3 may. 2015

Enrique VIII en griego clásico

Thomas Young, una de las mentes más privilegiadas del siglo XVIII, tradujo en su juventud un monólogo de Enrique VIII de Shakespeare al griego clásico. En su biografía titulada The last men who knew everything, Andrew Robinson, 2005, Pi Press, figura una lámina con la transcripción manuscrita de Young de dicha traducción. Yo mismo la he tenido que pasar a ordenador, visto que nadie más lo había hecho hasta ahora:

ΟΥΛΣΙΟΥ ΜΟΝΟΛΟΓΙΑ

χαίροις ἂν ἢδη μακρᾲ πᾶσἐνδοξία·
χαίροιτε δυνάμεις, ἃι πισωρεύεσθέ μοι.
οὕτως ἔχει τε τανθρώπεια· σήμερον
ἀνὴρ τὰ χλωρά φύλλα ταλπίδος φύει·
αὔριον ἀκμάζει, πορφυρέοις τἐπἄνθεσι
τιμῶν ὅσων περ ἔτυχε, πολλ ἃβρύνεται·
τριταῖον αὔτε ῥῖγος ἐμπίπλει βαρύ,
κᾀπεὶ πεποιθὼς κάρτα γἐλπίζει τάλας
καρπὸν μεγίζων ἐκπεπαίνεσθαι καλῶν,
ῥιγῃ πρὸς αὐτῇ δύσμορος ξηραίνεται,
κᾄπειλα πίπλει δειλὸς, ὡς ἐγὼ τὰ νῦν.
ὁποῖα παῖδες νήπισι παράφρονες,
ἐπί κύζεσιν νεῖν ἐν θέρει πειρώμενοι,
ὅπως τὰ πολλὰ γἐγκεκινδύνευκἐγὼ
δόξης θαλάσσῃ, πρὸς πάθος μηδὲν σκοπῶν·
κόμπος δἀραιὸς ὅν ἐπερφυσήκειν ἄδαν
ἐσχιμένος λέλοιπέ μἐν κλυδωνίῳ,
γέροντα, μόσχω καὶ χρόνω κεκμηκολα,
κανταῦθα λάπροις κύμασι βυθισθήσομαι.
ὦ λαμπρότηλος καὶ τρυφῆς κένη σκιά!
ἀπεχθὲς ὄνομα! νῦν δὲ καρδίαν ἐμὴν
αὐταρχίας τυχοῦσαν εὖ τεπίσταμαι.
φεῦ δυστάλαιναν τοῦ τρισαθλίου τύχην
χάριτος τυράννων ὃστις ἐκκρεμάννυται!

El griego de Young tiene elementos eólicos y hay un par de formas verbales (πισωρεύεσθέ, βυθισθήσομαι) que o bien he transcrito mal –la grafía no es muy clara- o bien Young conjugó mal, puesto que no tienen paralelo en griego clásico. Reproduzco a continuación el monólogo original de Wolsey a Cromwell del Enrique VIII  de Shakespeare y una traducción funcional mía:

So farewell to the little good you bear me.
Farewell! a long farewell, to all my greatness!
This is the state of man: to-day he puts forth
The tender leaves of hopes; to-morrow blossoms,
And bears his blushing honours thick upon him;
The third day comes a frost, a killing frost,
And, when he thinks, good easy man, full surely
His greatness is a-ripening, nips his root,
And then he falls, as I do. I have ventur'd,
Like little wanton boys that swim on bladders,
This many summers in a sea of glory,
But far beyond my depth. My high-blown pride
At length broke under me, and now has left me,
Weary and old with service, to the mercy
Of a rude stream, that must for ever hide me.
Vain pomp and glory of this world, I hate ye!
I feel my heart new open'd. O, how wretched
Is that poor man that hangs on princes' favours!
There is, betwixt that smile we would aspire to,
That sweet aspect of princes, and their ruin,
More pangs and fears than wars or women have;
And when he falls, he falls like Lucifer,
Never to hope again.

Así que me traes el adiós a este pequeño bien. ¡Adiós! ¡Un gran adiós a toda mi grandeza! Este es el estado del hombre: hoy coloca las tiernas hojas de la esperanza; mañana florece, y lleva sus sonrojados honores hacia él en abundancia; el tercer día viene una helada, una helada asesina, y, cuando piensa, hombre sencillo y bueno, con seguridad su grandeza está madurando del todo, y muerde su raíz, y luego cae, como yo. Me he atrevido a esto, como pequeños chicos despreocupados que nadan en la superfície, muchos veranos en el mar de la gloria, pero mucho más allá de mi profundidad. Mi orgullo de altos vuelos se ha roto a lo largo debajo de mí, y ahora me ha dejado, cansado y viejo con servicio, a la merced de un arroyo salvaje, que me deberá esconder para siempre. ¡Vana suntuosidad y gloria de este mundo, os odio! Noto que mi corazón se ha vuelto a abrir. ¡Oh, como de desgraciado es este pobre hombre que depende de los favores del príncipe! Aquí está, en medio de esa sonrisa a la que aspiraríamos, esa dulce mirada del príncipe, y su ruina, más dolores y miedos que las guerras o las mujeres tienen; y cuando cae, cae como Lucifer, para no esperar nunca más.


El ejercicio de Young es admirable, especialmente para nosotros que hemos olvidado el arte de la traducción inversa al griego y al latín. Tengo por casa algún manual de griego clásico que pone énfasis en este tipo de ejercicios, pero evidentemente a un nivel mucho más accesible.

2 may. 2015

Cristianos avant la lettre

Diccionario de autoridades, Real Academia Española, 1726, Preliminares, pg. 42:

El orígen de una voz, y su raíz puede ser, segun San Isidoro, ò por su causa, como los Reyes, à cuya Dignidád se dió este nombre, porque rigen, Emperadores porque imperan, Gobernadores porque gobiernan; ò por la causa que dá ser Physico à la cosa significada: como Hombre del antíguo Home, este del Latino Homo, y este de Humus, que significa la tierra, primer matéria de que se formó;

Encuentro interesantísima esta analogía del Diccionario de autoridades. Aunque es cierto que homo comparte raíz con humus, aquí los lexicógrafos del siglo XVIII han mezclado la etimología latina con la mitología hebrea:

Entonces Dios el Señor formó al hombre, de la tierra misma, 
Gn 5,7

Aunque lo digo de memoria, creo que no hay ningún mito antropogónico indoeuropeo que diga nada similar. Pero la maniobra de los lexicógrafos es perfecta: los romanos resultan ser cristianos avant la lettre.

1 may. 2015

Un autor difícil

Alejandra, Licofrón, ed. Alma Mater, 1956, pgs. XXXVIII-XXXIX:

¿De qué oscuridad se trata aquí? Porque no es ésta palabra unívoca: aplicado a Heráclito de Éfeso, el calificativo de σκοτεινός significa bien otra cosa que adjudicado a Licofrón. (....) Cuando Suidas estampa que Licofrón escribió la Alejandra τ σκοτεινὸν ποίημα, no emite un juicio peyorativo: no hay que entender tenebroso donde es más adecuado oscuro, difícil. (...) La oscuridad de Licofrón no tiene parentesco alguno con la de Mallarmé o los poetas herméticos modernos (...), el descubrimiento de las adivinanzas licofroneanas vuelven llana la Alejandra.

Siento discrepar con la idea de que un buen conocimiento de los referentes clásicos allana la lectura de Licofrón en griego. Además de tener que superar el abismo habitual entre prosa y poesía, el lector se ve obligado a lidiar con un vocabulario complicadísimo. Recuerdo que traducir la Ilíada ya me parecía frustrante en su momento por estar acostumbrado al vocabulario del jónico-ático. Sobre la dificultad de Licofrón, véase Historia de la literatura griega, vol. II, Albin Lesky, trad. Gredos, 2009, pg. 357:

Licofrón sobrepasó toda medida, con un lenguaje que evita por sistema toda denominación directa y opera con una multitud de palabras exquisitas, algunas de las cuales sólo se encuentran en él, y encubre una inmensidad de eruditos saberes detrás de sus alambicadas expresiones, siempre conducentes a error.

En las líneas siguientes Lesky hace hincapié en el valor de la Alejandra esencialmente por su contenido mitológico.

Las costumbres antiguas

Recientemente he recordado uno de los pasajes más curiosos de las Noctes Atticae de Aulo Gelio en el que se reprende a un joven que hablaba con palabras antiguas y extrañas:

Quibus uerbis compellauerit Fauorinus philosophus adulescentem  casce nimis et prisce loquentem.  

Fauorinus philosophus adulescenti ueterum uerborum cupidissimo et plerasque uoces nimis priscas et ignotas in cotidianis communibusque sermonibus expromenti: 'Curius' inquit 'et Fabricius et Coruncanius, antiquissimi uiri, et his antiquiores Horatii illi trigemini plane ac dilucide cum suis fabulati sunt neque Auruncorum aut Sicanorum aut Pelasgorum, qui primi coluisse Italiam dicuntur, sed aetatis suae uerbis locuti sunt; tu autem, proinde quasi cum matre Euandri nunc loquare, sermone abhinc multis annis iam desito uteris, quod scire atque intellegere neminem uis, quae dicas. Nonne, homo inepte, ut, quod uis, abunde consequaris, taces? Sed antiquitatem tibi placere ais, quod honesta et bona et sobria et modesta sit. Viue ergo moribus praeteritis, loquere uerbis praesentibus atque id, quod a  C. Caesare, excellentis ingenii ac prudentiae uiro, in primo de analogia libro scriptum est, habe semper in memoria atque in pectore, ut "tamquam scopulum, sic fugias inauditum atque insolens uerbum".' 

Sobre con qué palabras el filósofo Favorino reprendió a un joven que hablaba de forma demasiado arcaica y anticuada. 

El filósofo Favorino le dijo a un joven deseoso de usar palabras antiguas y expresiones muy anticuadas en las conversaciones cotidianas y comunes: “Curio, Fabricio y Coruncanio, hombres muy antiguos, y los tres hermanos Horacios –todavía más antiguos- hablaron clara y sencillamente con los suyos, y no charlaban con palabras de los aruncios o los sicanos o los pelasgos, quienes se dice que habitaron Italia en primer lugar, sino con palabras de su tiempo. Pero tú, como si quisieras hablar con la madre de Evandro, usas unas expresiones que hace mucho tiempo que están en desuso, porque no deseas que nadie entienda lo que dices. ¿Por qué, estúpido, no eres consecuente con lo que quieres y te callas? Dices que te gusta la antigüedad, porque es valiosa, sobria y modesta. Entonces vive según las antiguas costumbres y habla con las palabras de ahora, y ten siempre en la memoria y en el corazón aquello que está escrito en el primer libro de la Analogía de Julio César, hombre de gran inteligencia y prudencia, que dice “aunque sea complicado, debes huir de las palabras extrañas e insolentes”. 

Gell. 1, 10

Es muy interesante, y también muy romano, el hecho de que Favorino le recomiende al joven “hablar con las palabras de ahora, pero vivir según las costumbres antiguas”. Sobre esto último hay un ensayo muy interesante de Michel de Montaigne titulado Des coustumes anciennes, ‘Sobre las costumbres antiguas’. Reproduzco aquí solamente el inicio, en el que Montaigne encuentra cierto placer en el hecho de vivir de forma anacrónica:

J’excuserois volontiers en nostre peuple de n'avoir autre patron et regle de perfection, que ses propres meurs et usances : car c'est un commun vice, non du vulgaire seulement, mais quasi de tous hommes, d'avoir leur visée et leur arrest, sur le train auquel ils sont nais. Je suis content, quand il verra Fabritius ou Lælius, qu'il leur trouve la contenance et le port barbare, puis qu'ils ne sont ny vestus ny façonnez à nostre mode. 

Con mucho gusto excusaría a nuestro pueblo por no tener otro patrón ni regla de perfección que sus propios usos y costumbres: porque es un vicio común, no sólo de la gente vulgar, sino de casi todos, tener el punto de mira y la resta sobre las formas de vida del lugar donde se ha nacido. Me complace, cuando veo a Fabricio o a Lelio, encontrar que tienen un aire y un porte raros, porque no visten ni se mueven a nuestra manera.

Con ‘la resta’, Montaigne se refiere a una parte de la armadura que sirve para sujetar la lanza.