Quienes hayan crecido con
las viejas temporadas de Los Simpsons
recordarán sin duda esta escena. Es del capítulo “La rival de Lisa”, en el que
una nueva chica de la escuela, Alison, consigue superar a Lisa en todas las materias.
Cuando se acerca la prueba final del diorama, Lisa sustituye el proyecto de
Alison –que trata sobre el cuento “El corazón acusador” de Edgar Allan Poe- por
un corazón de vaca. Naturalmente, cuando la culpa corroe a Lisa por su
gamberrada ésta no puede evitar deshacer su engaño y mostrar el verdadero
diorama de Alison.
Lo más interesante del
capítulo, para mí, es la escena que sigue a este fotograma. Para quienes no lo
sepan, en el cuento de Poe el asesino pierde la cabeza ante la policía al ir
oyendo en su mente los latidos del corazón de la víctima enterrado bajo el
suelo de su casa. En el capítulo de Los
Simpsons, Lisa escucha “latir” el diorama de Alison escondido bajo el suelo
de la escuela. La simple referencia inicial al cuento de Poe acaba por transformarse
en un homenaje cuando se equipara la culpa de Lisa con la culpa del asesino en
el cuento.
Y, sin embargo, nadie
diría que este capítulo de Los Simpsons es
una “versión” del cuento de Poe. La referencia es mínima y puntual –recuerdo,
además, que en este capítulo este hilo argumental se intercala con el del
montón de azúcar encontrado por Homer-. En muchos otros capítulos de Los Simpsons hay alusiones puntuales de
este tipo: a La ventana indiscreta,
cuando Bart se rompe la pierna, o a Pulp
Fiction, en un capítulo con distintas historias que se influyen mútuamente.
Las (buenas) series
suelen hacer uso de recursos en su mayoría ya plasmados y usados ampliamente en
la literatura. Pero no por ello decimos que las series son plagios, ni siquiera
que están basadas en la literatura por este hecho. Simplemente, en las series se
actualizan y aplican recursos ampliamente socorridos en la historia de la
ficción. Se usa la literatura
precedente.
Sin literatura también
hay series. Y, por descontado, sin series también hay –y ha habido siempre-
literatura. De un modo similar, las ciencias humanas o naturales toman
mecanismos, conceptos e instrumentos las unas de las otras. La historia se
sirve de la arqueología; la crítica textual (o filología), de la lingüística;
los estudios literarios, de la crítica textual; etcétera. A veces, se
“trasladan” conceptos enteros de una ciencia a otra: la metástasis es una cosa en
medicina, y otra en fonética, por ejemplo. Según tengo entendido, la filología
tomó sus árboles genealógicos para la filiación entre manuscritos de la
biología y sus árboles de fenotipos, por ejemplo.
Pero nadie en su sano
juicio diría que la historia es
arqueología aplicada, o que la fonética es
medicina. ¿O tal vez sí? Veamos qué se cuece en twitter:
La sociología no es
matemática aplicada; la sociología se hizo durante años sin matemáticas. La psicología tampoco no es matemáticas. Sin matemáticas también hay psicología. Etcétera. Las
ciencias toman mecanismos y conceptos las unas de las otras. Toman recursos de las matemáticas.
Naturalmente, esto es
sólo una viñeta. Pero detrás de esta viñeta hay un discurso muy arraigado: las
matemáticas son la base de absolutamente todo. Bien, las matemáticas se usan en muchos campos. Pero, insisto,
la sociología no son matemáticas.
¿Sabéis qué es lo que
también se usa en muchos campos? La lengua. El diseño, las artes gráficas. La
música. El arte. La historia. La literatura. El latín (preguntádselo a un
juez). El griego (preguntádselo a un biólogo). Pero eso no está, o no interesa
que esté, en la superfície, a la vista de todos. Creo que deberíamos seguir enumerando
hasta conseguir que quienes dictan los planes de estudio en este país oigan el
palpitar de algo en el suelo, y griten de culpa: “¡Los latidos de ese odioso corazón!”.


Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada
Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.