6 de set. 2019

El mes más cruel

Recuerdo haber leído en un comentario al The Waste Land de T. S. Eliot que su famoso inicio, “Abril es el mes más cruel”, se refería al hecho de que en abril se espera la primavera –en el poema, metáfora para la recuperación tras la guerra- que acaba por no llegar. El invierno es duro, pero alberga esperanza; el abril ni siquiera tiene eso.

Por una serie de cuestiones que escapan a mi control, vuelvo a estar sin trabajo en un inicio de curso. Mientras duran las vacaciones uno se hace la idea que va en la misma dirección que el decurso habitual de las cosas –uno está ocioso, pero ¿quién no lo está en agosto?-, pero cuando se acaban la realidad nos golpea de nuevo. En setiembre el mundo gira, y uno se lleva la impresión de estar quieto. Y aunque la situación no se alargará demasiado, el simple hecho de no saber cuándo se acabará exactamente tiene algo de exasperante. Recupero el blog ahora, tras un agosto movidito por la mudanza, con la esperanza de que me ayude en el tedio.

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