Una de las cosas más
interesantes de observar para un filólogo clásico del siglo XXI es que todo
está por hacer en nuestro campo. ¿Todo? Sí: dos siglos de academicismo
historicista han matado y rematado tanto a los clásicos griegos y latinos que
revivirlos está al alcance de todos. Precisamente, hoy he revisado el capítulo
de la Odisea en un manual de
literatura griega, dándome cuenta de que todo cuanto se dice son nimiedades y discusiones
deliberadamente inacabables: que si Homero fue o no fue un compilador, que si
Pisístrato fijó el texto, discusiones sobre los ‘estratos’ del texto, etcétera.
Francamente, para hablar de todo esto no hace falta, ni siquiera, haberse leído
la Odisea.
De hecho, muchos
estudiantes de clásicas no lo hacen. Hay una larga y arraigada tradición de
anteponer la Ilíada en los planes de
estudio, por el simple hecho de que ésta es anterior.
Pero realmente, la repercusión de la Odisea
es y será siempre inmensamente superior a la de la Ilíada¸ por lo general mucho más aburrida en cuanto al contenido y
argumento.
Para mí, lo mejor de la
Odisea son sus personajes. En
contraposición al cuadriculado, fuerte, machote -pero a la vez llorón- Aquiles,
Ulises se nos presenta como un héroe pícaro, inteligente y camaleónico. Se ha
dicho que Aquiles representa un prototipo de hombre griego más propio de la época
arcaica y Ulises otro más de la época clásica. Sea como fuere, Ulises es un modelo
de héroe muy atípico.
Padece desarraigo de su
tierra por estar en la mar; es casi un apátrida. Viaja con un destino, pero a
cada acción parece alejarse más de él. Su tripulación está compuesta por
ignorantes pero fieles marineros, en contraposición a la sabiduría y al
oportunismo de su capitán. Es casi un cowboy, un llanero solitario americano.
Su arquetipo está muy vivo allí dónde el individualismo sea la única garantía
para la supervivencia.
Pienso en Easy Rider (1969), en El Camino de Jack Kerouack o en Bob
Dylan cuando quiero encontrar Ulises modernos. El relato de la astucia está
vivo en quienes (creen que) viven en entornos hostiles, y Estados Unidos es sin
duda el escenario ideal para ello. Pero el relato del héroe que se constuye
alrededor de estos escenarios suele ser más turbio que el relato del héroe
clásico, caballeresco y honrado. Un Aquiles, desde luego, no sobreviviría en el
far west. Es demasiado obcecado y
honesto.
Sin duda, una de las
mejores cosas de la Odisea es la
ausencia de juicios de valor. Homero –quien quiere que fuese- no es un
moralista. Se nos presenta a un héroe y a sus recursos –mentir, sacrificar a
sus tripulantes, cometer adulterio, matar, etcétera- con total transparencia.
Gran parte del éxito de la buena literatura suele radicar en esto, a mi
entender: a no juzgar por el lector. ¡Ah! Y en proyectar una ilusión de ‘libertad’
sobre el mundo: Ulises comete mil y un delitos y no le pasa nada. Más o menos
como en los westerns, diría yo.

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