Charles Darwin, El origen de las especies, 1859 (trad. Antonio
Zulueta, Espasa Libros, 2008, Madrid, pg. 90):
Vemos el valor atribuido a los animales aun por los salvajes de la Tierra del Fuego, cuando matan y devoran a sus mujeres viejas en tiempos de escasez, como de menos valor que sus perros.
Recuerdo aproximarme a El origen de las especies cuando cursaba
primero de carrera. No entendí nada. Lo ojeo ahora y me mantengo en mi
ignorancia. Pero revisando el libro he visto el único subrayado que le hice
antes de abandonarlo a medias. Creo que el clásico de Darwin es uno de esos
libros que hay que tener aún cuando nunca se lea, y tener subrayado esto en la
página 90 significa que leí –como mínimo- hasta ahí. Un auténtico récord.
Entrando en el asunto
canino, Darwin nos transmite una subversión de los valores más elementales:
considerar la vida de un perro como más valiosa que la de un anciano. El
adjetivo salvaje encaja bien aquí. No
obstante, Frazer nos transmite el ritual romano de coronar a los perros durante
las fiestas de Diana. Cf. J. G. Frazer, La
rama dorada, 1890 (trad. Fondo de Cultura Económica, 1989, pg. 26):
Además, en el festival anual de la diosa adornaban con coronas a los perros de caza y los animales salvajes no eran molestados.
También cabe apuntar
que, si uno consulta el índice de La rama
dorada y busca “Perros”, encontrará varias referencias a su sacrifico y al
tabú de tocarlos. No obstante, resulta peculiar que los “salvajes” de Chile y
los romanos les tengan en cierta consideración. Lo más frecuente era tenerlos
en poca estima, como atestigua el insulto κυνώπης, “cara de perro”, que
encontramos ya en la Ilíada (Il. 1.159).
El insulto “cara (de) perro” sigue siendo usado actualmente en caló, según
tengo entendido.
También Eliano,
científico romano del siglo III, escribe en griego sobre unos hombres de Egipto
con “cara de perro” (κυνοπρόσωποι):
μετὰ δὲ ταύτην Κυνοπρόσωποι νέμονται ἄνθρωποι κατὰ τὴν ὁδὸν τὴν ἐς Αἰθιοπίαν ἄγουσαν. ζῶσι δὲ ἄρα οὗτοι θηρῶντες δορκάδας τε καὶ βουβαλίδας, ἰδεῖν γε μὴν μέλανές εἰσι, κυνὸς δὲ ἔχουσι τὴν κεφαλὴν καὶ τοὺς ὀδόντας.Después de este (oasis), habitan unos hombres con cara de perro bajando por el camino que lleva a Etiopía. Éstos viven cazando venado y antílopes, y son negros a la vista, y tienen la cabeza y los dientes de perro.Ael. NA 10.25
Una caracterización, en
cualquier caso, nada positiva.
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