9 dic. 2015

La sociedad postlibrum

Harold Bloom, The Western Canon: The Books and School of the Ages, 1994, Harcourt Brace & Company, pg. 519:

Only a few handfuls of students now enter Yale with an authentic passion for reading. You cannot teach someone to love great poetry if they come to you without such love. How can you teach solitude? Real reading is a lonely activity and does not teach anyone to become a better citizen.  
Sólo algunos pocos estudiantes entran ahora en Yale con una auténtica pasión por la lectura. No puedes enseñar a alguien a amar la gran poesía si te llegan sin este amor. ¿Cómo puedes enseñar la soledad? La lectura real es una actividad solitaria y no le enseña a nadie a ser un mejor ciudadano.

Cf. George Steiner, El lector infrecuente, 1978, dentro de Pasión Intacta, ed. Siruela, 1997, pg. 30:

La lectura genuina exige silencio (en un famoso pasaje, Agustín dice que su maestro, Ambrosio, fue el primer hombre capaz de leer sin mover los labios). Leer, según el retrato de Chardin, es un acto silencioso y solitario. Es un silencio vibrante y una soledad poblada por la vida de la palabra.
pg. 35-36:

El apartamento moderno, evidentemente diseñado para jóvenes, no cuenta con espacio, con paredes limpias para colocar estanterías de infolios, libros en cuarto, los numerosos volúmenes de las opera omnia entre los cuales el lector de Chardin ha seleccionado su texto.
pg. 41:

El infolio, la biblioteca privada, la familiaridad con las lenguas clásicas o el arte de la memoria pertencerán, cada vez más, a unos cuantos eruditos. El precio del silencio y de la soledad aumentará. (Parte de la ubicuidad y del prestigio de la música deriva precisamente del hecho de que se puede escuchar en compañía de otros. La lectura seria excluye incluso a los íntimos).
pg. 44:

Las alternativas no son tranquilizadoras: la vulgarización y el ruidoso vacío intelectual, por un lado, y la retirada de la literatura hacia las vitrinas de los museos, por otro.

Los mediados de siglo XX presenciaron el nacimiento de una tendencia que ha florecido por completo en el XXI: el cambio desde una sociedad escrita (literacy) a una sociedad de imágenes. Hemos pasado del libro a la pantalla como los medievales pasaron del pergamino a las ilustraciones en retablos; ellos identificaban personajes bíblicos en las pinturas, y nosotros identificamos memes o gifs. Ambos lenguajes son indescifrables para el profano.

Las eras de la imagen, cuando la lectura privada ha pasado a ser minoritaria, vienen caracterizadas por esta “cultura de la comunidad”, por oposición a la “cultura personal” de la era escrita. La cultura de la comunidad se disfruta en compañía (física o virtual) y tiene el texto como mero (y breve) soporte. En la Edad Media se pusieron de moda los florilegia o antologías de citas, pero muy pocos tenían acceso a las obras enteras de un autor. En la actualidad el volumen de información es tan grande que la elección es imposible: en su lugar obviamos el texto –la materia prima- y nos quedamos con el resumen de Wikipedia.

La comunidad es ahora omnipresente: que te cierren el facebook es algo así como la vieja excomulgación. Ya no hay autodidactas o lo que los ingleses llaman polymath (“aprendedor de muchas cosas”): un Leonardo Da Vinci o un Thomas Young son sustituidos por equipos de investigadores y por trabajo interdisciplinar (es decir, pluripersonal). La soledad se cambia por el trabajo en equipo, y la lectura privada –y, por extensión, solitaria- del libro, por los congresos y la visualización de un power point.

La psicología y la medicina actuales tienden a ver la soledad como algo pernicioso para las personas, en vez de considerarla como una experiencia necesaria en la adolescencia y primera juventud para el autoconocimiento, el desarrollo de las propias capacidades y una forma única de cultivación y superación personal que pasa por la lectura.

Por último, hay quien ve la vieja sociedad escrita, reivindicada por Steiner y Bloom, como un sistema elitista y aristocrático. “Como es una educación que han recibido sólo unos pocos, no la queremos para el resto”. Este argumento es como decir que no queremos prosperidad económica para todos porque actualmente la riqueza se concentra en unos pocos. La sociedad escrita, a pesar de la opinión común, es tremendamente democrática, porque tiene como moneda de cambio los argumentos, las citas, el razonamiento y las palabras –algo que, paradójicamente, es patrimonio de todos. 

Es curioso que la sociedad que “ha superado” el libro también dinamite la privacidad. La lectura es un momento de reclusión, todo lo opuesto a la vida comunal continua a la que estamos sometidos. Es también la sociedad amnésica que no cultiva su memoria, la sociedad de la hiperespecialización y de la universidad desorientada. Tal vez algún día salgamos de ella para mejor.

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