28 nov. 2017

Humanismo

Un griego o un romano se reirían mucho si supieran que estudiamos latín y griego hoy en día. Si estudiamos las lenguas clásicas en la actualidad es por el Renacimiento y su influencia. Dejar de estudiarlas sólo nos aleja del ideal renacentista –cosa, todo sea dicho, muy triste, porque supone desplazar al ser humano del centro del sistema educativo para poner ahí, por ejemplo, el beneficio económico o la diversión con juegos pedagógicos new age-.

27 nov. 2017

Black Friday

Ἀποστέλλων δὲ πολλὰ τῶν λαφύρων Ὀλυμπιάδι καὶ Κλεοπάτρᾳ καὶ τοῖς φίλοις, κατέπεμψε καὶ Λεωνίδῃ τῷ παιδαγωγῷ τάλαντα λιβανωτοῦ πεντακόσια καὶ σμύρνης ἑκατόν, ἀναμνησθεὶς παιδικῆς ἐλπίδος. ὁ γὰρ Λεωνίδης ὡς ἔοικεν ἐν θυσίᾳ ποτὲ πρὸς τὸν Ἀλέξανδρον ἐπιδραξάμενον ἀμφοτέραις ταῖς χερσὶ καὶ καθαγίσαντα τοῦ θυμιάματος, “ὅταν” ἔφη “τῆς ἀρωματοφόρου κρατήσῃς Ἀλέξανδρε, πλουσίως οὕτως ἐπιθυμιάσεις· νῦν δὲ φειδομένως χρῶ τοῖς παροῦσι.” τότ' οὖν Ἀλέξανδρος ἔγραψε πρὸς αὐτόν· “ἀπεστάλκαμέν σοι λιβανωτὸν ἄφθονον καὶ σμύρναν, ὅπως παύσῃ πρὸς τοὺς θεοὺς μικρολογούμενος.” 
Después de enviar muchos botines a Olimpia, a Cleopatra y a sus amigos, Alejandro envió también al pedagogo Leónidas quinientos talentos de incienso y cien de mirra, acordándose de un deseo de su infancia. Y es que el pedagogo Leonidas, se dice, cuando en un sacrificio Alejandro estaba cogiendo la ofrenda con ambas manos, le dijo: “Alejandro, cuando gobiernes la ciudad de los perfumes ya harás sacrificios copiosos: ahora, sírvete de lo que tenemos”. Entonces Alejandro le escribió: “te enviamos incienso y mirra de sobras para que dejes de honrar a los dioses con moderación”. 
Plutarco, Vida de Alejandro, 25.6

18 nov. 2017

Algunos consejos para aprender griego antiguo


Creo que no existe un perfil único de helenista. Tengo muchos colegas que enseñan griego clásico y a todos nos interesan cosas muy distintas. Está, por ejemplo, el fanático de la historia antigua, el interesado en filosofía, el que sabe latín y el que no. El que viene de estudiar griego moderno y el que quiere centrarse en los textos clásicos únicamente. Todos ellos tienen su propia forma de estudiar y aprender griego antiguo, y seguramente todos nosotros deberíamos encontrar la nuestra. Lo que sigue son, simplemente, algunas orientaciones basadas en mi experiencia personal como estudiante y, a la postre, profesor de griego antiguo.


¿Por dónde empiezo?

Como en cualquier otra empresa de la vida, empieza por no cerrar tu mente. Quizás te interesa leer la Odisea en su lengua original y acabas descubriendo que tu pasión es la comedia antigua. Puede que no tengas ni idea de etimología y te acabe atrapando. Puede que empieces con un manual muy innovador, parecido al de las lenguas vivas, y te acabes pasando a otro más tradicional para entender algún punto confuso. De todos modos, hablaré de los materiales más adelante.

Hay otras cosas que también vale la pena dejar claras desde el inicio. Por ejemplo, que distinguirás siempre un buen helenista de un mal helenista por cómo leen el griego en voz alta. El alfabeto, aunque asuste al principio, será el menor de tus problemas, pero procura practicarlo mucho junto con los diptongos y los espíritus ásperos. Lee el griego en voz alta siempre que puedas.

Piensa que cuánto más griego sepas, mejor lo leerás. En cuanto te familiarices con las desinencias y afijos verbales los leerás de corrido porque los vas a reconocer de inmediato. Y esto me lleva a otro consejo: aprende siempre un poco de morfología, un poco de sintaxis y un poco de vocabulario juntos. No dejes ninguno de estos aspectos de lado. No pospongas aprender vocabulario, ni practicar con las declinaciones. Si no entiendes una construcción sintáctica, no pases la página. Planificar bien tu estudio te puede ahorrar meses de darte contra la pared sin avanzar.

El griego te enseñará a ser paciente

Estudiar griego cambiará tu percepción temporal. No es broma. Puedes llegar a dominar el latín en dos o tres años, pero esto será más complicado con el griego. Cuando leas a Platón con (cierta) soltura, te darás cuenta de que ese griego no te sirve con Homero. Si estudias el Nuevo Testamento, Sófocles te parecerá una lengua distinta. Aprender griego antiguo en tres años, sin saber latín ni griego moderno, es un objetivo demasiado ambicioso. En vez de esto, plantéalo como un camino de recorrido indefinido y, ante todo, disfruta del proceso.

Recuerda: el griego se digiere

Exactamente igual que las comidas navideñas. Los participios te costarán tiempo de memorizar y entender, pero cuando los recuperes un año después de haberlos hecho te parecerán lo más natural del mundo – puede, incluso, que los eches de menos en tu lengua materna-. Pasa lo mismo con el vocabulario, las preposiciones o la métrica. Muchos estudiantes de griego funcionan como los buenos cocidos: si los dejas reposar un tiempo son todavía más buenos.

El famoso ‘click’: ¡ya sé griego!

A mí nunca me pasó, pero lo he oído en repetidas ocasiones. Compañeros míos que hacían griego como quien descifra un jeroglífico, hasta que un buen día se levantaron por la mañana y entendían a la primera todas aquellas frases que antes parecían cifradas por el mismísimo Satanás. En el fondo, esto va relacionado con la ‘digestión’ de la que acabo de hablar.

¿Qué debo saber antes?

Saber latín o griego moderno es siempre un buen background, pero tampoco desesperes si no es tu caso. Lo que debes saber antes es que el griego es enormemente divertido y que causa verdadera (y sana) adicción. Su curva de dificultad puede parecer enorme al principio, pero se estabiliza a lo largo y acaba bajando –a diferencia de lo que ocurre con otras lenguas-. También debes saber que el diccionario es una arma de doble filo. Te sacará de apuros pero puedes acabar muy intoxicado, a diferencia de lo que pasa con el latín. Lo mejor es que te vayas haciendo tu propio diccionario, escrito, mental o grabado en mp3.

Materiales

A mí me fue muy bien con el Athénaze de Vivarium Novum (no confundir con el de Oxford) y la Gramática de Berenguer Amenós para consultas puntuales. Reading Greek o Assimil también son buenas opciones. Si quieres algo más tradicional desde el inicio, Introduction to Attic Greek de Mastronarde puede ser tu libro. Eso sí: recomiendo vivamente buscar algún profesor particular, como mínimo los primeros meses, para coger carrerilla. 

11 nov. 2017

Diarrea, diagnóstico

Día de los muertos, Méjico
Todas las lenguas del mundo tienen algo parecido a las preposiciones. Pero en algunas lenguas estos elementos son más productivos que en otras. Por ejemplo, en inglés podemos sumarlas a un verbo para modificar su significado. El significado resultante del phrasal verb no siempre es deducible a partir de la preposición, como en 1-2:
1) John ate up the potatoes 
2) Laura grew up in Mexico
Up indica ‘hacia arriba’, en inglés, pero en 1-2 indica la compleción de la acción verbal. John se come las patatas del todo, hasta acabárselas; Laura creció del todo en Méjico. Si eat y grow son predicados “continuos” o “sin fin”, al sumarle la preposición up pasan a ser predicados acabados o finales. En lingüística, eat up y grow up reciben el nombre de predicados télicos (del griego télos, “fin”).

Entre otras, la función de los preverbios –preposiciones sumadas a un verbo- es telicizar los predicados. En latín, los verbos facio (“hacer”) y scribo (“escribir”) carecen de punto final en el tiempo, pero sumados a la preposición per (“a través de”) pasan a ser télicos. Así, perficio y perscribo pasan a significar, respectivamente, “completar una acción” y “escribir hasta el final”.

En griego clásico todo esto es mucho más interesante. Para empezar, en griego antiguo un solo verbo puede admitir tres o incluso cuatro preverbios. Naturalmente, y en estos casos, la preverbación acaba resultando en un mecanismo más de una lengua para crear nuevas palabras.

Sin embargo, en griego antiguo el preverbio diá- ("a través de") también suele telicizar predicados simples. Así, si féugo (φέυγω) significa “huir”, diaféugo (διαφέυγω) suele traducirse por “escapar”, es decir, “huir del todo”. También en diagignósko (διαγιγνώσκω), con el sentido de “conocer completamente, del todo”. La palabra diagnóstico viene de aquí y significa, en origen, “conocimiento completo, acabado”. En este sentido se opone a otros términos médicos formados con el preverbio diá­- en los que éste conserva su sentido espacial, como diarrea (“flujo que atraviesa”).

9 nov. 2017

Predicados rotos

Indios mohawk
Una de las formas más productivas que tienen las lenguas para hacer visible su información fonológica es el mecanismo de la afijación. Es decir, añadir prefijos o sufijos a una raíz, como en la frase castellana de 1:
1) Ellos canta-ba-n.
Donde canta- es la raíz verbal o tema, -ba- es una marca de pasado imperfecto y –n es una marca de tercera persona del plural. En griego clásico, algunas marcas de pasado imperfecto tenían la forma de un prefijo. Es decir, el verbo incorporaba una épsilon inicial para distinguirse del presente –lo que los helenistas conocemos con el tecnicismo de aumento (verbal).

Actualmente consideramos que todos los afijos o ‘marcas’ en los verbos son prefijos o sufijos. Digamos que aunque la sílaba –ba- en cantaban pueda parecer un infijo, el hecho de que no se añada en medio de la raíz verbal (canta-) ha cambiado la terminología de los lingüistas.

Que yo sepa, hay poquísimas lenguas que admitan infijos verbales. Un infijo rompe la raíz del verbo. Tengo entendido que esto es posible, por ejemplo, en árabe y hebreo... pero también en inglés, aunque no en los verbos. Por ejemplo:
2) This week we will go to Massa-bloody-chussets.
Naturalmente, hay reglas para esto. El nombre infijado o ‘roto’ debe tener cuatro sílabas por lo menos –algo, por cierto, no muy usual en inglés. Y el infijo que rompe el sustantivo debe adjetivarlo. Estos adjetivos, todo sea dicho, suelen pertenecer a un registro vulgar: bloody, fucking...

Finalmente tenemos el mohawk, una lengua iroquesa hablada en la frontera canadiense de Estados Unidos. El mohawk usa el mecanismo de la afijación para incorporar los objetos directos al verbo. Las siguientes frases están sacadas de M. Baker (2001), The Atoms of Language, Basic Books, Nueva York:
3) Owira’a        wahrake’    ne   o’wahru. 
    Bebé             comió        la     carne. 
 4) Owira’a    waha’wahrake’.     
     Bebé         carnecomió  
La traducción de ambas frases es idéntica: "El bebé comió la carne". Este fenómeno está regulado tanto a un nivel morfológico como sintáctico. De hecho, sólo los verbos transitivos y un grupo cerrado de intransitivos permiten hacerlo. ¿Cuáles? En la entrada Lenguas y estados mentales lo explico con más detalle.

8 nov. 2017

Pasar el tiempo en latín y en inglés

Hoy quisiera llamar la atención sobre los siguientes verbos castellanos:
absolver, abdicar, absorber. 
Los tres vienen del latín y son verbos ‘compuestos’. Compuestos por un verbo simple y la preposición ‘ab’. En latín, ab indica desde. Es decir, indica procedencia o punto de partida. Pero cuando lo sumamos a un predicado, esta preposición pasa a indicar otra cosa. Esencialmente, indica la extracción o expulsión del complemento verbal. Por ejemplo:
1) El juez absolvió al acusado de sus cargos 
2) El rey abdicó de sus funciones 
3) La esponja absorbe el agua del suelo
Los cargos son ‘extraídos’ del acusado; el rey ‘extrae’ sus funciones de si mismo; y la esponja ‘extrae’ el agua del suelo.

Podemos representar nocionalmente el valor de ab de la siguiente forma:


La flecha discontinua indica un proceso; los puntos negros, el objeto directo; y el marco, el punto de partida o el estado anterior de cosas.

Ahora consideremos esta construcción inglesa:
4) She danced the whole night away
La escena ‘conceptual’ de esta frase es la siguiente: una chica que invierte todo el tiempo de la noche en bailar. Un apunte: la idea tras 4) no es, en absoluto, que ‘la chica se pasó toda la noche fuera de casa bailando’. Insisto: la chica gasta toda la noche en bailar. El verbo dance away tiene a the whole night como su complemento directo.

Y, casualidades de la vida, la escena conceptual tras construcciones inglesas como 4) es la misma que hay en las construcciones castellanas de 1-3. La chica extrae todo el tiempo de la noche, y lo hace bailando; la esponja extrae el agua del suelo, y lo hace sorbiendo; el rey se extrae de sus funciones, y lo hace hablando; el juez extrae los cargos del acusado, y lo hace liberándolo. Y es que, en efecto, si le quitamos la preposición ab, los correspondientes verbos simples en latín de absorber, abdicar y absolver son sorbere (“sorber”), dicere (“hablar”) y solvere (“liberar”).

7 nov. 2017

El número cognitivo

American Beauty (1999)

El número lingüístico –singular o plural- es una característica tan esencial de los sustantivos, adjetivos o de los pronombres que tiene, para ella sola, una marca morfológica. En castellano, como en otras lenguas románicas, esta marca es una –s final. En teoría, si el singular indica uno y sólo uno, el plural indica un número igual o superior a dos. Este número nos es desconocido si no se nos especifica, como en 1-3:

1) Las chicas bailaron muy bien anoche.
2) Mis amigos odian la tele.
3) Los bárbaros saquearon Roma.

Sin embargo, esta teoría tiene algunos fallos. Muchas veces el plural no indica un número igual o superior a dos. Indica una pura relación entre conjuntos, como en 4-6:

4) Los trabajadores de la empresa irán a la huelga.
5) Los suspendidos tendrán que examinarse en setiembre.
6) Los franceses odian Italia.

En 4), sobreentendemos que todos los trabajadores de la empresa, cualquiera que sea su número, irán a la huelga. En 5), entendemos que cualquier persona que suspenda irá a setiembre, y que ese número puede ser cero. En 6), entendemos normalmente que muchos franceses odian Italia.

Si pasamos las frases de 4-6  al singular, el sentido cambia por completo. Un solo trabajador irá a la huelga, y un solo suspendido irá a setiembre. Con 6) podríamos discutir si “el francés” se refiere a una abstracción de los franceses, o a un francés en concreto.

Otras veces sobreentendemos un número concreto, aunque la marca de plural no nos dé tanta información. Véase 7-9:

7) Los vecinos se han pasado la noche gimiendo en la cama.
8) Me pican los ojos.
9) ¿Por qué discutís?

Aquí, sobreentendemos sistemáticamente el número dos. La frase de 7) podría referirse, en teoría, a todos los vecinos del bloque, pero entendemos que son sólo una pareja en concreto. En 8), entendemos dos ojos por una cuestión semántica elemental. Y en 9), asociamos el predicado discutir como una acción realizada normalmente entre dos –similar al verbo implícito de 7), acostarse con alguien.

Lenguas como el antiguo indio o el griego clásico tenían una marca específica para el número dos. Si el singular es uno y el plural es tres o más, en griego y en sánscrito, el número dos exacto tenía una marca de dual. En griego era una –o final en la flexión nominal, y otra marca específica en los verbos.

El latín tenía dual tan sólo de forma residual. Hoy en día poquísimas lenguas lo tienen. Pero no deja de ser interesante la peculiaridad que asignábamos cognitivamente al número 2, dándole una desinencia propia que los demás números nunca tuvieron (¡y hay infinitos competidores!).

5 nov. 2017

Impresiones sobre una 'gramática patológica'

El concepto chomskiano de 'gramaticalidad' fue revelador hace ya sesenta años. Antes de él, los lingüistas clasificaban las anormalidades lingüísticas como 'incorrecciones'. La frase "ayer hemos ido al cine" o la palabra "cactusal" son incorrectas en castellano. Y como éstas, muchas otras palabras o frases que, sin embargo, sí que son gramaticales en su mayoría.

Vayamos por partes. Chomsky empezó apuntando un "problema" al que nadie había prestado atención antes en lingüística: el hecho de que unos medios lingüísticos finitos dieran lugar a un número potencialmente infinito de producciones lingüísticas. Lo llamó el "problema de Humboldt" y lo relacionó con el innatismo: un niño escucha muy pocas frases en su infancia en comparación con las que será capaz de producir en su adultez. La lengua tiene unas reglas, y los niños las deducen con una facilidad asombrosa para aplicarlas años después sin ninguna dificultad. Estas reglas finitas son la gramática de una lengua.

Las palabras o frases son interpretables dentro de su gramática o no. 'Cactusal' no aparece en ningún diccionario del español, pero es una palabra gramatical porque la hemos formado siguiendo las reglas fonológicas de nuestra gramática: cactus-al, 'sitio poblado de cáctuses'. Chomsky añadió que todas las producciones o frases potencialmente infinitas de una lengua son predecibles dada su gramática. Su teoría, el generativismo, tomó su nombre de este último punto: todas las frases posibles de una lengua son generadas o generables a partir de la gramática, si le añadimos algunas reglas combinatorias o 'transformacionales'.

La gramaticalidad opera a varios niveles. Por ejemplo, el fonético: cuando oímos un trueno en medio de una tormenta no lo tomamos como un sonido interpretable dentro de nuestra gramática. También en el fonológico: cuando oímos la palabra inempleable por primera vez, la entendemos porque sigue las reglas fonológicas de nuestra gramática (in-emple-able), pero eso no pasaría con la palabra (inventada) racagumba. Y, evidentemente, también en el sintáctico: "las niñas dormimos televisión" es totalmente agramatical por motivos sintácticos.

El léxico mental proporciona elementos (palabras) a la sintaxis mental, opinan los generativistas. Pero no sólo eso: también le proporciona información sintáctica sobre esa palabra. Con qué se puede combinar, en qué orden de la frase suele ir, si admite marcas morfológicas (de plural, de femenino, de tercera persona del singular, etcétera).

Muy recientemente, algunos biolingüistas han apuntado que la sintaxis 'congela' el léxico. Por poner un ejemplo muy llano, cuando nos despedimos y decimos adiós no procesamos gramaticalmente esta palabra (en el sentido en que no entendemos 'vete con Dios'). En mi lengua materna, el catalán, este hecho es clarísimo en palabras como siusplau ("si os place") o expresiones como Déu n'hi do ("Dios puso de su parte en esto").

Hoy he estado mirando la entrada de 'afasia' en un reconocido diccionario enciclopédico de medicina. Se describen sus síntomas a un nivel lingüístico con más o menos precisión: a veces se habla de "letras" para decir "fonemas", y otras veces se habla de la "incapacidad de producir partículas y morfemas", aunque ninguna lengua románica tiene partículas hoy en día, por lo menos no en el sentido en que son denominadas en lingüística. Pero más allá de esto, en la mayoría de afasias descritas hay una suposición implícita: que estas producciones son gramaticales. Es decir, que son (más o menos) interpretables.

Y, evidentemente, mi aportación acaba aquí. Mi total desconocimiento sobre neurología no me permite ir más allá. Hay una idea, sin embargo, que no me quito de la cabeza: que algunas de estas producciones estén formadas por elementos 'congelados', es decir, privados de su información sintáctica inherente. 

3 nov. 2017

El cognitivismo



Adele Goldberg es una gran lingüista. Es, además, una de las pocas mujeres destacadas en un ámbito marcadamente masculino. Hace años consulté su A construction grammar approach to argument structure (1995) y lo encontré excelente.

Goldberg es cognitivista: su teoría conecta el lenguaje con otras facultades cognitivas generales. Se opone a los generativistas, a quienes critica en el inicio de este vídeo por su aproximación innatista. En dos minutos hace un repaso muy sucinto de las dos grandes teorías lingüísticas de los últimos cincuenta años.

El final del vídeo, no obstante, es más interesante si cabe. Cuando le preguntan qué es la gramática, Goldberg se hace un lío. Empieza separando los aspectos formales de una lengua de los aspectos semánticos, para después decir que están unidos.

A mi entender, éste es el gran problema de los cognitivistas. Son difíciles de criticar porque son poco específicos. Entienden la sintaxis y la semántica como un continuum. En generativismo, una gramática es una teoría de una lengua. Las gramáticas generativistas son ordenadas, claras, detallistas, aportan contraejemplos y los solucionan delante del lector. Los cognitivistas, en cambio, son etéreos y vaporosos. Nunca sabes por dónde van a salir...

Sintaxis de colores

Supongamos que yo os doy un juego de mesa. En este juego hay un tablero y unas tarjetas. El tablero está dividido en tres casillas: entidades, relaciones y procesos. La casilla de las entidades es de color rojo, la de las relaciones es azul y la de los procesos es verde. Una entidad es arrelacional y autónoma. Para relacionar dos entidades necesitas un proceso. Una relación es algo complementario que se junta con una entidad o con un proceso.

Las tarjetas de nuestro juego contienen frases en castellano, y nosotros hemos decidido pasar la tarde clasificando, por sentido, cada uno de los elementos de las tarjetas en una casilla del tablero. Sacamos una tarjeta y leemos esto:

El amante de los animales negó enérgicamente haber ido a la manifestación taurina.
Reconocemos dos entidades autónomas: el amante y haber ido, unidas por el proceso negó. La primera entidad se junta con la relación de los animales; el proceso negó se junta con la relación enérgicamente, y la entidad haber ido se junta con la relación a la manifestación taurina. Nos queda algo así:

 El amante de los animales negó enérgicamente haber ido a la manifestación taurina.
Ésta es, muy grosso modo, una forma de analizar frases propia de algunas teorías cognitivistas e inspirada en la psicología de la Gestalt. La explicación sintáctica de esta frase en gramática tradicional, por el contrario, es complicadísima: el sujeto deriva de un verbo (amar) y tiene un argumento reminiscente de su antiguo estatus verbal (de los animales); el verbo es transitivo y su objeto directo es una subordinada de infinitivo concertada en la que el sujeto se elide por coincidir con el de la oración principal (el amante); de los animales es complemento del nombre, enérgicamente es complemento circunstancial de manera, y a la manifestación taurina, complemento de régimen verbal.

Realmente, con este segundo análisis mucho más técnico obviamos algunos hechos clave: por ejemplo, que las categorías léxicas (nombre, adverbio, adjetivo...) tienen fronteras difusas (Haber ido es un verbo, pero al estar en infinitivo actúa a modo de nombre). Más aún: obviamos que las funciones sintácticas pueden proyectarse de formas muy distintas; en efecto, en nuestro juego de mesa hemos dado la misma categoría de ‘relacional’ a un sintagma nominal que a un adverbio.

Curiosamente, los defensores de la ‘economía de medios’ en las teorías lingüísticas suelen ser más partidarios del análisis tradicional. El problema con ello es que hemos repetido tantas veces palabras como ‘Complemento directo’ o ‘Oración subordinada’ que ya no percibimos por qué los gramáticos alejandrinos, romanos y medievales los llamaban así. Son puras categorías que atribuimos a la sintaxis sin entender qué significan. Espero que mi súper juego de mesa os haya ayudado a ‘rellenarla’ de sentido.

2 nov. 2017

¿Qué es el amor? (lingüísticamente)

West Side Story (1961)

Juan y Luisa llevan cuatro años juntos. En los últimos meses algo ha empezado a ir mal, hasta tal punto que Luisa quiere cortar con él. Supongamos que tienen la siguiente conversación:
-  Juan, nuestra relación no va a ninguna parte. Tenemos que separarnos. 
-  Pero, Luisa, ¡mira qué lejos que hemos llegado!
En las frases pronunciadas por Luisa encontramos dos veces un mecanismo que será empleado después por Juan. Me refiero a la metáfora, en un sentido cognitivo. El mecanismo de la metáfora es universal: consiste en atribuir cualidades del campo A al campo B. El campo A suele ser algo más tangible, físico y concreto que el campo B, por lo general más abstracto. Aquí, el campo A es un viaje y el campo B es el amor. Al concebir el amor como un viaje -o un trayecto que se recorre entre dos personas-, su expresión lingüística da lugar a estas frases: una relación que “no va a ninguna parte”; dos personas que “tienen que separarse”; Juan y Luisa, que “han llegado muy lejos”.

En Metaphors we live by (1980), el lingüista George Lakoff desarrolla la teoría de la metáfora cognitiva y de su reflejo lingüístico. Naturalmente, no hay metáforas cien por cien universales, pero lo que sí que es universal es el mecanismo en si mismo. El libro en cuestión es altamente recomendable, y además es enormemente sugerente por reintroducir en lingüística la vieja ‘hipótesis Whorfiana’.

Whorf era un estructuralista americano quien propuso, en los años 30 del siglo pasado, que ‘cada lengua humana comporta una forma propia de ver el mundo’. Pocos años después de esto, alrededor de 1950, la llegada de Noam Chomsky y el generativismo barrerían esta sugerente idea. Chomsky insistió tanto en las similitudes (sintácticas) entre las lenguas humanas que las diferencias entre ellas pasaron a un segundo plano.

A partir de los años 90 del siglo pasado, la lingüística sufrió un nuevo giro con los partidarios y fundadores del cognitivismo, que en su mayoría eran antiguos generativistas ‘escindidos’ de su primer enfoque. Y la hipótesis de Whorf volvió a estar sobre la mesa, pero, añadiría yo, de una forma invertida: primero pensamos, y luego hablamos. Es decir, puesto que concebimos el amor como un viaje, esto da lugar a una serie de asociaciones lingüísticas inconscientes, y no al revés.

1 nov. 2017

Mujeres, hombres y sintaxis

Death Proof (2007)

Una de las críticas más frecuentes que recibe el generativismo como teoría lingüística es que es ‘sintáctico-céntrico’. Distingue muy claramente los distintos niveles de análisis lingüístico –fonología, léxico y sintaxis- heredados de la gramática tradicional y los eleva a la categoría de ‘reales’. Es decir, la sintaxis ya no es sólo un nivel en el análisis de una lengua, sino un auténtico proceso “mental” separado de los demás.

Separado de otros procesos mentales y separado de otros procesos lingüísticos. Para explicar la relación entre el léxico y la sintaxis, el generativismo habla de ‘interfaces’. Imaginemos que nuestra facultad para hablar está compuesta por dos elementos: una especie de diccionario y una especie de calculadora. La calculadora toma elementos del diccionario y los combina para crear frases siguiendo una serie de principios y reglas. En nuestra comparación, el diccionario es el léxico (mental) y la calculadora, la sintaxis (mental).

La relación entre ambos se explica a modo de interfaz. Más aún: como el sistema combinatorio consta únicamente de la sintaxis, se desatiende el léxico y se lo trata como a una especie de pozo lleno de recursos.

Cuando yo investigaba en lingüística había una hipótesis sobre la mesa. Era la idea de que la adquisición del léxico en niños difiere según su sexo. En esencia, se propuso que los niños aprenden las palabras una por una, y que las niñas las aprenden haciendo ‘campos semánticos’. Por ejemplo, un niño aprende helicóptero, mesa y primo por separado, pero una niña aprende primo, abuelo y tía juntos, estructurando las relaciones entre esos términos.

Si el niño se ‘concentra’ en una palabra, la niña se ‘concentra’ en las relaciones de esa palabra con las demás. De este modo, el léxico (mental) ya no es un pozo o un diccionario que proporciona elementos a la sintaxis. Es algo con vida y operaciones propias.

Un último apunte: esta (hipotética) diferencia entre sexos en la adquisición del léxico encaja con otros datos y diferencias entre sexos en cognición visual. Los varones nos hemos especializado, visualmente, en fijar la atención en un solo punto, y las mujeres en fijar la atención en más de uno. Para entendernos, si los hombres somos muy buenos haciendo un zoom in, las mujeres son muy buenas haciendo un zoom out. ¿También cuando aprendemos a hablar? Chi lo sa...