28 sept. 2017

Tolerancia

John Locke, Carta sobre la tolerancia, 1689 (ed. Laia, 1983, Barcelona, pg. 156, trad. mía a partir del catalán):
Si pedís qué seguridad, qué protección hay en un Estado de este tipo contra la violencia y la opresión de este gobernante absoluto, a penas obtendréis una respuesta: se darán prisa en deciros que por el mero hecho de pedir protección ya merecéis la muerte. Reconocerán que, entre súbdito y súbdito, debe haber medidas, leyes y jueces para la paz y la seguridad mútuas; pero en lo que concierne al gobernante, deberá ser absoluto y por encima de todas estas particularidades: como tiene la potestad de causar más daños y agravios, siempre que lo haga será justo. Preguntar cómo os podéis salvar de los males y las injurias que os puedan venir del poder es calificado en seguida de facción y rebelión. 
pg. 173: 
“Todos los hombres”, dicen ellos, “nacen bajo un gobierno, y no pueden, por lo tanto, comenzar otro nuevo. Todo el mundo nace súbdito de su padre o de su príncipe, y resta así, perpetuamente, bajo el yugo de la subjeción y la obediencia.” Es evidente que los hombres nunca reconocieron ni tuvieron en consideración ningún tipo de subjeción “innata” de este tipo que los ligara, sin su propio consentimiento, a ese o a aquel hombre y a sus herederos. 
pg. 235: 
Ahí donde acaba la ley empieza la tiranía, si la ley es transgredida en perjudicio de otro. Y todo aquel que, en posesión de la autoridad, sobrepasa el poder que la ley le otorga y usa la fuerza que tiene en su comandamiento para imponer a los súbditos lo que las leyes no le permiten imponer, deja por este motivo de ser un magistrado y, habiendo actuado desautorizadamente, uno puede enfrentarse a él como a cualquier hombre que haya invadido por la fuerza los derechos de otro. 
pg. 239: 
Tanto en el caso de que estos actos ilegales hayan trascendido la mayoría del pueblo como en el caso en que el daño y la opresión hayan afectado sólo unos pocos, si los precedentes y las consecuencias amenazan la totalidad y la gente adquiere conciencia que sus leyes, y con ellas sus bienes, sus vidas, sus libertades y quizás incluso su religión están en peligro, yo no sabré decir si entonces puede haber alguna forma de impedirles que se rebelen contra la fuerza ilegal que ha sido usada en su contra. Reconozco que es una inconveniencia que puede darse en todo tipo de gobiernos, cuando los gobernantes se han llegado a hacer merecedores de la sospecha de su pueblo. Es, de hecho, la situación más peligrosa en la que pueden colocarse, y por la cual no deben ser compadecidos porque les habría sido muy fácil evitarla.

26 sept. 2017

Circunstancial

Muchos partidarios del ‘no’ a la independencia de Cataluña deben entender aún que la política es un asunto muy circunstancial. Idealmente yo no sería independentista porque, idealmente, no me debería hacer falta serlo. A mí me encanta leer a Kropotkin o las teorías políticas de Platón, pero la política no es una abstracción de lo que nos gustaría. La política es el aquí y el ahora. En un entonces y en un allá distintos del mío, yo hubiese podido ser federalista, pero ahora mismo ser federalista tiene tan poco sentido como ser menchevique o ser partidario de Carlomagno.