19 abr. 2015

Democracia y ciencia

Tratado contra el método, Paul Feyerabend, trad. Diego Ribes, 2007, Tecnos, pgs. XVI-XVII:

En una democracia, por ejemplo, los resultados científicos serán evaluados por consejos de ciudadanos debidamente elegidos: no son, así, los expertos, sino los comités democráticos quienes se constituyen en autoridad definitiva para todas las cuestiones de tipo científico. No es “la verdad” quien decide, sino las opiniones que proceden de estos comités. 
Es interesante observar que este punto de vista puede también encontrarse en lugares tan poco usuales como la Orestíada, de Esquilo. El protagonista intenta escapar de las Euménides, pero éstas reclaman sus derechos: Orestes ha matado a su madre, a un pariente consanguíneo y, por ello, debe ser castigado. Pero el debate se centra ahora en determinar si una madre es un pariente consanguíneo, y esta cuestión no la resuelve un grupo de expertos, sino el voto de un consejo de ciudadanos en el que Atenea también tiene voz.

Cf. El orden del discurso, Michel Foucault, (trad. Pompeu Casanovas, 1982,  Editorial Laia, pg. 112, traducción mía a partir del catalán):

Recordemos aquí, y solamente a título simbólico, el viejo principio griego: la aritmética puede ser un asunto de las ciudades democráticas, pues enseña las relaciones de igualdad, pero sólo la geometría debe ser enseñada en las oligarquías, pues demuestra las proporciones en la desigualdad.

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