
Creo que “descubrí” la
música con el disco de Yellow Submarine
de los Beatles. Yo debía estar en cuarto o quinto de primaria (¿9 años?), y mi
padre nos lo ponía con frecuencia a mi hermano y a mí porque nos había
encantado la película homónima. Naturalmente, las canciones del disco me traen
imágenes de mi infancia, del piso donde vivíamos, de la película, etcétera,
pero no tengo conciencia de guardar un especial vínculo sentimental con los
Beatles. Los escucho ahora y me gustan, pero no me entusiasman.
En la adolescencia opté
por el rock más duro, un camino musical que hice por mi cuenta. Es una música
que sigo escuchando ahora, y creo que me gusta más por el hecho de ser yo solo
quien la fue descubriendo. Veo más similitudes, ahora mismo, con mi yo
adolescente que con mi yo preadolescente. Puede que haya tomado esa etapa
(14-16 años) como algo fundacional en
mí, y no me identifique tanto con la anterior.
Veremos cómo evoluciona
la cosa. Un buen colega mío me dijo una vez que lo más auténtico que hay en
nosotros habita en la infancia. Quizás acabe volviendo ahí y recupere el hábito
de escuchar los Beatles con frecuencia. Ahora les tengo un cierto cariño, pero
poco más. Eso sí: a pesar de no identificarme con ella, la infancia tiene para
mí una especie de halo mágico.
Recuerdo que también
fue en quinto o sexto de primaria que empecé a leer La comunidad del anillo, un poco antes de que saliera su adaptación
cinematográfica. Naturalmente no lo acabé: me quedé a las puertas de Moria, si
mal no recuerdo, pero cuando pienso en mi infancia no puedo evitar ligarla a
los Beatles... y a Tom Bombadil, mi personaje favorito de Tolkien. Y, bien
pensado, ambos combinan la mar de bien.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada
Nota: Només un membre d'aquest blog pot publicar entrades.