20 sept. 2019

El ajedrez, la música y el intelecto

Bobby Fischer

Hace unas semanas que descubrí el sensacional canal de youtube de Leontxo García, “El rincón de los inmortales”, donde el periodista de El País nos detalla y desmenuza partidas históricas del ajedrez de todos los tiempos. El ajedrez me ha interesado ligeramente a lo largo de mi vida, pero este verano ha llegado a fascinarme a pesar de ser, un servidor, un jugador cien por cien amateur y francamente malo. En parte esta fascinación nace del canal de Leontxo García, y en parte de otra cosa.

Esta otra cosa es el concepto de belleza que emana de este deporte. Los ajedrecistas se refieren a ciertas jugadas brillantes con adjetivos estéticos: una jugada preciosa, bonita, una delicia, o incluso, una Gioconda de jugada. Es el paso de las matemáticas a la belleza, un paso mediado por nuestra cognición. Los griegos ya lo sabían; por eso usaron y abusaron de la proporción áurea. También el compositor Bach o el pintor Escher, creando gráciles bucles que fascinan a nuestro cerebro de homo sapiens.

La belleza va muy ligada a las matemáticas, estoy convencido, pero va más ligada aún a nuestra capacidad de análisis y asimilación de estas estructuras formales: a nuestra inteligencia. El arte es siempre mediado por ella; así, por ejemplo, la gente que critica a un admirado pintor suele obtener por respuesta tú no lo entiendes.

La música es la excepción. Con un ‘es que a mi no me gusta’ justificamos nuestra incapacidad para apreciarla. Pero cada día estoy más convencido de que en la música y en su apreciación hay una mediación colosal de la inteligencia. Se opinará que también hay una mediación del gusto, y de la propia educación, y de los sonidos que estemos habituados a escuchar o a percibir como estéticos. Pero, y siempre a mi entender, todo esto también es inteligencia.

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