24 jul. 2015

La vigencia de Platón

Christian Delacampagne, Historia de la filosofía en el siglo XX, trad. Gonçal Mayos, Ediciones Península, Barcelona, 1999, pg. 217:

Sin abandonar su profundo pesimismo, que con todo es atenuado por su confianza en los valores morales del judaísmo que marcó su juventud, Leo Strauss propone a sus contemporáneos redefinir su proyecto político a partir de una meditación sobre los grandes textos en los que éste ha surgido: los de Maquiavelo, Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau y Kant, por supuesto, pero sobre todo los de Platón y Aristóteles –pues, para él, los “clásicos” continúan siendo superiores a los “modernos”. Una buena parte de su obra está así consagrada a una lectura de esos autores, lectura cuya originalidad estriba en su planteamiento decididamente antihistoricista. Rechazando explicar las filosofías del pasado por el contexto cultural en el que nacieron, convencido de que los grandes problemas de la humanidad han sido siempre los mismos y de que las ideas de Sócrates no han perdido nada de su vigencia, Strauss estudia los textos como si escaparan al tiempo.

Cf. Alfred North Whitehead, Process and Reality, The Free Press, 1978, pg. 39:

The safest general characterization of the European philosophical tradition is that it consists of a series of footnotes to Plato. I do not mean the systematic scheme of thought which scholars have doubtfully extracted from his writings. I allude to the wealth of general ideas scattered through them. 
La caracterización más acertada de la tradición filosófica europea es la que dice que consiste en una serie de notas a pie de página a Platón. No me refiero al esquema sistemático de pensamiento que los académicos han extraído dudosamente de sus escritos. Me refiero a la riqueza de ideas generales esparcidas a través de éstos.

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