17 feb. 2017

Raíces médicas (y no tan médicas)



Si en una entrada reciente discutía términos de botánica que han trascendido a nuestra habla común, hoy le toca a la medicina. La preocupación histórica de los médicos por tener un lenguaje específico y propio no ha podido evitar que algunas raíces griegas muy usadas en medicina hayan trascendido al lenguaje corriente. Veamos:

· -algia: “dolor”.
            · Término médico: cefalalgia (“dolor de cabeza”).
            · Término común: nostalgia.
· auto-: “él mismo”.
            · Término médico: autólisis (“suicidio”)
            · Término común: automóvil.

· ciano-: “azul”.
            · Término médico: cianosis (“enfermedad azul”).
            · Término común: cian.

· -fag-: “comer”.
            · Término médico: disfagia (“dificultad al comer”).
            · Término común: sarcófago.

· fen-: “manifestación”.
            · Término médico: acúfenos (“manifestación por el oído”).
            · Término común: fantasma.

· -gno-: “conocimiento”.
            ·Término médico: diagnóstico (“conocimiento completo”).
            · Término común: agnóstico.

· -plas: “moldeado”.
            · Término médico: ectoplasma (“moldeado exterior”).
            · Término común: plástica.

· -poiesis: “creación”.
            · Término médico: hematopoyesis (“creación de la sangre”).
            · Término común: poesía.

· orto-: “recto”.
            · Término médico: ortodoncia (“rectificación dental”).
            · Término común: ortografía.

· rino-: “nariz”.
            · Término médico: rinoplastia (“moldeado de la nariz”).
            · Término común: rinoceronte.

· -taks-: “orden”.
            · Término médico: ataxia (“desorden”).
            · Término común: sintaxis.

10 feb. 2017

La selectividad del siglo XIX






Navegando por la red he encontrado este documento digitalizado de 1869. Se trata del examen de acceso de la Universidad de Harvard en la especialidad de latín. Poco, o nada que ver, con el bajísimo nivel que se exige a los adolescentes en la actualidad en esta materia.

Naturalmente, me he animado y he resuelto los dos primeros ejercicios:

1) Mea non refert quam dives Gyges sit.

2) Quis clarior in Graecia quam Themistocles? Qui cum expulsus esset in exilium iniuriam non tulit ingratae patriae, sed fecit idem quam Corolianus viginti annos ante fecerat.


Malo, pecaminoso



El antiguo verbo castellano folgar (follar para los amigos) tenía dos significados: el primero, relajarse, pasar el tiempo; y el segundo, practicar el sexo. Un célebre comentarista a Fray Luis de León, el Padre Ángel Custodio Vega, lo explica de la siguiente forma en Fray Luis de León: Poesías, ed. Padre Ángel Custodio Vega, Planeta, 1980, pg. 25, nota a pie de página:

Folgar, antiguamente, tenía dos significados, uno simplemente de divertirse, solazarse, y otro malo, pecaminoso. El poeta parece tomarlo en este sentido último.


La mejor parte de España

El Diccionario de Autoridades (1726) de la Real Academia Española lo dice bien alto y claro: el castellano se habla en la mayor y en la mejor parte de España.

“Menos mal que nos queda Portugal”, que decían.


El clásico de toda Europa



T. S. Eliot, On Poetry and Poets, 1957, Londres (pg. 70, traducción mía):


No modern language could aspire to the universality of Latin, even though it came to be spoken by millions more than ever spoke Latin, and even though it came to be the universal means of communication between people of all tongues and cultures. No modern language can hope to produce a classic, in the sense in which I have called Virgil a classic. Our classic, the classic of all Europe, is Virgil.

Ningún idioma moderno puede aspirar a la universalidad del latín, incluso si llega a ser hablado por más millones de personas que el latín, e incluso si llega a ser el medio universal de comunicación entre pueblos de todas las lenguas y culturas. Ningún lenguaje moderno puede aspirar a producir un clásico, en el sentido en que he llamado a Virgilio un clásico. Nuestro clásico, el clásico de toda Europa, es Virgilio.

9 feb. 2017

Nuestros destinos

Arthur Schopenhauer, “Especulación trascendente sobre la aparente intencionalidad en el destino del individuo”, en Parerga y Paralipómena I, 1851 (ed. Valdemar, 2009, trad. José Rafael Hernández Arias, Luis Fernando Moreno Claros y Agustín Izquierdo, pgs. 242-243):
Un gran acontecimiento mundial se adapta al destino de muchos miles, a cada uno de manera individual. Todos los acontecimientos en la vida de un hombre estarían, por consiguiente, en dos formas completamente diferentes de relación: en primer lugar, en la relación objetiva y causal del curso natural; en segundo lugar, en una relación subjetiva, que sólo existe respecto al individuo que la experimenta, y que es tan subjetiva como sus propios sueños, en la cual, sin embargo, tanto su sucesión como su contenido están asimismo determinados, pero del mismo modo en que la sucesión de las escenas de un drama por el plan de autor. Como consecuencia de esas dos formas coexistentes de relación y de que el acontecimiento concreto se inserta a la perfección como un eslabón de dos cadenas completamente diferentes en ambas, el destino de uno se adapta cada vez al destino del otro, y cada uno es héroe de su propio drama, pero al mismo tiempo figurante en un drama ajeno.

Entradas relacionadas:

· El amor al destino

· Tres formas de leer los sueños

8 feb. 2017

No entra en el juego

“Carles Riba, sobre la didàctica del grec”, ed. Ramon Torné Teixidor, en Els Marges, 57, 1996 (traducción mía):

L’alumne adquireix un concepte del joc, però no entra en el joc. S’arribaria a un resultat més positiu, àdhuc dins aquesta ridícula brevetat de temps, iniciant des del primer dia l’alumne no tant segons l’ordre lògic de les categories gramaticals, com segons l’ordre de necessitats de qui s’assaja a parlar i a entendre una llengua viva. Així, per exemple, no cal esperar fins a l’estudi dels verbs en –μι per a aprendre el verb εἰμί, ni fer una separació rigorosa de la morfologia i la sintaxi. 
(En el estudio del griego clásico) El alumno adquiere un concepto del juego, pero no entra en el juego. Se llegaría a un resultado más positivo, incluso dentro de esta ridícula brevedad de tiempo, iniciando desde el primer día al alumno no tanto según el orden lógico de las categorías gramaticales, como según el orden de necesidades de quien prueba a hablar y a entender una lengua viva. Así, por ejemplo, no hace falta esperar hasta el estudio de los verbos en –μι para aprender el verbo εἰμί, ni hacer una separación rigurosa de la morfología y la sintaxis.

Un filólogo en la guerra



Tengo por costumbre visitar, por lo menos semanalmente, los blogs que están anotados a la columna de la derecha, en la sección ‘Otros blogs’. Y ha sido precisamente hoy, mientras hacía mi recorrido habitual, que me he topado con una nueva entrada en Maverick Philosopher sobre los filósofos en la política. Se trata de una reseña de un libro reciente donde se argumenta cómo muchos grandes pensadores del siglo XX perdieron su integridad intelectual al apoyar públicamente figuras tan cuestionables como Stalin o Mao, entre otras. Recomiendo la lectura de la entrada, aunque no tengo acceso al libro en cuestión.

Uno de los puntos que se discuten en ella es el posicionamiento de las instituciones filosóficas respecto a las guerras. Una entidad filosófica, se argumenta, no debería posicionarse al respecto. Naturalmente, y trasladando la cuesión a los Estudios Clásicos, no he podido evitar pensar en Friedländer y Wilamowitz durante la Primera Guerra Mundial. Ambos eran respetados profesores de griego clásico en Alemania; el primero combatió en la guerra, y el segundo perdió a su hijo en ella. Más aún, Wilamowitz signó varios manifiestos a favor de la intervención alemana en la Gran Guerra. La correspondencia entre alumno y profesor, editada y parcialmente traducida en 1999, es accesible desde archive.org.

Yo mismo la he consultado en alguna ocasión, especialmente la de los años 30, escrita en latín. Mis nociones básicas de alemán no son suficientes, por ahora, para leer las cartas anteriores. Sin embargo, hay una serie de cartas de Friedländer a Wilamowitz traducidas al inglés al final del volumen, en su mayoría escritas durante la guerra. En ellas, Friedländer deja entrever un tremendo aprecio y respeto por su maestro, y escribe constantemente que le prohiben dar detalles de las operaciones. Una de esas cartas, escrita en noviembre de 1918 –pocos días después de la derrota alemana-, me ha llamado mucho la atención: un Friedländer destrozado anima a su maestro a volver a levantar Alemania. Deduzco de ella que Friedländer todavía no había sido trasladado de vuelta a casa, y que no había sido informado aún de la muerte en combate del hijo de Wilamowitz. Véase, 'The Wilamowitz in me': 100 letters between Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff and Paul Friedländer (1904-1931), ed. Buckler, Calder & Huss, 1999, Los Angeles, pg. 211-212 (traducción mía):

26 de Noviembre de 1918 
Friedländer a Wilamowitz 
Apreciado Profesor, 
¿Cómo está? Pienso cada día y cada hora en usted y trato de seguirle el pensamiento: hacia el Oeste, por si su hijo ya ha vuelto o todavía está en el ejército que cada día me preocupa más; por si llega a casa sin desmoronarse por completo. Hacia el Este, donde la comida polaca es transportada hacia su propio pueblo. Y en medio yace el Imperio, que usted ayudó a construir, y que ahora amenaza de colapsar en ruinas, y que ya ha colapsado en parte. He llorado como un niño, pero ahora vuelvo a tener paz, y vengo a decirle: debemos hacer algo nuevo, y para ello necesitamos la ayuda y la bendición de los antiguos, y, por encima de todo, le necesitamos a usted. Su libro sobre Platón, escrito durante la guerra, es el símbolo de que Alemania no ha cesado de existir como símbolo intelectual. Y usted debe estar aquí, para advertirnos, para ayudarnos cuando volvamos a trabajar. ¡Porque eso debe llegar! Y entonces también veremos si nuestra fuerza se ha conservado para empezar de nuevo, aunque eso no pasará si usted abandona y no está ahí para aconsejarnos y ayudarnos. 
En todos estos años he aprendido mucho, y por esta experiencia estoy convencido ahora más que nunca: ¡esto no puede seguir así! La mentira y la maldad fueron inmensas. Pero si hubiera esperado que llegara la reforma, no hubiese creído que tuviera que llegar mediante la revolución. Ahora la revolución lo ha sacudido todo hasta el desgarro, pero no puedo quejarme. Dios ha querido que ocurriese así, quién sabe lo que Él pretendía. Si sobreviviremos o no a los siguientes meses es algo que todavía no sé. Pero si es que sí, entonces debemos trabajar como nunca hemos trabajado. ¡Cuidese para ayudarnos en la faena! 
Salude a su esposa de mi parte, por favor. 
Sinceramente suyo, 
P. Friedländer.

Personalmente, estas palabras me infunden tristeza, al pensar en la desoladora y, a posteriori, convulsa situación de la Alemania de entreguerras.