Yannis Ritsos, Orestes, 1966, traducción propia:
Κανένας δέν ἔχει δικαίωμα νά ἐξουσιάζει τά μάτια μου
Nadie tiene derecho a gobernar mis ojos.
Los monólogos trágicos
de Ritsos son tan bonitos como interesantes. Además, la idea de los ojos como un bien muy preciado tiene precedentes clásicos especialmente en la literatura latina.
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