Ryszard Kapuscinski, Viajes con Herodoto, 2004 (ed. Empúries,
2006, trad. Anna Rubió y Jerzy Slawomirski, Barcelona, pg. 25, trad. mía a
partir del catalán):
Observé que entre el hecho de tener un nombre y el de existir hay una relación, porque, al volver al hotel, descubría que sólo había visto lo que sabía nombrar; que, por ejemplo, recordaba una acacia, pero no el árbol contiguo, cuyo nombre ignoraba. En resumen, entendí que, cuantas más palabras supiese, más rico y lleno sería el mundo que se abriría ante mí.
Cf. Ludwig
Wittgenstein, Tractatus
Logico-Philosophicus, 1921, 5.62 (trad. mía a partir del inglés accesible
en wikisource):
Que el mundo es mi mundo, muestra el hecho de que los límites de mi lenguaje (del lenguaje que yo entiendo) son los límites de mi mundo.
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