3 jul. 2019

El latín, las vacaciones y la cultura de campesino

Ayer tuve el privilegio de participar en las jornadas de formación para el profesorado de latín que organiza la Universidad Autónoma de Barcelona, llamadas Colloquia Latina Barcinonensia. Todo un honor y un gozo colaborar con la universidad que me formó como latinista y helenista, y que será siempre mi alma mater en mi corazón. Mañana parto para Grecia de vacaciones, con mi pareja, mis padres y mi hermano. Todo muy intenso, como debe ser siempre en vacaciones.

A pesar de ser un gran defensor de que una dosis de aburrimiento es necesaria en la vida, creo que las vacaciones deben ser ociosas sólo en parte. Y, precisamente, de esto mismo charlé ayer en la Autónoma. Estuve, durante hora y media, explicando y comentando mi experiencia con el latín, y lo hice, además, en latín. La idea de estos cursos es que los profesores de clásicas practiquen el latín oral, y qué mejor manera de hacerlo que con una charla en latín en la que animaba al público a participar y a contradecirme en la lengua de los Césares.

Mi experiencia con el latín es que debe ser, ante todo, nuestro ocio. Naturalmente, los profesores de latín vivimos gracias a él. El latín nos da el sueldo y el pan, y por eso es nuestro negotium. No obstante, mi charla se centró en que debería ser también nuestro otium, nuestro espacio privado de felicidad, una idea que tomé de Wilfred Stroh. Las vacaciones, por lo tanto, son un momento ideal para dedicarlas a esta lengua.

Yo así lo hice hace años. El latín me divertía, y en vacaciones quería divertirme, ante todo. El verano de 2008, justo después de acabar mi primer año de bachillerato, lo dediqué a completar el manual de Hans Orberg Lingua Latina per se Illustrata por amor al arte y a la lengua. Era la primera vez que hacía algo así; cuadernos de verano Santillana a parte, nunca había dedicado una parte tan importante de mi tiempo libre a hacer algo académico por iniciativa propia. Y el gozo y el placer que obtuve fue enorme. Fue, además, el verano que fui a Roma con mis padres.

La combinación fue explosiva. Hay un tipo de cultura, que yo envidio por no tener, que consiste en saber explicar los propios conocimientos derivándolos de los lugares en los que uno ha estado. Ir al foro de Roma y saber explicar dónde estaba cada edificio, para qué servía, qué pasó ahí, etcétera. A veces llamo a este saber cultura de campesino, porque los campesinos son expertos en esta ciencia. Lo sé de primera mano, porque mi suegro lo es: a cada pueblo, a cada rincón de bosque donde va, te sabe explicar anécdotas, quién ha pasado por el sitio, qué pasó ahí hace veinte años y un montón de cosas más que me encanta escuchar anonadado. Es el arte de saber relacionar lo vaporoso y abstracto con lo inmediato y terrenal.

Algún día yo también tendré esta cultura de campesino. Mientras tanto, mi especialidad son las lenguas. Disfruté mucho en la Autónoma; comentar y compartir mi experiencia junto con otros docentes fue sensacional. Espero repetir el año que viene, si Júpiter quiere.

3 comentarios:

  1. Aquí lo que tenía pendiente de mandarte:

    https://www.politeianet.gr
    https://www.kardamitsa.gr
    https://www.papadimasbooks.gr/

    Están más o menos por la misma zona. Saludos desde el norte.

    Καλό ταξίδι!

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  2. Va ser un goig i un honor assistir a les teves reflexions, expressades en un llatí que a tots ens va encantar. Endavant!

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