James Joyce, Ulises, 1922:
- ¿Qué diríais, mis buenos señores, de un pastel de pichones cebados, unas tajadas de venado, una cabeza de jabalí con pistachos, un cuenco de cándidas natillas, un vaso de aguardiente de nísperos y una botella de vino añejo del Rhin?
- ¡Pardiez! -gritó el último en hablar-. Eso me acomoda. ¡Pistachos!
- ¡Ajá! -gritó el de placentero continente-. ¡Una pobre casa y una despensa vacía, decíais! Buen pícaro sois vos.
Doy por perdidos mis dos volúmenes del Ulises de Joyce. Se los
dejé a alguien y no recuerdo a quién. Esta cita la copié hace años, cuando
todavía tenía los libros. Por eso no puedo dar la referencia exacta del pasaje.
Como suele ocurrir, no recuerdo con demasiada exactitud qué
pasaba en la novela de Joyce, pero sí que recuerdo mi impresión al leerla. Fue
muy positiva. La leí justo antes de empezar la carrera, e incluso antes de
haber leído la Odisea. Yo tenía 17 años y casi nunca leía
novelas; quizás fue por eso que Joyce me gustó tantísimo. Creo que Ulises es una novela para gente que no
suele leer novelas.
Me explico. Ulises es muchas cosas, pero
ante todo, es un retrato moral de su protagonista. El argumento es lo de menos.
Lo mejor de Ulises, para mí, fue el lenguaje y sus insights en la psicología
humana. Me lo pasé realmente bien al leerlo: aunque no lo parezca, es una
novela divertida.
Divertida si te gustan los juegos de palabras, las parodias, la mezcla de alta
y baja cultura, etcétera. Pero si lees literatura más por el qué que por el cómo, Ulises no
es tu libro.
Creo que Ulises presupone una actitud
lectora ante él que casi nadie tiene ya. Los lectores de novelas -perdonéseme-
suelen buscar un tipo de placer que no encontrarán nunca en Ulises.
A mí me da absolutamente igual que se muera un personaje o saber quién es el
asesino en una novela de Agatha Christie. Desde luego, los lectores de Agatha
Christie no deberían aproximarse al Ulises de Joyce.
Los lectores de ensayo, de teatro, de poesía o de
literatura clásica sí. Y, desde luego, los lectores de Shakespeare también. No
sólo porque en Ulises encontramos un capítulo entero donde los
personajes discuten sobre Shakespeare. Más bien porque quien lee Shakespeare en
el siglo XXI ya sabe cómo transcurren y acaban Macbeth, Hamlet o El
rey Lear. Igual que los antiguos griegos ya sabían, antes de ir al teatro,
cómo acababan Edipo Rey o Electra.
Si hay algo que Occidente nunca aprendió de los formalistas
rusos es que los argumentos son siempre los mismos. El spoiler es un concepto
risible para un buen lector. La literatura entendida como story-telling es para gente que ha leído más
bien poco. Los griegos lo sabían: en sus mitos ya encontramos todas las
posibilidades, pero no por eso dejaron de escribir literatura. Más bien al
contrario, la mitología y la literatura fueron siempre de la mano.
Si no suelo leer novela es porque no me gusta que me tomen
por tonto. Al escritor yo le entrego mi voluntad, mi sentir, mi capacidad
máxima de atención con tal de que me actualice lo que siempre se ha dicho y
escrito. Pero ¿cuántas novelas hacen eso sin jugar sucio? ¿Sin hacerte pasar su
historia como única? Muy
pocas.
¿Cuántas novelas se centran en la psicología, los
personajes, el lenguaje -estás leyendo, y no viendo la tele: un buen lenguaje
es fundamental-, en jugar con la tradición? Ulises lo
hace de una manera magistral. Las novelas que se autoproclaman
"originales" son una estafa, en mi experiencia. Pero Ulises no:
Joyce sabía, casi que podríamos decir que predijo, el papel de la
literatura en una era de la imagen. Es muy fácil leer Ulises y
disfrutarlo; hay que leerlo con la actitud de quien va a una clase magistral de
su profesor favorito. No vas a aprender nada que no esté ya en los libros, pero
vas a disfrutar aprendiéndolo. Y de eso se trata.
Si usted quiere entender lo que se lee en la novela, ha de leer la traducción del señor Valverde conjuntamente con el libro “El Ulises de Joyce visto por un desocupado” que ofrece una visión desenfada e inteligible de ese exceso literario. Todas las preguntas que el lector puede hacerse ante el sinnúmero de ininteligibilidades , embrollos y enredos que se presentan en este libro: ¿Quién es ese?¿Qué quiere decir eso? ¿Por qué lo dice? ¿Habla el narrador (Joyce) o el personaje? ¿A qué se refiere esta frase? ¿Pero no se estaba hablando de esto? ¿Cómo es que se entiende otra cosa? ¿Y a qué viene esto aquí? ¿No se habrán olvidado de poner una coma ahí? ¿Cómo es que al cruzar un puente sobre un río queda uno en la misma orilla? Pero en este párrafo ¿se vive una realidad o se trata de un recuerdo? ¿Cómo es que se sale de una habitación entrando en ella? ¿Cómo es que suena (cruje) la puerta de un despacho si el personaje ha entrado en otro? ¿Pero cómo el abogado defensor puede ser el asesino? ¿Y…? ¿Y…? Me atrevería a decir que no queda ninguna pregunta sin contestar, por eso el libro de que hablo tiene cerca de mil trescientas páginas.
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