There are many ways of dividing up classics professors (...). But one of the sharpest divisions among them is that between Hellenists and Latinists, or students of Greece versus those of Rome. Hellenists, it is said, are Democrats; Latinists vote Republican. Hellenists have longer hair; Latinists wear three-piece suits. Hellenists are enthusiastic about Big Ideas; Latinists grow warm over fine points of style. Hellenists are perpetual adolescents; Latinists were born middle-aged. The clever reader no doubt gets the idea.Existen muchas maneras de dividir a los profesores de clásicas (...). Pero una de de las divisiones más fuertes entre ellos es la que distingue entre helenistas y latinistas, o los estudiosos de Grecia contra los de Roma. Los helenistas, se dice, son demócratas; los latinistas votan a los republicanos. Los helenistas llevan el pelo más largo; los latinistas visten vestidos de tres piezas. Los helenistas son entusiastas de las grandes ideas; los latinistas se acaloran por buenos detalles de estilo. Los helenistas son adolescentes perpetuos; los latinistas nacieron adultos. Sin duda, el lector perspicaz capta la idea.
Quede dicho de antemano que ésta me parece una excelente manera de empezar
un libro de filología clásica, y que comparto el trasfondo del texto porque yo
mismo he podido experimentarlo y corroborarlo con mis colegas de universidad.
De hecho, hace poco charlaba de ello con mi pareja. Se me ocurrió entonces
comparar la actitud del helenista y la actitud del latinista con el simbolismo
de la Escuela de Atenas de Rafael.
Veamos.
Platón tiene el Timeo en su mano.
El Timeo es el diálogo más ‘elevado’
de Platón: en él se expone su cosmogonía mítica, y fue catalogado como divino por los renacentistas. Esto
encaja con el gesto de su otra mano, señalando al cielo, es decir, a las ideas
puras, a la contemplación, a la introspección y al racionalismo. Todo lo
opuesto al gesto de Aristóteles, que casi obliga a su maestro a poner los pies
en la tierra, en una clara defensa del empirismo, de los hechos, de la
inducción y de la obediencia a los sentidos.
Para mí, y obviamente esto es una lectura privada sin correlación con las
intenciones del autor del cuadro, Platón encaja mucho con el perfil de
‘helenista’ y Aristóteles con el de ‘latinista’. El helenista, citando a Wender,
es ‘entusiasta de las grandes ideas’,
y añadiría yo, de las generalizaciones, de las teorías. El griego clásico es
una lengua muy fluctuante: tiene artículo –a diferencia del latín-, y abunda en
matices morfológicos –el latín también los tiene, pero a pequeña escala-. El
latín clásico es una lengua más seca que el griego: abunda en adjetivos –por eso
es la lengua de la botánica- y es enormemente conciso. El latinista es un ser detallista
y práctico por naturaleza: la filosofía es cosa de los griegos, como la mayoría
de ciencias teóricas (matemáticas), que los romanos encontraron interesantes
sólo en la medida en que se pudieran aplicar al día a día: ya fuese elaborando
una ética de corte práctico (Séneca, Cicerón), ya fuese edificando mediante la
ingeniería. Las grandes ideas de la antigüedad son griegas; a los romanos -y a
sus seguidores- les resta su aplicación práctica y una pasión por el detalle
minucioso.
Estas distinciones sólo son generalizaciones y tendencias, naturalmente,
pero son muy productivas también en otras ciencias. Por ejemplo, muchos
filósofos dividen su disciplina entre la filosofía analítica e insular y la
filosofía discursiva y continental; muchos lingüistas se dividen a ellos mismos
entre los generativistas y los cognitivistas. De ello, incluso, se han llegado
a inducir tendencias políticas, como Wender hace con los filólogos: ‘los helenistas, se dice, son demócratas; los
latinistas votan a los republicanos’. Para mí, tiene mucho sentido.
Naturalmente, la mayoría de filólogos sabemos (y damos clase de) latín y
griego. No son excluyentes para nada, sino complementarios. Pero pienso que
todos tenemos nuestras preferencias. Las mías oscilan con los años. Últimamente
me siento más latinista, por ejemplo, pero en los últimos siete años he sido
muy filoheleno. Qué se le va a hacer...

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