30 abr. 2015

El amor al destino

Ecce homo, Friedrich Nietzsche, cap. 4, sec. 10:

Meine Formel für die Grösse am Menschen ist amor fati: dass man Nichts anders haben will, vorwärts nicht, rückwärts nicht, in alle Ewigkeit nicht. Das Nothwendige nicht bloss ertragen, noch weniger verhehlen - aller Idealismus ist Verlogenheit vor dem Nothwendigen -, sondern es lieben… 

Mi fórmula para la grandeza en los humanos es el amor fati: no querer nada que sea distinto, ni adelante, ni atrás, ni en toda la eternidad. No solamente soportar aquello que es necesario, todavía menos disimularlo –todo idealismo es falsedad ante lo que es necesario-, sino amarlo...

El concepto de amor fati, ‘amor al destino’, puede remontarse ya a los tiempos helenísticos y a algunas de sus corrientes filosóficas. He encontrado este pasaje en las Meditaciones de Marco Aurelio con un cierto parecido con la idea nietzscheniana:

Μόνως φιλεῖν τὸ ἑαυτῷ συμβαῖνον καὶ συγκλωθόμενον: τί γὰρ ἁρμοδιώτερον; 
Ama solamente aquello que te ocurre y que forma la trama de tu vida. ¿Acaso hay algo más apropiado? 
Aur. 7.57

29 abr. 2015

La felicidad

Otro pasaje de Séneca, esta vez sobre la felicidad, ha despertado mi interés:

Ne existimes nos solos generosa verba iactare, et ipse Stilbonis obiurgator Epicurus similem illi vocem emisit, quam tu boni consule, etiam si hunc diem iam expunxi. 'Si cui' inquit 'sua non videntur amplissima, licet totius mundi dominus sit, tamen miser est.' Vel si hoc modo tibi melius enuntiari videtur (id enim agendum est ut non verbis serviamus sed sensibus), 'miser est qui se non beatissimum iudicat, licet imperet mundo'. 

No creas que sólo nosotros decimos palabras de valor; incluso el detractor de Estilbón, Epicuro, dijo unas palabras similares a éstas, con las que tú me perdonarás, aunque ya haya pagado mi deuda de hoy. “Si a alguien”, dice, “no le parecen enormes sus bienes, aunque sea señor de todo el mundo, es pobre”. O, si te parece mejor anunciado de esta forma (porque debemos esforzarnos por servir no a las palabras, sino al significado), “es pobre quien no se considera el más afortunado, aunque domine el mundo”. 
Sen. Ep. 9, 20

Con “la deuda”, Séneca se refiere a las citas con las que obsequia a su lector al final de cada carta.

La idea de la felicidad como la consideración que uno mismo tiene de sí, sin importar sus riquezas o su estatus, es antigua. En el primer libro de Heródoto tenemos el famoso episodio con Cresos, el déspota persa que quiere ser considerado el hombre más feliz del mundo a los ojos del sabio Solón. Nos cuenta Heródoto que, después de un paseo por todos los tesoros del rey persa, Solón le dice que el hombre más feliz de todos es Telos de Atenas. Su argumentación es la siguiente:

‘Τέλλῳ τοῦτο μὲν τῆς πόλιος εὖ ἡκούσης παῖδες ἦσαν καλοί τε κἀγαθοί, καί σφι εἶδε ἅπασι τέκνα ἐκγενόμενα καὶ πάντα παραμείναντα: τοῦτο δὲ τοῦ βίου εὖ ἥκοντι, ὡς τὰ παρ᾽ ἡμῖν, τελευτὴ τοῦ βίου λαμπροτάτη ἐπεγένετο: γενομένης γὰρ Ἀθηναίοισι μάχης πρὸς τοὺς ἀστυγείτονας ἐν Ἐλευσῖνι, βοηθήσας καὶ τροπὴν ποιήσας τῶν πολεμίων ἀπέθανε κάλλιστα, καί μιν Ἀθηναῖοι δημοσίῃ τε ἔθαψαν αὐτοῦ τῇ περ ἔπεσε καὶ ἐτίμησαν μεγάλως.’ 

“A su ciudad le iban bien las cosas; sus hijos fueron virtuosos y vio su descendencia, y ninguno murió. Para nosotros, Telos fue un hombre con una buena vida, y tuvo un final espléndido; porque habiendo una lucha entre los atenienses y sus vecinos de Eleusis, él estaba entre los soldados, y cuando los enemigos huyeron él murió bellamente. Los atenienses le hicieron un funeral público y allí mismo donde murió lo honraron en gran manera.” 

Hdt. 1.30

Aquí, Heródoto contrapone claramente los lujos del rey persa con la sencillez del ciudadano ateniense. La diferencia con Séneca es sutil pero notable: para Heródoto, la felicidad es algo público, que depende de la relación que uno tenga con su ciudad y sus conciudadanos. Probablemente, Séneca no estaría de acuerdo en esto.

28 abr. 2015

Temer y esperar

Releyendo las Cartas a Lucilio de Séneca he encontrado una frase con repercusión en la filosofía moderna griega:

Sed ut huius quoque diei lucellum tecum communicem, apud Hecatonem nostrum inveni cupiditatum finem etiam ad timoris remedia proficere. 'Desines' inquit 'timere, si sperare desieris.' Dices, 'quomodo ista tam diversa pariter sunt?' Ita est, mi Lucili: cum videantur dissidere, coniuncta sunt. Quemadmodum eadem catena et custodiam et militem copulat, sic ista quae tam dissimilia sunt pariter incedunt: spem metus sequitur. 

Pero para hacerte partícipe también de la novedad de hoy, té diré que he encontrado en nuestro Hecatón que el fin de los deseos sirve también como remedio para el miedo. “Dejarás”, dice, “de tener miedo, si dejas de esperar”. Y tú dirás, “¿cómo puede ser que estas cosas tan distintas vayan de la mano?”. Pues así es, Lucilio mío: aunque parezcan ir separadas, están juntas. Del mismo modo en que las mismas cadenas atan al siervo y al soldado, así estas cosas que son tan distintas van juntas: el miedo sigue a la esperanza. 

Sen. Ep. 5.7

En el segundo capítulo de su libro Salvatores Dei, Nikos Kazantzakis escribe una frase muy parecida a la de Hecatón citada por Séneca:

Δεν ελπίζω τίποτα, δεν φοβούμαι τίποτα, λυτρώθηκα από το νου κι από την καρδιά, ανέβηκα πιο πάνω, είμαι λεύτερος. 

No espero nada, no temo nada, me he librado de la mente y del corazón, he escalado mucho más alto, soy libre.

Una versión abreviada de la frase es la que figura en su tumba de Heraclión.

27 abr. 2015

Tabús entre los galos

Desde las primeras aproximaciones al concepto del tabú hechas por J. G. Frazer o Sigmund Freud, la literatura antropológica ha ido investigando en qué consisten todas las prohibiciones asociadas a esta “contaminación”. En este sentido, se ha observado que el tabú polinesio, equiparado por algunos autores con el μίασμα o ‘mancha’ griego, consiste en vetar ciertas personas, alimentos u objetos a la sociedad para evitar que su energía mágica sea transmitida. César nos transmite el siguiente tabú asociado al druidismo entre los galos:

si qui aut privatus aut populus eorum decreto non stetit, sacrificiis interdicunt. haec poena apud eos est gravissima. quibus ita est interdictum, hi numero impiorum ac sceleratorum habentur, his omnes decedunt, aditum eorum sermonemque defugiunt, ne quid ex contagione incommodi accipiant, 

Si algún particular o colectivo no sigue sus órdenes (sc. las de los druidas) es vetado en los sacrificios. Esta pena es la más grave para ellos. A quienes les son prohibidos los sacrificios, los tienen entre el número de impíos y criminales, y todo el mundo los evita y rehuye su compañía y conversación para no recibir ningún mal por el contagio. 

Caes. B. G. 6.13

Es interesante ver el paralelismo con el μίασμα griego y los casos de Orestes o Edipo, portadores de una ‘mancha’ que les impide vivir en sociedad con normalidad. Cf. La rama dorada, J. G. Frazer, trad. Fondo de Cultura Económica, 1989, pg. 255:

Entre las tribus de la desembocadura del río Wanigela, en Nueva Guinea, el hombre que “toma una vida” es considerado impuro hasta someterse a ciertas ceremonias; tan pronto como puede, después de matar, se limpia y limpia el arma. Hecho esto satisfactoriamente, vuelve a su poblado y se sienta sobre los troncos de la plataforma sacrificial. Nadie se aproxima a él ni le preguntan nada, quienquiera que sea.

25 abr. 2015

El amor y el fuego

En las Metamorfosis de Ovidio el recurso más empleado para describir los signa amoris, es decir, para hablar del enamoramiento, se basa en compararlo con el fuego, con las llamas o con el calor en general. Así en los siguientes pasajes:

utque leves stipulae demptis adolentur aristis,      
ut facibus saepes ardent, quas forte viator
vel nimis admovit vel iam sub luce reliquit,
sic deus in flammas abiit, sic pectore toto 
uritur et sterilem sperando nutrit amorem. 
Y como la paja ligera arde cuando se le ha quitado la espiga, como arde muchas veces bajo el sol, cuando un viajero la sacude demasiado o la abandona bajo la luz del día, así el dios se consume en llamas, así arde en todo su pecho y nutre un amor estéril esperándolo. 
Ov. M. 1.492-6 
se cupit inprudens et, qui probat, ipse probatur, 
dumque petit, petitur, pariterque accendit et ardet. 
Sin saberlo, él se desea a sí mismo, se complace y es complacido, y mientras se agrada es agradado y a la vez se enciende y arde. 
Ov. M. 3. 425-6 
iste ego sum: sensi, nec me mea fallit imago;        
uror amore mei: flammas moveoque feroque. 
Yo soy éste; lo he notado, y mi imagen no me engaña. Ardo por mi propio amor; muevo las llamas y las llevo conmigo. 
Ov. M. 3. 463-4 
sed ut intabescere flavae    
igne levi cerae matutinaeque pruinae 
sole tepente solent, sic attenuatus amore   
liquitur et tecto paulatim carpitur igni; 
Sino que como arde la cera con un fuego pequeño y la helada matutina con el sol caliente, así él, consumido por el amor, se disuelve y tocado por el fuego va deshaciéndose poco a poco. 
Ov. M. 3. 487-90   
ex aequo captis ardebant mentibus ambo. 
conscius omnis abest; nutu signisque loquuntur,   
quoque magis tegitur, tectus magis aestuat ignis. 
Por igual ambos ardían en pensamientos de tenerse. Sin ningún testigo, hablan con señales y gestos, y cuanto más escondido, más se calienta el fuego que les invade. 
Ov. M. 4. 62-4 
quid in hospite, regia virgo,
ureris et thalamos alieni concipis orbis? 
¿Por qué, doncella real, ardes por un huésped y deseas un lecho en tierras lejanas? 
Ov. M. 7. 21-2 
erubuere genae, totoque recanduit ore, 
Se le enrojecieron las mejillas y le ardía toda la cara, 
Ov. M. 7. 78 
El vocabulario latino para hablar del fuego es bastante más rico que el castellano. Así, adoleor, ardeo, uro, accendo, intabesco, aestuo o recandesco  son verbos asociados al calor cuyas traducciones pueden ser ‘arder, quemar, enrojecer, encenderse, calentar’ según el caso. Sobre el amor como un fuego que arde, véase este grafito de Pompeya:

Quisquis amat nigra(m) nigris carbonibus ardet.
Nigra(m) cum video, mora libenter aedeo. 
Quien ama a una negra/morena, arde con carbones negros. Cuando veo a una negra/morena, me como unas moras con mucho gusto. 
CIL, IV, 6892

Los filólogos que han estudiado la inscripción no se ponen de acuerdo en si nigra significa ‘negra’, ‘morena’ o si se trata de un nombre propio. En cualquier caso, parece que la metáfora de ‘arder de amor’ era bastante conocida en época imperial. Aquí, es interesante también la concepción de la mora como un fruto placentero, aunque en la literatura latina no hay ninguna mención de que sea un afrodisíaco.

24 abr. 2015

Monumentos y documentos

Teoría literaria, R. Wellek & A. Warren, trad. Gredos, 1966, pg. 36:

Sostengo que las obras de arte son monumentos y no documentos (aunque pueden, naturalmente, ser empleadas y estudiadas como documentos). Están inmediatamente presentes, ya se trate de Homero o Proust, del Partenón o de Picasso, de Monteverdi o Janáček.

En el caso de la literatura clásica, la oposición entre monumentos y documentos puede sintetizarse con la perspectiva que ha adoptado la filología según el momento histórico. Esencialmente, me refiero a la perspectiva humanista y a la historicista, complementarias pero desde luego muy diferentes. Véase Historia de la literatura griega, vol. I, Albin Lesky, trad. Gredos, 2009, pgs. 9-12:

Los humanistas del Renacimiento tendían a ver la literatura clásica como la expresión de los más altos valores estéticos y morales. (...) El enfoque humanista considera las obras más relevantes de la literatura clásica (tanto griegas como latinas) de manera aislada, como creaciones autónomas e independientes de su contexto histórico, no condicionadas por el mundo circundante. Constituyen un canon estético intemporal. 
(...) 
La perspectiva historicista se ocupa de otros temas. (...) Ve cada obra, no como un fenómeno autónomo e independiente, sino como un ejemplar perteneciente a un género, como el reflejo de una fase de un desarrollo histórico y como un resultado del mundo circundante.

Verbos de colores

En latín, y en menor medida en griego, el infijo –sc- puede añadirse a algunos verbos que denotan un estado para indicar un proceso durativo. Este fenómeno se da especialmente en verbos que indican color: así, de albeo (‘ser blanco’), palleo (‘estar pálido') o rubeo (‘estar rojo’), se forman albesco (‘emblanquecerse’), pallesco (‘palidecer’) o rubesco (‘enrojecer’). También en griego, γηράσκω (‘envejecer’) denota un proceso durativo, aunque el infijo -σκ- griego suele ser una simple marca de presente que cae en el aoristo o en el futuro (así en γιγνώσκω, ‘conocer’). En latín, algunos de estos verbos infijados admiten también preverbio, como exalbesco (‘emblanquecerse del todo, completamente’), o un sufijo factitivo, como rubefacio (‘volver rojo algo’).

Quizás el verbo con –sc- más conocido por los latinistas sea horresco, que encontramos en la Eneida durante el episodio de Laoconte:

ecce autem gemini a Tenedo tranquilla per alta   
(horresco referens) immensis orbibus angues       
incumbunt pelago pariterque ad litora tendunt; 
Hete aquí que, desde Tenedos, dos serpientes gemelas (¡me horrorizo al contarlo!) por el mar tranquilo vienen juntas formando círculos hasta la costa. 
Verg. A. 2, 203-5.

Curiosamente, las combinaciones de infijos, sufijos y preverbios no son ilimitadas. Virido (‘ser verde’) o nigro (‘ser negro’) admiten viridesco (‘verdear’) o nigresco (‘ennegrecerse’), pero no encontramos estas formas ni preverbadas (ex) ni sufijadas (-facio). Por otra parte, algunos colores carecen de verbo, como caerulus (‘azul’).

23 abr. 2015

El razonamiento sobrio

Las confusiones y malentendidos que suscitó el concepto “hedonismo” y la escuela filosófica que lo defendía, el epicureísmo, pueden remontarse ya a sus primeros inicios. El mismo Epicuro se ve obligado a matizar en qué consisten los placeres que proporcionan la felicidad en su Carta a Meneceo:

ὅταν οὖν λέγωμεν ἡδονὴν τέλος ὑπάρχειν, οὐ τὰς τῶν ἀσώτων ἡδονὰς καὶ τὰς ἐν ἀπολαύσει κειμένας λέγομεν, ὥς τινες ἀγνοοῦντες καὶ οὐχ ὁμολογοῦντες ἤ κακῶς ἐκδεχόμενοι νομίζουσιν, ἀλλὰ τὸ μήτε ἀλγεῖν κατὰ σῶμα μήτε ταράττεσθαι κατὰ ψυχήν. οὐ γὰρ πότοι καὶ κῶμοι συνείροντες οὐδ’ ἀπολαύσεις παίδων καὶ γυναικῶν οὐδ’ ἰχθύων καὶ τῶν ἄλλων ὅσα φέρει πολυτελὴς τράπεζα, τὸν ἡδὺν γεννᾷ βίον, ἀλλὰ νήφων λογισμὸς καὶ τὰς αἰτίας ἐξερευνῶν πάσης αἱρέσεως καὶ φυγῆς καὶ τὰς δόξας ἐξελαύνων, ἐξ ὧν πλεῖστος τὰς ψυχὰς καταλαμβάνει θόρυβος. 

Cuando decimos que el placer es el fin que debe gobernarnos, no nos referimos a los placeres de los desamparados o al dormir placentero, como piensan quienes nos ignoran o discrepan con nosotros o quienes no nos aceptan, sino al no sufrir nada en el cuerpo y al no ser turbado en la mente. Ni la bebida ni las fiestas, ni el gozo con chicos o mujeres, o con el pescado y demás cosas que trae una mesa bien servida dan lugar a la vida placentera, sino el razonamiento sobrio y la búsqueda de las causas de lo que aceptamos o rehuímos, y el rechaze de las opiniones de las que vienen gran parte de los conflictos del alma. 

Epicur. Men. 131-132

A pesar de la aclaración, el mismo Horacio, epicureísta confesado, parece excederse en su oda I, 22, en la que sostiene que su amor por Lálage le proporciona una estabilidad interior que le permite incluso librarse del ataque de un lobo. El tono de la oda es indudablemente bromista, probablemente con una alusión irónica hacia la filosofía estoica, la gran competidora en época helenística con la corriente del epicureísmo. Sin embargo, y a pesar de su defensa tácita del epicureísmo, al final de la oda Horacio acaba por narrarnos un arrebato de amor que choca con los principios de Epicuro:

Pone me pigris ubi nulla campis
arbor aestiva recreatur aura,
quod latus mundi nebulae malusque
Iuppiter urget;
 pone sub curru nimium propinqui 
solis in terra domibus negata: 
dulce ridentem Lalagen amabo, 
dulce loquentem.  

Ponme en las llanuras estériles donde ningún árbol goza del viento estival, en la parte del mundo que la niebla y un Júpiter severo oprimen; ponme, demasiado cerca, bajo el carro del sol en una tierra hostil a las casas. Amaré a Lálage, la que ríe dulcemente, la que habla dulcemente.  
Hor. Od. I, 22 17-24

La antítesis irónica con el episodio del lobo anteriormente narrado salta a la vista. Ahora, Horacio parece ir más allá que Epicuro y sustituir el “razonamiento sobrio” por el amor hacia una muchacha. 

22 abr. 2015

Presente, futuro y pasado

Se suele decir que en la época arcaica griega había una concepción circular del tiempo, por oposición a la concepción lineal judeo-cristiana que nosotros, en última instancia, hemos heredado. Este es un tema en el que nunca profundicé en la carrera, pero recuerdo que una referencia homérica sobre la concepción del tiempo despertó mi curiosidad en su momento. Se trata de una expresión formular que también encontramos en Hesíodo:

τοῖσι δ᾽ ἀνέστη 
Κάλχας Θεστορίδης οἰωνοπόλων ὄχ᾽ ἄριστος, 
ὃς ᾔδη τά τ᾽ ἐόντα τά τ᾽ ἐσσόμενα πρό τ᾽ ἐόντα, 
De entre ellos se levantó Calcas Testórides, el mejor de los adivinos, que conocía el presente, el futuro y el pasado, 
Hom. Il. 1.68-70

Cf.:

τύνη, Μουσάων ἀρχώμεθα, ταὶ Διὶ πατρὶ
ὑμνεῦσαι τέρπουσι μέγαν νόον ἐντὸς Ὀλύμπου,
εἰρεῦσαι τά τ᾽ ἐόντα τά τ᾽ ἐσσόμενα πρό τ᾽ ἐόντα, 
Empecemos por las musas, quienes hacen gozar al gran espíritu de su padre Zeus al cantarle en el Olimpo, contándole sobre el presente, el futuro y el pasado, 
Hes. Th. 36-38

En Homero, la expresión formular de conocer “presente, futuro y pasado” se refiere a un adivino, mientras que en Hesíodo a las musas. En ambos casos se hace referencia a un conocimiento divino de alguien que, más que predecir el futuro, lo conoce de antemano junto con el pasado. Así pues, y en el caso de Calcas, más que de un “adivino” deberíamos hablar de un “conocedor”.

Aunque se formule con otras palabras, es interesante ver el paralelismo con el libro del Apocalipsis y el canto que profieren los seres vivientes que rodean el trono del señor:

Αγιος ἅγιος ἅγιος κύριος ὁ θεὸς ὁ παντοκράτωρ, ὁ ἦν καὶ ὁ ὢν καὶ ὁ ἐρχόμενος. 
Santo, santo, santo es el señor, el Dios que todo lo domina, quien era, es y será. 
Ap. 4.8

21 abr. 2015

La impresión de textos griegos

Historia de la decadencia y caída del imperio romano, Edward Gibbon, trad. Carmen Francí, 2010, Debolsillo, pg. 578:

(Durante la destrucción de Bizancio, un filósofo) lamentará más seriamente la pérdida de las bibliotecas bizantinas, que en plena confusión se destruyeron o dispersaron: se dice que desaparecieron ciento veinte mil manuscritos; que podían comprarse diez volúmenes por un solo ducado, y el mismo precio ignominioso, excesivo tal vez para una balda llena de teología, incluía las obras completas de Aristóteles y Homero, las más nobles producciones de la ciencia y la literatura de la antigua Grecia. Consuela saber que una parte inestimable de nuestros tesoros clásicos estaba ya depositada en Italia y que los mecánicos de una ciudad germana habían inventado un arte que se burla de los estragos del tiempo y la barbarie.

Este arte es, lógicamente, la imprenta, pero los textos griegos tardaron bastante en ser impresos. En su lugar, en el siglo XV se imprimían versiones en latín accesibles para los no iniciados en la lengua de Homero. Véase Copistas y filólogos, Leighton D. Reynolds & Nigel G. Wilson, trad. Manuel Sánchez Mariana, 1986, Gredos, pg. 150:

Más grave que las dificultades tipográficas fue la escasa demanda de textos griegos, que no bastaba para hacer rentable una edición. El conocimiento del griego estaba poco extendido, por lo que en su lugar se imprimían traducciones latinas, con tirada suficiente como para resultar rentables.

20 abr. 2015

Atracción de relativo

La atracción de relativo es un fenómeno bastante corriente en griego clásico que, curiosamente, acaba por popularizarse más en época helenística. La atracción de relativo consiste en que el pronombre relativo ὅς, ἥ, ὅ, equivalente al latín qui, quae, quod, adopta el caso de su antecedente en vez del que le correspondería atendiendo al verbo de su subordinada. El ejemplo más clásico y citado se encuentra en la Anábasis de Jenofonte:

ὅπως οὖν ἔσεσθε ἄνδρες ἄξιοι τῆς ἐλευθερίας ἧς κέκτησθε, 
Así, sed hombres dignos de la libertad que poseéis, 
Xen. Anab. 1.7.3

Donde ἧς, cuius, debería ser ἧν, quam. En el Nuevo Testamento también se da este fenómeno en varias ocasiones:

ὃς δ' ἂν πίῃ ἐκ τοῦ ὕδατος οὗ ἐγὼ δώσω αὐτῷ, οὐ μὴ διψήσει εἰς τὸν αἰῶνα, 
Quien beba del agua que yo le daré, no tendrá sed nunca más,
Jn. 4,14 

θάμβος γὰρ περιέσχεν αὐτὸν καὶ πάντας τοὺς σὺν αὐτῷ ἐπὶ τῇ ἄγρᾳ τῶν ἰχθύων ὧν συνέλαβον, 
Un miedo se apoderó de él y de todos los que estaban con él por la gran pesca de peces que habían cogido, 
Lc. 5,9

En Juan, οὗ, cuius, debería ser ὃν, quem, y en Lucas, ὧν, quorum, debería ser οὗς, quos. Aunque no lo he investigado, sería interesante mirar si el caso acusativo es más propenso a ser atraído por el antecedente, como en estos tres casos.

Lo trágico

Conversaciones con Goethe, Johann Peter Eckermann, 28 de marzo de 1827:

“Esto es exactamente”, dijo Goethe, “aquello en lo que Sófocles es un genio, y en lo que consiste la verdadera vida de lo dramático en general. Todos sus personajes poseen el don de la elocuencia, y saben explicar tan bien los motivos de su acción que el oyente está siempre de acuerdo con el último que ha hablado.”

Cf. Verdad y método, Hans-Georg Gadamer, 2007, trad. Ana Agud Aparicio & Rafael Agapito, Salamanca, pgs. 178-179:

(En la tragedia) frente al poder del destino el espectador se reconoce a sí mismo y a su propio ser finito. Lo que ocurre a los más grandes posee un significado ejemplar. El asentimiento de la abrumación trágica no se refiere al decurso trágico ni a la justicia del destino que sale al encuentro del héroe, sino a una ordenación  metafísica del ser que vale para todos. El “así es” es una especie de autoconocimiento del espectador, que retorna iluminado del cegamiento en el que vivía como cualquier otro.

Los ojos de ella

Cynthia prima suis miserum me cepit ocellis,  
Cintia me captivó por primera vez con sus ojos, pobre de mí,  
Prop. 1.1 1. 
 Cf.:
ne viles isti videantur ocelli, 
per quos saepe mihi credita perfidia est! 
hos tu iurabas, si quid mentita fuisses, 
ut tibi suppositis exciderent manibus. 
No tengas en tan poca consideración estos ojos, por los que tantas veces me he creído tu perfidia. Por ellos jurabas que, si me habías mentido en algo, te cayeran escondidos detrás de las manos. 
Prop. 1.15 33-36.

En estos pasajes, Propercio se hace eco de la tradición iniciada por Catulo de considerar a los ojos como lo más valioso que tenemos. Añado, además, este fragmento de Plauto:

quom mi illa dicet 'mi animule, mi Olympio, 
mea vita, mea mellilla, mea festivitas, 
sine tuos ocellos deosculer, voluptas mea,   
sine amabo ted amari, meus festus dies,
meus pullus passer, mea columba, mi lepus',  
Cuando ella me dice ‘mi alma, mi Olimpo, mi vida, mi mielecita, mi alegría, deja que te bese tus ojos, mi placer, deja que quiera quererte, mi día feliz, mi pequeño gorrión, mi paloma, mi liebre’. 
Pl. Cas. 1.134-138.

Una mujer difícil

Nos transmite Jenofonte en su Simposio que Sócrates, habiendo contemplado a una bailarina moverse en medio de un banquete, afirmaba que las mujeres eran iguales a los hombres excepto en fuerza y vigor, y animaba a los comensales a enseñar a sus esposas cualquier tipo de arte. Al oír estas palabras, Antístenes le pregunta a Sócrates por qué siendo de esta opinión está casado con una mujer, Jantipa, de tan mal genio. A lo que Sócrates responde:

ὅτι, ἔφη, ὁρῶ καὶ τοὺς ἱππικοὺς βουλομένους γενέσθαι οὐ τοὺς εὐπειθεστάτους ἀλλὰ τοὺς θυμοειδεῖς ἵππους κτωμένους. νομίζουσι γάρ, ἂν τοὺς τοιούτους δύνωνται κατέχειν, ῥᾳδίως τοῖς γε ἄλλοις ἵπποις χρήσεσθαι. κἀγὼ δὴ βουλόμενος ἀνθρώποις χρῆσθαι καὶ ὁμιλεῖν ταύτην κέκτημαι, εὖ εἰδὼς ὅτι εἰ ταύτην ὑποίσω, ῥᾳδίως τοῖς γε ἄλλοις ἅπασιν ἀνθρώποις συνέσομαι. 
El caso, dijo Sócrates, es que veo que quienes quieren convertirse en buenos jinetes se compran no los caballos dóciles, sino los salvajes, porque piensan que, pudiendo dominar éstos, fácilmente manejarán los demás caballos. Así yo, que quiero tratar con los hombres y vivir en sociedad, la he tomado a ella, buen conocedor de que si la soporto, fácilmente conviviré con los demás hombres. 
Xen. Sym. 2.10

19 abr. 2015

Democracia y ciencia

Tratado contra el método, Paul Feyerabend, trad. Diego Ribes, 2007, Tecnos, pgs. XVI-XVII:

En una democracia, por ejemplo, los resultados científicos serán evaluados por consejos de ciudadanos debidamente elegidos: no son, así, los expertos, sino los comités democráticos quienes se constituyen en autoridad definitiva para todas las cuestiones de tipo científico. No es “la verdad” quien decide, sino las opiniones que proceden de estos comités. 
Es interesante observar que este punto de vista puede también encontrarse en lugares tan poco usuales como la Orestíada, de Esquilo. El protagonista intenta escapar de las Euménides, pero éstas reclaman sus derechos: Orestes ha matado a su madre, a un pariente consanguíneo y, por ello, debe ser castigado. Pero el debate se centra ahora en determinar si una madre es un pariente consanguíneo, y esta cuestión no la resuelve un grupo de expertos, sino el voto de un consejo de ciudadanos en el que Atenea también tiene voz.

Cf. El orden del discurso, Michel Foucault, (trad. Pompeu Casanovas, 1982,  Editorial Laia, pg. 112, traducción mía a partir del catalán):

Recordemos aquí, y solamente a título simbólico, el viejo principio griego: la aritmética puede ser un asunto de las ciudades democráticas, pues enseña las relaciones de igualdad, pero sólo la geometría debe ser enseñada en las oligarquías, pues demuestra las proporciones en la desigualdad.

La madre tierra

Lo sagrado y lo profano, Mircea Eliade, 1967, Ediciones Guadarrama, trad. Luis Gil, pg. 136:

Un profeta indio, Smohalla, jefe de la tribu Wanapum, se negaba a trabajar la tierra. Estimaba que era un pecado herir o cortar, desgarrar o arañar a “nuestra madre común” con los trabajos agrícolas. Y añadía: “¿Me pedís que labre el suelo? ¿Voy a coger un cuchillo y a hundírselo en el seno a mi madre?”.

En la antigua Grecia los mitos de autoctonía, es decir, sobre el origen desde la misma tierra, eran muy frecuentes sobre todo referidos a los atenienses. Isócrates así lo transmite en su Panegírico:

ταύτην γὰρ οἰκοῦμεν οὐχ ἑτέρους ἐκβαλόντες οὐδ᾽ ἐρήμην καταλαβόντες οὐδ᾽ ἐκ πολλῶν ἐθνῶν μιγάδες συλλεγέντες, ἀλλ᾽ οὕτω καλῶς καὶ γνησίως γεγόναμεν, ὥστ᾽ ἐξ ἧσπερ ἔφυμεν, ταύτην ἔχοντες ἅπαντα τὸν χρόνον διατελοῦμεν, αὐτόχθονες ὄντες. 
En efecto, habitamos esta tierra no habiéndola arrebatado a otros, ni tampoco habiéndola encontrado desierta, ni tampoco habiendo formado una mezcla con otros pueblos, sino que hemos nacido tan bella y noblemente que aparecimos desde la misma tierra, y con ella hemos pasado todo el tiempo, siendo autóctonos. 
Isoc. 4 24

El griego y su tradición

Odiseas Elitis: Antología, ed. Alfonso Silván Rodríguez, 1982, Akal Bolsillo, pg. 6:

Pero lo que sí conviene dejar claro desde el principio es un aspecto importantísimo en lo que se refiere a la forma en que se relaciona el griego sensible a su tradición con ella. Y es que su sentir aquí no es en absoluto mediatizado por lo libresco, y ello en el sentido de que no necesita haber leído nada “sobre” Homero para experimentar una mezcla de sorpresa y de gozo difícil de apreciar en toda su hondura vivencial para nosotros, cuando comprueba que una palabra de uso normal en boca de cualquier compatriota suyo del pueblo, una palabra que puede significar “rumor de mar” (φλοῖσβος) existía ya en los labios de los aedos de la época homérica, exactamente la misma, exactamente igual.
Personalmente, recuerdo haber leído en más de un manual que la única literatura equiparable a la griega es la china, en lo que a continuidad y a tradición se refiere.

18 abr. 2015

Dimisiones

Aristóteles ya se queja en su Política de que los gobernantes se perpetúen en sus cargos:

νῦν δὲ διὰ τὰς ὠφελείας τὰς ἀπὸ τῶν κοινῶν καὶ τὰς ἐκ τῆς ἀρχῆς βούλονται συνεχῶς ἄρχειν, οἷον εἰ συνέβαινεν ὑγιαίνειν ἀεὶ τοῖς ἄρχουσι νοσακεροῖς οὖσιν.  
Pero ahora, a causa de los beneficios que dan las fuentes públicas y los cargos, los hombres quieren permanecer en el cargo continuamente, como si quienes ocupan el cargo estuviesen siempre sanos aun cuando el pueblo enferma.  
Aristot. Pol. 3.1279a 

Preverbios ciceronianos

Recientemente estuve releyendo mi trabajo de final de carrera dedicado al estudio de los preverbios o satélites verbales en latín clásico. Además de tener que leer una cantidad muy considerable de bibliografía sobre lingüística latina, para el trabajo prácticamente me aprendí de memoria las dos primeras Catilinarias de Cicerón, que releía cada dos por tres en busca de construcciones con partículas.

Aunque no tengo intención de entrar aquí en el contenido del trabajo, bastante espeso y en general poco atractivo, me gustaría aprovechar para mencionar un pasaje de Cicerón y su posible interpretación. Uno de los apartados de mi trabajo trataba sobre la interpretación de los preverbios latinos, argumentando que son equiparables a los satélites del inglés, del alemán o del chino, y que deben ser entendidos como indicadores del trayecto en las oraciones de movimiento. Por ejemplo, en frases como puer adcurrit domum, el preverbio ad- nos indica cuál es el movimiento, y el verbo principal (curro) la manera en que este movimiento se da. La oración es equiparable a la del inglés The boy ran into the house, donde into indica “entrar” y ran indica la manera, "corriendo". En mi opinión, la frase latina debería entenderse como “el niño entró en casa corriendo”, y no “el niño corrió hacia casa”.

Al principio de la segunda Catilinaria encontramos un conjunto de verbos de movimiento preverbados. Reproduzco aquí el pasaje con una posible traducción en la línea de mi trabajo:

tandem aliquando, Quirites, L. Catilinam, furentem audacia, scelus anhelantem, pestem patriae nefarie molientem, vobis atque huic urbi ferro flammaque minitantem ex urbe vel eiecimus vel emisimus vel ipsum egredientem verbis prosecuti sumus. abiit, excessit, evasit, erupit. 
Finalmente, ciudadanos, a Lucio Catilina, rabioso en el genio, deseoso de crímenes, cabecilla de la perdición de la ciudad, quien os amenazaba a vosotros y a esta ciudad con el hierro y el fuego, lo hemos echado de la ciudad, lo hemos mandado fuera, y mientras se iba lo hemos perseguido con despedidas. Se ha ido, ha salido fuera, nos ha dejado, ha huido. 
Cic. Catil. 2.1.1

Los cuatro últimos verbos de movimiento presentan algunas diferencias. Por ejemplo, abiit debe ser entendido como “se ha ausentado”, y no como “ha salido”, interpretación que tendríamos con exiit. El matiz es importante porque abeo es un verbo estativo, mientras que exeo es mucho más dinámico, es decir, que indicaría movimiento. Excessit  y evasit vienen de cado y vado, dos verbos que indican la manera del movimiento y que, preverbados, indican una acción télica, es decir, con un punto final en el tiempo: Catilina ha salido, nos ha dejado ahora, a las seis en punto. El último verbo es el más interesante porque no es como los demás; si ex indicaba trayecto (hacia fuera) hasta ahora, en erupit indica compleción de la acción. Catilina se ha roto del todo, completamente, es decir, ha huido por completo.

13 abr. 2015

Médicos avariciosos

A pesar de que Heródoto y Platón mencionan la existencia de médicos públicos en Grecia, cabe esperar que la mayoría de discípulos de Hipócrates fuesen médicos ambulantes y privados, cuyos servicios costasen bastante más que las visitas a los santuarios de Asclepio. Así nos lo transmite Aristófanes en Los pájaros:

οἱ δ᾽ αὖ κόρακες τῶν ζευγαρίων, οἷσιν τὴν γῆν καταροῦσιν,
καὶ τῶν προβάτων τοὺς ὀφθαλμοὺς ἐκκοψάντων ἐπὶ πείρᾳ:
εἶθ᾽ ὅ γ᾽ Ἀπόλλων ἰατρός γ᾽ ὢν ἰάσθω: μισθοφορεῖ δέ. 
Que los cuervos vacíen los ojos de los bueyes que labran la tierra y del ganado como castigo: y que les cure Apolo, que es médico y cobra por ello. 
Aristoph. Av. 582-584

También Platón en La República, en un tono que suponemos entre divertido y bromista, hace un comentario al respecto:

ἀλλ᾽ εἰπέ μοι: ὁ τῷ ἀκριβεῖ λόγῳ ἰατρός, ὃν ἄρτι ἔλεγες, πότερον χρηματιστής ἐστιν ἢ τῶν καμνόντων θεραπευτής; καὶ λέγε τὸν τῷ ὄντι ἰατρὸν ὄντα. 
τῶν καμνόντων, ἔφη, θεραπευτής. 
Pero dime: aquél que es médico en el sentido estricto, del cual acabas de hablar, ¿es un avaricioso o es quien cura a los enfermos? Y háblame del que es médico en su esencia. 
Quien cura, dijo él, a los enfermos. 
Plat. Rep. 1.341c

Sobre el tono bromista de Platón, cf. Blaise Pascal, Pensées, XXIII, 533-331:

On ne s'imagine Platon et Aristote qu'avec de grandes robes de pédants. C'étaient des gens honnêtes et comme les autres, riant avec leurs amis. Et quand ils se sont divertis à faire leurs lois et leurs politiques ils l'ont fait en se jouant. 
Siempre nos imaginamos a Platón y a Aristóteles con las togas de los pedantes. Lo cierto es que eran hombres decentes y, como otros, bromeaban con sus amigos. Y cuando se divirtieron escribiendo sus Leyes y su Política, lo hicieron como si estuvieran jugando.

Latín antes del desayuno

Richard Hudson en The Michigan Alumnus, octubre de 1898, Universidad de Michigan, pg. 224:

Though he had not taught Latin since 1879, yet he kept up the habit of reading Latin authors. A few years ago, for example, he was reading Tertullian in the original an hour every morning before breakfast. In the same way he read Homer through time and again for the pleasure it gave him. 

Aunque (Edward Lorraine Walter) no había enseñado latín desde 1879, mantuvo la costumbre de leer a los autores latinos. Hace unos pocos años, por ejemplo, estaba leyendo a Tertuliano en su lengua original durante una hora cada mañana antes del desayuno. Hacía lo mismo con Homero de vez en cuando por el placer que le proporcionaba.

Tener por las riendas

En uno de los fragmentos más bellos que se nos han conservado, Anacreonte usa el verbo compuesto ἡνιοχεύω, ‘tener por las riendas’, para referirse a la situación del ἐρόμενος, ‘amado’, que, paradójicamente, domina al ἐραστής, ‘amante’:

ὦ παῖ παρθένιον βλέπων, 
δίζημαί σε, σὺ δ' οὐ κλύεις, 
οὐκ εἰδὼς ὅτι τῆς ἐμῆς 
ψυχῆς ἡνιοχεύεις. 
Joven de mirada virgen, yo te busco pero tú no me escuchas, desconocedor de que tienes a mi alma por las riendas. 
Anacr. 4

El verbo ἡνιοχεύω aparece en la Ilíada y la Odisea en su sentido literal, pero es el poeta lírico quien reinventa su uso en el léxico amoroso. En la literatura latina no existe un equivalente para esta metáfora; como mucho, las habenae, ‘riendas’, pueden referirse a la amistad, pero no al amor:

commodissimum esse quam laxissimas habenas habere amicitiae, quas vel adducas, cum velis, vel remittas; 
Es preferible tener las riendas de la amistad lo más flojas posible, para poder tirar de ellas cuando quieras, o alejarlas. 
Cic. Amic. 45

12 abr. 2015

Tres veces ciego

La lengua griega arcaica y clásica equipara la visión con el conocimiento, como se ve en las formas verbales perfectas de ὁράω, ‘ver’, que adquieren el sentido de ‘saber’, ‘saber porque se ha visto’. Esta equiparación se da ya en las raíces indoeuropeas: druid (‘druida’), significa literalmente ‘observador de árboles’ en las lenguas celtas; es la misma raíz que da en inglés wisdom, ‘sabiduría’, o  wizard, ‘mago’, y en latín providens, ‘cauto’, y videre, ‘ver’. En efecto, la visión y el conocimiento son los ejes de la raíz u̯(e)id-.

En Edipo Rey de Sófocles, Edipo acusa al adivino Tiresias de ser ciego en tres cosas. También en la tragedia, el campo de la visión parece abarcar más de lo estrictamente visual. Así, Sófocles emplea tres acusativos de relación en un verso de gran sonoridad:

τυφλὸς τά τ᾽ ὦτα τόν τε νοῦν τά τ᾽ ὄμματ᾽ εἶ. 
Eres ciego de oídos, de pensamiento y de ojos. 
Soph. OT 371