Leo en La Vanguardia de hoy, día 6 de diciembre
de 2015, un artículo de Miquel Molina en la página 63 titulado Cultura sólo hay una. El autor pone
de manifiesto que la dicotomía entre alta y baja cultura, que tanto preocupó a
Stuart Mill o a los teóricos marxistas, sigue muy vigente hoy en día entre
quienes dictan las políticas culturales de este país, que prácticamente sólo
favorecen a la cultura “de base” –es decir, a la baja cultura. El autor se
pregunta con acierto si no sería hora ya de ir superando la división, como
hicieron Andy Warhol o Bob Dylan en los años ’60, y hablar de “cultura” en un
único sentido.
Creo que la reflexión
es muy acertada, algo inusual viendo el nivel de los articulistas de este país,
que entienden de todo menos de hacer artículos de opinión (en general). Yo quisiera
comentar un par de cosas al respecto.
En mi último año de
carrera pude elegir todas las asignaturas del curso, así que decidí apartarme
momentáneamente de la filología clásica y cursar créditos de crítica literaria
y cultural y de Cultural Studies. Y agradezco
la experiencia, aunque sigo prefiriendo leer a Platón. La pregunta es: ¿pueden
convivir los estudios culturales, la crítica de cine o de cómic, con la alta
cultura? Si la pregunta se refiere a la pura posibilidad, es evidente que sí:
nuestras facultades sustituyen a Shakespeare por Paul Auster con bastante
ligereza. Véase Harold Bloom, The Western
Canon: The Books and School of the Ages, 1994, p. 519:
What are now called "Departments of English" will be renamed departments of "Cultural Studies" where Batman comics, Mormon theme parks, television, movies, and rock will replace Chaucer, Shakespeare, Milton, Wordsworth, and Wallace Stevens.
Lo que ahora llamamos “Departamentos de inglés” serán renombrados como departamentos de “Cultural Studies” donde los cómics de Batman, los parques temáticos mormones, televisión, películas y rock reemplazarán a Chaucer, Shakespeare, Milton, Wordsworth y Wallace Stevens.
La otra pregunta,
quizás más procedente, es si esto “debería” hacerse, si es adecuado estudiar,
cultivar, subvencionar, etc. la baja cultura junto con la más alta. Yo no veo
problema en ello, siempre que se use una visión crítica al respecto. Los
filólogos no nos “creemos” a Tucídides: lo leemos críticamente, lo pasamos por
el prisma de nuestra ciencia. Quizás el problema de fondo es que se pretende
estudiar la baja cultura con una visión humanista, idealizada y canónica de la
cultura, y no desde un punto de vista sociológico, antropológico, etc. y por lo
tanto crítico.
Otra cuestión es que la
separación entre culturas es, directamente, fruto de una proyección interesada,
burguesa y elitista de la propia identidad colectiva. Algo muy propio del
Romanticismo del XIX, algo que valdría la pena ir superando porque, además, la
baja cultura toma constantemente modelos, arquetipos y elementos de los grandes
clásicos. Yo diría que el interés por el latín y el griego se puede ver
favorecido por la baja cultura y su adaptación de modelos antiguos. Pero para
darse cuenta de esto es necesario haber adoptado la visión crítica de la que
hablaba antes. Si nos limitamos a relativizar el cánon y punto, flaco favor le
hacemos a las facultades de humanidades. Lo que define (corrijo: lo que debería
definir) a las humanidades es su modus
operandi, no su objeto de estudio, en líneas generales. Lo relevante, pues,
no es la altura de la cultura, sino la altura de quienes la estudian.
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