8 may. 2016

El sinecismo de internet



Sinecismo es una palabra que no aparece, de momento, en ningún diccionario de castellano, a pesar de ser un cultismo griego totalmente correcto. Los historiadores llevan años usándolo para referirse a la “reunión de poblaciones” (literalmente) de la antigüedad. Así, un sinecismo es un proceso de reagrupación de la población en un solo centro, generalmente una ciudad. Podemos oponerlo a otros conceptos de la ciencia histórica como el éxodo rural, donde la población se dispersa, generalmente y como su mismo nombre indica, hacia el campo.

Recientemente he leído unas reflexiones de Piero Scaruffi sobre internet y las costumbres que ha alterado (o no) esta herramienta. El tema es largo y complejo. Primero, y antes que nada, recomiendo efusivamente la lectura de la reflexión del científico italiano. Si hacéis click en su nombre se abrirá el enlace –por motivos técnicos, este diseño de blogger no subraya los enlaces de las entradas.

Scaruffi nos dice que internet es la culminación de una serie de factores históricos y sociales iniciados en el siglo XX, tales como la apuesta por el ocio privado y no público o la pérdida de la privacidad y su conflicto con la “popularidad”; y acaba diciendo, y traduzco literalmente, Internet nos ha dado lo que queremos: somos vanos, superficiales y asociales.

Yo estoy de acuerdo con esto hasta cierto punto, y además quisiera hacer notar que valdría la pena hablar de la evolución de internet en los últimos diez años. El internet de 2016 no tiene nada que ver con el de 2006.

Facebook, instagram, twitter o whatsapp son novedades que acentúan considerablemente el carácter “vano, superficial y asocial” de internet. El viejo correo electrónico, blogger (o cualquier otra plataforma donde escribir sin límite de carácteres), Google o las páginas webs, no necesariamente, o no tanto. Hasta hace bien poco, internet era usado como una prolongación de los intereses personales. Uno discutía en foros de debate sobre literatura, historia, música o lo que fuese. Podríamos discutir si el anonimato de los foros era bueno o malo (igual que podríamos discutir si introducir tus datos personales en facebook es bueno o malo). 

En cualquier caso, internet no era una prolongación de tu vida privada, que es en lo que se ha convertido actualmente. En otras palabras: antes, internet era más disperso y uno entraba en él con una idea previa (búsquedas en google, páginas de confianza, blogs que seguías sin conocer personalmente a su autor, etc). Hoy en día el contenido te es ofrecido directamente, y no mediado por tu elección. Las grandes empresas de internet, con la excepción de youtube, apuestan por esto. 

Además, internet es mucho más inmediato ahora que antes, porque el texto (largo) ha sido sustituido por el texto (breve), las imágenes y los vídeos. Un post en blogger es menos “vano, superficial y asocial” que un estado de facebook; una discusión por foro de debate lo es menos que una por twitter; una página web con artículos también lo es menos que un vídeo de youtube. La era de la imagen (cf. La sociedad postlibrum) está servida.

El sinecismo es evidente. Ya nadie navega por internet. Nos quedamos en el puerto de siempre. Este puerto, además, estas cuatro o cinco páginas que se llevan el 99% de las visitas, está desregulado. No legalmente, pero sí en nuestras conciencias. Lo podemos comparar con el abuso del tabaco a mediados de siglo XX, y la progresiva concienciación que hubo de que aquello no podía consumirse en institutos, hospitales, darse a menores de edad, etc. Las novedades tecnológicas no se llevan bien con el sentido común. Éste suele tardar en aflorar y ser aplicado.

Hay una cuestión de fondo. Scaruffi, intuyo, se basa en la idea de que el entorno –en este caso, tecnológico- no influye en nuestros carácteres. Yo, como docente, creo lo contrario. Y creo que hay que esforzarse para moldear bien ese entorno, aunque nuestros tics e inclinaciones –“vanas, superficiales y asociales”- acaben ganando la partida. Por ejemplo, un gobierno estatal no puede fomentar el suicidio, por mucho que la mayor parte de su población tenga tendencias suicidas.

Tras cada sinecismo hacia las grandes metrópolis (facebook, twitter, tumblr, whatsapp), hay pequeños éxodos rurales hacia las viejas costumbres (blogs, webs). Esto es reconfortante. Y no se excluye la posibilidad de que haya una crisis en este tipo de medios ultra-masificados algún día, y se vuelva a dispersar todo. Yo, por lo menos, así lo deseo.

Finalmente, acabo con una reflexión de Marvin Harris sobre el sinecismo; Marvin Harris, Caníbales y reyes, 1977 (trad. Horacio González Trejo, Alianza Editorial, 1987, Madrid, pg. 25):

A cada ventaja de la vida permamente en una aldea corresponde una desventaja. ¿La gente anhela compañía? Sí, pero también exaspera. (...) Nadie entra o sale de la aldea sin ser notado. Es necesario susurrar para guardar la intimidad: con tabiques de paja no existen puertas cerradas. La aldea está saturada de irritantes habladurías acerca de hombres que son impotentes o que eyaculan prematuramente, y acerca de la conducta de las mujeres durante el coito, y el tamaño, el olor y el color de sus genitales.


La diferencia es que ahora, en esta “aldea” centralizada, la gente sólo sabe aquello que queremos hacerle saber. Pero, sinceramente, tampoco tengo claro si esto es bueno o malo.

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