9 may. 2016

La educación según Platón



ἐπὶ δὴ δύ᾽ ὄντε τούτω, ὡς ἔοικε, δύο τέχνα θεὸν ἔγωγ᾽ ἄν τινα φαίην δεδωκέναι τοῖς ἀνθρώποις, μουσικήν τε καὶ γυμναστικὴν ἐπὶ τὸ θυμοειδὲς καὶ τὸ φιλόσοφον, οὐκ ἐπὶ ψυχὴν καὶ σῶμα, εἰ μὴ εἰ πάρεργον, ἀλλ᾽ ἐπ᾽ ἐκείνω.

Para combatir estos dos (sc. tipos de hombres; misólogos y salvajes), como parece, yo diría que hay dos artes que algún dios dio a los hombres: la música y la gimnasia, (ambas) al servicio de la altura de espíritu y de la aptitud filosófica; no al servicio del alma y del cuerpo, si no es accidentalmente, sino al servicio de ambos.

Plat. Rep. 3.411e

Traduzco uno de los pasajes más interesantes de La República de Platón donde se debate el modelo educativo ideal para la ciudad estado del filósofo rey. Platón argumenta que para combatir a los hombres misólogos –“que odian los razonamientos”; una de las peores caracterizaciones humanas para Platón, hecho ya patente en el Fedón 89d- y a quienes viven salvajemente, se les debe enseñar música y gimnasia, dos artes que equilibran al ser humano. Y aclara: la música no está al servicio del alma y la gimnasia al del cuerpo, sino que ambas están al servicio del ser en su totalidad. El pasaje sigue hablando del equilibrio que proporcionan estas dos disciplinas.

Puedo imaginarme la sorpresa de los alumnos y primeros lectores de Platón al leer estas líneas. Parece que el filósofo griego por excelencia fuese a completar su teoría dualista de la realidad –y por extensión, del ser humano- con una teoría pedagógica ad hoc: música para el alma y gimnasia para el cuerpo. Pero no es así. Música y gimnasia ejercitan cuerpo y mente.

El placer como motivación



Piotr Kropotkin, La moral anarquista, 1891 (cap. II, traducción mía a partir del inglés accesible en marxist.org):

Es fácil entender la sorpresa de nuestros bisabuelos cuando los filósofos ingleses, y más tarde los enciclopedistas, empezaron a afirmar en oposición a estas ideas primitivas que el diablo y el ángel no tenían nada que ver con la acción humana, sino que todos los actos del hombre, buenos o malos, útiles o reprobables, surgen de un único motivo: el deseo de placer.

(...)

He aquí un hombre que le roba el último trozo de pan a un niño. Todo el mundo está de acuerdo en decir que es un egoísta horrible, que se guía solamente por el amor propio.

Pero he aquí otro hombre, a quien todo el mundo reconoce unánimamente como virtuoso. Éste comparte su último trozo de pan con el hambriento, y se quita el vestido para vestir al desnudo. Y los moralistas, aferrados a su jerga religiosa, se apresan en decir que este hombre lleva el amor al prójimo hasta la autonegación, que éste obedece a una pasión totalmente distinta a la del egoísta. Pero con una pequeña reflexión descubrimos pronto que por más que la diferencia entre las dos acciones sea grande en su resultado para la humanidad, el motivo ha sido el mismo. Es una cuestión de placer.

Si el hombre que da su última camisa no encontrase ningún placer en hacerlo, no lo haría. Si encontrase placer en quitarle el pan a un niño, lo haría, pero esto es desagradable para él. El hombre encuentra placer en dar, y por lo tanto da.


Aunque no los he leído, me consta que hay algunos experimentos en etología y biología que trasladan el razonamiento de Kropotkin al lenguaje de las sustancias químicas y segregaciones de endorfina en el cerebro de los animales para justificar la generosidad sobre todo entre primates.

Cerillero y anarquista

Placa en el Café Gijón, Madrid

El sapo sumergido



John Irving, El mundo según Garp, 1978 (trad. Iris Menéndez):
Entre Helen y Garp, Sapo Sumergido se convirtió en una expresión que designaba la ansiedad. Mucho después de que Walt hubiese comprendido de qué clase de monstruo se trataba, Garp y Helen evocaban a la bestia como una forma de referirse a su propia sensación de peligro. Cuando el tráfico era pesado, cuando el camino estaba cubierto de hielo –cuando la depresión apareció, de la noche a la mañana-, se decían: “Hoy el Sapo Sumergido está fuerte”.

-¿Recuerdas que Walt preguntó si era verde o marrón? –dijo Duncan en el avión.

Garp y Duncan rieron. Pero no era verde ni marrón, pensó Garp. Era yo. Era Helen. Era el color del mal tiempo. Era del tamaño de un automóvil.


8 may. 2016

El sinecismo de internet



Sinecismo es una palabra que no aparece, de momento, en ningún diccionario de castellano, a pesar de ser un cultismo griego totalmente correcto. Los historiadores llevan años usándolo para referirse a la “reunión de poblaciones” (literalmente) de la antigüedad. Así, un sinecismo es un proceso de reagrupación de la población en un solo centro, generalmente una ciudad. Podemos oponerlo a otros conceptos de la ciencia histórica como el éxodo rural, donde la población se dispersa, generalmente y como su mismo nombre indica, hacia el campo.

Recientemente he leído unas reflexiones de Piero Scaruffi sobre internet y las costumbres que ha alterado (o no) esta herramienta. El tema es largo y complejo. Primero, y antes que nada, recomiendo efusivamente la lectura de la reflexión del científico italiano. Si hacéis click en su nombre se abrirá el enlace –por motivos técnicos, este diseño de blogger no subraya los enlaces de las entradas.

Scaruffi nos dice que internet es la culminación de una serie de factores históricos y sociales iniciados en el siglo XX, tales como la apuesta por el ocio privado y no público o la pérdida de la privacidad y su conflicto con la “popularidad”; y acaba diciendo, y traduzco literalmente, Internet nos ha dado lo que queremos: somos vanos, superficiales y asociales.

Yo estoy de acuerdo con esto hasta cierto punto, y además quisiera hacer notar que valdría la pena hablar de la evolución de internet en los últimos diez años. El internet de 2016 no tiene nada que ver con el de 2006.

Facebook, instagram, twitter o whatsapp son novedades que acentúan considerablemente el carácter “vano, superficial y asocial” de internet. El viejo correo electrónico, blogger (o cualquier otra plataforma donde escribir sin límite de carácteres), Google o las páginas webs, no necesariamente, o no tanto. Hasta hace bien poco, internet era usado como una prolongación de los intereses personales. Uno discutía en foros de debate sobre literatura, historia, música o lo que fuese. Podríamos discutir si el anonimato de los foros era bueno o malo (igual que podríamos discutir si introducir tus datos personales en facebook es bueno o malo). 

En cualquier caso, internet no era una prolongación de tu vida privada, que es en lo que se ha convertido actualmente. En otras palabras: antes, internet era más disperso y uno entraba en él con una idea previa (búsquedas en google, páginas de confianza, blogs que seguías sin conocer personalmente a su autor, etc). Hoy en día el contenido te es ofrecido directamente, y no mediado por tu elección. Las grandes empresas de internet, con la excepción de youtube, apuestan por esto. 

Además, internet es mucho más inmediato ahora que antes, porque el texto (largo) ha sido sustituido por el texto (breve), las imágenes y los vídeos. Un post en blogger es menos “vano, superficial y asocial” que un estado de facebook; una discusión por foro de debate lo es menos que una por twitter; una página web con artículos también lo es menos que un vídeo de youtube. La era de la imagen (cf. La sociedad postlibrum) está servida.

El sinecismo es evidente. Ya nadie navega por internet. Nos quedamos en el puerto de siempre. Este puerto, además, estas cuatro o cinco páginas que se llevan el 99% de las visitas, está desregulado. No legalmente, pero sí en nuestras conciencias. Lo podemos comparar con el abuso del tabaco a mediados de siglo XX, y la progresiva concienciación que hubo de que aquello no podía consumirse en institutos, hospitales, darse a menores de edad, etc. Las novedades tecnológicas no se llevan bien con el sentido común. Éste suele tardar en aflorar y ser aplicado.

Hay una cuestión de fondo. Scaruffi, intuyo, se basa en la idea de que el entorno –en este caso, tecnológico- no influye en nuestros carácteres. Yo, como docente, creo lo contrario. Y creo que hay que esforzarse para moldear bien ese entorno, aunque nuestros tics e inclinaciones –“vanas, superficiales y asociales”- acaben ganando la partida. Por ejemplo, un gobierno estatal no puede fomentar el suicidio, por mucho que la mayor parte de su población tenga tendencias suicidas.

Tras cada sinecismo hacia las grandes metrópolis (facebook, twitter, tumblr, whatsapp), hay pequeños éxodos rurales hacia las viejas costumbres (blogs, webs). Esto es reconfortante. Y no se excluye la posibilidad de que haya una crisis en este tipo de medios ultra-masificados algún día, y se vuelva a dispersar todo. Yo, por lo menos, así lo deseo.

Finalmente, acabo con una reflexión de Marvin Harris sobre el sinecismo; Marvin Harris, Caníbales y reyes, 1977 (trad. Horacio González Trejo, Alianza Editorial, 1987, Madrid, pg. 25):

A cada ventaja de la vida permamente en una aldea corresponde una desventaja. ¿La gente anhela compañía? Sí, pero también exaspera. (...) Nadie entra o sale de la aldea sin ser notado. Es necesario susurrar para guardar la intimidad: con tabiques de paja no existen puertas cerradas. La aldea está saturada de irritantes habladurías acerca de hombres que son impotentes o que eyaculan prematuramente, y acerca de la conducta de las mujeres durante el coito, y el tamaño, el olor y el color de sus genitales.


La diferencia es que ahora, en esta “aldea” centralizada, la gente sólo sabe aquello que queremos hacerle saber. Pero, sinceramente, tampoco tengo claro si esto es bueno o malo.

Tecnología y escritura

Fernando Krahn

Entradas relacionadas:

· La sociedad postlibrum

3 may. 2016

Las predicciones de Schopenhauer



Dulce error de adolescencia el aproximarme al magnum opus de Schopenhauer por las buenas, sin apenas formación alguna en filosofía alemana y con la certeza de que lo entendería todo. El mundo como voluntad y representación es otro clásico que añado a mi lista de libros que he abandonado por no entender prácticamente nada. Recuerdo, no obstante, un pasaje del prefacio a la primera edición que la Wikisource inglesa me ha ayudado a localizar; Arthur Schopenhauer, Prefacio a la primera edición de El mundo como voluntad y representación, 1818 (traducción mía a partir del inglés):
Porque yo creo que la influencia de la literatura sánscrita penetrará no menos profundamente de lo que lo hizo la recuperación de la literatura griega en el siglo quince.

Con la perspectiva que nos dan los casi doscientos años que han pasado desde la publicación del libro del filósofo alemán, podemos decir que la primera predicción de Schopenhauer no se ha cumplido del todo.

Schopenhauer, atraído por las metafísicas orientales y exóticas, también dedicó unas líneas a hablar del islam, tal y como nos recuerda el blog Maverick Philosopher; Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, 1818, cap. XVII (traducción mía a partir del inglés):
Consideremos el Corán, por ejemplo; este desafortunado libro fue suficiente para empezar una religión mundial, para satisfacer la necesidad metafísica de incontables millones durante mil doscientos años, para convertirse en la base de su moral y de un remarcable desdén por la muerte, y también para inspirarles a guerras sangrientas y a las conquistas más extensivas. En este libro encontramos la forma más pobre y triste de teísmo. Puede que se haya perdido mucho en la traducción, pero yo no he sido capaz de encontrar en él ni una sola idea de valor.

La valoración de Schopenhauer no es una predicción exactamente, pero en la actualidad resuenan las palabras «inspirarles a guerras sangrientas y a las conquistas más extensivas». Si su predicción sobre la literatura sánscrita no fue acertada, podríamos discutir esta última.