29 abr. 2015

La felicidad

Otro pasaje de Séneca, esta vez sobre la felicidad, ha despertado mi interés:

Ne existimes nos solos generosa verba iactare, et ipse Stilbonis obiurgator Epicurus similem illi vocem emisit, quam tu boni consule, etiam si hunc diem iam expunxi. 'Si cui' inquit 'sua non videntur amplissima, licet totius mundi dominus sit, tamen miser est.' Vel si hoc modo tibi melius enuntiari videtur (id enim agendum est ut non verbis serviamus sed sensibus), 'miser est qui se non beatissimum iudicat, licet imperet mundo'. 

No creas que sólo nosotros decimos palabras de valor; incluso el detractor de Estilbón, Epicuro, dijo unas palabras similares a éstas, con las que tú me perdonarás, aunque ya haya pagado mi deuda de hoy. “Si a alguien”, dice, “no le parecen enormes sus bienes, aunque sea señor de todo el mundo, es pobre”. O, si te parece mejor anunciado de esta forma (porque debemos esforzarnos por servir no a las palabras, sino al significado), “es pobre quien no se considera el más afortunado, aunque domine el mundo”. 
Sen. Ep. 9, 20

Con “la deuda”, Séneca se refiere a las citas con las que obsequia a su lector al final de cada carta.

La idea de la felicidad como la consideración que uno mismo tiene de sí, sin importar sus riquezas o su estatus, es antigua. En el primer libro de Heródoto tenemos el famoso episodio con Cresos, el déspota persa que quiere ser considerado el hombre más feliz del mundo a los ojos del sabio Solón. Nos cuenta Heródoto que, después de un paseo por todos los tesoros del rey persa, Solón le dice que el hombre más feliz de todos es Telos de Atenas. Su argumentación es la siguiente:

‘Τέλλῳ τοῦτο μὲν τῆς πόλιος εὖ ἡκούσης παῖδες ἦσαν καλοί τε κἀγαθοί, καί σφι εἶδε ἅπασι τέκνα ἐκγενόμενα καὶ πάντα παραμείναντα: τοῦτο δὲ τοῦ βίου εὖ ἥκοντι, ὡς τὰ παρ᾽ ἡμῖν, τελευτὴ τοῦ βίου λαμπροτάτη ἐπεγένετο: γενομένης γὰρ Ἀθηναίοισι μάχης πρὸς τοὺς ἀστυγείτονας ἐν Ἐλευσῖνι, βοηθήσας καὶ τροπὴν ποιήσας τῶν πολεμίων ἀπέθανε κάλλιστα, καί μιν Ἀθηναῖοι δημοσίῃ τε ἔθαψαν αὐτοῦ τῇ περ ἔπεσε καὶ ἐτίμησαν μεγάλως.’ 

“A su ciudad le iban bien las cosas; sus hijos fueron virtuosos y vio su descendencia, y ninguno murió. Para nosotros, Telos fue un hombre con una buena vida, y tuvo un final espléndido; porque habiendo una lucha entre los atenienses y sus vecinos de Eleusis, él estaba entre los soldados, y cuando los enemigos huyeron él murió bellamente. Los atenienses le hicieron un funeral público y allí mismo donde murió lo honraron en gran manera.” 

Hdt. 1.30

Aquí, Heródoto contrapone claramente los lujos del rey persa con la sencillez del ciudadano ateniense. La diferencia con Séneca es sutil pero notable: para Heródoto, la felicidad es algo público, que depende de la relación que uno tenga con su ciudad y sus conciudadanos. Probablemente, Séneca no estaría de acuerdo en esto.

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