1 feb. 2017

La aplicación de las ciencias


Quienes hayan crecido con las viejas temporadas de Los Simpsons recordarán sin duda esta escena. Es del capítulo “La rival de Lisa”, en el que una nueva chica de la escuela, Alison, consigue superar a Lisa en todas las materias. Cuando se acerca la prueba final del diorama, Lisa sustituye el proyecto de Alison –que trata sobre el cuento “El corazón acusador” de Edgar Allan Poe- por un corazón de vaca. Naturalmente, cuando la culpa corroe a Lisa por su gamberrada ésta no puede evitar deshacer su engaño y mostrar el verdadero diorama de Alison.

Lo más interesante del capítulo, para mí, es la escena que sigue a este fotograma. Para quienes no lo sepan, en el cuento de Poe el asesino pierde la cabeza ante la policía al ir oyendo en su mente los latidos del corazón de la víctima enterrado bajo el suelo de su casa. En el capítulo de Los Simpsons, Lisa escucha “latir” el diorama de Alison escondido bajo el suelo de la escuela. La simple referencia inicial al cuento de Poe acaba por transformarse en un homenaje cuando se equipara la culpa de Lisa con la culpa del asesino en el cuento.

Y, sin embargo, nadie diría que este capítulo de Los Simpsons es una “versión” del cuento de Poe. La referencia es mínima y puntual –recuerdo, además, que en este capítulo este hilo argumental se intercala con el del montón de azúcar encontrado por Homer-. En muchos otros capítulos de Los Simpsons hay alusiones puntuales de este tipo: a La ventana indiscreta, cuando Bart se rompe la pierna, o a Pulp Fiction, en un capítulo con distintas historias que se influyen mútuamente.

Las (buenas) series suelen hacer uso de recursos en su mayoría ya plasmados y usados ampliamente en la literatura. Pero no por ello decimos que las series son plagios, ni siquiera que están basadas en la literatura por este hecho. Simplemente, en las series se actualizan y aplican recursos ampliamente socorridos en la historia de la ficción. Se usa la literatura precedente.

Sin literatura también hay series. Y, por descontado, sin series también hay –y ha habido siempre- literatura. De un modo similar, las ciencias humanas o naturales toman mecanismos, conceptos e instrumentos las unas de las otras. La historia se sirve de la arqueología; la crítica textual (o filología), de la lingüística; los estudios literarios, de la crítica textual; etcétera. A veces, se “trasladan” conceptos enteros de una ciencia a otra: la metástasis es una cosa en medicina, y otra en fonética, por ejemplo. Según tengo entendido, la filología tomó sus árboles genealógicos para la filiación entre manuscritos de la biología y sus árboles de fenotipos, por ejemplo.

Pero nadie en su sano juicio diría que la historia es arqueología aplicada, o que la fonética es medicina. ¿O tal vez sí? Veamos qué se cuece en twitter:



La sociología no es matemática aplicada; la sociología se hizo durante años sin matemáticas. La psicología tampoco no es matemáticas. Sin matemáticas también hay psicología. Etcétera. Las ciencias toman mecanismos y conceptos las unas de las otras. Toman recursos de las matemáticas.

Naturalmente, esto es sólo una viñeta. Pero detrás de esta viñeta hay un discurso muy arraigado: las matemáticas son la base de absolutamente todo. Bien, las matemáticas se usan en muchos campos. Pero, insisto, la sociología no son matemáticas.

¿Sabéis qué es lo que también se usa en muchos campos? La lengua. El diseño, las artes gráficas. La música. El arte. La historia. La literatura. El latín (preguntádselo a un juez). El griego (preguntádselo a un biólogo). Pero eso no está, o no interesa que esté, en la superfície, a la vista de todos. Creo que deberíamos seguir enumerando hasta conseguir que quienes dictan los planes de estudio en este país oigan el palpitar de algo en el suelo, y griten de culpa: “¡Los latidos de ese odioso corazón!”.


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