24 abr. 2015

Monumentos y documentos

Teoría literaria, R. Wellek & A. Warren, trad. Gredos, 1966, pg. 36:

Sostengo que las obras de arte son monumentos y no documentos (aunque pueden, naturalmente, ser empleadas y estudiadas como documentos). Están inmediatamente presentes, ya se trate de Homero o Proust, del Partenón o de Picasso, de Monteverdi o Janáček.

En el caso de la literatura clásica, la oposición entre monumentos y documentos puede sintetizarse con la perspectiva que ha adoptado la filología según el momento histórico. Esencialmente, me refiero a la perspectiva humanista y a la historicista, complementarias pero desde luego muy diferentes. Véase Historia de la literatura griega, vol. I, Albin Lesky, trad. Gredos, 2009, pgs. 9-12:

Los humanistas del Renacimiento tendían a ver la literatura clásica como la expresión de los más altos valores estéticos y morales. (...) El enfoque humanista considera las obras más relevantes de la literatura clásica (tanto griegas como latinas) de manera aislada, como creaciones autónomas e independientes de su contexto histórico, no condicionadas por el mundo circundante. Constituyen un canon estético intemporal. 
(...) 
La perspectiva historicista se ocupa de otros temas. (...) Ve cada obra, no como un fenómeno autónomo e independiente, sino como un ejemplar perteneciente a un género, como el reflejo de una fase de un desarrollo histórico y como un resultado del mundo circundante.

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