9 may. 2016

El placer como motivación



Piotr Kropotkin, La moral anarquista, 1891 (cap. II, traducción mía a partir del inglés accesible en marxist.org):

Es fácil entender la sorpresa de nuestros bisabuelos cuando los filósofos ingleses, y más tarde los enciclopedistas, empezaron a afirmar en oposición a estas ideas primitivas que el diablo y el ángel no tenían nada que ver con la acción humana, sino que todos los actos del hombre, buenos o malos, útiles o reprobables, surgen de un único motivo: el deseo de placer.

(...)

He aquí un hombre que le roba el último trozo de pan a un niño. Todo el mundo está de acuerdo en decir que es un egoísta horrible, que se guía solamente por el amor propio.

Pero he aquí otro hombre, a quien todo el mundo reconoce unánimamente como virtuoso. Éste comparte su último trozo de pan con el hambriento, y se quita el vestido para vestir al desnudo. Y los moralistas, aferrados a su jerga religiosa, se apresan en decir que este hombre lleva el amor al prójimo hasta la autonegación, que éste obedece a una pasión totalmente distinta a la del egoísta. Pero con una pequeña reflexión descubrimos pronto que por más que la diferencia entre las dos acciones sea grande en su resultado para la humanidad, el motivo ha sido el mismo. Es una cuestión de placer.

Si el hombre que da su última camisa no encontrase ningún placer en hacerlo, no lo haría. Si encontrase placer en quitarle el pan a un niño, lo haría, pero esto es desagradable para él. El hombre encuentra placer en dar, y por lo tanto da.


Aunque no los he leído, me consta que hay algunos experimentos en etología y biología que trasladan el razonamiento de Kropotkin al lenguaje de las sustancias químicas y segregaciones de endorfina en el cerebro de los animales para justificar la generosidad sobre todo entre primates.

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