26 jul. 2015

La lengua más antigua del mundo

En el segundo libro de su Historia, el viajero Heródoto nos transmite la disputa que tuvieron los frigios y los egipcios sobre cuál de los dos pueblos había sido el primero en habitar el mundo. Psamnético I, faraón egipcio del siglo VII a.C., ordenó llevar a cabo el siguiente experimento para solucionar la cuestión:
Ψαμμήτιχος δὲ ὡς οὐκ ἐδύνατο πυνθανόμενος πόρον οὐδένα τούτου ἀνευρεῖν, οἳ γενοίατο πρῶτοι ἀνθρώπων, ἐπιτεχνᾶται τοιόνδε. παιδία δύο νεογνὰ ἀνθρώπων τῶν ἐπιτυχόντων δίδωσι ποιμένι τρέφειν ἐς τὰ ποίμνια τροφήν τινα τοιήνδε, ἐντειλάμενος μηδένα ἀντίον αὐτῶν μηδεμίαν φωνὴν ἱέναι, ἐν στέγῃ δὲ ἐρήμῃ ἐπ᾽ ἑωυτῶν κέεσθαι αὐτά, καὶ τὴν ὥρην ἐπαγινέειν σφι αἶγας, πλήσαντα δὲ γάλακτος τἆλλα διαπρήσσεσθαι: ταῦτα δὲ ἐποίεέ τε καὶ ἐνετέλλετο Ψαμμήτιχος θέλων ἀκοῦσαι τῶν παιδίων, ἀπαλλαχθέντων τῶν ἀσήμων κνυζημάτων, ἥντινα φωνὴν ῥήξουσι πρώτην: τά περ ὦν καὶ ἐγένετο. ὡς γὰρ διέτης χρόνος ἐγεγόνεε ταῦτα τῷ ποιμένι πρήσσοντι, ἀνοίγοντι τὴν θύρην καὶ ἐσιόντι τὰ παιδία ἀμφότερα προσπίπτοντα βεκὸς ἐφώνεον, ὀρέγοντα τὰς χεῖρας. τὰ μὲν δὴ πρῶτα ἀκούσας ἥσυχος ἦν ὁ ποιμήν: ὡς δὲ πολλάκις φοιτέοντι καὶ ἐπιμελομένῳ πολλὸν ἦν τοῦτο τὸ ἔπος, οὕτω δὴ σημήνας τῷ δεσπότῃ ἤγαγε τὰ παιδία κελεύσαντος ἐς ὄψιν τὴν ἐκείνου. ἀκούσας δὲ καὶ αὐτὸς ὁ Ψαμμήτιχος ἐπυνθάνετο οἵτινες ἀνθρώπων βεκός τι καλέουσι, πυνθανόμενος δὲ εὕρισκε Φρύγας καλέοντας τὸν ἄρτον. οὕτω συνεχώρησαν Αἰγύπτιοι καὶ τοιούτῳ σταθμησάμενοι πρήγματι τοὺς Φρύγας πρεσβυτέρους εἶναι ἑωυτῶν. 

Cuando Psamnético, a pesar de sus investigaciones, no logró solucionar quiénes habían sido los primeros hombres, tuvo esta idea. Dio dos bebés al primer pastor que vio para que los criara entre el ganado, ordenando que nadie dijera ninguna palabra delante suyo, y que vivieran solos en una cabaña desierta. Y que cuando fuera el momento, que viniera una cabra para darles leche, y luego él se ocuparía de las demás cosas. Psamnético mandó hacer esto porque quería escuchar a los niños, después de los primeros balbuceos, a ver con qué palabra hablarían primero. Y esto fue lo que pasó. Cuando pasaron dos años desde que el pastor iba haciendo esto, una vez él abrió la puerta y, al entrar, ambos niños se arrodillaron y le dijeron becos alargando las manos. Cuando el pastor escuchó esto no hizo nada, pero al haber entrado muchas veces y al escuchar siempre aquella misma palabra, se lo dijo a su amo y le llevó los niños para que los viera. También Psamnético escuchó esto e investigó qué hombres decían becos. Habiendo investigado encontró que los frigios llaman así al pan. De esta forma los egipcios se reunieron y aceptaron el hecho de que los frigios eran más antiguos que ellos. 

Hdt. 2.2.2-5

Esta anécdota que recoge Heródoto me ha hecho pensar en el caso del enfant sauvage. Los lingüistas afirman que los niños sin contacto con datos lingüísticos (input) durante su infancia son incapaces de aprender una lengua más tarde. Teniendo esto en cuenta, la historia de Psamnético narrada por Heródoto adopta un tono todavía más grotesco si cabe. 

24 jul. 2015

La vigencia de Platón

Christian Delacampagne, Historia de la filosofía en el siglo XX, trad. Gonçal Mayos, Ediciones Península, Barcelona, 1999, pg. 217:

Sin abandonar su profundo pesimismo, que con todo es atenuado por su confianza en los valores morales del judaísmo que marcó su juventud, Leo Strauss propone a sus contemporáneos redefinir su proyecto político a partir de una meditación sobre los grandes textos en los que éste ha surgido: los de Maquiavelo, Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau y Kant, por supuesto, pero sobre todo los de Platón y Aristóteles –pues, para él, los “clásicos” continúan siendo superiores a los “modernos”. Una buena parte de su obra está así consagrada a una lectura de esos autores, lectura cuya originalidad estriba en su planteamiento decididamente antihistoricista. Rechazando explicar las filosofías del pasado por el contexto cultural en el que nacieron, convencido de que los grandes problemas de la humanidad han sido siempre los mismos y de que las ideas de Sócrates no han perdido nada de su vigencia, Strauss estudia los textos como si escaparan al tiempo.

Cf. Alfred North Whitehead, Process and Reality, The Free Press, 1978, pg. 39:

The safest general characterization of the European philosophical tradition is that it consists of a series of footnotes to Plato. I do not mean the systematic scheme of thought which scholars have doubtfully extracted from his writings. I allude to the wealth of general ideas scattered through them. 
La caracterización más acertada de la tradición filosófica europea es la que dice que consiste en una serie de notas a pie de página a Platón. No me refiero al esquema sistemático de pensamiento que los académicos han extraído dudosamente de sus escritos. Me refiero a la riqueza de ideas generales esparcidas a través de éstos.

Latinistas y helenistas

Dorothea Wender, Roman Poetry: From the Republic to the Silver Age, Southern Illinois University, 1980, pg. ix:
There are many ways of dividing up classics professors (...). But one of the sharpest divisions among them is that between Hellenists and Latinists, or students of Greece versus those of Rome. Hellenists, it is said, are Democrats; Latinists vote Republican. Hellenists have longer hair; Latinists wear three-piece suits. Hellenists are enthusiastic about Big Ideas; Latinists grow warm over fine points of style. Hellenists are perpetual adolescents; Latinists were born middle-aged. The clever reader no doubt gets the idea. 
Existen muchas maneras de dividir a los profesores de clásicas (...). Pero una de de las divisiones más fuertes entre ellos es la que distingue entre helenistas y latinistas, o los estudiosos de Grecia contra los de Roma. Los helenistas, se dice, son demócratas; los latinistas votan a los republicanos. Los helenistas llevan el pelo más largo; los latinistas visten vestidos de tres piezas. Los helenistas son entusiastas de las grandes ideas; los latinistas se acaloran por buenos detalles de estilo. Los helenistas son adolescentes perpetuos; los latinistas nacieron adultos. Sin duda, el lector perspicaz capta la idea.

Filohelenismo

Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano, 1951, París:

Hasta el fin de mis días estaré agradecido a Escauro por haberme animado desde joven al estudio del griego. Era todavía un niño cuando ensayé por primera vez trazar con la pluma los caracteres de aquel alfabeto desconocido: comenzaba mi gran desarraigo, y mis grandes viajes y el sentimiento de una elección tan deliberada y tan involuntaria como el amor. Me gustaba aquella lengua por su flexibilidad de cuerpo en buena forma, por su riqueza de vocabulario donde, en cada palabra, se hacía patente el contacto directo y diverso de las realidades, y porque prácticamente todo lo mejor que han dicho los hombres se ha dicho en griego.

Releyendo la famosa novela de Yourcenar me ha venido a la cabeza una entrevista que leí hace un tiempo con un exitoso profesor de inglés. Éste decía que, en las primeras clases con sus alumnos, no les hablaba en inglés, sino del inglés. Es decir, de todas las cosas que podrían hacer cuando dominaran esta lengua. Yo pienso que con el griego también habría que poner el caramelo en la boca de los alumnos; decirles que poder leer a Platón o a Sófocles en su lengua original no tiene precio; que tener acceso de primera mano a los autores fundacionales de Occidente es un auténtico lujo. Que la literatura clásica es un tesoro, en definitiva.

23 jul. 2015

El poema

Robert Graves, Yo, Claudio, trad. Floreal Mazía, Alianza Editorial, 2005, Madrid, pg. 214:

Décimo partió al exilio voluntario, y varios otros hombres acusados de haber sido amantes de Julila lo siguieron en uno u otro momento. Entre ellos se contaba el poeta Ovidio a quien Augusto, cosa curiosa, convirtió en el principal chivo emisario por haber escrito (muchos años antes) El arte de amar. Dijo que ese poema era el que había trastornado la mente de su nieta. Hizo que quemasen todos los ejemplares del libro que se pudieran encontrar.

El dolor añadido

Uno de los libritos más crudos e intensos jamás escritos sobre la pérdida de un ser querido es, sin duda, A Grief Observed (1961) del filólogo y escritor de fantasía C. S. Lewis. Traducido al castellano como Una pena en observación, se trata de un pequeño cuaderno de menos de cien páginas que el autor escribió poco después de quedarse viudo, y en donde reflexiona, de forma fluida y casi “en voz alta”, sobre su luto personal. Copio aquí las frases que más me han llamado la atención después de mi lectura:

Nunca recibes el cáncer o la guerra o la infelicidad (o la felicidad). Sólo recibes cada hora y cada momento que llega. Todo tipo de altos y bajos. 
(...) 
Pero no estábamos exactamente juntos. Hay un límite para aquello de “una sola carne”. No puedes compartir realmente la debilidad o el miedo o el dolor de otro. 
(...) 
Habladme de la verdad de la religión y os escucharé con atención. Habladme del deber de la religión y os escucharé sumisamente. Pero no me vengáis a hablar de los consuelos de la religión; si no, sospecharé que no habéis entendido nada. 
(...) 
La muerte sólo revela el vacío de lo que siempre había sido. Los que llamamos vivos son simplemente quienes todavía no han sido desenmascarados. 
(...) 
El luto es como un bombardero que va dando vueltas y va lanzando bombas cada vez que su círculo pasa por el nuestro. 
(...) 
“Recuerda mejor a su mujer porque se ha recuperado parcialmente del luto”.
Dejo para el final mi cita favorita de la obra, que aparece en las primeras páginas. Personalmente me recordó a una frase del Enchiridion de Epicteto:

Una parte de todos los sufrimientos es, por decirlo de algún modo, la sombra o el reflejo del sufrimiento: el hecho de que no sólo sufres, sino que tienes que continuar pensando en el hecho de que sufres.
Cf.:
ταράσσει τοὺς ἀνθρώπους οὐ τὰ πράγματα, ἀλλὰ τὰ περὶ τῶν πραγμάτων δόγματα. 
No son las cosas lo que perturba a los hombres, sino la impresión que se hacen sobre las cosas. 
Epict. Ench. 5

22 jul. 2015

La ironía en Edipo Rey



George Steiner, Nostalgia del absoluto, Ediciones Siruela, 2001, Madrid, trad. María Tabuyo y Agustín López, pgs. 41-44:
Primero, desde el principio, Freud hizo uso de los mitos y del material imaginario y poético de la literatura para proporcionar una prueba decisiva a sus teorías.

(…)

Durante los últimos meses de 1896 y en la primera mitad de 1897, Freud acumuló material recogido de las fantasías, los ensueños diurnos y los modelos obsesivos de sus pacientes. Una y otra vez este material parecía conducir al hecho de que una niña había sido seducida por su padre. Al principio, Freud se inclinó a creer que esto había sucedido realmente. Luego comenzó a preocuparse: demasiadas niñas seducidas por demasiados padres; incluso en la Viena degenerada de la época, aquello carecía de sentido. Empezó  a buscar una explicación diferente.

(…)

El 15 de octubre llega la hora copernicana en la historia de todo el movimiento psicoanalítico. (…) (Escribe Freud): “He encontrado el amor de la madre y los celos del padre también en mi propia vida, y ahora creo que es un fenómeno generalizable a toda la primera infancia. Si es así, la fuerza del Edipo Rey de Sófocles, a pesar de todas las objeciones al destino inexorable que aparecen en la obra, se hace perfectamente inteligible”.
Es conocido que Freud se inspiró en una línea muy concreta del Edipo Rey de Sófocles para toda su teoría. Concretamente, se basó en la frase a caballo de los versos 981 y 982:
πολλοὶ γὰρ ἤδη κἀν ὀνείρασιν βροτῶν
μητρὶ ξυνηυνάσθησαν.

Porque muchos de los mortales ya se han acostado con su madre en sueños.

Soph. OT 981-2
Estas palabras las pronuncia Yocasta, madre y esposa de Edipo, para que éste deje de preocuparse por si se casará con su madre, de la que acaba de saber que aún vive. Toda la trama de la obra se organiza en un in crescendo, en la que la información es dosificada con cautela hasta llegar a la περιπέτεια, o “cambio de suerte”, de Edipo. Aristóteles, un gran admirador de la tragedia de Sófocles, escribe en su Poética:

ἔστι δὲ περιπέτεια μὲν ἡ εἰς τὸ ἐναντίον τῶν πραττομένων μεταβολὴ καθάπερ εἴρηται, καὶ τοῦτο δὲ ὥσπερ λέγομεν κατὰ τὸ εἰκὸς ἢ ἀναγκαῖον, οἷον ἐν τῴ̂ Οἰδιποδι ἐλθὼν ὡς εὐφρανῶν τὸν Οἰδίπουν καὶ ἀπαλλάξων τοῦ πρὸς τὴν μητέρα φόβου, δηλώσας ὃς ἦν, τοὐναντίον ἐποίησεν.

Un “cambio de suerte” (peripéteia) es un cambio en la situación hacia su opuesto, como se ha dicho antes, siendo además este cambio, como decimos, probable o inevitable – como el hombre en el Edipo Rey que viene a felicitar a Edipo y a librarle de su ansiedad sobre su madre revelándole su origen y cambia toda la situación.

Aristot. Poet. 1452a
Con “el hombre”, Aristóteles se refiere al mensajero que llega para decirle a Edipo que su padre ha muerto y que Merope no era en realidad su madre. La ironía de este pasaje se basa en que el anuncio del mensajero, que busca aliviar a Edipo, acaba por desencadenar todo lo contrario. 

En este sentido, podemos distinguir dos tipos de ironía en Edipo Rey. La primera es la ironía dramática, consistente en que el espectador ya sabe algo que el personaje aún debe descubrir. Por ejemplo, cuando Edipo dice que investigará la muerte de Laios “como si se tratara de mi propio padre”:
ἀνθ᾽ ὧν ἐγὼ τάδ᾽, ὡσπερεὶ τοὐμοῦ πατρός,
ὑπερμαχοῦμαι κἀπὶ πᾶν ἀφίξομαι,

Por esta causa lucharé y llegaré donde sea, como si se tratara de mi propio padre,

Soph. OT 264-5
La segunda es la ironía sofoclea, consistente en que un personaje habla de tal modo que tiene más razón de lo que él mismo puede llegar a saber. Este último tipo de ironía suele referirse a las palabras de un personaje y a su aplicación sobre él mismo. Por ejemplo, cuando Edipo se refiere a sí mismo como “el hombre que no sabe nada”:
ἀλλ᾽ ἐγὼ μολών,
ὁ μηδὲν εἰδὼς Οἰδίπους, ἔπαυσά νιν,

Pero llego yo, Edipo, el hombre que no sabe nada, y hago cesar a la esfinge,

Soph. OT 396-7
Hay un tercer recurso similar a la ironía que usa Sófocles, y que consiste en narrar desde un buen inicio que hay una terrible epidemia sobre la ciudad griega de Tebas, en la que se ubica la acción de la obra. Los espectadores atenienses de Edipo Rey, tan sólo unos años antes, tuvieron que sufrir la plaga de Atenas en medio de la Guerra del Peloponeso. Seguro que muchos espectadores todavía tenían muy vivo el recuerdo de su catástrofe cuando escucharon las palabras del Coro en Edipo Rey.

La epifanía como maduración



Ἀμβροσία ἐξ Ἀθανᾶν [ἁτερό]πτ[ι]λλος. αὕτα ἱκέτις ἦλθε ποὶ τὸν θεόν· περιέρπουσα δὲ [κατὰ τ]ὸ ἱα̣ρὸν τῶν ἰαμάτων τινὰ διεγέλα ὡς ἀπίθανα καὶ ἀδύνα[τὰ ἐόν]τα, χωλοὺς καὶ τυφλοὺ[ς] ὑγιεῖς γίνεσθαι ἐνύπνιον ἰδόν[τας μό]νον. ἐγκαθεύδουσα δὲ ὄψ̣ιν εἶδε· ἐδόκει οἱ ὁ θεὸς ἐπιστὰς [εἰπεῖν], ὅτι ὑγιῆ μέν νιν ποιησοῖ, μισθὸμ μάντοι νιν δεησοῖ ἀν[θέμεν ε]ἰς τὸ ἱαρὸν ὗν ἀργύρεον ὑπόμναμα τᾶς ἀμαθίας. εἴπαν[τα δὲ ταῦτ]α̣ ἀνσχίσσαι οὑ τὸν ὄπτιλλον τὸν νοσοῦντα καὶ φάρμ[ακόν τι ἐγχέ]αι· ἁμέρας δὲ γενομένας ὑγιὴς ἐξῆλθε.

Ambrosia de Atenas, ciega de un ojo. Vino como una suplicante al dios. Paseando por el santuario se rió de algunas curaciones como increíbles e imposibles, de si el cojo y el ciego se sanaban sólo con tener un sueño. Pero durmiendo tuvo una visión. Se le apareció el dios de pie diciéndole que, como la sanaría, le pediría que diese al templo una ofrenda de un cerdo de plata como recuerdo de su incredulidad. Habiendo dicho esto le abrió su ojo enfermo y le aplicó un remedio. Cuando se hizo de día se marchó curada.

I.G., IV2, 1.121

Esta inscripción de un santuario de Epidauro nos relata un proceso típico de incubatio: una paciente que pasa la noche en un santuario, ve a un dios (epifanía), concretamente a Asclepio, y al despertar ya no es la misma persona. Mutatis mutandis, podemos comparar la incubatio con la bajada a los infiernos de Ulises, Eneas u Orfeo: unas experiencias trascendentales tras las cuales la persona ha cambiado. Este esquema es también típico de muchos ritos de paso hacia la edad adulta en sociedades de todo el mundo.

La literatura posterior también ha hecho uso de este recurso, narrando períodos de epifanía tras los cuales los personajes cambian sus actitudes. Por ejemplo, en el poema épico inglés titulado La rima del anciano marinero (1798) de Samuel Taylor Coleridge, el marinero que ha matado al albatros pasa por una experiencia mística tras la cual aumenta su fe en Dios y puede salvarse junto con su embarcación. Esencialmente, este recurso (la maduración de un personaje) fue tipificado por Aristóteles como propio del género trágico en su Poética, donde lo bautizó como anagnórisis:

ἀναγνώρισις δέ, ὥσπερ καὶ τοὔνομα σημαίνει, ἐξ ἀγνοίας εἰς γνῶσιν μεταβολή, ἢ εἰς φιλίαν ἢ εἰς ἔχθραν, τῶν πρὸς εὐτυχίαν ἢ δυστυχίαν ὡρισμένων: καλλίστη δὲ ἀναγνώρισις, ὅταν ἅμα περιπετείᾳ γένηται, οἷον ἔχει ἡ ἐν τῷ Οἰδίποδι.

El reconocimiento (anagnórisis), como su mismo nombre indica, es un cambio desde la ignorancia hacia el conocimiento, produciendo simpatía u odio en aquellos que están destinados para la fortuna o la desgracia. Un reconocimiento (anagnórisis) es más efectivo cuando coincide con una adversidad, tal y como ocurre en Edipo Rey.

Aristot. Poet. 1452a

21 jul. 2015

Un regalo envenenado



En Homero podemos observar que las virtudes que los dioses dan a los humanos tienen su contrapartida. Así, tanto en la Ilíada como en la Odisea, cuando se nombra una cualidad de alguien a veces la sigue un defecto de esa misma persona. Tenemos un ejemplo en el canto IX de la Ilíada:

σοὶ δὲ διάνδιχα δῶκε Κρόνου πάϊς ἀγκυλομήτεω:
σκήπτρῳ μέν τοι δῶκε τετιμῆσθαι περὶ πάντων,
ἀλκὴν δ᾽ οὔ τοι δῶκεν, ὅ τε κράτος ἐστὶ μέγιστον.

‘El hijo de Cronos, el de mente tramadora, te ha dado un regalo en dos direcciones: con el cetro te ha concedido ser honrado por encima de todos, pero no te ha dado el coraje, que es el poder más grande.’

Hom. Il. 9.37-39

Aquí, Zeus, el hijo de Cronos, ha dado a Agamenón una virtud “en dos direcciones”, “de doble filo” (διάνδιχα). Primero se nos especifica la virtud, y luego, siguiendo con la correlación de elementos (μέν / δὲ), se nos especifica el defecto. Podemos encontrar una estructura inversa, en la que primero se nos diga el defecto y luego la virtud:

κῆρυξ δ᾽ ἐγγύθεν ἦλθεν ἄγων ἐρίηρον ἀοιδόν,
τὸν πέρι μοῦσ᾽ ἐφίλησε, δίδου δ᾽ ἀγαθόν τε κακόν τε:
ὀφθαλμῶν μὲν ἄμερσε, δίδου δ᾽ ἡδεῖαν ἀοιδήν.

Después se acercó el heraldo con un aedo de confianza, al cual la Musa había amado mucho, y le había dado el bien y el mal: pues le privó de los ojos, pero le dio un canto bello.

Hom. Od. 8.62-64

En este pasaje de la Odisea la correlación entre elementos, el quid pro quo, queda todavía más claro. El regalo de la Musa, igual que el de Zeus, también es de doble filo.

20 jul. 2015

Jurar por algo



ἀλλ᾽ ἔκ τοι ἐρέω καὶ ἐπὶ μέγαν ὅρκον ὀμοῦμαι:
ναὶ μὰ τόδε σκῆπτρον, τὸ μὲν οὔ ποτε φύλλα καὶ ὄζους
φύσει, ἐπεὶ δὴ πρῶτα τομὴν ἐν ὄρεσσι λέλοιπεν,
οὐδ᾽ ἀναθηλήσει: περὶ γάρ ῥά ἑ χαλκὸς ἔλεψε
φύλλά τε καὶ φλοιόν: νῦν αὖτέ μιν υἷες Ἀχαιῶν
ἐν παλάμῃς φορέουσι δικασπόλοι, οἵ τε θέμιστας
πρὸς Διὸς εἰρύαται: ὃ δέ τοι μέγας ἔσσεται ὅρκος:
ἦ ποτ᾽ Ἀχιλλῆος ποθὴ ἵξεται υἷας Ἀχαιῶν
σύμπαντας: τότε δ᾽ οὔ τι δυνήσεαι ἀχνύμενός περ
χραισμεῖν, εὖτ᾽ ἂν πολλοὶ ὑφ᾽ Ἕκτορος ἀνδροφόνοιο
θνήσκοντες πίπτωσι: σὺ δ᾽ ἔνδοθι θυμὸν ἀμύξεις
χωόμενος ὅ τ᾽ ἄριστον Ἀχαιῶν οὐδὲν ἔτισας.

“Pero te hablaré claramente y te haré un gran juramento: sí, por este cetro, que no hará crecer ni hojas ni ramas, después de haber dejado atrás el cortado tocón en las montañas, y nunca más florecerá, porque el bronce le cortó las hojas y la corteza, y que ahora llevan en la palma de la mano los hijos de los aqueos, los administradores de la justicia, quienes guardan las sentencias de Zeus. Pero para ti éste será el gran juramento: un día a todos los aqueos les llegará la añoranza de Aquiles. Entonces, aunque te aflijas, no podrás serles útil cuando caigan muertos a manos de Héctor, el asesino de hombres. Y tú te desgarrarás el corazón, irritado por no haber honrado al mejor de los aqueos.”

Hom. Il. 1. 233-244

Este pasaje del primer canto de la Ilíada es seguramente la primera referencia que tenemos a un juramento hecho sobre un cetro en la literatura griega. Este tipo de juramentos, reforzados por un objeto llamado eideshort, serán bastante frecuentes en época clásica y helenística. Personalmente, encuentro interesante observar que aquí Aquiles no está jurando en nuestro sentido moderno, sino que más bien profetiza y desea un mal destino a Agamenón.

El juramento, una auténtica institución en la antigua Grecia, acaba por ser criticado y evitado en el cristianismo primigenio:

Πάλιν ἠκούσατε ὅτι ἐρρέθη τοῖς ἀρχαίοις, Οὐκ ἐπιορκήσεις, ἀποδώσεις δὲ τῷ κυρίῳ τοὺς ὅρκους σου. ἐγὼ δὲ λέγω ὑμῖν μὴ ὀμόσαι ὅλως: μήτε ἐν τῷ οὐρανῷ, ὅτι θρόνος ἐστὶν τοῦ θεοῦ: μήτε ἐν τῇ γῇ, ὅτι ὑποπόδιόν ἐστιν τῶν ποδῶν αὐτοῦ: μήτε εἰς Ἱεροσόλυμα, ὅτι πόλις ἐστὶν τοῦ μεγάλου βασιλέως: μήτε ἐν τῇ κεφαλῇ σου ὀμόσῃς, ὅτι οὐ δύνασαι μίαν τρίχα λευκὴν ποιῆσαι μέλαιναν. ἔστω δὲ λόγος ὑμῶν ναὶ ναί, οὒ οὔ: τὸ δὲ περισσὸν τούτων ἐκ τοῦ πονηροῦ ἐστιν.

También habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No dejes de cumplir lo que hayas ofrecido bajo juramento al Señor.’ Pero yo os digo que no juréis por nada ni por nadie. No juréis por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni siquiera juréis por vuestra propia cabeza, porque no podéis hacer que os salga blanco o negro ni un solo cabello. Si decís ‘Sí’, que sea sí; y si decís ‘No’, que sea no. Lo que se aparta de esto, es malo.

Mt 5,33-37