Por cuestiones de
trabajo llevo un mes viviendo en Lérida. Lo prefiero a estar sin trabajar, pero
es mi tercer instituto, mi tercer año después del máster, y sigo siendo
sustituto. Me empieza a cansar esta vida de nómada, aunque sólo lo sea a nivel
laboral. Echo de menos mi ciudad natal, pero sobre todo mis amigos y familia.
Por suerte aquí estoy con mi pareja, pero la sensación de llevar un mes como un
pez fuera de su acuario es ardua de soportar. Me faltan sitios para pasear,
para tomar un café, charlar, etcétera. Naturalmente aquí me he buscado sitios
así, pero no es lo mismo.
Imagino que vamos
dejando un halo en las ciudades en las que vivimos. Y que nos encanta
recuperarlo, pasear y revestir de recuerdos y familiaridad nuestros sitios. Con el tiempo, cuando uno lleva muchos años en un
mismo sitio, el proceso de empezar de nuevo se nos vuelve costoso. Había oído
que esto les ocurre también a los gatos conforme envejecen. Los cambias de casa
y de rutina y no lo soportan. ¿Compartimos algún tipo de esencia mamífera con
ellos? Seguro que sí. Seguiremos informando.
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| Felino en las ruinas de la Acrópolis de Atenas. Foto mía. |
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