31 oct. 2017

Lenguas y estados mentales

Morning Sun, Edward Hopper
El reflejo lingüístico de los estados psicológicos (triste, enamorado, contento...) presenta un grado de unanimidad considerable en todas las lenguas del mundo. Veamos algunos ejemplos ingleses:

1 - He went mad
2 - Laura fell in love with John
3 - I fell into depression

En estos tres casos, el estado psicológico va acompañado de un verbo de movimiento, metafórico o real. El estado (loco, enamorado, deprimido) nos lo indica un nombre o un adjetivo, y la relación entre ese estado y el sujeto, un verbo intransitivo (go, fall).

Precisamente, uno de los descubrimientos más fructíferos de la lingüística moderna es el de la distinción entre verbos intransitivos. Un verbo transitivo requiere un complemento directo (yo como manzanas), y un verbo intransitivo no lo requiere (yo sonrío). Pero este segundo grupo presenta algunas diferencias sutiles entre sus integrantes.

Verbos intransitivos como nacer, morir, sonreír o florecer se comportan de forma distinta a otros como bailar, llorar, gritar o caminar. El segundo grupo admite objeto directo interno o ‘repetido’ (bailar un buen baile, caminar un largo camino); el primero no. El primer grupo admite construcciones absolutas (muerto el perro, se acabó la rabia); el segundo no (*bailados los jóvenes, se fueron a casa). En lenguas como el francés o el italiano, el primer grupo requiere el auxiliar être/essere en el tiempo pasado; el segundo requiere el auxiliar avoir/avere. En las lenguas amerindias que permiten incorporar morfológicamente los complementos al verbo (yo ‘escalerascamino’), esto sólo es posible con el segundo grupo.

Los integrantes del primer grupo reciben el nombre de ‘inacusativos’, y los del segundo el de ‘inergativos’. Las diferencias sintácticas y semánticas entre ellos son casi universales.

Y, de hecho, la principal diferencia entre ambos es que en el primer grupo el sujeto es el afectado por la acción del verbo, y en el segundo no. En lingüística, decimos que los primeros son verbos no-agentivos. Los estados psicológicos se reflejan, lingüísticamente, con los verbos inacusativos del primer grupo, es decir, que no son nunca agentivos. La acción del verbo recae sobre el sujeto; el agente o ‘sujeto nocional’ suele ser desconocido. De alguna forma, es como si tuviéramos la noción “innata” de que los estados psicológicos no los producimos nosotros de forma voluntaria. Por lo menos, las lenguas humanas así lo reflejan. 

29 oct. 2017

Conversar con un pulpo

Bob Esponja
Wittgenstein afirmaba en sus Investigaciones filosóficas (1953) que “si un león pudiera hablar no lo entenderíamos”. La idea tras esta enigmática afirmación era poner de manifiesto hasta qué punto un león percibe el mundo de una forma distinta a la nuestra. Si nuestra habla viene condicionada por nuestra forma de ver el mundo, la comunicación entre dos seres con visiones muy distintas del mundo es imposible.

Realmente, un león es un muy mal ejemplo. Wittgenstein no era ni biólogo ni lingüista, así que no podía saber que la forma de percibir la realidad de un león no es tan distinta a la de un ser humano. Entre otras cosas, porque un león también es un ser vertebrado y mamífero.

Supongamos que quien hablara fuese un pulpo. Un pulpo es un ser invertebrado y cefalópodo. Esto marca una diferencia notable a nivel cognitivo. Nosotros, seres vertebrados y mamíferos, nos hemos perdido conduciendo por la autopista marítima, y un amable pulpo se dispone a darnos indicaciones para llegar a nuestro destino.

El lingüista Leonard Talmy ha argumentado que la forma de expresar el espacio lingüísticamente viene condicionada por nuestra cognición visual vertebrada. Cuando miramos –cuando fijamos la atención visual en un solo punto- atribuimos diversas categorías al espacio: distinguimos un Fondo estático, y una Figura dinámica o estática sobre la que fijamos la atención. Las relaciones entre el Fondo y la Figura son, entre otras, el Movimiento simple (moverse o quedarse quieto), el Trayecto (la forma de ese movimiento: subir, bajar, salir, entrar, atravesar, rodear...) o el Evento de soporte (la manera de ese movimiento: corriendo, saltando, bailando...).

Las lenguas humanas codifican lingüísticamente estos elementos en diferentes categorías léxicas (verbos, nombres, participios...). De hecho, hay dos ‘tendencias’ al respecto: codificar el Trayecto en el verbo (e.g., El chico salió del supermercado) o codificarlo en un satélite (e.g., The boy went out from the supermarket). El chico y el supermercado serían, respectivamente, Figura y Fondo.

Desconozco cómo mira un pulpo. Pero si hablara, su codificación lingüística del espacio como invertebrado sería muy distinta a la nuestra. Creo, para nuestra desgracia, que no conseguiríamos salir de la autopista marítima con éxito.

28 oct. 2017

Lenguas perfectas, lenguas imperfectas

Ramón Berenguer IV
¿Hay lenguas más difíciles que otras? No para un niño que está aprendiendo a hablar, desde luego. Pero un adulto que quiera aprender una lengua ‘exótica’ puede encontrar más dificultades en algunas lenguas, y menos en otras.

La explicación más tradicional es que todo depende del punto de partida. Un castellanohablante encontrará fácil de aprender el italiano, y mucho más difícil el ruso. Un holandés aprenderá más rápido el inglés que un francés, probablemente.

La verdad es que esto es así sólo en algunos puntos: el aprendizaje del léxico, por ejemplo. La morfosintaxis cambia muchísimo de una lengua a otra, incluso siendo de la misma familia. El francés tiene pronombres expletivos (Il y a); el castellano no. El italiano hace distinciones aspectuales entre verbos auxiliares (essere o avere); el portugués no. El francés pone siempre el sujeto en sus oraciones; el italiano no. El catalán puede hacer concordar en género y número un participio con su pronombre; el castellano no (Les he vistes vs. Las he visto). Etcétera.

La pregunta es obligada: ¿hay lenguas morfosintácticamente más sencillas que otras? Y la respuesta es diacrónica: sí. De hecho, es un hecho empírico que las lenguas simplifican su morfosintaxis con los años.

El griego moderno ha simplificado la declinación del griego antiguo. El latín tenía declinaciones, y el castellano no. El catalán medieval hacía distinciones entre auxiliares (ésser o haver) y el catalán actual no.

Naturalmente, tanto antes como ahora la comunicación entre hablantes es satisfactoria. En última instancia, eso significa que simplificar la morfología no simplifica la sintaxis. La sintaxis –entendida como proceso cognitivo o mental- sigue operando igual con una morfología rica (declinaciones) que con una morfología pobre (sin declinaciones). De otro modo, os aseguro que simplificar la morfología de una lengua no nos permitiría comunicarnos.

Los filólogos del siglo XIX se apasionaron por el sánscrito, la lengua de la antigua India. La describieron como una lengua ‘más perfecta que el latín y el griego clásico’. Con ello se refererían a que su morfología era más rica (el antiguo indio tenía más declinaciones, más raíces por verbo, etcétera, que el latín y el griego). Con la declinación india podías expresar cosas inexpresables (sólo) con la declinación griega, se argumentó.

Todas las lenguas son perfectas desde el momento en que la comunicación con ellas es satisfactoria. Insisto: no hay lenguas más perfectas que otras. La única diferencia es que hay lenguas que ‘proyectan’ morfológicamente información que en otras lenguas se da por sobreentendida. Es posible –pero sólo posible- que las lenguas tiendan a eso con el paso del tiempo. A dejar sobreentender más, y cada vez más. El tiempo nos lo dirá.

27 oct. 2017

Christopher (continuación)


Herramientas de la Edad de Bronce

Mi entrada El autismo y las lenguas cíclope ya acumula más de 300 visitas. Al final del escrito había prometido dar mi opinión sobre el experimento en cuestión. Intentaré formularla y justificarla en las líneas que siguen. Recomiendo, antes que nada, leer la primera entrada antes de ésta para saber de qué va el tema.

En esencia, mis objeciones como lingüista “retirado” al experimento de Christopher son personales y subjetivas. Quiero dejar claro que esto no es un artículo académico ni científico. Es solamente mi opinión.

Esta opinión mía puede resumirse en una frase: dicho experimento da un salto ilícito. Veamos.

La idea de la “gramática universal” fue muy revolucionaria hace décadas. En Aspects of the Theory of Syntax (1965), Chomsky formuló que caracterizarla mediante el estudio de las lenguas humanas era la tarea primordial de la lingüística. Los lingüistas lo hicieron, desde los años sesenta hasta finales de los años noventa del siglo pasado, con gran éxito. Documentaron casi todas las lenguas del mundo y ajustaron su funcionamiento (sintáctico) a los paradigmas teóricos del generativismo. Sin embargo, es remarcable observar cómo los generativistas han “adelgazado” muchísimo su gramática universal en menos de treinta años.

No es fácil encontrar principios generales para todas las lenguas del mundo. Más aún: no es fácil hacerlo partiendo de las lenguas. Hoy en día, la idea que había tras la gramática universal ya no es revolucionaria. La mayoría de lingüistas están de acuerdo hoy en que las lenguas humanas tienen puntos en común. En lo que muchos ya no están tan de acuerdo es en cómo se deben estudiar y analizar esos puntos en común, y de dónde se debe partir para encontrarlos.

Si la gramática universal es un hecho biológico, su caracterización y explicación no pueden ser lingüísticas. Hay una diferencia entre estudiar algo de manera formal y que ese ‘algo’ sea formal. En mi incendiaria opinión, la lingüística como disciplina autónoma e independiente o se replantea y ‘acota’ o acabará en el cajón de la etología, de la frenología y de la alquimia.

Supongamos que el lenguaje es biológico. Supongamos que las lenguas son culturales. Supongamos que hay una conexión entre la biología y la cultura. Supongamos que la gramática universal es esa conexión. Esos ‘principios y parámetros’ universales con existencia biológica... ¿se explican partiendo de la biología?

No. Se explican partiendo del análisis sintáctico de todas las lenguas del mundo. De esta manera, estas propiedades no tienen entidad biológica. Tienen entidad ‘cultural’ o ‘lingüística’. Como mucho, son un reflejo cultural de algo biológico. Algo biológico que los lingüistas no se molestan en investigar.

Supongamos que los dedos son biológicos. Supongamos que las herramientas son culturales. Supongamos que hay una conexión entre la biología y la cultura. Supongamos que las propiedades de un arco, un bastón o una taza (la ‘herramienta universal’) es esa conexión. Esos ‘principios y parámetros’ que siguen todas las herramientas documentadas... ¿tienen entidad biológica?

A mí me parece evidente que no. Como mucho, podemos decir que esas propiedades se adaptan a nuestro pulgar, al tamaño de nuestra mano, etcétera. No que son reales.

Más adelante, si el trabajo me lo permite, explicaré algún otro experimento o teoría lingüística que sí que merece mi total aprobación. Estén atentos a sus pantallas.

25 oct. 2017

Tiempo verbal y tiempo real

El mítico libro de Xuriguera
En sexto de primaria mi promoción y yo tuvimos que aprendernos los tiempos verbales castellanos y catalanes. Es decir, saber qué era exactamente el imperfecto de subjuntivo activo (amase o amara, amases o amaras...) o el futuro perfecto de indicativo pasivo (habré sido amado, habrás sido amado...). Una auténtica tortura que, sin embargo, agradecí enormemente cuando me tocó estudiar latín en bachillerato.

Precisamente, hace poco charlaba de esto con mis alumnos. Les dije lo afortunados que eran de estudiar latín, y no griego, para la selectividad. Y se lo dije con los tiempos verbales en mente: el pluscuamperfecto de indicativo activo latino se traduce por el pluscuamperfecto de indicativo activo castellano o catalán; el pretérito perfecto de subjuntivo activo latino se traduce por el pretérito perfecto de subjuntivo activo castellano o catalán. Y así con todos.

Aunque la morfología de los tiempos haya cambiado, nuestros tiempos verbales son los del latín, ni más ni menos. Pero, ¡ah, el griego clásico!

El presente griego denota un hecho o una acción repetida en el tiempo –similar al present continuous inglés-; el perfecto griego denota una acción resultativa, es decir, que ha ocurrido en el pasado pero que tiene consecuencias en el presente; el aoristo griego, una acción puntual en el tiempo o una acción pasada. Por eso el pluscuamperfecto griego a penas era utilizado: su función (indicar el plus-quam-perfecto, es decir, el pasado del pasado) la absorbió el aoristo.

Consideremos las siguientes frases:
1) Prometeo muere.
2) Sócrates murió.
3) Péricles ha muerto.
En griego clásico, el verbo de la frase 1) estaría en presente –el mito de Prometeo nos cuenta que fue castigado a morir eternamente por una águila que le devoraba su hígado regenerador-; el verbo de la frase 2) estaría en aoristo –Sócrates murió una sola vez hace 2.500 años-; el verbo de la frase 3), dentro de un discurso fúnebre donde un orador lamentase la derrota de los atenienses ante los espartanos, estaría en perfecto –es decir, Péricles ha muerto y eso tiene una consecuencia en el presente-.

Si tú y yo vamos a visitar a un amigo y te pido, en griego clásico, que llames al timbre de su casa, será mejor que use un imperativo de aoristo para que llames una sola vez. Si uso un imperativo de presente, te estoy pidiendo que vayas llamando contínuamente al timbre. Si ayer hiciste los deberes de geografía y el profesor te los pide hoy, debes decirle, en griego clásico, que he hecho los deberes y conjugar el verbo en perfecto (los hiciste ayer, y los tienes hoy). Si has tomado hoy el té a las cinco de la tarde, debes especificar, en griego clásico, si es una costumbre tuya hacer esto (en cuyo caso usarías el presente) o si lo has hecho puntualmente hoy (en cuyo caso usarías el aoristo). Etcétera.

Lamento no dominar más lenguas ‘exóticas’ del estilo del griego clásico para contrarrestar ejemplos. Hasta el momento, he llamado la atención sobre el “imperfecto” reflejo del tiempo real que tenemos en cualquier lengua mediante el tiempo verbal.

La pregunta es obligada: ¿la lengua que hables condiciona o moldea tu percepción temporal? Y la respuesta –palabra de lingüista- es inmediata: no. La pragmática –el discurso en su contexto social e interpersonal- lo desmiente. Digamos que, aunque nuestros tiempos verbales heredados del latín puedan parecernos poco prácticos, nos entendemos sobradamente.

Hay, sin embargo, un detalle que a veces me corroe por dentro. No he leído bibliografía al respecto, y de hecho creo que no hay ningún artículo sobre esto. Lo haría yo mismo pero no tengo los medios para documentarlo en una variedad suficientemente amplia de lenguas. Me refiero a la centralidad del tiempo verbal dentro de la morfología de cualquier lengua. Me explico.

En castellano tenemos los llamados ‘verbos defectivos’. Son verbos que carecen de algunos tiempos: por ejemplo, el verbo aboler. Se conjuga siempre en pasado. No puedes decir yo abolo, así, en presente de indicativo. Lo sorprendente, a nivel morfológico, es que este tipo de características estructurales de los verbos suelen depender de su tiempo verbal, no de su modo (indicativo, subjuntivo), persona (primera, segunda o tercera), número (singular o plural) o voz (activa o pasiva).

También en otras cuestiones morfológicas, el tiempo suele ser el que manda. En inglés, la alternancia de raíces verbales (sing-sang-sung) está condicionada por el tiempo, y no por el modo, la persona, el número o la voz. En griego clásico existen los temidos ‘verbos polirrizos’, es decir, verbos con cuatro raíces distintas, una para cada tiempo. Y volvemos a lo mismo: una para cada tiempo. No una para cada persona, modo, voz o número. El por qué de esto nos lo tendría que aclarar algún neurobiólogo. ¿Voluntarios en la sala?

24 oct. 2017

¿Clásico, o anuncio?

Las siguientes frases pertenecen o a un autor clásico o a un anuncio. ¿Puedes adivinar su procedencia?

1- “Mi pelo es sagrado”
2- “Cuando tú vuelves a casa, vuelve el calor”
3- “Algunas cosas son dignas de ser esperadas”
4- “Más leche, más vida”
5- “El agua es lo mejor”
6- “Sed héroes esta noche”
7- “Conseguí lo que quería como quería”



Soluciones: 1- Eurípides, Bacantes, 902; 2 - Esquilo, Agamenón, 966;  3 – Anuncio BMW Gran Coupé; 4 – Anuncio Central Lechera Asturiana 2014; 5 – Píndaro, Olímpicas, 1.1; 6 - Anuncio preservativos Durex; 7 - Plauto, Miles Gloriosus, 1200.

La mentalidad académica

Recuerdo una conversación que tuve con un lingüista de la universidad. Me dijo que muchos alumnos acababan por escoger un itinerario de lingüística, y no de literatura, tras observar cómo se estudia la literatura en la academia. En general, el perfil de alumno interesado en los estudios literarios es alguien a quien le encanta leer. Un devorador de novelas, por ejemplo, quien espera que le hagan leer a Shakespeare o a Joyce y así poder convertir su ocio en su trabajo.

Los estudios literarios van por otra senda, naturalmente. Discuten el concepto de autoría, de intertextualidad, discuten cuestiones de género, raza o clase, y se preguntan por la esencia de los géneros literarios o de la cultura popular. Leen a los formalistas rusos, por quienes tengo simpatía, y leen también a los postestructuralistas, a quienes no soporto. La literatura es un mero soporte, un modo de ejemplificar su discurso que, además, no suele limitarse a las obras literarias, sino que también abarca el cine, las series o los cómics.

Personalmente, a mí me resultaría curioso, cuanto menos, que un amante de los animales se apuntara a biología con la idea de convertir el amor por su gato en su ocupación académica. O que un voraz políglota se apuntara a cursar lingüística teórica, como si saber muchas lenguas extranjeras fuera interesante para estudiar el cerebro humano y su relación con el habla. O que una mujer embarazada se dispusiera a ser ginecóloga suponiendo que su estado le dará ventaja sobre sus colegas.

Las ciencias son un producto cultural, aunque esto no significa que no puedan hallar verdades objetivas, reglas y hechos. Pero representan un enfoque muy concreto sobre su campo de trabajo, un enfoque convenido y heredado, en algunos casos, desde el Renacimiento. Cambiar o modificar este enfoque convenido es traumático. (En filología clásica lo será, pero es mejor esto que morir como disciplina – véase El ocaso de la filología).

Más traumático es aún, para algunos estudiantes, entender que deben cambiar sus mentalidades. Que en clase de literatura no van a discutir por qué les gusta Tolstoi. Sin embargo, hay que estar atentos a la justicia poética: cuando hayan acabado sus estudios, podrán volver a leer y a gozar con esas obras. Yo tardé tres años en desintoxicarme de la academia, pero lo conseguí. Ahora dispongo de las herramientas que ella me dio, y he recuperado la curiosidad que tenía antes de entrar en ella. Es ideal.

23 oct. 2017

Tener un blog en 2017

Hace poco leí que antes internet era una vía de escape de la realidad, y que ahora la realidad es una vía de escape de internet. Me pareció acertado y sugerente. Creo que tener un blog en 2017 –la era de facebook, youtube, instagram y twitter- es algo tan anacrónico como concebir internet como una vía de escape. Por eso lo encuentro muy atractivo. Escribir en un blog en la era de la imagen y de la inmediatez es un acto romántico, en el sentido más histórico de la palabra.

Lamento decir que colgar tu vida privada y social en las redes no lo es. En primer lugar, porque éstas son cosas que no colgarías en un blog. El blog es, ante todo, para ti. Las redes sociales son para los demás (y, de propina, para las empresas que se lucran con tus datos). Más aún: toda la gracia de colgar algo personal en internet está en revisarlo años después y examinarse. Ése es el placer de la autobiografía. Un blog es un retrato sincero y fidedigno de uno mismo –o, por lo menos, de sus intereses e impresiones-. La selfie con un gintonic no lo es. Es pura propaganda, es autopublicidad; nos gusta vendernos como productos ante los demás. Es el último triunfo del capitalismo sobre nuestras personas.

La vida sin autoexamen cae en la distorsión. Me imagino a mí mismo en 2015 de una manera interesada y con mi yo actual en mente, pero las publicaciones de ese año me lo desmienten. Por eso, en parte, he ido incluyendo en el blog algunas reflexiones de vez en cuando, además de citas y de comentarios de texto.

Una periodista del New York Times le preguntó una vez al escritor John Irving si no tenía miedo de exponerse ante completos desconocidos. Lo dijo por las referencias biográficas que tanto abundan en sus novelas. El escritor le respondió que la pregunta no estaba bien formulada. Personalmente, yo expongo mi vida interior ante quien quiera leerme. Pero hay un sentido innegociable del pudor tras ello. El mero pensamiento de que mi yo futuro pueda leer esto me empuja a redactarlo correctamente y a darle una forma adecuada. De la misma manera, este blog es un retrato de mi alma en un sentido intelectual del término. No en un sentido afectivo o emocional. Eso que no tiene interés para nadie que no sea yo.

Y, sin embargo, las redes sociales van llenas de este tipo de basura. Nota bene, querido lector.

Nos hará felices

Quo modo igitur aut cur mortem malum tibi videri dicis? quae aut beatos nos efficiet animis manentibus aut non miseros sensu carentis. 
Entonces, ¿de qué manera o por qué dices que la muerte te parece un mal? Porque la muerte o nos hará felices, si las almas sobreviven, o nos librará de las desgracias, si las almas no tienen sensibilidad. 
Cicerón, Tusculanas, 1.25

21 oct. 2017

Enséñalo

Consultando inscripciones romanas he dado con esta imagen:


Con un poco de esfuerzo podemos leer:

Restitutus Restetuta pone tunica rogo redes pilosa co(nnis)
Mi traducción:

Restitutus (dice): Restituta, quítate la túnica, por favor, y enséñanos tu coño peludo.
Restitutus puede estar contento: su noche de farra por las tabernas romanas ha quedado inmortalizada. Mientras los filólogos discuten las particularidades lingüísticas de su gamberrada dos mil años después, estoy convencido de que Restitutus todavía se ríe desde la tumba. Aquello debió de ser una noche muy épica.

20 oct. 2017

El autismo y las ‘lenguas cíclope’

Esqueleto de Brontosaurio

Christopher era un varón británico que padecía autismo. Permanecía recluido en un centro y desarrolló una facilidad asombrosa para aprender lenguas extranjeras. A sus 31 años, Christopher era competente en dieciséis lenguas además del inglés, su lengua materna. En 1993, unos lingüistas hicieron un experimento con él ayudados por psicólogos.

Los lingüistas en cuestión eran generativistas. Es decir, se enmarcaban en la corriente teórica promulgada por Noam Chomsky y reformulada a lo largo de los años bajo distintos paradigmas. En esencia, el generativismo defiende la existencia de un componente innato en las lenguas humanas y de unas propiedades comunes a todas las lenguas del mundo, incluidas las lenguas de signos. Estas propiedades comunes, por lo general pertenecientes al ámbito de la sintaxis, son denominadas todavía en la actualidad con el tecnicismo de “Gramática universal” por los generativistas.

La idea de la gramática universal es muy atractiva. Con ella se explica, por ejemplo, por qué la adquisición del lenguaje en los niños se da siempre en unas mismas fases y en un período idéntico de tiempo, sin importar qué lengua esté adquiriendo el niño. La gramática universal maximiza las similitudes entre lenguas y minimiza sus diferencias.

Estas diferencias no eran obviadas por los generativistas. De hecho, el paradigma teórico del generativismo en 1993 era el llamado “Principios y Parámetros”. Según este paradigma, las lenguas humanas siguen unos principios universales y unos parámetros que pueden ser operativos o no en una lengua concreta. Por ejemplo, lenguas como el inglés o el francés ponen siempre el sujeto en sus oraciones; el castellano o el griego moderno, en cambio, no están obligadas a ello. Para los generativistas, esto es un parámetro –el llamado “parámetro de sujeto nulo”. Todas las lenguas del mundo, sin importar su filiación histórica, tienen activado o desactivado este parámetro.

Las relaciones entre parámetros, entre principios y entre principios y parámetros son interesantes de observar. Recientemente, algunos lingüistas han recuperado las ideas del biólogo Richard Owen para ello. Owen desarrolló, en el siglo XIX, la idea de que ciertas cualidades esenciales de los seres vivos determinan sus estructuras. Por ejemplo, los animales vertebrados son siempre simétricos, y los invertebrados son siempre radiales. De esta forma, un cíclope es un animal biológicamente imposible. Ningún vertebrado es asimétrico.

El lenguaje humano es una facultad cognitiva más de las personas. Podríamos decir que es producto de la evolución, igual que nuestros dedos o nuestro hígado. La lengua concreta con que se exprese es lo de menos: el castellano o el inglés son productos culturales, pero si sólo los homines sapientes podemos hablar, debe haber algo biológico en ello. Más aún: debe haber alguna conexión entre el lenguaje (en un sentido biológico) y la lengua en concreto (en un sentido cultural).

En 1993, los lingüistas que visitaron a Christopher se habían inventado una lengua artificial. Una lengua sólo para que Christopher la aprendiera. Le dieron diccionarios, gramáticas y ejercicios para ello. Esta lengua, naturalmente, tenía una lógica interna, pero violaba algunos principios y parámetros de la gramática universal. Para entendernos, era una ‘lengua cíclope’. Según los lingüistas que condujeron la prueba, Christopher nunca la aprendió. Le pareció imposible, y a los lingüistas les pareció una prueba irrefutable de que el generativismo estaba en lo cierto: la gramática universal existe en un sentido biológico.

P.S. El experimento de Christopher es muy citado por los generativistas todavía hoy. A mí no me convence para nada, pero explicar por qué ya sería otra entrada distinta. Lo dejamos para más adelante.

EDITADO: Continuación de la entrada aquí.

19 oct. 2017

¿Por qué la filología?

En diez puntos:

1) La filología no es una ciencia. Es un compendio de saberes.
2) La filología estudia los textos, y para ello se sirve de la lingüística, de la crítica textual, etcétera.
3) Los textos escritos (digitales o en papel) no tienen sustituto. La escritura no tiene rival para conservar el conocimiento.
4) Por escritura entiendo alfabetos, silabogramarios... pero también gráficas o tablas. Y por textos escritos entiendo también los no literarios.
5) La transmisión cultural se ha hecho y se hace con personas: padres, madres, profesores... Es la forma natural de transmitir el conocimiento.
6) El filólogo es la única garantía de la sociedad cuando esto falla. Y esto falla excepcionalmente: guerras, epidemias, desastres naturales.
7) Pero falla, y ha fallado muchísimo a lo largo de la historia. Pensad en los hunos, que saqueando Roma destruyen la civilización occidental.
8) En el Renacimiento se inicia la filología moderna. Y se hace para no volver a olvidar los textos –clásicos, en aquel momento.
9) No estamos en el fin de la historia. La percepción temporal de la mayoría de la gente es errónea. Una Edad Media, simplificando, es posible de nuevo.
10) Sin la filología, sin expertos en los textos y en la escritura, a cada desastre la partida empieza de cero. Eso tiene un nombre: barbarie.

Caramelos en latín

Durante una salida otoñal cayó en mis manos un libro que retrataba la España franquista recopilando sus anuncios y productos. No recuerdo el título del libro, pero esto me sorprendió bastante.


18 oct. 2017

El genio que llega a los diccionarios

Διὰ τί πάντες ὅσοι περιττοὶ γεγόνασιν ἄνδρες ἢ κατὰ φιλοσοφίαν ἢ πολιτικὴν ἢ ποίησιν ἢ τέχνας φαίνονται μελαγχολικοὶ ὄντες; 
¿Por qué todos los hombres excepcionales, ya sea en la filosofía, en la política o en la poesía y las artes resultan ser claramente melancólicos? 
Aristóteles, Problema 30, 953a, 10
Cf. William James, Las variedades de la experiencia religiosa. Un estudio sobre la naturaleza humana, 1902 (ed. edicions 62, 1985, trad. mía a partir del catalán, pg. 43):
Naturalmente, no hay ninguna afinidad especial entre la locura como tal y un intelecto superior, ya que la mayoría de psicópatas tienen intelectos débiles, y los superiores normalmente tienen sistemas nerviosos normales. Pero el temperamento psicopático, cualquiera que sea el intelecto con el que se encuentra emparejado, muchas veces comporta pasión y un carácter emotivo. La persona demente tiene una susceptibilidad emocional extraordinaria. Tiende a tener ideas fijas y obsesiones. (...) Así, cuando un temperamento psicópata y un intelecto superior se unen en el mismo individuo –y en las inacabables permutaciones y combinaciones de la facultad humana están destinados a unirse con frecuencia-, tenemos las condiciones ideales para el tipo de genio efectivo que llega a los diccionarios biográficos. 

Sobre los youtubers

ἐπιπολάζοντος δὲ τοῦ γελοίου, καὶ τῶν πλείστων χαιρόντων τῇ παιδιᾷ καὶ τῷ σκώπτειν μᾶλλον ἢ δεῖ, καὶ οἱ βωμολόχοι εὐτράπελοι προσαγορεύονται ὡς χαρίεντες: ὅτι δὲ διαφέρουσι, καὶ οὐ μικρόν, ἐκ τῶν εἰρημένων δῆλον. 
Como el gusto por la broma está muy extendido, y como la mayoría de gente se ríe más de lo que convendría con tonterías y bromitas, se les da a los bufones la categoría de personas inteligentes sólo porque gustan. Pero resulta evidente, por lo ya dicho antes, que difieren de éstas, y no poco. 
Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1128a.10-15 

Alegoría del mundo actual

Visto en Calle Diputació, Barcelona.


17 oct. 2017

Platón, Homero y el hip hop

Uno de los libros que más me impresionó leer en la carrera fue Prefacio a Platón (1963) de Eric Alfred Havelock. Un ensayo maldito por muchos filólogos y alabado por los críticos literarios, los antropólogos y los filósofos. Creo que sólo por esto ya merece la pena tenerlo en cuenta.

Havelock era profesor de griego clásico en Harvard y desarrolló la idea de que la escritura y la paulatina alfabetización de la Grecia clásica dieron lugar a un cambio radical en el pensamiento griego. Este cambio llegaría a su máximo esplendor con Platón, el gran prosista griego de época clásica cuyo pensamiento se opondría diametralmente al modus vivendi de los griegos de la época arcaica. Si Platón escribe, los griegos arcaicos memorizaban. Su cultura era mayormente oral y la
Havelock
escritura era una tecnología usada sobre todo por especialistas, para ellos. La época clásica cambiaría eso extendiendo la escritura a más gente, y en ello Havelock encontró la razón de que Platón quisiera expulsar a los poetas homéricos de su ciudad-estado ideal. Platón defendía el ejercicio de la filosofía y de la razón, y los poetas homéricos hacían... bueno, vayamos por partes.

Havelock no partía de cero. Su universidad se especializó rápidamente y desde principios de siglo XX en estudiar la poesía oral griega, es decir, los poemas homéricos. Helenistas como Millman Parry o Albert Lord dieron un giro copernicano a la llamada “cuestión homérica” – esencialmente, la pregunta por la autoría de la Ilíada y la Odisea- al argumentar que dicha cuestión estaba mal formulada. Veamos.

En una sociedad oral, que considera la escritura y el alfabeto como algo propio de los especialistas, el concepto de autoría es discutible. Nada tiene copyright. El copyright se hace en base a un solo texto. Varios textos conllevan varios derechos de autor. Lord y Parry argumentaron que la Ilíada que nos ha llegado actualmente es tan sólo una de las posibles ilíadas. Que los poemas épicos se cantaban distintamente a cada momento de recitación. Los esquemas rítmicos y los contenidos, el argumento, se mantenían, pero no así las palabras concretas con las que se iba tejiendo el texto. En una sociedad oral, con obras literarias orales, no tiene ningún sentido preguntar por la autoría de un texto. El texto o no existe o cambia cada vez que se pronuncia.

La alfabetización y la popularización de la escritura cambiarían eso. Un texto escrito es un texto fijado, instaurado y, en principio, no modificable. Para entendernos, es como una canción grabada en estudio.

Como decía, los poemas homéricos se improvisaban a cada momento de recitación teniendo en cuenta dos cosas: el ritmo (el hexámetro dactílico) y el contenido de cada canto. Parry documentó bardos en directo en Yugoslavia que también hacían exactamente esto. Lord demostró analíticamente que las repeticiones en Homero (adjetivos, fórmulas preestablecidas, conectores...) eran una especie de coletilla que el poeta –fuese quien fuese- usaba para encadenar el ritmo. Un rapero o un músico de jazz hacen exactamente eso: improvisan, pero nunca se improvisa desde cero. Hay una base que respetar y hay que tener ases en la manga, coletillas que te saquen del apuro.

A mi entender, la idea nuclear de Havelock es que Platón criticaba a los rapsodas porque se limitaban a imitar, a reproducir –con variaciones- una obra. En cambio, el filósofo griego pedía pensar y usar la razón a sus compañeros atenienses. La escritura le ayudó muchísimo, hasta el punto que nos ha moldeado a todos dos mil años después. Tanto que nos cuesta mucho desprendernos de nuestros conceptos alfabetizados para entender la Grecia arcaica. Menos mal que Havelock nos ayuda siempre...

16 oct. 2017

Violencia


Este cuadro de Caravaggio es violento. La Ilíada de Homero es violenta. Muchas obras de arte lo son, pero sólo nos escandaliza la música. El hip hop o el heavy metal, por ejemplo. Hemos olvidado que la música es arte y que esto le da un marco, una pátina de irrealidad y de “retrato” del mundo y de la sociedad. Una sociedad que es mil veces más oscura, violenta y reprobable que el arte que la retrata. No te escandalizes porque tus hijos escuchen Eminem o Slayer. Escandalízate, por ejemplo, porque les compras zapatos y móviles fabricados con muerte.

2 oct. 2017

Europa

La primera vez que se usa la palabra Europa para referirse a un pueblo es en el himno homérico a Apolo. Hoy enterramos esta palabra. Europa condena “cualquier tipo de violencia” pero apoya al Estado que la ha ejercido. Es el fin de Europa como idea porque, sí, Europa es sobre todo una idea. Una idea que se nutre de la Atenas clásica, del humanismo del Renacimiento, de la Ilustración y de la condena de los totalitarismos. Os aseguro con tristeza que será duro para mí a partir de ahora explicar los clásicos griegos y latinos a los alumnos. Hoy compruebo que representan un ideal sin continuidad en nuestro continente.