D'un home coratjós direm que "res no l'espanta"; d'un home temorenc direm que "no res l'espanta".
De un hombre valeroso diremos que “nada lo atemoriza”; de un hombre cobarde diremos que “lo atemoriza nada”.
Complicada traducción
de uno de los mejores momentos de las cartas que Pompeu Fabra publicaba en los
periódicos barceloneses a principios de siglo XX, cada vez que alguien
criticaba públicamente su flamante gramática. El pronombre catalán res equivale al castellano nada semánticamente, pero sus usos
sintácticos son bastante distintos. Sin ánimos de entrar en la cuestión en
profundidad, en catalán res no puede
negar una frase, sino que se necesita de un no
que la niegue –en francés, en cambio, para negar es obligado el pas, y no el non-. Fabra hace hincapié en esto con el primer ejemplo, donde el no convierte a res en sinónimo de nada,
mientras que en el segundo ejemplo, una frase afirmativa, no res es sinónimo de muy poca cosa.
Mi traducción
castellana juega con la pragmática y la posición de foco en la frase. A pesar
de que sería necesario un contexto, cuando nada
está en la posición habitual del sujeto sobreentendemos una frase negativa
(primer ejemplo), mientras que en el segundo ejemplo, al desplazarlo de su
posición habitual de sujeto, el lector pone énfasis en la intención del hablante
y entiende –o debería entender- una frase afirmativa, i.e. que se asusta por nada.
Agradeceré cualquier
corrección si fuese oportuna.
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