21 abr. 2015

La impresión de textos griegos

Historia de la decadencia y caída del imperio romano, Edward Gibbon, trad. Carmen Francí, 2010, Debolsillo, pg. 578:

(Durante la destrucción de Bizancio, un filósofo) lamentará más seriamente la pérdida de las bibliotecas bizantinas, que en plena confusión se destruyeron o dispersaron: se dice que desaparecieron ciento veinte mil manuscritos; que podían comprarse diez volúmenes por un solo ducado, y el mismo precio ignominioso, excesivo tal vez para una balda llena de teología, incluía las obras completas de Aristóteles y Homero, las más nobles producciones de la ciencia y la literatura de la antigua Grecia. Consuela saber que una parte inestimable de nuestros tesoros clásicos estaba ya depositada en Italia y que los mecánicos de una ciudad germana habían inventado un arte que se burla de los estragos del tiempo y la barbarie.

Este arte es, lógicamente, la imprenta, pero los textos griegos tardaron bastante en ser impresos. En su lugar, en el siglo XV se imprimían versiones en latín accesibles para los no iniciados en la lengua de Homero. Véase Copistas y filólogos, Leighton D. Reynolds & Nigel G. Wilson, trad. Manuel Sánchez Mariana, 1986, Gredos, pg. 150:

Más grave que las dificultades tipográficas fue la escasa demanda de textos griegos, que no bastaba para hacer rentable una edición. El conocimiento del griego estaba poco extendido, por lo que en su lugar se imprimían traducciones latinas, con tirada suficiente como para resultar rentables.

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