31 ene. 2017

Vivir sin sufrir

Ὁ δ' αὐτὸς υἱὸν πενθοῦντι καὶ ἐν σκότῳ ἑαυτὸν καθείρξαντι προσελθὼν ἔλεγεν μάγος τε εἶναι καὶ δύνασθαι ἀναγαγεῖν τοῦ παιδὸς τὸ εἴδωλον, εἰ μόνον αὐτῷ τρεῖς τινας ἀνθρώπους ὀνομάσειε μηδένα πώποτε πεπενθηκότας· ἐπὶ πολὺ δὲ ἐκείνου ἐνδοιάσαντος καὶ ἀποροῦντος – οὐ γὰρ εἶχέν τινα, οἶμαι, εἰπεῖν τοιοῦτον – Εἶτ', ἔφη, ὦ γελοῖε, μόνος ἀφόρητα πάσχειν νομίζεις μηδένα ὁρῶν πένθους ἄμοιρον; 
(Demónax), acercándose a un hombre que lloraba a su hijo y se arrojaba a las tinieblas, le dijo que él era un mago y que podía resucitar la imagen del niño, si le nombraba tan sólo a tres hombres que no hubieran sufrido nunca. Después de haber pensado y dudado mucho, dijo: “No puedo nombrarte a ningún hombre así, creo”. “¿Piensas entonces –le respondió-, estúpido, que eres el único en sufrir desgracias, ahora que no ves a nadie libre de ellas?”. 
Luciano de Samósata, Vida de Demónax, 25

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30 ene. 2017

Cómo leer el Ulises de Joyce

James Joyce, Ulises, 1922:
- ¿Qué diríais, mis buenos señores, de un pastel de pichones cebados, unas tajadas de venado, una cabeza de jabalí con pistachos, un cuenco de cándidas natillas, un vaso de aguardiente de nísperos y una botella de vino añejo del Rhin? 
- ¡Pardiez! -gritó el último en hablar-. Eso me acomoda. ¡Pistachos! 
- ¡Ajá! -gritó el de placentero continente-. ¡Una pobre casa y una despensa vacía, decíais! Buen pícaro sois vos.

Doy por perdidos mis dos volúmenes del Ulises de Joyce. Se los dejé a alguien y no recuerdo a quién. Esta cita la copié hace años, cuando todavía tenía los libros. Por eso no puedo dar la referencia exacta del pasaje.

Como suele ocurrir, no recuerdo con demasiada exactitud qué pasaba en la novela de Joyce, pero sí que recuerdo mi impresión al leerla. Fue muy positiva. La leí justo antes de empezar la carrera, e incluso antes de haber leído la Odisea. Yo tenía 17 años y casi nunca leía novelas; quizás fue por eso que Joyce me gustó tantísimo. Creo que Ulises es una novela para gente que no suele leer novelas.

Me explico. Ulises es muchas cosas, pero ante todo, es un retrato moral de su protagonista. El argumento es lo de menos. Lo mejor de Ulises, para mí, fue el lenguaje y sus insights en la psicología humana. Me lo pasé realmente bien al leerlo: aunque no lo parezca, es una novela divertida. Divertida si te gustan los juegos de palabras, las parodias, la mezcla de alta y baja cultura, etcétera. Pero si lees literatura más por el qué que por el cómoUlises no es tu libro.

Creo que Ulises presupone una actitud lectora ante él que casi nadie tiene ya. Los lectores de novelas -perdonéseme- suelen buscar un tipo de placer que no encontrarán nunca en Ulises. A mí me da absolutamente igual que se muera un personaje o saber quién es el asesino en una novela de Agatha Christie. Desde luego, los lectores de Agatha Christie no deberían aproximarse al Ulises de Joyce.

Los lectores de ensayo, de teatro, de poesía o de literatura clásica sí. Y, desde luego, los lectores de Shakespeare también. No sólo porque en Ulises encontramos un capítulo entero donde los personajes discuten sobre Shakespeare. Más bien porque quien lee Shakespeare en el siglo XXI ya sabe cómo transcurren y acaban Macbeth, Hamlet o El rey Lear. Igual que los antiguos griegos ya sabían, antes de ir al teatro, cómo acababan Edipo Rey o Electra. 

Si hay algo que Occidente nunca aprendió de los formalistas rusos es que los argumentos son siempre los mismos. El spoiler es un concepto risible para un buen lector. La literatura entendida como story-telling es para gente que ha leído más bien poco. Los griegos lo sabían: en sus mitos ya encontramos todas las posibilidades, pero no por eso dejaron de escribir literatura. Más bien al contrario, la mitología y la literatura fueron siempre de la mano.

Si no suelo leer novela es porque no me gusta que me tomen por tonto. Al escritor yo le entrego mi voluntad, mi sentir, mi capacidad máxima de atención con tal de que me actualice lo que siempre se ha dicho y escrito. Pero ¿cuántas novelas hacen eso sin jugar sucio? ¿Sin hacerte pasar su historia como única? Muy pocas. 

¿Cuántas novelas se centran en la psicología, los personajes, el lenguaje -estás leyendo, y no viendo la tele: un buen lenguaje es fundamental-, en jugar con la tradición? Ulises lo hace de una manera magistral. Las novelas que se autoproclaman "originales" son una estafa, en mi experiencia. Pero Ulises no: Joyce sabía, casi que podríamos decir que predijo, el papel de la literatura en una era de la imagen. Es muy fácil leer Ulises y disfrutarlo; hay que leerlo con la actitud de quien va a una clase magistral de su profesor favorito. No vas a aprender nada que no esté ya en los libros, pero vas a disfrutar aprendiéndolo. Y de eso se trata.


29 ene. 2017

Remedio para la alopecia

Dioscórides nos dice que las cenizas de un caballito de mar curan la alopecia si se aplican sobre la cabeza. Tomad nota, calvos del mundo.


Borago officinalis

Revisando el diccionario de botánica de Pius Font Quer he encontrado una curiosa imagen de una Borago officinalis partida por la mitad. Parece una especie de pokémon sonriente, pero no.


27 ene. 2017

Terminología botánica

La terminología botánica puede llegar a ser realmente complicada por formarse con raíces greco-latinas muy específicas. Sin embargo, todos nosotros podemos usar nuestro conocimiento pasivo del latín y del griego para descifrarlas. He aquí algunas raíces greco-latinas muy usadas en botánica que han trascendido a nuestra habla común:

· Di, “doble” (griego). En botánica se habla de los árboles disámaros (con dos sámaras o frutos), o dioicos (con flores de cada sexo en distinto pie), como el Juniperus chinensis. Es una raíz que encontramos en otras palabras como diptongo (“sonido doble”).

· Fer, “portador de” (latín). En botánica hablamos de la Juniperus thurifera (“portadora de incienso”), de la Broussonetia papyrifera (“portadora de papiro”), de la Phoenix Dactylifera (“portadora de dátiles”), o de los árboles laticíferos (portadores de látex) o resiníferos (portadores de resina). Es una raíz que encontramos en otras palabras como somnífero (“portador de sueño”) o mamífero (“portador de mamas”).

· Oide, “con forma de” (griego). En botánica hablamos de la gálbula ovoide (“con forma de huevo”), como la del Platycladus orientalis, de la drupa elipsoidal (“con forma de elipse”) o del limbo romboidal (“con forma de rombo”). También hablamos de la hoja deltoide (“con forma de delta”, letra griega), como la del Cupressus funebris. Es una raíz que encontramos en otras palabras como paranoide (“con forma de paranoia”).

· Parvi, “pequeño” (latín). En botánica hablamos de la Ulmus parvifolia, un tipo de olmo con las hojas pequeñas. Es una raíz que encontramos en otras palabras como parvulario.

· Poly, “mucho” (griego). En botánica se habla de plantas polifólicles cuando la flor tiene más de un carpelo que se abre. Es una raíz que encontramos en otras palabras como politeísmo (religión con muchos dioses) o policromado (con muchos colores). 

Cupressus funebris

Nostalgia

Nostalgia es uno de los cultismos griegos más fascinantes que tenemos. Se creó en el siglo XVII como un término médico equiparable a las demás –algias (fibromialgia, cefalalgia, etcétera), pero no tardó en pasar al lenguaje popular. La primera raíz, nostos, significa “retorno”. El “dolor del retorno” es una buena traducción del término, así pues. Hay una escena en la serie Mad Men, que estoy revisualizando últimamente, que nos habla de la nostalgia de un modo magistral.


Personalmente, nostalgia es lo que siento cuando veo mi edición anotada de la Ilíada. Me acuerdo de mi segundo de carrera y de tener que traducirla. Yo desesperaba por no entender casi nada, porque estaba muy acostumbrado al jónico-ático. Me acuerdo de los paseos por los bosques de Bellaterra, de las noches en la hemeroteca de la universidad, de mis compañeros... Como diría Don Draper, it’s a twitch in your heart - far more powerful than memory alone.


7 ene. 2017

La filología mató a la literatura griega


A la izquierda, el primer volumen de la Historia de la literatura catalana más importante publicada hasta la fecha. A la derecha, el primer volumen de la Historia de la literatura griega más importante publicada hasta la fecha. ¿Diferencias? Los historiadores de la literatura catalana discuten los contenidos de cada obra, el estilo del autor, sus innovaciones, el por qué son importantes. Las obras se citan con frecuencia y se comparan sus pasajes con otros de autores distintos. En el fondo, se trata de una invitación a leer a los clásicos medievales, dando indicaciones sobre su contexto y extrayendo algunos de sus mejores momentos. Si uno no tiene ni idea de quién fue Ausiàs March, puede leerse el capítulo correspondiente a modo de introducción.

Los historiadores de la literatura griega son harina de otro costal. Leyéndolos, uno se lleva la impresión de que, para escribir una historia de la literatura griega, no hace falta haber leído ninguna obra griega. Basta con hablar del paso del mito al lógos, de la formación de las pólis o, la guinda del pastel, comentar la tradición manuscrita y el stemma codicum de un autor, las variantes epicóricas, discutir sobre epigrafía, dialectología o sobre los papiros fragmentarios del Mar Negro. ¿Dónde quedan los textos?

La filología se ha convertido en una esclava de la historia y, lo que es peor, ha perdido por completo su visión global con tal de hiperespecializarse cada vez más. Se cae en la anécdota, en la hipótesis y en el exagerado detallismo académico. Se percibe como algo mucho más importante y de alto valor científico comparar una inscripción de la Argólida con un fragmento de dos palabras de Safo que leer y comentar el Fedón de Platón. Tengo la impresión de que los helenistas del futuro desmenuzarán a la perfección el catálogo de las naves sin tener ni idea de quién fue Isócrates.

Uno de los errores más grandes (y que nadie parece lamentar) que han cometido las Humanidades es copiar (y aplicar muy severamente) el modelo de las ciencias en lo que a investigación se refiere. No hablo ya de la bibliometría y de tener que publicar cinco artículos al año para poder comer. Hablo del hecho de que se perciben las ciencias humanas como unas disciplinas progresivas, en el sentido en que los nuevos avances permitirán sublimar nuestra ciencia, igual que en medicina los estudios sobre bacteriología permitirán crear nuevas y mejores vacunas.

Lamento decir que esto no funciona así. Las Humanidades no curan el cáncer ni permiten construir cohetes espaciales. La ingeniería y la medicina, sí. Son ciencias con una finalidad práctica intrínseca. Por ello son progresivas, acumulativas si se prefiere. Los descubrimientos de X allanarán el camino para las futuras investigaciones de Y.

Las ciencias humanas no progresan, en el sentido más estricto de la palabra. Cambian sus paradigmas. Conocer con precisión milimétrica la colonización griega de Sicilia no mejorará nuestras vidas, y tampoco nuestra ciencia, cada vez más alejada de su esencia humana. Hacer divulgación sobre Aristóteles, quizás sí.

Las historias de la literatura griega conciernen tan sólo a los especialistas. Se discuten cuestiones a años luz del interés general por Grecia y su historia. Y sí, ese interés existe. Y como quienes tenemos formación y conocimientos no lo satisfacemos, al final o el interés se pierde por completo o se sacia con productos más que cuestionables. Eso sí, qué desgracia cuando nos quitan las subvenciones, o nos recortan horas en secundaria. Deberíamos saber a estas alturas que los planes de estudio los dicta la moda, y que nosotros no estamos muy de moda. En el fondo, porque nadie está de moda si no tiene la voluntad de estarlo.

Ojeo rápidamente el manual de literatura griega. Al final, me llevo la impresión de que, para hacerse una idea del juicio de Sócrates, lo mejor es leer la Apología de Platón. ¿Por qué? Porque mi Historia de la literatura griega dedica tres páginas enteras a hablar sobre las fuentes que mencionan a Jantipa, la mujer de Sócrates. Me parece todo tan abstruso que creo que voy a estudiar económicas.

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