18 jul. 2015

Parangón de fascismo



Estas vacaciones estoy leyendo La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la Ilíada, de Caroline Alexander. Básicamente se trata de un extenso comentario de la Ilíada que va siguiendo el orden de acontecimientos de la misma epopeya. Cabe destacar especialmente los primeros capítulos, con numerosas referencias a la arqueología y al mundo material de la Edad de Bronce y a todas las teorías sobre la Troya VIh, las referencias en las fuentes hititas a Wilusa y a los Achiyawa, a la piratería imperante en la época, etcétera. El libro es sorprendentemente ameno y tiene el rigor esperable en una obra de este propósito, aunque en algunos capítulos su autora se limite demasiado a comentar fragmentos de la Ilíada a modo de resumen. El estudio no es revolucionario ni mucho menos original, pero desde luego es muy exhaustivo y puede servir como una buena introducción para todos aquellos profanos que no se han atrevido nunca con la Ilíada. Desde luego lo recomiendo.

Quizás lo que más me ha llamado la atención de todo el libro es el cierto desprecio cariñoso que deja entrever Alexander con los romanos, y más especialmente con Virgilio y su Eneida. La autora afirma en el prefacio, página 13:
La Eneida de Virgilio, que relataba las hazañas y la suerte del héroe romano, el pius Aeneas; Eneas el piadoso, el virtuoso, el diligente, vinculado al destino imperial de su patria. En contraste con este parangón de fascismo, Aquiles…

Pobre Virgilio, si pudiera escuchar este descalificativo se removería en su tumba.

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