Sinecismo
es una palabra que no aparece, de momento, en ningún diccionario de castellano,
a pesar de ser un cultismo griego totalmente correcto. Los historiadores llevan
años usándolo para referirse a la “reunión de poblaciones” (literalmente) de la
antigüedad. Así, un sinecismo es un proceso de reagrupación de la población en
un solo centro, generalmente una ciudad. Podemos oponerlo a otros conceptos de
la ciencia histórica como el éxodo rural, donde la población se dispersa,
generalmente y como su mismo nombre indica, hacia el campo.
Recientemente he leído
unas reflexiones de Piero Scaruffi sobre internet y las costumbres que ha
alterado (o no) esta herramienta. El tema es largo y complejo. Primero, y antes
que nada, recomiendo efusivamente la lectura de la reflexión del científico
italiano. Si hacéis click en su nombre se abrirá el enlace –por motivos
técnicos, este diseño de blogger no subraya los enlaces de las entradas.
Scaruffi nos dice que
internet es la culminación de una serie de factores históricos y sociales
iniciados en el siglo XX, tales como la apuesta por el ocio privado y no
público o la pérdida de la privacidad y su conflicto con la “popularidad”; y acaba
diciendo, y traduzco literalmente, Internet
nos ha dado lo que queremos: somos vanos, superficiales y asociales.
Yo estoy de acuerdo con
esto hasta cierto punto, y además quisiera hacer notar que valdría la pena
hablar de la evolución de internet en
los últimos diez años. El internet de 2016 no tiene nada que ver con el de
2006.
Facebook, instagram,
twitter o whatsapp son novedades que acentúan considerablemente el carácter “vano,
superficial y asocial” de internet. El viejo correo electrónico, blogger (o
cualquier otra plataforma donde escribir sin límite de carácteres), Google o
las páginas webs, no necesariamente, o no tanto. Hasta hace bien poco, internet
era usado como una prolongación de los intereses personales. Uno discutía en
foros de debate sobre literatura, historia, música o lo que fuese. Podríamos
discutir si el anonimato de los foros era bueno o malo (igual que podríamos
discutir si introducir tus datos personales en facebook es bueno o malo).
En cualquier caso,
internet no era una prolongación de tu vida privada, que es en lo que se ha
convertido actualmente. En otras palabras: antes, internet era más disperso y
uno entraba en él con una idea previa (búsquedas en google, páginas de
confianza, blogs que seguías sin conocer personalmente a su autor, etc). Hoy en
día el contenido te es ofrecido directamente, y no mediado por tu elección. Las
grandes empresas de internet, con la excepción de youtube, apuestan por esto.
Además, internet es mucho más inmediato ahora que antes, porque el texto (largo) ha sido sustituido por el texto (breve), las imágenes y los vídeos. Un post en blogger es menos “vano, superficial y asocial” que un estado de facebook; una discusión por foro de debate lo es menos que una por twitter; una página web con artículos también lo es menos que un vídeo de youtube. La era de la imagen (cf. La sociedad postlibrum) está servida.
Además, internet es mucho más inmediato ahora que antes, porque el texto (largo) ha sido sustituido por el texto (breve), las imágenes y los vídeos. Un post en blogger es menos “vano, superficial y asocial” que un estado de facebook; una discusión por foro de debate lo es menos que una por twitter; una página web con artículos también lo es menos que un vídeo de youtube. La era de la imagen (cf. La sociedad postlibrum) está servida.
El sinecismo es
evidente. Ya nadie navega por
internet. Nos quedamos en el puerto de siempre. Este puerto, además, estas
cuatro o cinco páginas que se llevan el 99% de las visitas, está desregulado.
No legalmente, pero sí en nuestras conciencias. Lo podemos comparar con el
abuso del tabaco a mediados de siglo XX, y la progresiva concienciación que
hubo de que aquello no podía consumirse en institutos, hospitales, darse a
menores de edad, etc. Las novedades tecnológicas no se llevan bien con el
sentido común. Éste suele tardar en aflorar y ser aplicado.
Hay una cuestión de
fondo. Scaruffi, intuyo, se basa en la idea de que el entorno –en este caso,
tecnológico- no influye en nuestros carácteres. Yo, como docente, creo lo
contrario. Y creo que hay que esforzarse para moldear bien ese entorno, aunque
nuestros tics e inclinaciones –“vanas,
superficiales y asociales”- acaben ganando la partida. Por ejemplo, un gobierno
estatal no puede fomentar el suicidio, por mucho que la mayor parte de su
población tenga tendencias suicidas.
Tras cada sinecismo
hacia las grandes metrópolis (facebook, twitter, tumblr, whatsapp), hay
pequeños éxodos rurales hacia las viejas costumbres (blogs, webs). Esto es
reconfortante. Y no se excluye la posibilidad de que haya una crisis en este
tipo de medios ultra-masificados algún día, y se vuelva a dispersar todo. Yo,
por lo menos, así lo deseo.
Finalmente, acabo con
una reflexión de Marvin Harris sobre el sinecismo; Marvin Harris, Caníbales y reyes, 1977 (trad. Horacio
González Trejo, Alianza Editorial, 1987, Madrid, pg. 25):
A cada ventaja de la vida permamente en una aldea corresponde una desventaja. ¿La gente anhela compañía? Sí, pero también exaspera. (...) Nadie entra o sale de la aldea sin ser notado. Es necesario susurrar para guardar la intimidad: con tabiques de paja no existen puertas cerradas. La aldea está saturada de irritantes habladurías acerca de hombres que son impotentes o que eyaculan prematuramente, y acerca de la conducta de las mujeres durante el coito, y el tamaño, el olor y el color de sus genitales.
La diferencia es que
ahora, en esta “aldea” centralizada, la gente sólo sabe aquello que queremos
hacerle saber. Pero, sinceramente, tampoco tengo claro si esto es bueno o malo.
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