Reproduzco la última
estrofa de un poema de Gautier de Châtillon, poeta francés que escribió en
latín a finales del siglo XII, titulado Licet
eger cum egrotis, y que encontramos en John Stevens, The Later Cambridge Songs: An English Song Collection of the Twelfth
Century, Oxford University Press, 2005, pg. 86 (traducción del latín mía):
Ergo nullus vivit purus
castitatis perit murus
commendatur Epicurus
nec speratur moriturus
grata sunt convivia.
Auro et pecunia
cuncta facit pervia
pontifex futurus.
Por lo tanto, nadie vive puramente, y el muro de la castidad se derrumba. Epicuro es venerado y no se contempla el hecho de que vamos a morir. Nos gustan los banquetes, y el futuro pontífice lo convierte todo en adquirible con oro y dinero.
Los cristianos
medievales no aprobaban el hedonismo de Epicuro en absoluto, posiblemente
porque no se molestaron en entenderlo. En este poema, el filósofo helenístico
queda retratado como una especie de demonio.
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