31 mar. 2019

La vida interior

τῷ γὰρ ὄντι τὸν τοιοῦτον ὁ μὲν πλησίον καὶ ὁ γείτων λέληθεν, οὐ μόνον ὅτι πράττει, ἀλλ᾽ ὀλίγου καὶ εἰ ἄνθρωπός ἐστιν ἤ τι ἄλλο θρέμμα. 
Para un hombre así (sc. un filósofo), el compañero y el vecino pasan desapercibidos; no sólo en lo que hacen, sino, en poco tiempo, en si eran hombres u otra criatura. 
Platón, Teeteto, 174b
Con la edad uno se va conociendo más y mejor. Los asuntos mundanos y terrenales me interesan menos que los asuntos universales y atemporales: el blog es un reflejo de mi vida sólo en lo que concierne a esta segunda parte. La primera, que no desatiendo, sigue viento en popa, pero ¿acaso hay algún interés en que sea registrada? No por mi parte, desde luego –o, por lo menos, no mediante la escritura e internet-. Y, con todo, a eso se dedican muchos instagramers y youtubers. Supongo que eso es lo que vende, en general, y el acceso masivo a esta herramienta internáutica lo ha acabado de favorecer.

Añoro el internet de petit comité, aunque también soy consciente de que no ha desaparecido del todo. Para mantener una pequeña llama encendida en esa anticuada dirección, qué menos que seguir registrando por aquí mis inquietudes de vez en cuando, a modo de un diario de ideas. He cambiado el subtítulo del blog a esta última frase, con la esperanza de ser capaz de ceñirme a ella. El tiempo lo dirá.

Safo y la trascendencia

Albin Lesky, Geschichte der Griechschen Literatur, 1963, Berna (ed. Gredos, Historia de la literatura griega, vol. I, 2009, Madrid, pg. 259):
El arte de Safo, como el de Alceo, se individualiza por su carácter directo. Pero mientras que éste nos presenta arsenales y banquetes, otro mundo nos habla a través de Safo. Aquí, el sentimiento lo es todo, y nos enteramos de sus cambios, su fuerza y su profundidad en forma tan inmediata como si no existiese el elemento intermedio artístico-técnico que inevitablemente debe atravesar para alcanzarnos. Hemos visto que es propia de Safo una gran capacidad para la autoobservación, y frecuentemente su comportamiento en una situación pasada se convierte en el objeto de su poesía. Pero aun allí, ni por un momento la vivacidad y calor del sentimiento ceden a la fría reflexión. Su lenguaje es sencillo; llano y esencial es cada verso. Hace un uso restringido del lenguaje homérico, y cuando aparece, suele ser en los poemas dactílicos, pero difícilmente como un mero adorno del lenguaje. La acentuada determinación de esta poesía por el sentimiento corresponde en lo formal a la musicalidad del lenguaje, que se manifiesta sobre todo en el juego de las vocales. La construcción de sus proposiciones, que siempre es muy sencilla, trasmana la misma musicalidad. Todo da la impresión de ser un producto de la naturaleza.
A pesar de no ser un gran acólito del manual de Lesky, confieso que estas líneas sobre la poesía de Safo me parecen magistrales. Safo es una de las autoras que más ganan leídas en el original griego, y que más pierden en traducción. Alguien podría opinar que vale la pena aprender griego sólo para apreciar bien a Safo, y yo estaría de acuerdo.

Me gustaría complementar estas líneas del crítico austríaco con una pequeña reflexión personal. Cada vez que leo a Safo me invade una sensación única, que no percibo con los demás poetas clásicos: es una impresión de trascendencia. Creo que Safo sabía, o sospechaba, que su mundo –el mundo clásico- se acabaría algún día. Y creo, y esto es totalmente subjetivo, que parte de su poesía es un esfuerzo por dejar constancia de que ella, sus amantes, amigas, familiares, etcétera, vivieron, y además vivieron intensamente. Nótese que esto es todo lo opuesto a la actitud, por ejemplo, de un Tucídides, quien afirma haber escrito un “bien para la eternidad” (κτῆμα ἐς ἀεί, ktema es aeí), como si su obra tuviera que mantenerse siempre presente, leída y de interés global.

Naturalmente, Safo es mucho más intimista porque el género lírico se presta a ello, ya de raíz, mucho más que el historiográfico. Si Tucídides escribe sobre el exterior, Safo escribe sobre su interior. A nosotros nos parece lo más normal del mundo leerla, pero vale la pena detenernos y apreciar el milagro. El milagro de poder entrar en el corazón de una griega de hace 2.700 años. Un corazón que es muy similar al nuestro, y que por eso nos emociona todavía.

Safo cumplió su propósito. La posteridad no la ha olvidado. El puro espejo sentimental que es su poesía nos conmueve por dos motivos opuestos: uno, porque nosotros, como decía, no hemos cambiado apenas respecto a ella; dos, porque su mundo, el mundo clásico, ya no está entre nosotros. Y nunca lo volverá a estar –por lo menos, no literalmente. Poder adentrarse en él y comprobar que nuestras pasiones actuales seguían intactas ahí es producto de la más pura magia.

Safo, Charles Gounod

30 mar. 2019

Metafísica plástica

Sir Richard Francis Burton, Relato personal de una peregrinación a Medina y a la Meca, 1855-6, Londres (ed. Quaderns Crema, 2003, pg. 111, traducción mía a partir del catalán):
Los templos de la Grecia clásica habían estado todos pintados. En el foro de Roma, uno de sus edificios más bellos presenta todavía rastros de púrpura de Tiro. Y, sin ir tan lejos, en las iglesias y campanares de la Italia moderna vemos bandas alternadas de piedra blanca y negra que les dan el aspecto de una zebra gigantesca. El origen de esta decoración “arabesca” parte de uno de los principios del islam. Los musulmanes, como su ley les prohibía decorar las mezquitas con estatuas y pinturas, las sustituyeron por citas del Corán y por inscripciones –“metafísica plástica”- de una extraordinaria complicación. Su alfabeto se prestaba a ello, y de ahí nació seguramente la variedad casi inimaginable de filigranas, incrustaciones, arabescos y florituras geométricas donde la mirada se pierde con placer.

29 mar. 2019

El sentido (platónico) de la vida

-εἰ πάντα ἐπίστασθαί τινα ἀνθρώπων ἐστὶ δυνατόν. 
-μακάριον μεντἂν ἡμῶν, ὦ ξένε, ἦν τὸ γένος. 
 -¿Crees que es posible saberlo todo, para un hombre? 
 -De ser así, extranjero, la nuestra sería una especie bendecida. 
Platón, Sofista, 233a.
Recupero hoy este pasaje platónico para barajar un par de reflexiones sobre el sentido de la vida. Primero, comentar que para Platón el conocimiento verdadero es el racional e introspectivo, consistente en la aproximación al mundo de las ideas puras. Platón opina, además, que nuestras almas están en contacto directo con él cuando se mueren (esto se discute ampliamente en el Fedón y en la República). Y a mí, que me encanta Platón, este pasaje del Sofista me parece un poco contradictorio. Me explico.

Si el alma humana es inmortal, y es previa y también posterior a la vida, y además en esos dos estados es (platónicamente) omnisciente, ¿por qué el hecho de que no lo sea en la vida es un problema? Más bien me parece ser un indicador del sentido de la vida: el de aprender algo, el de acercarnos un poco más a estas verdades platónicas y a otras, el de pulirnos o sublimarnos espiritual y anímicamente. Si el alma es inmortal y omnisciente, su tránsito terrenal tiene que servir para algo. De otro modo, ¿por qué molestarse en bajar aquí?

Si lo supiéramos todo no haría falta vivir, en mi opinión. Los romanos –Séneca, concretamente- formularon una máxima muy malinterpretada por la posteridad: que la vida es una preparación para la muerte. Esto debe comprenderse bien: la vida humana forma parte de un proceso más amplio, y uno debe aprovechar este período humano al máximo. Cómo aprovecharlo es la historia de la cultura, algo demasiado amplio para que pueda comentarlo ahora. Es en este sentido concreto, en mi opinión, que la vida es una preparación para la muerte. Y cuando uno escucha la llamada, como Sócrates antes de tomar el veneno, debería de estar idealmente satisfecho del trabajo realizado, aunque terrenalmente nuestro sentido de supervivencia animal se resista a esta re-unión con el logos.

Platón

28 mar. 2019

Poesía y plantas (o por qué estudiar la belleza)

¿Hasta qué punto la belleza es estudiable? Los filósofos hablan de los qualia para referirse a las experiencias subjetivas que no se pueden explicar mediante procesos puramente objetivos. Por ejemplo, el estar enamorado se traduce en una serie de percepciones y sensaciones subjetivas (qualia) que no se pueden reducir a los procesos puramente bioquímicos que tienen lugar en el cerebro. Unos pueden dar lugar a otros, pero son cosas claramente distintas y separadas.

Bajo esta óptica, uno no estudia tanto la belleza en sí, sino las condiciones objetivas que la permiten. Mi elucubración hoy se centrará en dos casos concretos: la teoría de la poesía y la botánica, que creo que ejemplifican bien tanto esta primera premisa como mi segunda pregunta, que formulo seguidamente: ¿clasificar, ordenar o diseccionar esta belleza... le quita parte de su estatus de bello?

Aunque a priori nos parezca que no –los procesos bioquímicos no le quitan la magia a los qualia del estar enamorado-, esta idea se defendió durante los siglos XVIII y XIX. La nomenclatura binominal
Linnaeus
de Linnaeus suscitó mucha irritación y controversia en el mundo científico. El mero hecho de clasificar las plantas era algo muy insólito. Allí donde el botánico sueco ponía énfasis en el ‘sistema’ de la naturaleza (sin el cual la ciencia botánica es un caos, como decía textualmente), recibía respuestas que dejaban entrever una concepción muy distinta de qué era la naturaleza: una energía creadora, un centro neurálgico que variaba sus creaciones para expresar su grandeza. La naturaleza era concebida como algo anómico, sin leyes que sustentasen sus creaciones.

Linnaeus dio la vuelta a esta idea, y no para facilitar el trabajo científico precisamente. Si así hubiese sido, los criterios a la hora de clasificar las plantas podrían haber sido muy arbitrarios. La idea del systema naturae era encontrar el mecanismo último que rige a la naturaleza y a sus producciones. De un modo análogo, desde mediados de siglo XX los teóricos de la literatura han propuesto clasificaciones para los recursos estructurales de los poemas líricos: una de ellas, bastante conocida, es la distinción entre el uso de la comparación o el uso de la equiparación, más o menos tácita (metáfora), en los poemas.

De nuevo, la idea tras estas distinciones no es hacer la vida más fácil a los críticos literarios, sino entender qué hacemos las personas al leer. Los formalistas rusos buscaron la esencia de la literatura en su forma, pero en la actualidad la mayoría de estudios se centran en las teorías de la lectura. Y, de nuevo, todo ello suscitó un revuelo que todavía dura: hay quien opina que la poesía es algo demasiado bello y celestial como para ser diseccionado o tocado desde la perspectiva científica.

Personalmente, creo que estudiar las estructuras subyacentes a los productos bellos (plantas, poemas) no le quita su belleza intrínseca, sino que nos ayuda, incluso, a comprenderla mejor. Puede incluso que nos ayude a comprendernos mejor a nosotros mismos, a nuestros mecanismos estéticos y percepciones. Pero hay un problema.

El problema es que las ciencias, sean cuales sean, representan una visión muy concreta sobre su campo de trabajo, un foco limitado adrede por las convenciones académicas. Bajo esta óptica, la botánica no estudia las plantas en general, sino sus aspectos científicos; y los estudios literarios no estudian la literatura en general, sino sus aspectos estudiables o sistematizables. Los qualia ya son cosa de cada uno... pero quien se dedique a estudiar y a clasificar la belleza cada vez será menos sensible a ella, por una pura cuestión de convivencia. Le costará verla, percibirla y apreciarla por estar acostumbrado a tratar con sus productos de una forma científica: es decir, a ver sólo cuestiones científicas en ellos. Naturalmente, esto es sólo una opinión, pero la he podido contrastar varias veces... y me asusta un poco.

26 mar. 2019

El guardián del pueblo

τί οὖν οὗτός ἐστι; κύων νὴ Δία, φασί τινες, τοῦ δήμου. ποδαπός; οἷος οὓς μὲν αἰτιᾶται λύκους εἶναι μὴ δάκνειν, ἃ δέ φησι φυλάττειν πρόβατ᾽ αὐτὸς κατεσθίειν. 
¿Quién es éste? ‘¡Por Zeus!’, dicen algunos, ‘es el guardián del pueblo’. Pero, ¿qué tipo de guardián? Uno que acusa a los lobos de no morder, y que devora él mismo el rebaño de ovejas que dice vigilar. 
Demóstenes, Contra Aristogitón, 25.40

Se acercan las elecciones, y Demóstenes tan actual...

25 mar. 2019

Una frontera delicada

Nymphaea alba

Hace ya algún tiempo que tengo una extraña impresión. O, mejor dicho, me siento extraño cada vez que tengo esa impresión. Hay algunas, poquísimas, piezas de arte que oscilan muy delicadamente entre la absoluta belleza y la absoluta tristeza. Y dependiendo de cómo se sienta uno en el interior, predominará uno u otro tono. Son piezas etéreas, exquisidamente ambiguas, con las que uno no sabe si llorar o entrar en un enrarecido éxtasis. Son, en pocas palabras, obras maestras.

Dos ejemplos. Uno es una película chipriota que tuve la enorme suerte de ver ayer, en Barcelona. Se llama ‘La bala dentro de mí’ (2018), en inglés The Bullet within. Una auténtica delicadeza con un final antológico, extraño, entre sumamente bello y sumamente triste que, naturalmente, no voy a desvelar.

El segundo ejemplo es esta canción instrumental de Hiroshi Yoshimura, titulada Ogawa Ni Sotte. Me transporta a un jardín bello pero muy extraño, conocido remotamente como puro déjà vu, un jardín de infancia, o un jardín del temido más allá. No sabría explicarlo, pero está justo en esta frontera de la que hablo. Entre el bello y el triste absolutos.

La posteridad

Fotograma de Farenheit 451 (1966)

Uno nunca sabe cómo le va a tratar la posteridad. Flegón de Trales, por ejemplo, escribió muchísimo, pero sólo conservamos de él un libro de fenómenos paranormales y de abuelos centenarios en el mundo clásico. De Menipo tampoco no nos ha llegado nada, pero sabemos que escribió, entre otras obras, una Nigromancia, unas Cartas entre los dioses y unas Réplicas a los maestros y a los matemáticos. Unas pérdidas inestimables, desde luego.

Es posible que, con la impremta, tengamos la posteridad garantizada. Gibbon así lo creía; véase Edward Gibbon, Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, Londres, 1776-1788 (trad. Carmen Francí, Barcelona, 2010, pg. 578):
Consuela saber que una parte inestimable de nuestros tesoros clásicos estaba ya depositada en Italia y que los mecánicos de una ciudad germana habían inventado un arte que se burla de los estragos del tiempo y la barbarie.
Personalmente, yo creo que ninguna obra literaria tiene la posteridad garantizada, pero éste es un tema demasiado espeso e importante para tratarlo un lunes soleado como el de hoy.

Educar con el juego

Un par de citas contrapuestas:

μὴ τοίνυν βίᾳ, ὦ ἄριστε, τοὺς παῖδας ἐν τοῖς μαθήμασιν ἀλλὰ παίζοντας τρέφε. 
Compañero, no obligues a los niños a estudiar las lecciones: edúcalos con el juego. 
Platón, República, 7.537a
Véase, en cambio:
ὅτι μὲν οὖν δεῖ τοὺς νέους μὴ παιδιᾶς ἕνεκα παιδεύειν, οὐκ ἄδηλον· 
Que los jóvenes no deben ser educados como si jugasen, es evidente. 
 Aristóteles, Política, 8.4.4

24 mar. 2019

Algunos consejos para aprender latín


Esta entrada va dirigida a cualquier persona interesada en aprender o a mejorar su latín de forma más o menos autodidacta. Lo que sigue son consejos, y sólo consejos, que me hubiese gustado mucho oír a mí hace diez años, cuando empecé a sumergirme en la lengua de los Césares por mi cuenta y como complemento a mis clases. Si lo que uno pretende es aprobar el latín de segundo de bachillerato o aprender a traducir textos latinos, este post no es para ti. Insisto en que aquí presupongo un verdadero interés por manejar bien la lengua de Cicerón, y no tanto sus variopintos textos –ya ahondaré en esta sutil distinción más adelante-. Empecemos:

La motivación es clave

La motivación es clave... más que en cualquier otra lengua que quieras aprender. El por qué es evidente: el latín es una lengua muerta, en el estricto sentido en que no tiene hablantes nativos. Debes de ser muy cuidadoso a la hora de planificar tu estudio y graduar con precisión su dificultad. Lo más fácil, y lo adelanto desde buen comienzo, es usar el método Orberg (Lingua Latina per se Illustrata I & II). No porque sea el mejor –esto dependerá de cada uno- ni el más original –hay manuales escoceses de los años 60, como Ecce Romani, muy similares a Orberg-, sino porque Orberg te soluciona él solito la cuestión de la motivación y la graduación de la dificultad, especialmente en el primer volumen Familia Romana. Con Orberg te quitas de encima el trabajo de planificar tu estudio, porque es el libro de latín más escalonado que conozco: se empieza desde cero y uno va subiendo sin darse ni cuenta. Es un libro, además, que consigue una inmersión en latín y en el latín, algo fundamental en los inicios. El vocabulario, la morfología y la sintaxis se aprenden juntos, y esta es una enorme ventaja si obviamos que puede conllevar algunos vicios por parte del estudiante. A saber:

· El estudiante se confía y avanza demasiado rápido: se salta páginas, no hace los ejercicios (Pensa), no practica la morfología, etcétera, porque tiene siempre el auxilio del libro: su contexto, sus ilustraciones, etcétera.

· Alguien que ya sepa latín y que quiera leer a Tácito (en vez de traducirlo), encontrará que el manual de Orberg es naíf e inocente.

Insisto en que esto son vicios del estudiante, y no del manual. La solución es la misma para ambos: tienes que reaprender tu latín. Vuelve a hacer los ejercicios, por fáciles que te parezcan. Memoriza las cantidades vocálicas de cada palabra. Repasa los capítulos anteriores. Haz también el libro de ejercicios complementario. Etcétera.

Nulla dies sine linea

El latín es fácil de aprender... y fácil de olvidar. Especialmente si hablas una lengua romance, olvidarás mucho vocabulario porque conoces su derivado en castellano y no te parece necesario aprender el término latino, por lo general deducible por contexto (mereo, censeo, mensa, sto, do, etcétera). Si uno quiere leer en latín esto no es problema, pero si quieres dominar realmente esta lengua lo será. El por qué ya lo dijeron los romanos: ‘ningún día sin su línea’. Para aprender bien el latín uno debería, idealmente, poder escribirlo o hablarlo casi a diario, de una forma también planificada y gradual: practicando sinónimos, construcciones sintácticas, vocabulario temático, etc. Si no dominas los términos básicos por entenderlos rápido, no podrás ejercer la competencia ‘activa’ de la lengua que, en el caso del latín, sirve para cristalizar la competencia pasiva que te permitirá leer a los autores clásicos. Así pues, escríbelo o hablálo con toda la frecuencia que puedas.

Un par de cuestiones de estilo

Para trabajar este último punto de una forma plena y con sentido, que nos ayude realmente a mejorar el latín, quisiera comentar algunas cuestiones estilísticas a la hora de escribir/hablarlo. Primero, el latín es una lengua concisa: el castellano no. Las completivas con ut, los comparativos con magis, el gerundio y el gerundivo, el quod causal, los predicados simples sin preposicion incorporada... son recursos poco utilizados por los autores latinos, pero muy utilizados por los castellanohablantes cuando se pasan al latín. Ser consciente de esta y otras cosas va bien para pulirlo un poco. Insisto en planificar ejercicios temáticos para ello, además de otros trucos realmente viejos: convertir de activa a pasiva (una voz verbal muy usada en latín); cambiar la preposición de un verbo (affero, infero, defero, etc.); evitar los calcos léxicos (si puedes decir sisto no digas detineo), etc. Un apunte: todo esto está pensado para leer mejor a los autores latinos, y no para conservar ninguna pureza o santidad de la lengua latina.

El gran salto

Al principio he dicho que este post iba dirigido a dominar la lengua de Cicerón y no sus variopintos textos. Sin ánimo de desmotivar ni disuadir a nadie, leer (a Tácito, a Virgilio o a Catulo) directamente en latín comporta más cosas que dominar su lengua. La métrica, el contexto histórico o realia, la época del latín, los matices semánticos de cada autor, sus referentes dentro del mundo clásico, etcétera, son otras cosas de gran importancia que hay que tener en cuenta. Sir Kenneth Dover, quien fue catedrático de griego clásico en Oxford y editor de Aristófanes, decía que la única manera de hacer crítica textual era convivir con cada autor. Esto significa leerlo a diario y, muchas veces, quemarse las cejas con él. El latín será tu indispensable base, pero para entender a Horacio necesitarás, como mínimo, amplias y extensas nociones de métrica y de cultura latina. Es más: es posible que a cada autor que leas tengas que empezar, de nuevo, lo que yo he llamado ‘el gran salto’; que tengas que empezar a convivir con él. A conocer sus vicios y sus virtudes, sus manías, como si de tu hermano o de tu nuevo compañero de piso se tratara. De todos modos, tanto aprender latín como ir haciendo saltos hacia los autores son procesos sumamente agradables -y esto ya no es mi opinión, sino mi experiencia.

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Las redes sociales

haec urant pueros, haec urant scripta puellas
meque deum clament et mihi sacra ferant. 
Que mis palabras hagan arder a los chicos, que hagan arder a las chicas, y que me proclamen dios y me rindan culto. 
Propercio, 3.9
Vivimos en la era de hacer visible el egolatrismo. En gran parte esto es debido a la misma naturaleza humana, y en gran parte a las redes sociales. Internet ya es un puro altavoz: su uso como herramienta de individuación mediante, por ejemplo, un blog, es una idea demasiado pasada de moda. ¿Cambiarán los vientos algún día? No lo sé. Mientras tanto, un servidor seguirá por aquí, intentando escribir, citar o comentar algo de valor, aunque sólo sea algo de valor para mi yo futuro.

Sueños verdaderos

namque sub aurora, iam dormitante lucerna, 
somnia quo cerni tempore vera solent.   

Pues es durante la aurora, mientras duerme la lámpara, 
que suelen tenerse los sueños verdaderos.  
Ovidio, Heroidas, 19.195-196
Estos versos de Ovidio me llamaron en seguida la atención cuando los leí en un diccionario de latín mientras buscaba otra cosa. He ido a Perseus y he encontrado una elocuente nota al respecto: se ve que los intérpretes de sueños consideraban fundamental establecer la hora del sueño para conocer su interpretación. Dependiendo del momento el sueño podía ser verdadero o no, y había disputa en establecer ese momento preciso.

Mi pregunta hoy es qué entendemos por un sueño verdadero. ¿Se trata de algo que va a ocurrir? Más aún: ¿algo que va a ocurrir exactamente en los mismos términos que en el sueño? El lenguaje simbólico de éstos es cosa bien conocida. Todos hemos tenido sueños delirantes, y si uno quiere interpretarlos debe desencriptar sus códigos, por lo general bastante personales e intransferibles. Por ejemplo, si a mí me encantan los perros y se me aparece uno en sueños, la visión será muy distinta a la de alguien que los odie.

En mi opinión la mayoría de sueños no tienen sentido alguno, pero no todos. Este segundo grupo nos puede hablar del futuro o, mejor aún, nos puede moldear el futuro, eso sí, puramente interior. Si estoy pasando por una depresión y sueño que soy feliz, es posible que una parte psíquica que no percibo me
La pesadilla, Henry Fuseli
esté dando ánimos. De hecho, este interés por tener sueños verdaderos me parece una pura proyección hacia fuera de una serie de fenómenos interiores al ser humano. Los sueños nos hablan de nosotros mismos, pero los mandamos indefectiblemente al exterior. Bajo esta óptica, si un sueño se cumple, si es verdadero exteriormente, se trata de una pura casualidad. Por el otro lado, todos los sueños son verdaderos en cierto sentido, porque todos son influyentes en nuestro estado de ánimo y forma de ver la vida.

Hace unos años tuve un sueño recurrente. No era exactamente el mismo sueño, pero siempre había el mismo patrón. Yo me encontraba en un entorno más o menos desconocido y natural –un jardín, un bosque- y me atacaba un animal mamífero, que iba variando: un oso, un lobo o un rinoceronte, por lo que ahora recuerdo. No tengo una explicación única para esto, pero es posible que alguna parte más animal y salvaje de mí –la ira, seguramente- quisiera manifestarse y salir de la represión consciente en que estaba metida. Hace años que ya no tengo este sueño, y lo achaco a tener que expresar mi enfado con frecuencia –por algo soy profesor en secundaria y bachillerato.

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23 mar. 2019

Con el ojo armado

La correspondencia en latín de Linnaeus era accesible hasta hace poco desde una sensacional web. Veo hoy que la han movido, y el nuevo sitio deja mucho que desear, especialmente a la hora de buscar dentro del texto latino.

Hasta que yo no me aclare, o la interfaz sea más clara, no puedo dar la referencia exacta de una expresión que leí ahí y que me gustó mucho en su momento: armato oculo, ‘con el ojo armado’. Los botánicos del siglo XVIII se referían de esta forma a usar su microscopio.

Lotus herbaceus

¿Por qué no te mueres?

Μυούμενός ποτε τὰ Ὀρφικά, τοῦ ἱερέως εἰπόντος ὅτι οἱ ταῦτα μυούμενοι πολλῶν ἐν ᾄδου ἀγαθῶν μετίσχουσι, "τί οὖν," ἔφη, "οὐκ ἀποθνήσκεις;". 
Cuando (Antístenes) estaba siendo iniciado en los misterios órficos, el sacerdote le dijo que los iniciados gozarían de muchos bienes en el más allá, y él le respondió “Entonces, ¿por qué no te mueres?”. 
Diógenes Laercio, 6.1

Memento mori, Michael Harnett

La merienda

El latín mereo, ‘merecer, ganar’ ha dado la ‘merienda’ (merenda), la comida que uno se merecía a media tarde. Creo que a un romano le haría gracia saber que hoy también usamos el verbo ‘merendar’ en el sentido de ‘ganar fácilmente a alguien’, porque ésta era la idea original latina.

Torrija

22 mar. 2019

El partido

Quien crea en el cielo cristiano debe de darse cuenta de que ahí habitan infinitamente más almas que aquí, en nuestro mundo. Los vivos somos, bajo esta óptica, los privilegiados jugadores de un partido presenciado por un público muy amplio.

Una clase de secundaria

τὸ νέον ἅπαν ὡς ἔπος εἰπεῖν τοῖς τε σώμασι καὶ ταῖς φωναῖς ἡσυχίαν ἄγειν οὐ δύνασθαι. 
Todos los jóvenes, por decirlo así, son incapaces de tener en reposo el cuerpo y el habla. 
Platón, Leyes, 653a-e.
Este es el primer año que doy clase de lengua en primero y segundo de la ESO. Toda una experiencia para quien estaba acostumbrado a la tranquilidad del bachillerato. Si Platón nos habla de la energía inacabable de los más jóvenes, que yo también he constatado, a mí me gustaría resaltar sus capacidades. Tengo la certeza de que hay muchos alumnos más inteligentes que yo. Alumnos que entienden cuestionas técnicas y complicadas muy rápido; mucho más rápido que yo mismo a su edad. Al final uno les saca ventaja por pura experiencia: sabe más el diablo por viejo que por diablo.

Me gusta mi trabajo, excepto la parte de tener que poner orden en la clase cada dos por tres, porque en general me gustan mis alumnos. Sin esto sería imposible enseñarles nada: la empatía precede a la docencia, es su conditio sine qua non. A pesar de no compartir la mayoría de premisas de la pedagogía moderna, sí que reconozco que un profesor de la ESO en la actualidad ya no trabaja esencialmente con el conocimiento y el saber, sino con unos seres humanos con una historia detrás. Acomodarse a ello es un reto que hasta ahora no había tenido; en bachillerato, el interés y el saber estar se presuponen, y ahí uno trabaja más directamente con el saber.

No negaré que me gustaría volver a dar bachilleratos; es posible que, en líneas generales y con excepciones, me atraiga un poco más el saber per se que tratar con seres humanos constantemente. Y no por una cuestión de misantropía, sino por una cuestión de pasión hacia mis materias. Pero agradezco esta experiencia por dos motivos: uno, porque cuando vuelva a bachillerato lo apreciaré como es debido; dos, y relacionado con el primero, porque ahora estoy adquiriendo una visión muy completa de las variedades de la existencia humana, y de cómo tratar con esta variedad. Una valiosísima lección.

Escuela romana

21 mar. 2019

A la inversa de Homero

En la Ilíada, Homero recurre constantemente al mundo natural para explicar el mundo humano. Así, se nos compara al guerrero con un león, o a las generaciones de los hombres con la caída de las hojas y el cambio de estaciones. Nosotros obramos de un modo inverso: recurrimos al mundo humano para explicar el mundo natural. Por ejemplo, atribuyendo cualidades introvertidas a los gatos, y cualidades extrovertidas a los perros. Salvando las distancias, y con intención irónica, parte de la nomenclatura botánica también se nutre de esto: por ejemplo, los eucaliptos reciben su nombre porque se ‘esconden (καλύπτω, kalypto) bien (εὖ, eu)’. Piensa el ladrón que todos son de su condición.

Eucalyptus tetragona

19 mar. 2019

Un culto enfermizo

Una reflexión breve: la salud se ha convertido en una divinidad a la que adorar desde hace ya unos quince años. Nos obsesiona estar sanos, y como esto puede ser fácilmente convertido en algo muy rentable, la moda sigue y seguirá. No seré yo quien diga que la salud no es importante, pero me gustaría barajar una idea sobre el origen de este culto reciente.

Philippe de Champaigne,
Bodegón con calavera
En mi opinión, el culto a la salud es el hijo (más o menos bastardo) de las ideologías comunista y capitalista. El comunismo, y más concretamente el marxismo-leninismo, su padre ideológico, defiende una visión materialista de la existencia humana. Para no entrar en detalles, sólo diré que es una idea -radicalmente atea en su esencia- que explica los sucesos y estructuras sociales, vitales, políticos, etcétera, como productos, no de un Dios ni de un ‘espíritu’ humano o nacional, sino de la pura economía. Los marxistas, y esto debería reconocerlo todo el mundo, se empeñan en mejorar o cambiar las condiciones materiales de la humanidad, porque para ellos esto es todo cuanto tenemos.

El capitalismo ha sido, históricamente, más proclive a la religión (cristiana, por lo que aquí nos concierne). Sin embargo, el culto a la salud es un claro ejemplo de un capitalismo más ateo, donde la muerte es el tabú por excelencia. Así, hemos tomado el presupuesto materialista y marxista de la existencia para comercializar y hacer negocio con ella. Si ya no somos seres espirituales en un tránsito humano, sino seres humanos sin ningún tránsito espiritual, todo lo que tenemos es esta vida, y al sistema le conviene muchísimo que la conservemos bien. La causa de esto me parece tan irónica como evidente: los muertos ya no se gastan el dinero.

18 mar. 2019

Las tres heridas al latín

Si nos preguntamos por qué a día de hoy se estudian el latín y el griego en secundaria, tendremos que buscar la respuesta en el pasado: por pura tradición. Las leyes educativas españolas anteriores a las actuales contemplaban siempre el latín y el griego en su currículum; con las nuevas leyes, las asignaturas se han mantenido perdiendo, eso sí, muchas horas. En resumen, si estudiamos latín hoy es porque estudiábamos latín ayer.

Naturalmente, esto es un recurso si no al infinito, por lo menos a un pasado muy remoto. La idea inicial de introducir el latín clásico en los planes de estudio deriva, en última instancia, de una idea muy renacentista. Una idea que ha desaparecido por completo, si es que las ideas pueden desaparecer. Se trata de uno de los puntos clave de la doctrina erasmista: que el estudio de los textos clásicos nos edifica y educa para la vida moderna.

Insisto en que esta idea es, como mínimo, risible para la inmensa mayoría de la población europea de la actualidad. Pero es la idea que suscitó inicialmente el estudio del latín clásico en los planes de estudio. Si esta premisa, este supuesto inicial ya no nos convence, ¿por qué seguimos estudiando las lenguas clásicas, aunque sólo sea agónicamente? La respuesta a ello es la “historia del camaleón”. Es decir, de cómo los profesores de clásicas han ido mudando de pieles según soplaban los vientos, por una pura cuestión de supervivencia. Me explico.

El siglo XIX marca un antes y un después en la historia de los estudios clásicos, y además por muchos motivos. Uno de ellos, muy comentado y lamentado, es la incipiente primacía del francés como lengua franca en sustitución del latín. Pero hay otros tres motivos que me parecen más notables todavía; son lo que he llamado ‘las tres heridas al latín’. Se pueden resumir en: uno, un cambio sustancial en el concepto de literatura hecho por los románticos; dos, la aparición y divulgación más o menos masiva de traducciones de autores clásicos a lenguas como el inglés, el francés o el alemán; y tres, el giro historicista que toma la filología clásica en las universidades, primero alemanas y después de todo el continente.

Todos estos cambios se mantienen hasta el día de hoy, y todos han entorpecido, hasta la actualidad, la idea erasmista de la literatura clásica como maestra de la vida. Vayamos por partes.

Tomar como lengua franca de Occidente una lengua viva –ya sea el francés, el inglés o el chino- es algo incitado, ante todo, por una serie de intereses económicos y nacionales. Pero más allá de esta
Erasmo de Rotterdam
crítica más materialista, cabe señalar que sus consecuencias pueden ser mucho peores de lo que pensamos. Las lenguas vivas cambian y evolucionan. En cuatrocientos años, el inglés del siglo XXI será difícil de entender. El latín de Cicerón o el latín de Newton, no: son el mismo latín. Los renacentistas lo congelaron para hacer inteligible toda la producción intelectual de Occidente, y para hacerla inteligible para siempre. Sin embargo, este destronamiento del latín como lengua franca no me parece una desgracia tan profunda. El resto de cambios que voy a comentar, las tres heridas, son, a mi entender, infinitamente más letales. En la Edad Media, por ejemplo, la literatura en latín convivía con la literatura en las lenguas romances. Si esto ya no ocurre hoy en día es por todo lo que voy a comentar seguidamente, y no porque el latín haya perdido el estatus de única lengua franca admisible.

La literatura occidental, desde la Grecia clásica hasta la Ilustración, y con pocas excepciones, solía tener una función extraliteraria. La literatura clásica o es literatura técnica o va muy ligada a la vida diaria y al humanismo. Docere delectando (‘enseñar haciendo disfrutar’), decía Horacio. Esta idea es central para el erasmismo. Pero la literatura entendida como pura evasión de la realidad, o como ficción entretenida, es una idea que cobra mucha fuerza a partir del siglo XIX. Para un romano, igual que para un ilustrado, literatura también son los tratados médicos de Hipócrates o el diario de campaña de Julio César. Para un romántico del XIX esto deja de ser así. Es entonces cuando se pierde gran parte de la función extraliteraria de la literatura, y con ello el erasmismo recibe su primera herida y queda cojo.

El erasmismo acabará más herido aún con la siguiente innovación del siglo XIX: traducir sistemáticamente a los autores clásicos. Thoreau, por cierto, ya decía en su Walden (1854) que esta nueva moda era matar a la literatura clásica. ¿Por qué supone un problema esto? En mi opinión, gran parte de la gracia de la literatura clásica está, precisamente, en que está escrita en una lengua muerta. En que se nos pide un esfuerzo (aprender una lengua muerta) para acceder a ella, y que esto nos da una sensación de comunión con el pasado y de estar ante el momento especial y lujoso de leer literatura antigua. Si la lees en tu lengua materna, toda esta magia se desvanece. En un plano más práctico, justificar el latín y el griego es difícil si la gente cree que hay traducciones de todos los autores clásicos, y además ignoran cómo de imperfectas son por el mero hecho de ser traducciones modernas de autores antiguos.

Finalmente, el giro historicista de la filología en las universidades alemanas atestó un golpe definitivo al erasmismo y al estudio del latín, cuyas consecuencias e impacto se verían más a la larga. Estudiar el pasado por el pasado, la máxima de los historiadores del XIX, e inscribir la filología como una ciencia auxiliar de la historia, supone despedirse del humanismo renacentista y de su central idea erasmista: que los clásicos del ayer nos hablan del hoy. Para los filólogos alemanes del XIX, los clásicos del ayer nos hablan del ayer –y en eso radica su interés. El mundo clásico se concibe, a partir de entonces, como un mundo cerrado sin continuidad con el actual. Este ‘giro historicista’ salió bien mientras las letras y la historia gozaban de prestigio y suscitaban fascinación; cuando esto dejó de ser así, las consecuencias de habernos desvinculado de los clásicos se vieron con claridad: el latín y el griego pasaron a ser inútiles artefactos de museo.

Los docentes de lenguas clásicas han ido haciendo mutaciones camaleónicas, desde entonces, para seguir dando sus materias: desde incluir contenidos de cultura greco-latina que no fuesen puramente lingüísticos, hasta incorporar nuevas tecnologías o trabajar conjuntamente con otras materias. Pero sin la idea central de los renacentistas, el latín se ha vuelto muy complicado de justificar... quizás demasiado.

17 mar. 2019

Que me deje seguir siéndolo

Κα Φωκίων δ πένης ν. λεξάνδρου δ πέμψαντος ατ τάλαντα κατν, ρώτα, Διά τίνα ατίαν μοι δίδωσιν; Ως δ’επον, τι μόνον ατόν γεται θηναίων καλὸν κα γαθν, Οκον, φη, ασάτω με τοιοτον εναι. 
Y también Foción era pobre. Cuando Alejandro le envió cien talentos, él preguntó, “¿Por qué me los da?”. Cuando le dijeron que era el único ateniense considerado un hombre de bien, dijo “Entonces, que me deje seguir siéndolo”. 
Eliano, Historias Varias, XI, 9