21 mar. 2019

A la inversa de Homero

En la Ilíada, Homero recurre constantemente al mundo natural para explicar el mundo humano. Así, se nos compara al guerrero con un león, o a las generaciones de los hombres con la caída de las hojas y el cambio de estaciones. Nosotros obramos de un modo inverso: recurrimos al mundo humano para explicar el mundo natural. Por ejemplo, atribuyendo cualidades introvertidas a los gatos, y cualidades extrovertidas a los perros. Salvando las distancias, y con intención irónica, parte de la nomenclatura botánica también se nutre de esto: por ejemplo, los eucaliptos reciben su nombre porque se ‘esconden (καλύπτω, kalypto) bien (εὖ, eu)’. Piensa el ladrón que todos son de su condición.

Eucalyptus tetragona

19 mar. 2019

Un culto enfermizo

Una reflexión breve: la salud se ha convertido en una divinidad a la que adorar desde hace ya unos quince años. Nos obsesiona estar sanos, y como esto puede ser fácilmente convertido en algo muy rentable, la moda sigue y seguirá. No seré yo quien diga que la salud no es importante, pero me gustaría barajar una idea sobre el origen de este culto reciente.

Philippe de Champaigne,
Bodegón con calavera
En mi opinión, el culto a la salud es el hijo (más o menos bastardo) de las ideologías comunista y capitalista. El comunismo, y más concretamente el marxismo-leninismo, su padre ideológico, defiende una visión materialista de la existencia humana. Para no entrar en detalles, sólo diré que es una idea -radicalmente atea en su esencia- que explica los sucesos y estructuras sociales, vitales, políticos, etcétera, como productos, no de un Dios ni de un ‘espíritu’ humano o nacional, sino de la pura economía. Los marxistas, y esto debería reconocerlo todo el mundo, se empeñan en mejorar o cambiar las condiciones materiales de la humanidad, porque para ellos esto es todo cuanto tenemos.

El capitalismo ha sido, históricamente, más proclive a la religión (cristiana, por lo que aquí nos concierne). Sin embargo, el culto a la salud es un claro ejemplo de un capitalismo más ateo, donde la muerte es el tabú por excelencia. Así, hemos tomado el presupuesto materialista y marxista de la existencia para comercializar y hacer negocio con ella. Si ya no somos seres espirituales en un tránsito humano, sino seres humanos sin ningún tránsito espiritual, todo lo que tenemos es esta vida, y al sistema le conviene muchísimo que la conservemos bien. La causa de esto me parece tan irónica como evidente: los muertos ya no se gastan el dinero.

18 mar. 2019

Las tres heridas al latín

Si nos preguntamos por qué a día de hoy se estudian el latín y el griego en secundaria, tendremos que buscar la respuesta en el pasado: por pura tradición. Las leyes educativas españolas anteriores a las actuales contemplaban siempre el latín y el griego en su currículum; con las nuevas leyes, las asignaturas se han mantenido perdiendo, eso sí, muchas horas. En resumen, si estudiamos latín hoy es porque estudiábamos latín ayer.

Naturalmente, esto es un recurso si no al infinito, por lo menos a un pasado muy remoto. La idea inicial de introducir el latín clásico en los planes de estudio deriva, en última instancia, de una idea muy renacentista. Una idea que ha desaparecido por completo, si es que las ideas pueden desaparecer. Se trata de uno de los puntos clave de la doctrina erasmista: que el estudio de los textos clásicos nos edifica y educa para la vida moderna.

Insisto en que esta idea es, como mínimo, risible para la inmensa mayoría de la población europea de la actualidad. Pero es la idea que suscitó inicialmente el estudio del latín clásico en los planes de estudio. Si esta premisa, este supuesto inicial ya no nos convence, ¿por qué seguimos estudiando las lenguas clásicas, aunque sólo sea agónicamente? La respuesta a ello es la “historia del camaleón”. Es decir, de cómo los profesores de clásicas han ido mudando de pieles según soplaban los vientos, por una pura cuestión de supervivencia. Me explico.

El siglo XIX marca un antes y un después en la historia de los estudios clásicos, y además por muchos motivos. Uno de ellos, muy comentado y lamentado, es la incipiente primacía del francés como lengua franca en sustitución del latín. Pero hay otros tres motivos que me parecen más notables todavía; son lo que he llamado ‘las tres heridas al latín’. Se pueden resumir en: uno, un cambio sustancial en el concepto de literatura hecho por los románticos; dos, la aparición y divulgación más o menos masiva de traducciones de autores clásicos a lenguas como el inglés, el francés o el alemán; y tres, el giro historicista que toma la filología clásica en las universidades, primero alemanas y después de todo el continente.

Todos estos cambios se mantienen hasta el día de hoy, y todos han entorpecido, hasta la actualidad, la idea erasmista de la literatura clásica como maestra de la vida. Vayamos por partes.

Tomar como lengua franca de Occidente una lengua viva –ya sea el francés, el inglés o el chino- es algo incitado, ante todo, por una serie de intereses económicos y nacionales. Pero más allá de esta
Erasmo de Rotterdam
crítica más materialista, cabe señalar que sus consecuencias pueden ser mucho peores de lo que pensamos. Las lenguas vivas cambian y evolucionan. En cuatrocientos años, el inglés del siglo XXI será difícil de entender. El latín de Cicerón o el latín de Newton, no: son el mismo latín. Los renacentistas lo congelaron para hacer inteligible toda la producción intelectual de Occidente, y para hacerla inteligible para siempre. Sin embargo, este destronamiento del latín como lengua franca no me parece una desgracia tan profunda. El resto de cambios que voy a comentar, las tres heridas, son, a mi entender, infinitamente más letales. En la Edad Media, por ejemplo, la literatura en latín convivía con la literatura en las lenguas romances. Si esto ya no ocurre hoy en día es por todo lo que voy a comentar seguidamente, y no porque el latín haya perdido el estatus de única lengua franca admisible.

La literatura occidental, desde la Grecia clásica hasta la Ilustración, y con pocas excepciones, solía tener una función extraliteraria. La literatura clásica o es literatura técnica o va muy ligada a la vida diaria y al humanismo. Docere delectando (‘enseñar haciendo disfrutar’), decía Horacio. Esta idea es central para el erasmismo. Pero la literatura entendida como pura evasión de la realidad, o como ficción entretenida, es una idea que cobra mucha fuerza a partir del siglo XIX. Para un romano, igual que para un ilustrado, literatura también son los tratados médicos de Hipócrates o el diario de campaña de Julio César. Para un romántico del XIX esto deja de ser así. Es entonces cuando se pierde gran parte de la función extraliteraria de la literatura, y con ello el erasmismo recibe su primera herida y queda cojo.

El erasmismo acabará más herido aún con la siguiente innovación del siglo XIX: traducir sistemáticamente a los autores clásicos. Thoreau, por cierto, ya decía en su Walden (1854) que esta nueva moda era matar a la literatura clásica. ¿Por qué supone un problema esto? En mi opinión, gran parte de la gracia de la literatura clásica está, precisamente, en que está escrita en una lengua muerta. En que se nos pide un esfuerzo (aprender una lengua muerta) para acceder a ella, y que esto nos da una sensación de comunión con el pasado y de estar ante el momento especial y lujoso de leer literatura antigua. Si la lees en tu lengua materna, toda esta magia se desvanece. En un plano más práctico, justificar el latín y el griego es difícil si la gente cree que hay traducciones de todos los autores clásicos, y además ignoran cómo de imperfectas son por el mero hecho de ser traducciones modernas de autores antiguos.

Finalmente, el giro historicista de la filología en las universidades alemanas atestó un golpe definitivo al erasmismo y al estudio del latín, cuyas consecuencias e impacto se verían más a la larga. Estudiar el pasado por el pasado, la máxima de los historiadores del XIX, e inscribir la filología como una ciencia auxiliar de la historia, supone despedirse del humanismo renacentista y de su central idea erasmista: que los clásicos del ayer nos hablan del hoy. Para los filólogos alemanes del XIX, los clásicos del ayer nos hablan del ayer –y en eso radica su interés. El mundo clásico se concibe, a partir de entonces, como un mundo cerrado sin continuidad con el actual. Este ‘giro historicista’ salió bien mientras las letras y la historia gozaban de prestigio y suscitaban fascinación; cuando esto dejó de ser así, las consecuencias de habernos desvinculado de los clásicos se vieron con claridad: el latín y el griego pasaron a ser inútiles artefactos de museo.

Los docentes de lenguas clásicas han ido haciendo mutaciones camaleónicas, desde entonces, para seguir dando sus materias: desde incluir contenidos de cultura greco-latina que no fuesen puramente lingüísticos, hasta incorporar nuevas tecnologías o trabajar conjuntamente con otras materias. Pero sin la idea central de los renacentistas, el latín se ha vuelto muy complicado de justificar... quizás demasiado.

17 mar. 2019

Que me deje seguir siéndolo

Κα Φωκίων δ πένης ν. λεξάνδρου δ πέμψαντος ατ τάλαντα κατν, ρώτα, Διά τίνα ατίαν μοι δίδωσιν; Ως δ’επον, τι μόνον ατόν γεται θηναίων καλὸν κα γαθν, Οκον, φη, ασάτω με τοιοτον εναι. 
Y también Foción era pobre. Cuando Alejandro le envió cien talentos, él preguntó, “¿Por qué me los da?”. Cuando le dijeron que era el único ateniense considerado un hombre de bien, dijo “Entonces, que me deje seguir siéndolo”. 
Eliano, Historias Varias, XI, 9

Ocupaciones durante la vejez

βίος δ' ἀπράγμων τοῖς γέρουσι συμφέρει, 
μάλιστα δ εἰ τύχοιεν ἁπλοῖ τοῖς τρόποις 
ἢ μακκοᾶν μέλλοιεν ἢ ληρεῖν ὅλως, 
ἅπερ γερόντων ἔστιν. 
Una vida desocupada conviene a los ancianos, sobre todo si resultan ser simples de carácter, son estúpidos o hacen tonterías, como es típico de la vejez. 
Arquíloco, Fragmento 121.
Hace poco charlaba con mi pareja sobre hasta qué punto la vejez es un producto biológico. Me explico: las características que solemos asociar a los ancianos (conservadurismo, miedo, egoísmo...), ¿han sido siempre las mismas?. Aristóteles, en el segundo libro de su Retórica, dedica unos cuantos párrafos a discutir sobre la tercera edad. Muchas cosas que se dicen ahí no son válidas hoy, pero muchas otras sí, y esto último me parece muy relevante.

El poema de Arquíloco nos habla de la vejez desocupada. Leo en mi edición del poema (una antigua edición de Alma Mater) que podría no ser de Arquíloco, porque su tono contrasta con el del resto de fragmentos. Sea como fuere, la idea de estar desocupado cuando se es anciano choca frontalmente con nuestras ideas modernas sobre la tercera edad. Naturalmente, no voy a ser yo quién resuelva el conflicto, pero quisiera señalar el siguiente pasaje de Bertrand Russell sobre la vejez, ahora sí, ocupada; véase Bertrand Russell, Portraits from Memory and Other Essays, 1956, Londres (consultado vía The Maverick Philosopher, mi traducción):
Hay gente mayor oprimida por el miedo a morir. En los jóvenes hay una justificación por este sentimiento. Los jóvenes que creen, con razón, que pueden morir en la batalla pueden sentir la amargura de pensar que han sido apartados de las mejores cosas que nos ofrece la vida. Pero en un hombre mayor que ha conocido los placeres y las desgracias humanas, y que ha cumplido con su trabajo, el miedo a la muerte es algo abyecto e innoble. La mejor forma de superarlo –a mí me parece- es hacer de tus intereses algo gradualmente más amplio y más impersonal, hasta que poco a poco cedan los muros del ego, y tu vida se vea crecientemente sumergida en la vida universal.

Yo añadiría a la reflexión de Russell que hacer esto también nos ayuda a los jóvenes.

16 mar. 2019

Innovar o conservar

Un antiguo profesor mío de lingüística me decía que las ciencias se pueden dividir, de entre muchas otras formas, entre las eliminativas y las acumulativas. Es decir, entre aquellas disciplinas en que la bibliografía nueva va sustituyendo a la bibliografía antigua (medicina, lingüística...), y entre aquellas en que toda la bibliografía nueva complementa a la antigua, que sigue siendo más o menos válida (filología, historia...). En su momento lo encontré muy cierto y agudo.

Hoy me gustaría proponer una distinción yo mismo, que complemente a esta inicial: la distinción entre ciencias innovadoras y ciencias conservadoras. O, mejor dicho, entre científicos innovadores y científicos conservadores. Los primeros son aquellos que necesitan constantemente ‘nuevas ideas’ para hacer avanzar su disciplina. La física sería un buen ejemplo, según nos cuenta Richard Feynman en este vídeo.

Los segundos son quienes se llenan de humildad y se dan cuenta de que su aspiración máxima en este
Richard Feynman
mundo es poner un minúsculo granito de arena en la ciencia. Los botánicos o los filólogos son claros ejemplos de esto. Su función es conservar una tradición intelectual, que es quien se lleva el protagonismo en su lugar. Son conservadores en un sentido técnico y profesional del término, porque se dedican a preservar y a complementar su disciplina de una forma mínima pero trabajosa. Las grandes ideas les son extrañas e inservibles. Si el científico innovador es una ave que hace un zoom out con su vuelo, el científico conservador es una hormiga que hace un zoom in con su trabajo preciso, constante, focalizado y detallista.

Uno puede objetar que pueden convivir ambos científicos en una misma disciplina. Yo lo dudo. Creo que hay disciplinas, grosso modo, sólo aptas para las aves y otras sólo aptas para las hormigas. Naturalmente, en la mayoría de casos se corresponderán con la distinción inicial que me comentó mi profesor de lingüística años ha.

Hay una última cosa que vale la pena comentar: el prestigio social de las ciencias, y en particular de cada ciencia, va un poco relacionado con esto. Nuestra era digital prioriza el momento presente y romper con la tradición por el mero hecho de serlo; la cultura del esfuerzo se ha ido difuminando por culpa del capitalismo, que la ha desechado por no serle ya útil; en este contexto, el trabajo de las aves, de los científicos innovadores, suele resultar más atractivo socialmente. Personalmente, siempre he envidiado a la lengua inglesa por tener la palabra scholar, mal traducida al castellano como académico, cuando realmente indica el trabajo del científico conservador que he expuesto. Quizás ahora habría que buscar otra palabra para los innovadores...

Conmovido por Juan y María

José Ortega y Gasset, La deshumanización del arte, 1925 (en La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, 1987, Madrid, Austral, pg. 54):
Del mismo modo, quien en la obra de arte busca el conmoverse con los destinos de Juan y María o de Tristán e Iseo y a ellos acomoda su percepción espiritual, no verá la obra de arte. La desgracia de Tristán sólo es tal desgracia y, consecuentemente, sólo podrá conmover en la medida en que se la tome como realidad. Pero es el caso que el objeto artístico sólo es artístico en la medida en que no es real.

Entradas relacionadas:

15 mar. 2019

Humillados por el arte

José Ortega y Gasset, La deshumanización del arte, 1925 (en La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, 1987, Madrid, Austral, pgs. 50-51):
A mi juicio, lo característico del arte nuevo, “desde el punto de vista sociológico”, es que divide al público en estas dos clases de hombres: los que lo entienden y los que no lo entienden. Esto implica que los unos poseen un órgano de comprensión negado, por tanto, a los otros; que son dos variedades distintas de la especie humana. El arte nuevo, por lo visto, no es para todo el mundo, como el romántico, sino que va desde luego dirigido a una minoría especialmente dotada. De aquí la irritación que despierta en la masa. Cuando a uno no le gusta una obra de arte, pero la ha comprendido, se siente superior a ella y no ha lugar a la irritación. Mas cuando el disgusto que la obra causa nace de que no se ha entendido, queda el hombre como humillado, con una oscura conciencia de su inferioridad que necesita compensar mediante la indignada afirmación de sí mismo frente a la obra. (...) 
Durante siglo y medio el “pueblo”, la masa, ha pretendido ser toda la sociedad. La música de Stravinsky o el drama de Pirandello tienen la eficacia sociológica de obligarle a reconocerse como lo que es, como “sólo pueblo”, mero ingrediente, entre otros, de la estructura social, inerte materia del proceso histórico, factor secundario del cosmos espiritual. Por otra parte, el arte joven contribuye también a que los “mejores” se conozcan y reconozcan entre el gris de la muchedumbre y aprendan su misión, que consiste en ser pocos y tener que combatir contra los muchos.

Kandinsky, Composición 6

14 mar. 2019

Santa Rita

ἡμεῖς δὲ δὴ λέγομεν, καθάπερ οἱ παῖδες, ὅτι τῶν ὀρθῶς δοθέντων ἀφαίρεσις οὐκ ἔστι. 
Nosotros decimos, igual que los niños, que no se debe devolver lo que se ha regalado. 
Platón, Filebo, 19e.

13 mar. 2019

Lo más democrático

τίς γὰρ ὑμῶν οὐκ οἶδεν ὅτι περὶ τῶν ἀμφισβητουμένων πολὺ δοκεῖ δικαιότατον καὶ δημοτικώτατον εἶναι, ὅταν οἰκέται ἢ θεράπαιναι συνειδῶσιν ἃ δεῖ, τούτους ἐλέγχειν καὶ βασανίζει. 
¿Quién de vosotros no sabe que cuando surge una disputa lo más justo y lo más democrático es examinar y torturar a los esclavos o esclavas que tienen la información necesaria? 
Licurgo, Discursos, 1.29

Interpenetración de temas

Peter McKenna & Tomasina Oh, Schizophrenic Speech:Making sense of Bathroots and Ponds that Fall in Doorways, 2005, Cambridge University Press (pg. 6, mi traducción):
A partir de un análisis de este material Cameron eligió tres factores que consideró que hacían del discurso del paciente algo difícil de seguir y que eran suficientemente distintos como para justificar su discusión por separado. Eran estos: pensamiento asindético, distorsión metonímica, y –introduciendo posiblemente el término más elocuente en la historia de los desórdenes cognitivos-, interpenetración de temas.

17 feb. 2019

Barbarismos

sed quidam fere in iactationem eruditionis sumere illa ex poetis solent et auctores quos praelegunt criminantur. scire autem debet puer, haec apud scriptores carminum aut venia digna aut etiam laude duci. 
Algunos profesores, sin embargo, para hacerse los eruditos toman ejemplos de barbarismos de los poetas y de los autores que leen, para criminalizarlos. Pero el alumno debe saber que estos barbarismos entre los poetas son o perdonables o dignos de admiración. 
Quintiliano, Institutio Oratoria, 1.5.11

15 feb. 2019

Los del futuro

David Hackett Fischer, Historians’ Fallacies: Towards a Logic of Historical Thought, 1970, Harper Perennial (pg. 312, mi traducción):
He escuchado a historiadores sugerir que sus indagaciones aleatorias son pura investigación, que alguien, algún día, convertirá en algo constructivo, aunque no tienen ni idea de quién, cuándo, cómo o por qué. Lo importante, insisten, es no ser distraído por el peligroso principio de la utilidad y ponerse a trabajar. (...) Si suficientes historiadores escriben suficientes historias, entonces algo –la gran cosa en sí- ocurrirá. Mientras tanto estamos llamados a cultivar la paciencia, la humildad y la pura investigación. 
Este argumento recuerda a los monos que tenían que pasar a máquina las obras de Shakespeare en el Museo Británico.

23 dic. 2018

Haber nacido feliz

Paul Henri Thiry d'Holbach, Sistema de la naturaleza, 1770 (en Carmen Fernández-Daza, Máximas para una vida feliz: Epicuro y textos escogidos en defensa del ideal epicúreo, 1994, Madrid, pgs. 133-4):
La felicidad de cada hombre depende de su temperamento cultivado; la naturaleza hace a los felices; la cultura, la instrucción, la reflexión, dan valor al terreno que la naturaleza ha formado y lo inclinan a producir frutos útiles. Haber nacido feliz es haber recibido de la naturaleza un cuerpo sano, unos órganos que obren con precisión, un espíritu justo, un corazón en el que las pasiones y los deseos sean análogos y conformes a las circunstancias en las que la fortuna nos ha situado.


21 dic. 2018

La falacia de la isla desierta (o por qué estudiar latín)

Piero di Cosimo, Incendio en el bosque

La crítica al latín por su nula utilidad es ya un clásico más consagrado que la propia lengua latina. Entre nuestras mentalidades, estudiar una lengua muerta siempre pierde la partida de la utilidad ante estudiar una lengua viva, sea cual sea. Creo que uno de los problemas de este enfoque es, precisamente, plantear el estudio del latín como un idioma.

Cualquier persona que haya ido a una academia de inglés o de francés habrá comprobado el nulo papel de la literatura que hay en estas clases. Se prioriza la comunicación, escrita u oral, dejando totalmente de lado la herencia a la que accedemos mediante el conocimiento de estas lenguas. Se trata a las lenguas vivas como idiomas al cien por cien, es decir, puramente como vehículos para la comunicación interpersonal.

Una lengua, a mi entender, es otra cosa. Es el alma de una cultura, de unos textos o de una música. El estudio del latín nos pone en contacto con nuestra alma en un sentido cultural. Con una herencia que va desde los romanos hasta la Ilustración, como poco. Y aquí me gustaría resaltar que nosotros y nuestra cultura no nació de la nada, y desde luego no nació ayer.

El título de esta entrada plantea una argumentación que se suele formular de forma inconsciente y subrepticia. Las críticas al latín suelen partir, precisamente, de este planteamiento erróneo: de creer que nuestro mundo es un hongo que ha nacido en medio del vacío. Es la falacia de la isla desierta: tras un accidente de avión, diez supervivientes tienen que apañárselas en una isla remota a la espera del rescate. En ese contexto, quien haya estudiado medicina, por ejemplo, es realmente útil al grupo. Quien haya estudiado lenguas clásicas, no.

La extrapolación falaz e inconsciente de esta situación hacia nuestro mundo presente se hace con frecuencia. Pero nuestra herencia, nuestro entorno y nuestra mente hablan en latín, y es infinitamente más probable que nos pasemos la vida con ellos a que vivamos en una isla desierta.

Un último apunte: la filología clásica se inventó, en el Renacimiento, como una forma de prevenir situaciones de este tipo. De evitar una nueva Edad Media mediante el estudio, la depuración y conservación de nuestro legado cultural más preciado: los textos que nos precedieron, y de hacerlo mediante los profesionales de la lengua latina y, por extensión, de nuestra cultura.

20 dic. 2018

Sujetos artísticos

Karl Marx, Introducción a Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, 1857, Moscú, pg. 258 (en Costanzo di Girolamo, Teoría crítica de la literatura, 1978, Milán, pg. 63):
El objeto artístico –y del mismo modo cualquier otro producto- crea un público sensible al arte y capaz del goce estético. La producción produce así no solamente un objeto para el sujeto sino también un sujeto para el objeto.

17 dic. 2018

De esta muerte sube la vida

William Blake, El matrimonio del cielo y el infierno, 1790 (introducción de Segimon Serrallonga, 1981, Barcelona, ed. del Mall, pg. 36, traducción mía a partir del catalán):
El bien es el cielo, el mal es el infierno, dicen los religiosos. Pero si el bien de los religiosos es en realidad el mal, y al revés, entonces el cielo es en realidad el infierno y el infierno el cielo. Mirando con el deseo puro, con el ojo del Genio Poético, descubrimos que en el fondo del infierno está el cielo, pero es un cielo todavía oculto, como Dios mismo, que es todavía invisible. Es en medio de estas profundidades oscuras que brila el fuego y la luz; de esta muerte sube la vida y de este infierno el cielo.
Portada original diseñada por Blake

El arte como religión

Un buen colega mío me dijo una vez que una de sus máximas para la felicidad era desmitificarlo todo. Entonces no la entendí, pero hoy he encontrado esto en los fragmentos de Esquilo:

γίγνωσκε τἀνθρώπεια μὴ σέβειν ἄγαν. 
Aprende a no honrar demasiado nada humano. 
Esquilo, fragmento 159.
La conexión entre ambas frases me ha venido inmediatamente a la cabeza. Puede que las dos se refieran a tener conciencia de la imperfección de nuestro mundo. A saber que todo se acaba, tarde o temprano, y que las personas nos suelen fallar. En un plano más psicológico, puede incluso que Esquilo se refiriese a saber separar la realidad externa de la interna, a nuestras proyecciones y granos de subjetividad que ponemos en las cosas.

Sin embargo, la frase de Esquilo me parece inacabada. Creo que un griego la completaría diciendo “y que sepas que todo lo honorable viene de los dioses”. A nosotros esta segunda parte nos desconcierta un poco. La “religión” griega –aunque los griegos carecían de esta palabra- se basa en exteriorizar, mediante las divinidades, estados, actitudes y patrones de conducta internos y típicamente humanos. Desde luego, las religiones semíticas y de libro han ido por otra senda.

Nuestro mundo secular ha desplazado la religión del centro de nuestras vidas para poner un sustituto ahí que cambia según la persona. Incluso para la inmensa mayoría de creyentes la religión no es el centro de sus vidas, como sí que podía haberlo sido en la Edad Media. Hace poco leía en un periódico americano que una de las alternativas a ella podía ser el arte, aunque el tema en cuestión no se desarrollaba in extenso.

Estoy de acuerdo con esta postura siempre que maticemos qué entendemos por arte. Precisamente, una de las características que solemos asociar al arte es que no tiene una finalidad, que no sirve. Ars gratia artis, decimos en latín: el arte por el arte. Aunque la pintura y la escultura cumplan el requisito, la literatura, el cine o el teatro no. Con ellos se pretende que nos conozcamos mejor a nosotros mismos. La catarsis de Aristóteles sigue operativa en estas disciplinas artísticas todavía hoy.

El foco humanista del arte, y el arte -con el que conocerse mejor- entendido como sustituto de la religión, son ideas que podrían acercar nuestra sociedad secular a la Grecia clásica y a sus dioses humanos. Naturalmente, esto dista de ser así. Basta con señalar cómo disfrutamos con la literatura o el cine: como pura (y superficial) evasión, o también cómo lo estudiamos: ideológicamente. Los estudios de género, de clase o de raza centran su foco en politizar las obras, no en leerlas por el placer de conmovernos. Harold Bloom decía aquello de que poquísimos estudiantes entran ahora en Yale con una auténtica pasión por la lectura; y Gómez Dávila, que el buen lector es quien lee por placer libros que los demás estudian. Si vaciamos la literatura de su contenido inmaterial, nos queda sólo un esqueleto que nos encanta clasificar o criticar según un criterio escogido a priori. Una triste sentencia para los clásicos... y para nosotros.

Peor salud

οἷσι ῥῖνες ὑγρότεραι φύσει, καὶ ἡ γονὴ ὑγροτέρη, ὑγιαίνουσι νοσηρότερον. 
Los hombres con mocos humedecidos, y con semen humedecido, tienen peor salud. 
Hipócrates, Aforismos, 6.2

16 dic. 2018

Equilibrar lecturas

Gran parte de las cosas que nos afectan están en los periódicos, y gran parte están en los clásicos universales de la literatura. Por desgracia, poca gente procura equilibrar las lecturas. Supongo que se trata, ante todo, de una cuestión de inmediatez: el periódico, digital o en papel, pide poco esfuerzo y comunica de forma directa su mensaje. Se nutre, además, de la memoria de pez que tiene nuestra sociedad, de la ilusión de que todo cuanto nos concierne ha pasado en los últimos diez años, como mucho.

En la literatura, en cambio, el mensaje debe ser exprimido y nace siempre de un esfuerzo lector. Un esfuerzo que se ve recompensado con creces una vez hecho, pero que abruma a muchas personas. También nace del supuesto de que algo que varias generaciones han conservado y admirado debe tener algún valor. Más aún: de que nos afecta por el hecho de ser producto de un homo sapiens y de su mundo. La idea tras estudiar literatura universal es ésta: centrarse en las similitudes, en el sustrato común a toda la humanidad que despega de las limitaciones y caracterizaciones culturales concretas de cada obra.

Curiosamente, esta visión es directamente opuesta a la que me formó como filólogo: ahí se nos enseñaba a centrar la atención en las diferencias entre culturas y literaturas, pero realmente, el valor humano de los clásicos –griegos, latinos o de cualquier otra civilización- arraiga en observar las similitudes entre ellos y nosotros. En desprendernos de nuestra prepotencia y altivez, de la idea de ser los mejores y saberlo todo como cultura. Unas ideas, naturalmente, que van en contra de todo cuanto se nos inculca en la esfera social de nuestras vidas. Pero nadar a contracorriente es también uno de los mayores placeres que uno puede experimentar en esta época que nos ha tocado vivir. Palabra.


Mad Men

15 dic. 2018

Una educación renacentista

Hace ya unos años que compré por internet The last man who knew everything, la biografía (no traducida aún al castellano) de Thomas Young, físico, egiptólogo, médico e ingeniero de la Ilustración británica. Un perfil más que completo para una mente excepcional. Recuerdo haber escrito por aquí que Young tradujo un monólogo del Enrique VIII de Shakespeare al griego clásico. Un ejercicio que poquísimos helenistas serían capaces de hacer hoy en día -y Young ni siquiera era helenista.

A mi entender hay dos claves para la educación renacentista, y por extensión integral, del individuo. Una es puramente histórica: en los siglos XVI-XVIII, todo estaba por hacer en muchísimos campos científicos y artísticos. Hoy en día ningún naturalista sale a cazar mariposas por el campo con la esperanza de diseccionarlas y aportar nuevos insights anatómicos a la ciencia. El trabajo de investigación científica no se hace por iniciativa propia, y raras veces se mezcla el placer en ella.

La otra clave es más personal: me refiero a la voluntad de autodidactismo. A saber que la propia formación se la provee uno mismo, ante todo. Una idea, por desgracia, risible para mucha gente hoy en día.

Yo creo que ambas claves tienen cierta relación. Hacer un cuaderno propio con mariposas o plantas, en el siglo XXI, difícilmente aportará nada a la ciencia, como tampoco hacer un lexicón propio de ruso, de griego o de árabe. Sin embargo, sí que le aportan cosas a uno mismo. Un amor a la disciplina, un placer por descubrir y ver uno mismo fenómenos que, aunque ya descubiertos, uno retiene mejor una vez experimentados; una pasión por el trabajo bien hecho y por el cultivo del propio espíritu. Aportar cosas a la ciencia es sensacional, pero aportárselas a uno mismo me parece más valioso todavía. Quizás la clave esté en simular este espejismo: en educarnos como si todo estuviera por hacer.

La sublimación de lo bárbaro (y el valor de Grecia)

Penteo descuartizado

La primera vez que vi esta cerámica estaba en segundo año de carrera. A priori me fijé en algunos detalles, obviando la escena retratada: las minuciosas líneas de los vestidos, el contraste entre el naranja y el negro, las reducidas dimensiones de la pieza que hacían de su dibujo una obra de precisión y paciencia. La hierática expresión de sus protagonistas femeninas parecen escondernos la escena entera, de cuyo horror me percaté poco después: un rey, Penteo, es descuartizado vivo por las bacantes, entre las que se encuentra su propia madre.

La cerámica está inspirada en las Bacantes de Eurípides, naturalmente, y es una bonita metáfora de lo que supone la cultura de la Grecia arcaica para quienes nos hemos acercado a ella. Una civilización sublime que no olvida el terreno barbárico y brutal en el que arraiga. Un sustrato crudo que los mitos nos retratan para que no lo olvidemos.

Una vez dije que los mitos griegos nos apartan cortinas que no veíamos para enseñarnos lo que tampoco queremos ver de ningún modo. Me parece una reflexión acertada. Este escenario descubierto por sorpresa nos molesta, como poco, porque esconde nuestra esencia más natural (por oposición a la cultural) y primitiva. Naturalmente, los griegos se encargaron de revestirlo de detalles, de nombres, de fantasía: lo hicieron suyo.

Para mí, el valor de Grecia no consiste tanto en este revestimiento cultural, lingüístico o mítico de los estados y situaciones primitivas, sino en toda la estructura que consiguieron crear partiendo de éstas y sin perderlas de vista. Una sabiduría ancestral que nos invita a conocernos a nosotros mismos, a saber que el ser humano es la medida de todas las cosas, y para la cual la felicidad es la buena relación con nuestro dáimon particular.

Una cultura humanizante que nos advierte de la imparable rueda de la fortuna: la riqueza y la pobreza van siempre juntas, igual que el placer y el dolor extremos. Es la enantiodromía de Heráclito, la ‘carrera de los opuestos’, con unas fuertes resonancias psicológicas: de ahí su amor a la moderación. Porque ahí donde hay un exceso, los dioses –nuestra(s) personalidade(s) en potencia- nos miran con recelo... todavía hoy.

14 dic. 2018

Un arte extrovertido

Los amantes O-ume y Kumenosuke, Utamaro

Uno de los mejores recuerdos que guardo de Zaragoza fue la visita al museo municipal y a su colección de arte oriental. La “Colección Federico Torralba” contiene una cantidad enorme de arte japonés, mayormente cerámico, que uno puede ver tanto in situ como a través de un bello catálogo, de tapa dura y a todo color, que se vende en el mismo museo. Precisamente, hoy me gustaría rescatar un cuadro de este catálogo.

“Los amantes O-ume y Kumenosuke” es una pintura en papel del Edo del siglo XVIII. Una delicadeza a la que no presté demasiada atención en su momento por encontrarme abrumado ante la presencia de tantas otras obras. Como en muchas pinturas japonesas, las líneas finas y el dibujo estilizado son marca de la casa; la composición dista de ser simétrica y hay un movimiento tan sólo intuido. Pero lo más notable, a mi parecer, es el ejercicio de contrastar el título de la obra con la actitud de sus personajes; son dos amantes, se nos dice, pero ni siquiera cruzan sus miradas y a penas se tocan.

Desde luego, es de esperar que la sociedad japonesa, incluso en la actualidad, conciba el amor de una forma distinta a la de nuestros países mediterráneos. Japón y sus habitantes tienen fama de ser introvertidos, y sus pautas a la hora de relacionarse son un reflejo de esto. En muchas novelas románticas japonesas todo pasa antes de la relación, en los momentos en que ésta tan sólo empieza a cultivarse: las miradas, los gestos y las palabras son los protagonistas absolutos. Para nosotros, seres con un espíritu de sangre más caliente, todo esto nos parece una pérdida de tiempo, un cortejo inexplicablemente largo.

Occidente empezó a prestar atención a Japón, en un sentido cultural, a finales del siglo XIX, con una corriente artística dominante aquí, el Romanticismo, que ya agonizaba. Los poetas románticos y su arte eran todo lo contrario a los artistas japoneses. Con un yo omnipresente, que todo lo impregna y domina, y un tono elevado y pretenciosamente solemne, la literatura occidental del siglo XIX dejó pasó a la fascinación por los haikus y los tankas, en donde el yo poético-literario es un mero espectador que no participa de la acción. Era, supongo, el movimiento pendular del arte y de su foco.

El arte occidental –de Van Gogh a Byron, de Munch a Breton- es introvertido. El autor y sus peripecias, internas o externas, son sus protagonistas. Yo que tanto he sufrido, yo que tanto he hecho, yo que tanto he vivido. El arte japonés me ha parecido ser siempre todo lo contrario. Su yo mira hacia fuera indefectiblemente. Me gusta pensar que esto es producto de la inercia: donde hay introversión, el arte busca todo lo contrario, y donde hay extroversión, el arte sigue también el camino opuesto. Por eso los dos amantes ni se miran, y su pintor ha sabido no inmiscuir sus sensaciones en la escena.

13 dic. 2018

Una persona civilizada

Sir Richard Francis Burton, Relato personal de una peregrinación a Medina y a la Meca, 1855-6, Londres (ed. Quaderns Crema, 2003, pg. 64, traducción mía a partir del catalán):
Mi anfitrión se había convertido en una persona civilizada, que se sentaba en sillas, comía con tenedor y teorizaba sobre política europea, y que había aprendido a admirar, aunque no la entendiese, la libertad (¡las ideas liberales!). ¿Acaso no huía yo de todas estas cosas?

Sir Richard Francis Burton

12 dic. 2018

Los sonidos de los pájaros

V.A., The Audubon Society Nature Guides: Grasslands, 1985, Nueva York (2a impresión, 1989, pg. 530, traducción mía a partir de inglés):
(El Circus cyaneus) en el nido usa un kee-kee-kee-kee o un silbido agudo.
pg. 531:
(El Buteo swainsoni) chilla un largo y lastimero kreee. 
(El Buteo jamaicensis) chilla un fuerte, severo e ininteligible grito o un prolongado kee-ahrrr.
pg. 532:
(El Buteo regalis) chilla un fuerte y descendiente kre-ah; las notas son como las de una gaviota chillando krag.
pg. 533:
(El Falco sparverius) chilla un estridente killy-killy-killy.
(La Perdix perdix) chilla un ronco kee-ah.
pg. 534:
(El Phasianus colchicus) chilla un cacareante cuck-cuck acompañado de un sonoro batir de alas. 
(El Centrocercus urophasianus) cuando se enrojece, puede dar un cluck cluck cluck parecido al de un pollo.
pg. 535:
(El Tympanuchus phasianellus) chilla un coo parecido al de un pato, cacareos guturales y carcajadas. Un sonido explosivo durante la danza del apareamiento. 
(El Colinis virginianus) chilla un claro silbido bob-WHITE o poor-bob-WHITE. La llamada para reunirse en la nidada es ho-ha, con cada nota más alta que la última.
pg. 536:
(La Callipepla squamata) tiene un chillido muchas veces interpretado como un nasal pay-cos, pay-cos. 
(El Grus canadiensis) usa en la formación de vuelo un krooo-ooo o garooo-a incesante, audible a largas distancias; cuando se les destorba, chilla todo el grupo.
pg. 537:
(El Charadrius vociferus) chilla un claro kill-DEEE, repetido sin fin. 
(El Numenius americanus) chilla un sonoro cur-lee? audible a largas distancias, a veces respondido por un kli-li-lili-lili.
pg. 539:
(La Athene cunicularia) chilla un cacareo líquido; también un suave co-coooo, repetido dos veces.
pg. 540:
(El Chordeiles minor) chilla un sonoro, nasal, zumbeante peent o pee-yah. 
(El Tyrannus vociferans) es un rey-pájaro muy ruidoso, siendo sus sonidos comunes un ruidoso chi-beer! y un rápido chi-beer, ch-beer-beer-beer-r-r.
pg. 541:
(El Tyrannus forficatus) chilla un seco kee-kee-kee-kee.
pg. 543:
(La Pica pica) chilla un rápido, nasal mag? mag? mag? o yak yak yak.
pg. 544:
(La Anthus spinoletta) chilla un apareado, muy agudo pip-pip.
pg. 545:
(La Spiza americana) tiene una canción que suena dick-dick-cissel, siendo las dos primeras notas agudas seguidas por un zumbeante, casi susurrado cissel repetido una y otra vez desde una posición elevada, arbusto o hierba.
pg. 547:
(El Pooecetes gramineus) chilla una serie lenta de cuatro notas musicales claras, las dos últimas más agudas, acabando en una serie descendiente de silbidos –a veces traducidos como venid-venid-donde-donde-todos-juntos-bajo-la-colina. 
(La Calamospiza melanocorys) chilla una serie larga y variada de silbidos. Chilla un suave hoo-ee.
pg. 548:
(El Passerculus sandwichensis) chilla un agudísimo, zumbeante tsip-tsip-tsip-se-e-e-srr. 
(El Ammodramus henslowii) chilla un estornudo explosivo de dos notas, tsi-lick.
pg. 551:
(El Dolichonyx oryzivorus) chilla un suave pink, a veces oído durante las migraciones. 
(El Agelaius phoeniceus) usa un ruidoso, líquido, sonante ok-a-lee!.
pg. 552:
(La Sturnella magna) chilla un claro, suave silbido, see-you, see-yeeeer; una ruidosa nota de alarma chirriante.
pg. 553:
(El Carduelis tristis) chilla un brillante per-chick-o-ree, a veces traducido como patatas fritas, emitido durante el vuelo y coincidiendo con cada ondulación.

Nota bene, querido lector, que todos estos sonidos siguen la fonética inglesa.

Anthus spinoletta