16 oct. 2018

El reflejo de una sombra

εἰδὼς λέγοιμ᾽ ἄν, εὖ γὰρ ἐξεπίσταμαι 
ὁμιλίας κάτοπτρον, εἴδωλον σκιᾶς 
δοκοῦντας εἶναι κάρτα πρευμενεῖς ἐμοί.  

Con razón diría, pues conozco bien 
el espejo de la amistad, que son el reflejo de una sombra 
quienes me han parecido siempre leales a mí. 

Esquilo, Agamenón, 838-40.

11 oct. 2018

No son infinitas

Erich Fromm, El arte de amar, Nueva York, 1956 (Barcelona, 1978, Edicions 62, pgs.17-8, trad. mía a partir del catalán):
El hombre –de todas las épocas y de todas las culturas- se enfrenta con la solución de un problema que es siempre el mismo: la cuestión sobre cómo vencer su isolamiento, de qué manera conseguir la unión, de qué manera trascender la propia vida individual y obtener un equilibrio. El mismo problema se presenta al hombre primitivo que habitaba en las cuevas, al nómada que vigila sus rebaños, al pastor egipcio, al mercader fenicio, al soldado romano, al monje medieval, al samurai japonés, al empleado y al obrero modernos. El problema es el mismo porque surge del mismo lugar: la situación humana, las condiciones de la existencia humana. La respuesta cambia: la solución puede ser buscada en la adoración de animales, en el sacrificio humano o en la conquista militar, en la complacencia en la lujuria, la renuncia ascética, el trabajo obsesivo, la creación artística, el amor a Dios y el amor al hombre. Aunque existen muchas respuestas –su recapitulación constituye la historia humana- no son, a pesar de todo, infinitas. (...) La historia de la religión y de la filosofía es la historia de estas respuestas, de su diversidad, y de su limitación en cuanto al número.

Retrato de un monje benedictino, Anthony van Dyck

9 oct. 2018

Trabaja duro

εἰ δέ τις παρ᾽ ἃ ὁ θεὸς ἔφυσε ποιεῖ, ἴσως τι καὶ ἀτακτῶν τοὺς θεοὺς οὐ λήθει καὶ δίκην δίδωσιν ἀμελῶν τῶν ἔργων τῶν ἑαυτοῦ ἢ πράττων τὰ τῆς γυναικὸς ἔργα. δοκεῖ δέ μοι, ἔφην, καὶ ἡ τῶν μελιττῶν ἡγεμὼν τοιαῦτα ἔργα ὑπὸ τοῦ θεοῦ προστεταγμένα διαπονεῖσθαι. 
Si alguien obra de una forma distinta de la que la divinidad le ha asignado, su indisciplina no pasa desapercibida a los dioses y éstos impartirán justicia cuando éste descuide su propio trabajo o haga el de su mujer. A mí me parece, dijo Sócrates, que incluso la abeja reina trabaja duro en el encargo que le ha hecho la divinidad. 
Jenofonte, Económico, 7.31-2

8 oct. 2018

En Delos

οὐ γὰρ ἔξεστιν ἐν αὐτῇ τῇ Δήλῳ θάπτειν οὐδὲ καίειν νεκρόν. οὐκ ἔξεστι δὲ οὐδὲ κύνα ἐν Δήλῳ τρέφειν. 
No está permitido ni enterrar ni incinerar a un muerto en Delos. Tampoco no está permitido darle de comer a un perro en Delos. 
Estrabón, Geografía, 10.5.5

5 oct. 2018

De todas las partes del cuerpo

ὁ γὰρ γόνος πανταχόθεν ἔρχεται τοῦ σώματος, ἀπό τε τῶν ὑγιηρῶν ὑγιηρὸς ἀπό τε τῶν νοσερῶν νοσερός. 
El semen proviene de todas las partes del cuerpo: el semen sano viene de las partes sanas, y el semen enfermo, de las enfermas. 
Hipócrates, Aires, aguas y lugares, 14.

Un ocio ganado

Mikhail Bakunin, Catecismo revolucionario, 1869 (citado en Ni Dios ni amo: Antología del Anarquismo, Daniel Guérin, París, 1970, pg. 174):
Es totalmente verdadero que un cierto grado de ocio es absolutamente necesario para el desarrollo del espíritu, de las ciencias y de las artes; pero este debe ser un ocio ganado, que suceda a las sanas fatigas de un trabajo diario, un ocio justo y cuya posibilidad, dependiendo de la mayor o menor energía de la capacidad y la buena voluntad del individuo, sería socialmente igual para todo el mundo. Todo ocio privilegiado, por el contrario, lejos de fortalecer el espíritu, le enerva, le desmoraliza y le mata. Toda la historia nos lo prueba: con raras excepciones, las clases privilegiadas por fortuna o sangre han sido siempre las menos productivas espiritualmente, mientras que los grandes descubrimientos en ciencia, artes e industria, han sido hechos la mayoría de las veces por hombres que, en su juventud, han sido forzados a ganar su vida con un rudo trabajo.

4 oct. 2018

Ironía para poder pensar

El hecho de que el racionalismo, la instrospección y la pura contemplación de las ideas y de la teoría hayan estado históricamente ligados a una visión dualista de la realidad ha comportado algunos desajustes, en mi opinión. Un inocente paso platónico que desvincula las ideas –sean existentes per se o no- de la realidad material, biológica y cotidiana más inmediata. Personalmente, yo soy del sentir según el cual la teoría –entendida en el sentido griego de contemplación- es totalmente vital. De la idea, no muy de moda, de que las (buenas) ideas nos ayudan a vivir (mejor).

Ortega y Gasset hablaba de ello. Tener una idea, previa y firme, sobre qué es el trabajo, el dinero o la libertad me ha ayudado, a mí, no sólo a analizar y entender mejor la actualidad política, sino incluso a tomar distancia con, por ejemplo, el hecho de estar en contratos precarios, o de no tener trabajo estable. Los marxistas hablan de ‘conciencia de clase’, un concepto fructífero y crucial que se ha ido difuminando, paradójicamente, entre quienes más lo necesitan (es decir, que la burguesía sí sigue teniendo su conciencia de clase).

Quizás para recuperarla, o para encender una pequeña llama en la misma dirección, debamos recorrer al humor. Las primeras doce temporadas de Los Simpsons retrataban la sociedad occidental con una finura y una ironía envidiables. Pero ahora, por un lado, las series que retratan nuestra sociedad de forma más o menos directa lo hacen de una forma turbia y escalofriante, y por el otro, las series de humor carecen de crítica social irónica y estructurada.

Las temporadas viejas de Los Simpsons nos muestran, con ironía y desde el humor, unas ideas muy firmes sobre los temas que he listado antes: la esencia del trabajo, del dinero o de la libertad. Homer es el trabajador alienado par excellence; el sr. Burns se da cuenta, vendiendo la central en la tercera temporada, de que el dinero le es insuficiente si no va ligado a un poder real y atemorizador; y Lisa, en la séptima temporada, al volverse vegetariana pisa los límites de la libertad ajena. Etcétera.

Una de los elementos más cruciales que han provocado el declive absoluto de Los Simpsons como serie de calidad –pues ya hay más capítulos malos que buenos- es que se ha perdido la ironía con que se comunicaban estas cosas. La ironía exige una distancia, un espacio para poder retratar la realidad. El espectador es quien toma esta distancia, quien la sabe detectar e interpretar por el hecho de ser adulto, quien sabe ver, por ejemplo en los comentarios patrióticos y recios de Homer, una crítica social de los guionistas y escritores. El personaje dice a, pero el mensaje de fondo es b. Un poco como en la vida misma, y quizás es por eso que los ejercicios estéticos nos preparan, como afirmaba Nietzsche, para el día a día. Y si van acompañados de ironía, mejor todavía.

Lionel Hutz en Los Simpsons

3 oct. 2018

Unos dioses semejantes

Edward Gibbon, Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, Londres, 1776-1788 (trad. Carmen Francí, Barcelona, 2010, capítulo II, pgs. 54-56):

En cuanto a los distintos tipos de culto que prevalecían en el mundo romano, el pueblo los consideraba igualmente ciertos; el filósofo, igualmente falsos, y el magistrado, igualmente útiles, de modo que la tolerancia produjo no solo indulgencia mutua, sino incluso concordia religiosa. 
(...) 
La fina textura de la mitología pagana estaba tejida con materiales distintos, pero no discordantes. 
(...) 
Tan afable era el talante de la Antigüedad que, en su adoración religiosa, las naciones se mostraban menos atentas a las diferencias que a las semejanzas. Los griegos, los romanos y los bárbaros, cuando se encontraban ante sus respectivos altares, se convencían con facilidad de que, bajo los mismos nombres y las distintas ceremonias, adoraban a las mismas deidades. La elegante mitología de Homero dio una forma bella y casi armónica al politeísmo del mundo antiguo.

Edward Gibbon

1 oct. 2018

Esclavos ellos mismos

Max Stirner, “Los falsos principios de nuestra educación”, 1842 (citado en Ni Dios ni amo: Antología del Anarquismo, Daniel Guérin, París, 1970, pg. 22):
Y sin embargo sería preciso que nos metiéramos en la cabeza que el papel supremo del hombre no es ni la instrucción, ni la civilización, sino la autoactividad. ¿Equivale esto a abandonar la cultura? No, ni a sacrificar la libertad de pensamiento, sino en transfigurarla en libertad de voluntad. El día en que el hombre haga cuestión de honor el sentirse o el conocerse a sí mismo, de actuar por sí mismo, con toda autonomía, con toda conciencia de sí mismo, con plena libertad, ese día cesará de ser para sí mismo un objeto extraño e impenetrable, tenderá a disipar la ignorancia que limita e impide su pleno conocimiento de sí mismo. 
Se despierta en el hombre la idea de la libertad, los hombres libres sólo sueñan con liberarse a sí mismos ahora y siempre; pero, al contrario, no se hacen más que hombres instruídos, que se adaptan a todas las circunstancias de la manera más refinada, que caen al nivel de las almas sumisas y serviles. ¿Qué son, en su mayoría, nuestros bellos señores llenos de espíritu y de cultura? Esclavistas burlones, esclavos ellos mismos.

Dos puntos de vista

progressusque salutatur ab Arminio; qui amotis stipatoribus, ut sagittarii nostra pro ripa dispositi abscederent postulat, et postquam digressi, unde ea deformitas oris interrogat fratrem. illo locum et proelium referente, quodnam praemium recepisset exquirit. Flavus aucta stipendia, torquem et coronam aliaque militaria dona memorat, inridente Arminio vilia servitii pretia. Exim diversi ordiuntur, hic magnitudinem Romanam, opes Caesaris et victis gravis poenas, in deditionem venienti paratam clementiam; neque coniugem et filium eius hostiliter haberi: ille fas patriae, libertatem avitam, penetralis Germaniae deos, matrem precum sociam; ne propinquorum et adfinium, denique gentis suae desertor et proditor quam imperator esse mallet. paulatim inde ad iurgia prolapsi quo minus pugnam consererent ne flumine quidem interiecto cohibebantur, ni Stertinius adcurrens plenum irae armaque et equum poscentem Flavum attinuisset. cernebatur contra minitabundus Arminius proeliumque denuntians; nam pleraque Latino sermone interiaciebat, ut qui Romanis in castris ductor popularium meruisset. 
(Flavus, soldado romano) avanza y es saludado por Arminio (soldado germánico). Éste, habiendo ordenado a los auxiliares que se detuvieran para que los arqueros dispuestos en nuestro flanco se fuesen, le pregunta a su hermano (Flavus), cuando ya se habían ido las tropas, por qué tiene el rostro deformado. Cuando él le detalla el lugar y la batalla, Arminio le pregunta qué recompensa obtuvo a cambio. Flavus rememora el aumento de sueldo, un collar, una corona y otros honores militares, mientras Arminio se ríe de estos viles premios por su servicio. Después, otros empiezan a hablar. Uno habla de la grandeza romana, de las obras del César, de los graves castigos para los vencidos y de la piedad siempre a punto para quienes se rinden a tiempo; del hecho de que ni su mujer ni su hijo serán considerados como hostiles; otro, germánico, habla del destino de la patria, de la deseada libertad, de los dioses lares germánicos, de la madre que les acompaña en sus plegarias; de que Flavus no prefiera ser desertor y traidor en vez de gobernador de sus amigos y semejantes. Poco a poco empiezan a agraviarse las palabras y casi llegan al enfrentamiento, si no fuera porque Sterninius viene corriendo y apacigua a Flavus, lleno de ira y pidiendo sus armas y su caballo. Arminio fue visto enfrentándose a él, quien le amenazaba, y pidiendo batalla; muchas de sus palabras eran en lengua latina, puesto que había servido en nuestras filas como encargado de los suyos.  
Tácito, Annales, 2.9-10.

Grabado cómico de la Primera Guerra Mundial