29 dic. 2017

La introspección en la ciencia

Dalí, El gran masturbador

Últimamente estoy leyendo Sexualidad infantil y neurosis (1907) de Sigmund Freud. En los primeros capítulos de la obra el psicólogo austríaco proporciona diversas teorías que, según él, los niños confabulan sobre cómo vienen los recién nacidos al mundo. Se argumenta que la ‘fábula de la cigueña’ que los padres les cuentan es rápidamente desechada y que ellos buscan alguna explicación alternativa. Entre éstas, figura la idea del ‘parto anal’. Véase Sigmund Freud, Sexualidad infantil y neurosis, 1907 (ed. Alianza Editorial, 1972, pg. 25):

Pensando consecuentemente, niega el niño a la mujer el doloroso privilegio de parir hijos. Si los niños son paridos por el ano, también el hombre puede parirlos. Así, el niño puede fantasear que da luz a un hijo.
Sobre el sentido del matrimonio de los padres, véase pg. 28:

La teoría más frecuentemente hallada por mí ha sido la de que los casados orinan uno delante del otro, o que el marido orina en el orinal de la mujer (...). Otras veces se transfiere el sentido del matrimonio al hecho de enseñarse mutuamente el trasero (sin avergonzarse).
Freud argumenta que estas confabulaciones están documentadas clínicamente. Sin embargo, todo el sentido ulterior que se les da se basa en su teoría del psicoanálisis.

Exactamente igual que otros pensadores como Nietzsche o Chomsky, el punto de partida de Freud es la introspección. El complejo de Edipo fue formulado por Freud cuando ‘encontré los celos del padre y el amor de la madre también en mi propia infancia’ (véase esta entrada). Hay un problema con ello: la mayoría de disciplinas más o menos científicas de la actualidad son de corte empirista. Es decir, se basan en un vaciado de corpus, en la estadística o en la observación de fenómenos externos, nunca internos.

Sin embargo, la idea del teórico ‘iluminado’ nos parece mucho más atractiva e interesante que la del científico que opera sobre un examen minucioso y previo de los datos. En lingüística suele decirse que primero debes encontrar una teoría y después acercarte a la lengua. Aproximarse a los datos sin una idea previa es nadar en el vacío. El problema, como siempre, es cuán susceptibles somos de contrastar un sistema con la evidencia negativa. Creo recordar que Feyerabend dedicó unas líneas a esto en Tratado contra el método (1975). Sea como fuere, al final las teorías que perduran no son las que retratan la evidencia de forma económica, sino las teorías bonitas, desafiantes o alocadas. Preguntádselo a un artista.

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