4 ene. 2016

Byron, Stevens y Keats: la poesía como extroversión


Wallace Stevens, Theory, dentro de Harmonium, 1917, traducción propia:

I am what is around me. 
Women understand this.
One is not duchess
A hundred yards from a carriage.   

Soy lo que me rodea. 
Las mujeres entienden eso.  
Una no es duquesa 
A cien yardas de un carruaje.

Cf. Lord Byron, Childe Harold’s Pilgrimage, Canto III, Stanza 72, 1816, traducción propia:

I live not in myself, but I become  
Portion of that around me: and to me
High mountains are a feeling.  

No vivo en mi mismo, sino que me convierto 
en porción de lo que me rodea: y para mí 
las altas montañas son un sentimiento.

Cf. John Keats, Cartas, 27 de octubre de 1818, traducción propia:

(The poetical character itself) it has no self - it is every thing and nothing - it has no character - it enjoys light and shade (...). A poet is the most unpoetical of any thing in existence; because he has no identity - he is continually in for - and filling some other body.
(El carácter poético) no tiene yo –es cada cosa y no es nada-, no tiene personalidad –disfruta de la luz y de la sombra- (...) Un poeta es la cosa más poco poética de la existencia, porque no tiene identidad –la está buscando continuamente- y quiere llenar algún otro cuerpo.

En estas tres citas de la literatura inglesa observamos una predilección poética por vivir fuera de uno mismo. Mi profesor de Teoría de la poesía solía decirnos que la poesía adolescente, impregnada del yo y de egoísmo, tenía escaso valor, y que un poeta debía esforzarse por tomar partido del resto de las cosas del mundo, por participar en las existencias ajenas. Quizás por eso la poesía oriental fascinó tantísimo a Occidente a principios de siglo XX: oponiéndose diametralmente a la tradición romántica, los haikus y los tankas nos brindan un lirismo donde el yo es un mero observador que nunca sale nombrado. Aquí en España, una parte de la Generación de los ’50 (Gil de Biedma, Ferrater) se esforzó por prescindir –en la medida de lo posible- del yo poético de vez en cuando. Una tendencia en la que los ingleses nos llevan muchos años de ventaja, en cualquier caso.

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