En Homero podemos
observar que las virtudes que los dioses dan a los humanos tienen su
contrapartida. Así, tanto en la Ilíada
como en la Odisea, cuando se nombra
una cualidad de alguien a veces la sigue un defecto de esa misma persona. Tenemos
un ejemplo en el canto IX de la Ilíada:
σοὶ δὲ διάνδιχα δῶκε Κρόνου πάϊς ἀγκυλομήτεω:σκήπτρῳ μέν τοι δῶκε τετιμῆσθαι περὶ πάντων,ἀλκὴν δ᾽ οὔ τοι δῶκεν, ὅ τε κράτος ἐστὶ μέγιστον.‘El hijo de Cronos, el de mente tramadora, te ha dado un regalo en dos direcciones: con el cetro te ha concedido ser honrado por encima de todos, pero no te ha dado el coraje, que es el poder más grande.’Hom. Il. 9.37-39
Aquí, Zeus, el hijo de
Cronos, ha dado a Agamenón una virtud “en dos direcciones”, “de doble filo” (διάνδιχα).
Primero se nos especifica la virtud, y luego, siguiendo con la correlación de
elementos (μέν / δὲ), se nos especifica el defecto. Podemos encontrar una
estructura inversa, en la que primero se nos diga el defecto y luego la virtud:
κῆρυξ δ᾽ ἐγγύθεν ἦλθεν ἄγων ἐρίηρον ἀοιδόν,τὸν πέρι μοῦσ᾽ ἐφίλησε, δίδου δ᾽ ἀγαθόν τε κακόν τε:ὀφθαλμῶν μὲν ἄμερσε, δίδου δ᾽ ἡδεῖαν ἀοιδήν.Después se acercó el heraldo con un aedo de confianza, al cual la Musa había amado mucho, y le había dado el bien y el mal: pues le privó de los ojos, pero le dio un canto bello.Hom. Od. 8.62-64
En este pasaje de la Odisea la correlación entre elementos,
el quid pro quo, queda todavía más
claro. El regalo de la Musa, igual que el de Zeus, también es de doble filo.
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