8 abr. 2015

Lunáticos y comedores de bellotas

De entre los muchos calificativos que los griegos dedicaron a los arcadios, los habitantes de una pequeña y rupestre región del Peloponeso, destacan como los más llamativos el de προσέληνος, ‘anterior a la luna’, y el de βαλανηφάγος, ‘comedor de bellotas’. La concepción de Arcadia como una tierra salvaje y bárbara, aún por civilizar en época clásica, se hace patente en autores como Heródoto o Apolonio de Rodas:

οὔπω τείρεα πάντα, τά τ᾽ οὐρανῷ εἱλίσσονται,
οὐδέ τί πω Δαναῶν ἱερὸν γένος ἦεν ἀκοῦσαι
πευθομένοις: οἶοι δ᾽ ἔσαν Ἀρκάδες Ἀπιδανῆες,
Ἀρκάδες, οἳ καὶ πρόσθε σεληναίης ὑδέονται
ζώειν, φηγὸν ἔδοντες ἐν οὔρεσιν. 
Todavía no existían las constelaciones que dan vueltas en el cielo; quienes preguntasen todavía no podían oír hablar de la sagrada estirpe de los griegos; solamente existían los arcadios apidanesios, los arcadios que, según cantan, vivían antes de la luna, comiendo bellotas en los montes. 
Apollon. 4.261-5.
El epíteto ‘apidanesio’ se refiere a Apis, rey mítico de Argos con un posible origen egipcio. A este pasaje de Apolonio cabe añadir el siguiente de Heródoto:

καὶ δή σφι οὐκέτι ἀπέχρα ἡσυχίην ἄγειν, ἀλλὰ καταφρονήσαντες Ἀρκάδων κρέσσονες εἶναι ἐχρηστηριάζοντο ἐν Δελφοῖσι ἐπὶ πάσῃ τῇ Ἀρκάδων χωρῇ. ἡ δὲ Πυθίη σφι χρᾷ τάδε. 
Ἀρκαδίην μ᾽ αἰτεῖς: μέγα μ᾽ αἰτεῖς: οὐ τοι δώσω. πολλοὶ ἐν Ἀρκαδίῃ βαλανηφάγοι ἄνδρες ἔασιν,οἵ σ᾽ ἀποκωλύσουσιν. 
Y a ellos (los lacedemonios) ya no les gustó llevar una vida tranquila, sino que creyéndose más fuertes que los arcadios consultaron el oráculo de Delfos sobre todo el territorio arcadio. Y la Pitia les vaticinó esto: 
“Me pides la Arcadia: demasiado me pides, no te la daré. Allí viven muchos hombres comedores de bellotas que te expulsarán.” 
Hdt. 1, 66.

Cuando Claude Lévi-Strauss aplicó las oposiciones binarias de la lingüística de Saussure al estudio de la cultura en Mythologiques (1964-1971), anotó como una oposición cultural básica la de crudo/cocido. Resulta interesante releer la referencia de ‘comedores de bellotas’ en clave antropológica, considerando que la concepción griega de los arcadios es, en última instancia, la de un pueblo totalmente bárbaro e inhumano que no conoce el fuego ni los cereales.

Por otro lado, si atendemos especialmente a este último pasaje de Heródoto, podemos leer ‘comedores de bellotas’ con una interpretación propia de la escuela antropológica de Cambridge de James George Frazer. El antropólogo escocés dedicó su vida a estudiar las prácticas mágicas de todo el mundo en La rama dorada (1890) y anotó diversas creencias referidas a la ingestión de ciertos alimentos. Por ejemplo, en la India védica un príncipe desterrado debía alimentarse de comida cocida sobre un fuego hecho con madera de un árbol cortado que hubiera vuelto a crecer; de este modo, se pensaba que la virtud recuperadora del árbol sería transmitida al príncipe. Quizás el hecho de que los arcadios coman bellotas explica por qué expulsarán a los lacedemonios, puesto que la fuerza de la encina sería transmitida a quien comiera su fruto.

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