7 ene. 2017

La filología mató a la literatura griega


A la izquierda, el primer volumen de la Historia de la literatura catalana más importante publicada hasta la fecha. A la derecha, el primer volumen de la Historia de la literatura griega más importante publicada hasta la fecha. ¿Diferencias? Los historiadores de la literatura catalana discuten los contenidos de cada obra, el estilo del autor, sus innovaciones, el por qué son importantes. Las obras se citan con frecuencia y se comparan sus pasajes con otros de autores distintos. En el fondo, se trata de una invitación a leer a los clásicos medievales, dando indicaciones sobre su contexto y extrayendo algunos de sus mejores momentos. Si uno no tiene ni idea de quién fue Ausiàs March, puede leerse el capítulo correspondiente a modo de introducción.

Los historiadores de la literatura griega son harina de otro costal. Leyéndolos, uno se lleva la impresión de que, para escribir una historia de la literatura griega, no hace falta haber leído ninguna obra griega. Basta con hablar del paso del mito al lógos, de la formación de las pólis o, la guinda del pastel, comentar la tradición manuscrita y el stemma codicum de un autor, las variantes epicóricas, discutir sobre epigrafía, dialectología o sobre los papiros fragmentarios del Mar Negro. ¿Dónde quedan los textos?

La filología se ha convertido en una esclava de la historia y, lo que es peor, ha perdido por completo su visión global con tal de hiperespecializarse cada vez más. Se cae en la anécdota, en la hipótesis y en el exagerado detallismo académico. Se percibe como algo mucho más importante y de alto valor científico comparar una inscripción de la Argólida con un fragmento de dos palabras de Safo que leer y comentar el Fedón de Platón. Tengo la impresión de que los helenistas del futuro desmenuzarán a la perfección el catálogo de las naves sin tener ni idea de quién fue Isócrates.

Uno de los errores más grandes (y que nadie parece lamentar) que han cometido las Humanidades es copiar (y aplicar muy severamente) el modelo de las ciencias en lo que a investigación se refiere. No hablo ya de la bibliometría y de tener que publicar cinco artículos al año para poder comer. Hablo del hecho de que se perciben las ciencias humanas como unas disciplinas progresivas, en el sentido en que los nuevos avances permitirán sublimar nuestra ciencia, igual que en medicina los estudios sobre bacteriología permitirán crear nuevas y mejores vacunas.

Lamento decir que esto no funciona así. Las Humanidades no curan el cáncer ni permiten construir cohetes espaciales. La ingeniería y la medicina, sí. Son ciencias con una finalidad práctica intrínseca. Por ello son progresivas, acumulativas si se prefiere. Los descubrimientos de X allanarán el camino para las futuras investigaciones de Y.

Las ciencias humanas no progresan, en el sentido más estricto de la palabra. Cambian sus paradigmas. Conocer con precisión milimétrica la colonización griega de Sicilia no mejorará nuestras vidas, y tampoco nuestra ciencia, cada vez más alejada de su esencia humana. Hacer divulgación sobre Aristóteles, quizás sí.

Las historias de la literatura griega conciernen tan sólo a los especialistas. Se discuten cuestiones a años luz del interés general por Grecia y su historia. Y sí, ese interés existe. Y como quienes tenemos formación y conocimientos no lo satisfacemos, al final o el interés se pierde por completo o se sacia con productos más que cuestionables. Eso sí, qué desgracia cuando nos quitan las subvenciones, o nos recortan horas en secundaria. Deberíamos saber a estas alturas que los planes de estudio los dicta la moda, y que nosotros no estamos muy de moda. En el fondo, porque nadie está de moda si no tiene la voluntad de estarlo.

Ojeo rápidamente el manual de literatura griega. Al final, me llevo la impresión de que, para hacerse una idea del juicio de Sócrates, lo mejor es leer la Apología de Platón. ¿Por qué? Porque mi Historia de la literatura griega dedica tres páginas enteras a hablar sobre las fuentes que mencionan a Jantipa, la mujer de Sócrates. Me parece todo tan abstruso que creo que voy a estudiar económicas.

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