Pero hay otra cosa. A
mi entender existe un sentido bueno de la palabra misantropía, un sentido que
le confiere valor y valores, y que consiste en saber que todo el mundo tiene el
derecho a ser un misántropo. Eso conlleva, entre otras cosas, respetar siempre
la libertad individual y aborrecer lo colectivo, lo masivo y lo común. Una idea
que yo enmarcaría dentro de un utópico, imposible y, por desgracia, antinatural,
anarquismo. Un anarquismo absoluto que se desinteresa de la política, no para que
nos la hagan otros, sino porque idealmente nadie debería hacerla.
Insisto en lo de
utópico, que conste.
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