ἐπὶ δὴ δύ᾽ ὄντε τούτω, ὡς ἔοικε, δύο τέχνα θεὸν ἔγωγ᾽ ἄν τινα φαίην δεδωκέναι τοῖς ἀνθρώποις, μουσικήν τε καὶ γυμναστικὴν ἐπὶ τὸ θυμοειδὲς καὶ τὸ φιλόσοφον, οὐκ ἐπὶ ψυχὴν καὶ σῶμα, εἰ μὴ εἰ πάρεργον, ἀλλ᾽ ἐπ᾽ ἐκείνω.Para combatir estos dos (sc. tipos de hombres; misólogos y salvajes), como parece, yo diría que hay dos artes que algún dios dio a los hombres: la música y la gimnasia, (ambas) al servicio de la altura de espíritu y de la aptitud filosófica; no al servicio del alma y del cuerpo, si no es accidentalmente, sino al servicio de ambos.Plat. Rep. 3.411e
Traduzco uno de los
pasajes más interesantes de La República
de Platón donde se debate el modelo educativo ideal para la ciudad estado del
filósofo rey. Platón argumenta que para combatir a los hombres misólogos –“que
odian los razonamientos”; una de las peores caracterizaciones humanas para
Platón, hecho ya patente en el Fedón
89d- y a quienes viven salvajemente, se les debe enseñar música y gimnasia, dos
artes que equilibran al ser humano. Y aclara: la música no está al servicio del
alma y la gimnasia al del cuerpo, sino que ambas están al servicio del ser en
su totalidad. El pasaje sigue hablando del equilibrio que proporcionan estas
dos disciplinas.
Puedo imaginarme la
sorpresa de los alumnos y primeros lectores de Platón al leer estas líneas.
Parece que el filósofo griego por excelencia fuese a completar su teoría
dualista de la realidad –y por extensión, del ser humano- con una teoría
pedagógica ad hoc: música para el
alma y gimnasia para el cuerpo. Pero no es así. Música y gimnasia ejercitan cuerpo y mente.
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