὲ μετὰ ταῦτα ἐπειδὰν ἀφίκωνται παρὰ γυναῖκας καὶ μὴ οἷοί τ᾽ ἔωσι χρῆσθαί σφισιν, τὸ πρῶτον οὐκ ἐνθυμεῦνται, ἀλλ᾽ ἡσυχίην ἔχουσι. ὁκόταν δὲ δὶς καὶ τρὶς καὶ πλεονάκις αὐτοῖσι πειρωμένοισι μηδὲν ἀλλοιότερον ἀποβαίνῃ, νομίσαντές τι ἡμαρτηκέναι τῷ θεῷ, ὃν ἐπαιτιῶνται, ἐνδύονται στολὴν γυναικείην καταγνόντες ἑωυτῶν ἀνανδρείην. γυναικίζουσί τε καὶ ἐργάζονται μετὰ τῶν γυναικῶν ἃ καὶ ἐκεῖναι. 
Cuando (los escitas) intentan ligar con las mujeres y éstas no les dejan unirse a ellos, primero no se preocupan mucho, sino que se mantienen tranquilos. Pero cuando a la segunda, y a la tercera, y más veces aún no les sale bien, creen que han ofendido a una divinidad, a quien culpan, y se visten de mujeres, se castigan por su afeminación, se comportan como mujeres y trabajan al lado de las mujeres del pueblo. 
Hipócrates, Aires, aguas y lugares, 22.

The Rocky Horror Picture Show (1975)

La vía humana

Doctor en Alaska
Recuerdo una conversación que tuve con mi médico de cabecera hace ya unos años. Cuando le comenté que estaba estudiando clásicas, él me dijo que su hijo estaba cursando una señora ingeniería. «Pero al final», sentenció, «todo depende de tu plan de vida. Hay quien tiene claro que quiere trabajar tranquilamente en un pueblo hasta jubilarse». Naturalmente, quien habiendo cursado medicina –y pudiendo ser cirujano- se acaba dedicando a la medicina de familia, como era su caso, entiende y apoya esta opción. En aquel momento yo no me planteaba nada de esto: no me matriculé en clásicas con mi vida laboral in mente. Pero poco a poco el tema ha ido surgiendo, a la fuerza.

Con mi nota de selectividad podría haberme matriculado en derecho cómodamente. Y con mi nota de expediente en la carrera podría haber hecho el doctorado, también cómodamente. Pero las decisiones que tomamos, y que nos van dando una sustancia muy personal a cada uno, me empujaron a la vía docente de las lenguas clásicas. Al principio yo partía de una premisa equivocada: que en esta esfera también se me valoraría, ante todo, académicamente. Y que, como podría haber hecho derecho y como podría haber hecho el doctorado cómodamente, en este otro mundo esto se me tendría en cuenta. Aunque no sabía cómo ni por qué.

Naturalmente, el mundo laboral va por otros derroteros. Adaptarse a él, y al inevitable trato con seres humanos que conlleva, es lo que he llamado “la vía humana”. Es un proceso de bajar desde las altas esferas académicas en las que uno ha sido formado hacia un sustrato más terrenal. Es aprender a valorar otras cosas aparte del conocimiento per se o del éxito reconocido. Me refiero sobre todo a valorar el trato humano, aún cuando no salga siempre del todo bien.

Hace poco me he hecho con la serie completa de ‘Doctor en Alaska’ (Northern Exposure). Los primeros capítulos, que estoy visualizando estos días, ilustran bien este camino: el de recuperar los motivos, humanizantes y originales, que nos motivaron a estudiar. El protagonista de la serie es un médico judío de Nueva York que acaba destinado a lo que él considera ser un pueblucho perdido de la mano de Dios. Y parte de la serie es la historia de su adaptación a este medio rural. Al final, tanto la historia de la serie, como la mía, como probablemente la de mi médico de cabecera, es una historia de apreciar y cultivar la propia humildad.

1 abr. 2019

La virtud de los catalanes

καὶ γὰρ εἰ πάντας ἐνδέχεται σπουδαίους εἶναι, μὴ καθ᾽ ἕκαστον δὲ τῶν πολιτῶν, οὕτως αἱρετώτερον: ἀκολουθεῖ γὰρ τῷ καθ᾽ ἕκαστον καὶ τὸ πάντας. 
Si es posible que todo un pueblo sea virtuoso sin que lo sean individualmente sus ciudadanos, esto último sigue siendo preferible: pues se deduce que, de serlo individualmente, también lo serán como pueblo. 
Aristóteles, Política, 7.1332a.
Los catalanes le hubiésemos caído bien a Aristóteles. Como pueblo, nuestras empresas políticas no suelen acabar bien, pero nuestra virtud política individual sigue intacta. Había un historiador de mis tierras, cuyo nombre he olvidado, que lo sintetizaba diciendo que era la gente quien resistió y aguantó el franquismo, y no el pueblo. No puedo estar más de acuerdo.

31 mar. 2019

La vida interior

τῷ γὰρ ὄντι τὸν τοιοῦτον ὁ μὲν πλησίον καὶ ὁ γείτων λέληθεν, οὐ μόνον ὅτι πράττει, ἀλλ᾽ ὀλίγου καὶ εἰ ἄνθρωπός ἐστιν ἤ τι ἄλλο θρέμμα. 
Para un hombre así (sc. un filósofo), el compañero y el vecino pasan desapercibidos; no sólo en lo que hacen, sino, en poco tiempo, en si eran hombres u otra criatura. 
Platón, Teeteto, 174b
Con la edad uno se va conociendo más y mejor. Los asuntos mundanos y terrenales me interesan menos que los asuntos universales y atemporales: el blog es un reflejo de mi vida sólo en lo que concierne a esta segunda parte. La primera, que no desatiendo, sigue viento en popa, pero ¿acaso hay algún interés en que sea registrada? No por mi parte, desde luego –o, por lo menos, no mediante la escritura e internet-. Y, con todo, a eso se dedican muchos instagramers y youtubers. Supongo que eso es lo que vende, en general, y el acceso masivo a esta herramienta internáutica lo ha acabado de favorecer.

Añoro el internet de petit comité, aunque también soy consciente de que no ha desaparecido del todo. Para mantener una pequeña llama encendida en esa anticuada dirección, qué menos que seguir registrando por aquí mis inquietudes de vez en cuando, a modo de un diario de ideas. He cambiado el subtítulo del blog a esta última frase, con la esperanza de ser capaz de ceñirme a ella. El tiempo lo dirá.

Safo y la trascendencia

Albin Lesky, Geschichte der Griechschen Literatur, 1963, Berna (ed. Gredos, Historia de la literatura griega, vol. I, 2009, Madrid, pg. 259):
El arte de Safo, como el de Alceo, se individualiza por su carácter directo. Pero mientras que éste nos presenta arsenales y banquetes, otro mundo nos habla a través de Safo. Aquí, el sentimiento lo es todo, y nos enteramos de sus cambios, su fuerza y su profundidad en forma tan inmediata como si no existiese el elemento intermedio artístico-técnico que inevitablemente debe atravesar para alcanzarnos. Hemos visto que es propia de Safo una gran capacidad para la autoobservación, y frecuentemente su comportamiento en una situación pasada se convierte en el objeto de su poesía. Pero aun allí, ni por un momento la vivacidad y calor del sentimiento ceden a la fría reflexión. Su lenguaje es sencillo; llano y esencial es cada verso. Hace un uso restringido del lenguaje homérico, y cuando aparece, suele ser en los poemas dactílicos, pero difícilmente como un mero adorno del lenguaje. La acentuada determinación de esta poesía por el sentimiento corresponde en lo formal a la musicalidad del lenguaje, que se manifiesta sobre todo en el juego de las vocales. La construcción de sus proposiciones, que siempre es muy sencilla, trasmana la misma musicalidad. Todo da la impresión de ser un producto de la naturaleza.
A pesar de no ser un gran acólito del manual de Lesky, confieso que estas líneas sobre la poesía de Safo me parecen magistrales. Safo es una de las autoras que más ganan leídas en el original griego, y que más pierden en traducción. Alguien podría opinar que vale la pena aprender griego sólo para apreciar bien a Safo, y yo estaría de acuerdo.

Me gustaría complementar estas líneas del crítico austríaco con una pequeña reflexión personal. Cada vez que leo a Safo me invade una sensación única, que no percibo con los demás poetas clásicos: es una impresión de trascendencia. Creo que Safo sabía, o sospechaba, que su mundo –el mundo clásico- se acabaría algún día. Y creo, y esto es totalmente subjetivo, que parte de su poesía es un esfuerzo por dejar constancia de que ella, sus amantes, amigas, familiares, etcétera, vivieron, y además vivieron intensamente. Nótese que esto es todo lo opuesto a la actitud, por ejemplo, de un Tucídides, quien afirma haber escrito un “bien para la eternidad” (κτῆμα ἐς ἀεί, ktema es aeí), como si su obra tuviera que mantenerse siempre presente, leída y de interés global.

Naturalmente, Safo es mucho más intimista porque el género lírico se presta a ello, ya de raíz, mucho más que el historiográfico. Si Tucídides escribe sobre el exterior, Safo escribe sobre su interior. A nosotros nos parece lo más normal del mundo leerla, pero vale la pena detenernos y apreciar el milagro. El milagro de poder entrar en el corazón de una griega de hace 2.700 años. Un corazón que es muy similar al nuestro, y que por eso nos emociona todavía.

Safo cumplió su propósito. La posteridad no la ha olvidado. El puro espejo sentimental que es su poesía nos conmueve por dos motivos opuestos: uno, porque nosotros, como decía, no hemos cambiado apenas respecto a ella; dos, porque su mundo, el mundo clásico, ya no está entre nosotros. Y nunca lo volverá a estar –por lo menos, no literalmente. Poder adentrarse en él y comprobar que nuestras pasiones actuales seguían intactas ahí es producto de la más pura magia.

Safo, Charles Gounod

30 mar. 2019

Metafísica plástica

Sir Richard Francis Burton, Relato personal de una peregrinación a Medina y a la Meca, 1855-6, Londres (ed. Quaderns Crema, 2003, pg. 111, traducción mía a partir del catalán):
Los templos de la Grecia clásica habían estado todos pintados. En el foro de Roma, uno de sus edificios más bellos presenta todavía rastros de púrpura de Tiro. Y, sin ir tan lejos, en las iglesias y campanares de la Italia moderna vemos bandas alternadas de piedra blanca y negra que les dan el aspecto de una zebra gigantesca. El origen de esta decoración “arabesca” parte de uno de los principios del islam. Los musulmanes, como su ley les prohibía decorar las mezquitas con estatuas y pinturas, las sustituyeron por citas del Corán y por inscripciones –“metafísica plástica”- de una extraordinaria complicación. Su alfabeto se prestaba a ello, y de ahí nació seguramente la variedad casi inimaginable de filigranas, incrustaciones, arabescos y florituras geométricas donde la mirada se pierde con placer.

29 mar. 2019

El sentido (platónico) de la vida

-εἰ πάντα ἐπίστασθαί τινα ἀνθρώπων ἐστὶ δυνατόν. 
-μακάριον μεντἂν ἡμῶν, ὦ ξένε, ἦν τὸ γένος. 
 -¿Crees que es posible saberlo todo, para un hombre? 
 -De ser así, extranjero, la nuestra sería una especie bendecida. 
Platón, Sofista, 233a.
Recupero hoy este pasaje platónico para barajar un par de reflexiones sobre el sentido de la vida. Primero, comentar que para Platón el conocimiento verdadero es el racional e introspectivo, consistente en la aproximación al mundo de las ideas puras. Platón opina, además, que nuestras almas están en contacto directo con él cuando se mueren (esto se discute ampliamente en el Fedón y en la República). Y a mí, que me encanta Platón, este pasaje del Sofista me parece un poco contradictorio. Me explico.

Si el alma humana es inmortal, y es previa y también posterior a la vida, y además en esos dos estados es (platónicamente) omnisciente, ¿por qué el hecho de que no lo sea en la vida es un problema? Más bien me parece ser un indicador del sentido de la vida: el de aprender algo, el de acercarnos un poco más a estas verdades platónicas y a otras, el de pulirnos o sublimarnos espiritual y anímicamente. Si el alma es inmortal y omnisciente, su tránsito terrenal tiene que servir para algo. De otro modo, ¿por qué molestarse en bajar aquí?

Si lo supiéramos todo no haría falta vivir, en mi opinión. Los romanos –Séneca, concretamente- formularon una máxima muy malinterpretada por la posteridad: que la vida es una preparación para la muerte. Esto debe comprenderse bien: la vida humana forma parte de un proceso más amplio, y uno debe aprovechar este período humano al máximo. Cómo aprovecharlo es la historia de la cultura, algo demasiado amplio para que pueda comentarlo ahora. Es en este sentido concreto, en mi opinión, que la vida es una preparación para la muerte. Y cuando uno escucha la llamada, como Sócrates antes de tomar el veneno, debería de estar idealmente satisfecho del trabajo realizado, aunque terrenalmente nuestro sentido de supervivencia animal se resista a esta re-unión con el logos.

Platón

28 mar. 2019

Poesía y plantas (o por qué estudiar la belleza)

¿Hasta qué punto la belleza es estudiable? Los filósofos hablan de los qualia para referirse a las experiencias subjetivas que no se pueden explicar mediante procesos puramente objetivos. Por ejemplo, el estar enamorado se traduce en una serie de percepciones y sensaciones subjetivas (qualia) que no se pueden reducir a los procesos puramente bioquímicos que tienen lugar en el cerebro. Unos pueden dar lugar a otros, pero son cosas claramente distintas y separadas.

Bajo esta óptica, uno no estudia tanto la belleza en sí, sino las condiciones objetivas que la permiten. Mi elucubración hoy se centrará en dos casos concretos: la teoría de la poesía y la botánica, que creo que ejemplifican bien tanto esta primera premisa como mi segunda pregunta, que formulo seguidamente: ¿clasificar, ordenar o diseccionar esta belleza... le quita parte de su estatus de bello?

Aunque a priori nos parezca que no –los procesos bioquímicos no le quitan la magia a los qualia del estar enamorado-, esta idea se defendió durante los siglos XVIII y XIX. La nomenclatura binominal
Linnaeus
de Linnaeus suscitó mucha irritación y controversia en el mundo científico. El mero hecho de clasificar las plantas era algo muy insólito. Allí donde el botánico sueco ponía énfasis en el ‘sistema’ de la naturaleza (sin el cual la ciencia botánica es un caos, como decía textualmente), recibía respuestas que dejaban entrever una concepción muy distinta de qué era la naturaleza: una energía creadora, un centro neurálgico que variaba sus creaciones para expresar su grandeza. La naturaleza era concebida como algo anómico, sin leyes que sustentasen sus creaciones.

Linnaeus dio la vuelta a esta idea, y no para facilitar el trabajo científico precisamente. Si así hubiese sido, los criterios a la hora de clasificar las plantas podrían haber sido muy arbitrarios. La idea del systema naturae era encontrar el mecanismo último que rige a la naturaleza y a sus producciones. De un modo análogo, desde mediados de siglo XX los teóricos de la literatura han propuesto clasificaciones para los recursos estructurales de los poemas líricos: una de ellas, bastante conocida, es la distinción entre el uso de la comparación o el uso de la equiparación, más o menos tácita (metáfora), en los poemas.

De nuevo, la idea tras estas distinciones no es hacer la vida más fácil a los críticos literarios, sino entender qué hacemos las personas al leer. Los formalistas rusos buscaron la esencia de la literatura en su forma, pero en la actualidad la mayoría de estudios se centran en las teorías de la lectura. Y, de nuevo, todo ello suscitó un revuelo que todavía dura: hay quien opina que la poesía es algo demasiado bello y celestial como para ser diseccionado o tocado desde la perspectiva científica.

Personalmente, creo que estudiar las estructuras subyacentes a los productos bellos (plantas, poemas) no le quita su belleza intrínseca, sino que nos ayuda, incluso, a comprenderla mejor. Puede incluso que nos ayude a comprendernos mejor a nosotros mismos, a nuestros mecanismos estéticos y percepciones. Pero hay un problema.

El problema es que las ciencias, sean cuales sean, representan una visión muy concreta sobre su campo de trabajo, un foco limitado adrede por las convenciones académicas. Bajo esta óptica, la botánica no estudia las plantas en general, sino sus aspectos científicos; y los estudios literarios no estudian la literatura en general, sino sus aspectos estudiables o sistematizables. Los qualia ya son cosa de cada uno... pero quien se dedique a estudiar y a clasificar la belleza cada vez será menos sensible a ella, por una pura cuestión de convivencia. Le costará verla, percibirla y apreciarla por estar acostumbrado a tratar con sus productos de una forma científica: es decir, a ver sólo cuestiones científicas en ellos. Naturalmente, esto es sólo una opinión, pero la he podido contrastar varias veces... y me asusta un poco.

26 mar. 2019

El guardián del pueblo

τί οὖν οὗτός ἐστι; κύων νὴ Δία, φασί τινες, τοῦ δήμου. ποδαπός; οἷος οὓς μὲν αἰτιᾶται λύκους εἶναι μὴ δάκνειν, ἃ δέ φησι φυλάττειν πρόβατ᾽ αὐτὸς κατεσθίειν. 
¿Quién es éste? ‘¡Por Zeus!’, dicen algunos, ‘es el guardián del pueblo’. Pero, ¿qué tipo de guardián? Uno que acusa a los lobos de no morder, y que devora él mismo el rebaño de ovejas que dice vigilar. 
Demóstenes, Contra Aristogitón, 25.40

Se acercan las elecciones, y Demóstenes tan actual...

25 mar. 2019

Una frontera delicada

Nymphaea alba

Hace ya algún tiempo que tengo una extraña impresión. O, mejor dicho, me siento extraño cada vez que tengo esa impresión. Hay algunas, poquísimas, piezas de arte que oscilan muy delicadamente entre la absoluta belleza y la absoluta tristeza. Y dependiendo de cómo se sienta uno en el interior, predominará uno u otro tono. Son piezas etéreas, exquisidamente ambiguas, con las que uno no sabe si llorar o entrar en un enrarecido éxtasis. Son, en pocas palabras, obras maestras.

Dos ejemplos. Uno es una película chipriota que tuve la enorme suerte de ver ayer, en Barcelona. Se llama ‘La bala dentro de mí’ (2018), en inglés The Bullet within. Una auténtica delicadeza con un final antológico, extraño, entre sumamente bello y sumamente triste que, naturalmente, no voy a desvelar.

El segundo ejemplo es esta canción instrumental de Hiroshi Yoshimura, titulada Ogawa Ni Sotte. Me transporta a un jardín bello pero muy extraño, conocido remotamente como puro déjà vu, un jardín de infancia, o un jardín del temido más allá. No sabría explicarlo, pero está justo en esta frontera de la que hablo. Entre el bello y el triste absolutos.

La posteridad

Fotograma de Farenheit 451 (1966)

Uno nunca sabe cómo le va a tratar la posteridad. Flegón de Trales, por ejemplo, escribió muchísimo, pero sólo conservamos de él un libro de fenómenos paranormales y de abuelos centenarios en el mundo clásico. De Menipo tampoco no nos ha llegado nada, pero sabemos que escribió, entre otras obras, una Nigromancia, unas Cartas entre los dioses y unas Réplicas a los maestros y a los matemáticos. Unas pérdidas inestimables, desde luego.

Es posible que, con la impremta, tengamos la posteridad garantizada. Gibbon así lo creía; véase Edward Gibbon, Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, Londres, 1776-1788 (trad. Carmen Francí, Barcelona, 2010, pg. 578):
Consuela saber que una parte inestimable de nuestros tesoros clásicos estaba ya depositada en Italia y que los mecánicos de una ciudad germana habían inventado un arte que se burla de los estragos del tiempo y la barbarie.
Personalmente, yo creo que ninguna obra literaria tiene la posteridad garantizada, pero éste es un tema demasiado espeso e importante para tratarlo un lunes soleado como el de hoy.

Educar con el juego

Un par de citas contrapuestas:

μὴ τοίνυν βίᾳ, ὦ ἄριστε, τοὺς παῖδας ἐν τοῖς μαθήμασιν ἀλλὰ παίζοντας τρέφε. 
Compañero, no obligues a los niños a estudiar las lecciones: edúcalos con el juego. 
Platón, República, 7.537a
Véase, en cambio:
ὅτι μὲν οὖν δεῖ τοὺς νέους μὴ παιδιᾶς ἕνεκα παιδεύειν, οὐκ ἄδηλον· 
Que los jóvenes no deben ser educados como si jugasen, es evidente. 
 Aristóteles, Política, 8.4.4

24 mar. 2019

Algunos consejos para aprender latín


Esta entrada va dirigida a cualquier persona interesada en aprender o a mejorar su latín de forma más o menos autodidacta. Lo que sigue son consejos, y sólo consejos, que me hubiese gustado mucho oír a mí hace diez años, cuando empecé a sumergirme en la lengua de los Césares por mi cuenta y como complemento a mis clases. Si lo que uno pretende es aprobar el latín de segundo de bachillerato o aprender a traducir textos latinos, este post no es para ti. Insisto en que aquí presupongo un verdadero interés por manejar bien la lengua de Cicerón, y no tanto sus variopintos textos –ya ahondaré en esta sutil distinción más adelante-. Empecemos:

La motivación es clave

La motivación es clave... más que en cualquier otra lengua que quieras aprender. El por qué es evidente: el latín es una lengua muerta, en el estricto sentido en que no tiene hablantes nativos. Debes de ser muy cuidadoso a la hora de planificar tu estudio y graduar con precisión su dificultad. Lo más fácil, y lo adelanto desde buen comienzo, es usar el método Orberg (Lingua Latina per se Illustrata I & II). No porque sea el mejor –esto dependerá de cada uno- ni el más original –hay manuales escoceses de los años 60, como Ecce Romani, muy similares a Orberg-, sino porque Orberg te soluciona él solito la cuestión de la motivación y la graduación de la dificultad, especialmente en el primer volumen Familia Romana. Con Orberg te quitas de encima el trabajo de planificar tu estudio, porque es el libro de latín más escalonado que conozco: se empieza desde cero y uno va subiendo sin darse ni cuenta. Es un libro, además, que consigue una inmersión en latín y en el latín, algo fundamental en los inicios. El vocabulario, la morfología y la sintaxis se aprenden juntos, y esta es una enorme ventaja si obviamos que puede conllevar algunos vicios por parte del estudiante. A saber:

· El estudiante se confía y avanza demasiado rápido: se salta páginas, no hace los ejercicios (Pensa), no practica la morfología, etcétera, porque tiene siempre el auxilio del libro: su contexto, sus ilustraciones, etcétera.

· Alguien que ya sepa latín y que quiera leer a Tácito (en vez de traducirlo), encontrará que el manual de Orberg es naíf e inocente.

Insisto en que esto son vicios del estudiante, y no del manual. La solución es la misma para ambos: tienes que reaprender tu latín. Vuelve a hacer los ejercicios, por fáciles que te parezcan. Memoriza las cantidades vocálicas de cada palabra. Repasa los capítulos anteriores. Haz también el libro de ejercicios complementario. Etcétera.

Nulla dies sine linea

El latín es fácil de aprender... y fácil de olvidar. Especialmente si hablas una lengua romance, olvidarás mucho vocabulario porque conoces su derivado en castellano y no te parece necesario aprender el término latino, por lo general deducible por contexto (mereo, censeo, mensa, sto, do, etcétera). Si uno quiere leer en latín esto no es problema, pero si quieres dominar realmente esta lengua lo será. El por qué ya lo dijeron los romanos: ‘ningún día sin su línea’. Para aprender bien el latín uno debería, idealmente, poder escribirlo o hablarlo casi a diario, de una forma también planificada y gradual: practicando sinónimos, construcciones sintácticas, vocabulario temático, etc. Si no dominas los términos básicos por entenderlos rápido, no podrás ejercer la competencia ‘activa’ de la lengua que, en el caso del latín, sirve para cristalizar la competencia pasiva que te permitirá leer a los autores clásicos. Así pues, escríbelo o hablálo con toda la frecuencia que puedas.

Un par de cuestiones de estilo

Para trabajar este último punto de una forma plena y con sentido, que nos ayude realmente a mejorar el latín, quisiera comentar algunas cuestiones estilísticas a la hora de escribir/hablarlo. Primero, el latín es una lengua concisa: el castellano no. Las completivas con ut, los comparativos con magis, el gerundio y el gerundivo, el quod causal, los predicados simples sin preposicion incorporada... son recursos poco utilizados por los autores latinos, pero muy utilizados por los castellanohablantes cuando se pasan al latín. Ser consciente de esta y otras cosas va bien para pulirlo un poco. Insisto en planificar ejercicios temáticos para ello, además de otros trucos realmente viejos: convertir de activa a pasiva (una voz verbal muy usada en latín); cambiar la preposición de un verbo (affero, infero, defero, etc.); evitar los calcos léxicos (si puedes decir sisto no digas detineo), etc. Un apunte: todo esto está pensado para leer mejor a los autores latinos, y no para conservar ninguna pureza o santidad de la lengua latina.

El gran salto

Al principio he dicho que este post iba dirigido a dominar la lengua de Cicerón y no sus variopintos textos. Sin ánimo de desmotivar ni disuadir a nadie, leer (a Tácito, a Virgilio o a Catulo) directamente en latín comporta más cosas que dominar su lengua. La métrica, el contexto histórico o realia, la época del latín, los matices semánticos de cada autor, sus referentes dentro del mundo clásico, etcétera, son otras cosas de gran importancia que hay que tener en cuenta. Sir Kenneth Dover, quien fue catedrático de griego clásico en Oxford y editor de Aristófanes, decía que la única manera de hacer crítica textual era convivir con cada autor. Esto significa leerlo a diario y, muchas veces, quemarse las cejas con él. El latín será tu indispensable base, pero para entender a Horacio necesitarás, como mínimo, amplias y extensas nociones de métrica y de cultura latina. Es más: es posible que a cada autor que leas tengas que empezar, de nuevo, lo que yo he llamado ‘el gran salto’; que tengas que empezar a convivir con él. A conocer sus vicios y sus virtudes, sus manías, como si de tu hermano o de tu nuevo compañero de piso se tratara. De todos modos, tanto aprender latín como ir haciendo saltos hacia los autores son procesos sumamente agradables -y esto ya no es mi opinión, sino mi experiencia.

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Las redes sociales

haec urant pueros, haec urant scripta puellas
meque deum clament et mihi sacra ferant. 
Que mis palabras hagan arder a los chicos, que hagan arder a las chicas, y que me proclamen dios y me rindan culto. 
Propercio, 3.9
Vivimos en la era de hacer visible el egolatrismo. En gran parte esto es debido a la misma naturaleza humana, y en gran parte a las redes sociales. Internet ya es un puro altavoz: su uso como herramienta de individuación mediante, por ejemplo, un blog, es una idea demasiado pasada de moda. ¿Cambiarán los vientos algún día? No lo sé. Mientras tanto, un servidor seguirá por aquí, intentando escribir, citar o comentar algo de valor, aunque sólo sea algo de valor para mi yo futuro.

Sueños verdaderos

namque sub aurora, iam dormitante lucerna, 
somnia quo cerni tempore vera solent.   

Pues es durante la aurora, mientras duerme la lámpara, 
que suelen tenerse los sueños verdaderos.  
Ovidio, Heroidas, 19.195-196
Estos versos de Ovidio me llamaron en seguida la atención cuando los leí en un diccionario de latín mientras buscaba otra cosa. He ido a Perseus y he encontrado una elocuente nota al respecto: se ve que los intérpretes de sueños consideraban fundamental establecer la hora del sueño para conocer su interpretación. Dependiendo del momento el sueño podía ser verdadero o no, y había disputa en establecer ese momento preciso.

Mi pregunta hoy es qué entendemos por un sueño verdadero. ¿Se trata de algo que va a ocurrir? Más aún: ¿algo que va a ocurrir exactamente en los mismos términos que en el sueño? El lenguaje simbólico de éstos es cosa bien conocida. Todos hemos tenido sueños delirantes, y si uno quiere interpretarlos debe desencriptar sus códigos, por lo general bastante personales e intransferibles. Por ejemplo, si a mí me encantan los perros y se me aparece uno en sueños, la visión será muy distinta a la de alguien que los odie.

En mi opinión la mayoría de sueños no tienen sentido alguno, pero no todos. Este segundo grupo nos puede hablar del futuro o, mejor aún, nos puede moldear el futuro, eso sí, puramente interior. Si estoy pasando por una depresión y sueño que soy feliz, es posible que una parte psíquica que no percibo me
La pesadilla, Henry Fuseli
esté dando ánimos. De hecho, este interés por tener sueños verdaderos me parece una pura proyección hacia fuera de una serie de fenómenos interiores al ser humano. Los sueños nos hablan de nosotros mismos, pero los mandamos indefectiblemente al exterior. Bajo esta óptica, si un sueño se cumple, si es verdadero exteriormente, se trata de una pura casualidad. Por el otro lado, todos los sueños son verdaderos en cierto sentido, porque todos son influyentes en nuestro estado de ánimo y forma de ver la vida.

Hace unos años tuve un sueño recurrente. No era exactamente el mismo sueño, pero siempre había el mismo patrón. Yo me encontraba en un entorno más o menos desconocido y natural –un jardín, un bosque- y me atacaba un animal mamífero, que iba variando: un oso, un lobo o un rinoceronte, por lo que ahora recuerdo. No tengo una explicación única para esto, pero es posible que alguna parte más animal y salvaje de mí –la ira, seguramente- quisiera manifestarse y salir de la represión consciente en que estaba metida. Hace años que ya no tengo este sueño, y lo achaco a tener que expresar mi enfado con frecuencia –por algo soy profesor en secundaria y bachillerato.

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23 mar. 2019

Con el ojo armado

La correspondencia en latín de Linnaeus era accesible hasta hace poco desde una sensacional web. Veo hoy que la han movido, y el nuevo sitio deja mucho que desear, especialmente a la hora de buscar dentro del texto latino.

Hasta que yo no me aclare, o la interfaz sea más clara, no puedo dar la referencia exacta de una expresión que leí ahí y que me gustó mucho en su momento: armato oculo, ‘con el ojo armado’. Los botánicos del siglo XVIII se referían de esta forma a usar su microscopio.

Lotus herbaceus