23 jul. 2019

Un católico inconsciente

Todos hemos bebido de la mentalidad judeo-cristiana en mayor o menor grado. Sin embargo, a veces me doy cuenta de que al menos yo he ido algunos pasos más adelante. Creo que el dinero envilece al hombre; creo que el perdón es una virtud –y que es posible­-; creo que existen el bien y el mal diferenciados, y creo en algún tipo de más allá, que no me atrevería a definir. Soy un católico insconsciente, y también me opongo, inconscientemente, a ciertas ideas muy germánicas; a saber, que la riqueza viene de Dios (una idea protestante) y que es preferible la venganza al perdón (una idea nietzscheniana).

Para todo lo demás, me quedo con la tradición intelectual de Atenas (racionalismo, ilustración, deducción, empirismo...) antes que con la de Jerusalén (revelación, profecía, verdad divina, fe...). Aunque bien es cierto que ésta última, cuando se ha hecho patente en mí, ha cobrado muchísima fuerza. Supongo que la inspiración divina, por ser más escasa, siempre nos parece más potente que, por ejemplo, la deducción filosófica. De tan socorrida, ‘Atenas’ nos parece ya vulgar, cuando realmente somos nosotros los incapaces de apreciarla bien. Muy probablemente, sin ella yo ya no sería un católico inconsciente, sino un fanático. Vade retro.

Una vieja rezando, de Nicolás Maes

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