Hans-Georg Gadamer, Verdad y método II, 1960, (trad. Manuel
Olasagasti, Ediciones Sígueme, 2006, Salamanca, pg. 97):
Una vez que perdió credibilidad el mundo de valores de la epopeya homérica, concebido para una sociedad aristocrática, se hace necesario un nuevo arte interpretativo para la tradición. Esto se produjo con la democratización de las ciudades, cuyo patriciado hizo suya la ética de la nobleza. La expresión de la misma fue la idea pedagógica de la sofística: Ulises ocupó el puesto de Aquiles y adoptó unos rasgos sofísticos incluso en teatro.
En este pasaje, Gadamer
remonta los orígenes de la hermenéutica a la Grecia clásica y perpetúa los
modelos de esta primera ciencia interpretativa hasta la exégesis bíblica
anterior a Lutero. Personalmente, encuentro interesante que un cambio de
valores en la sociedad griega produzca el nacimiento de una ciencia
interpretativa para los textos fundacionales de su cultura. En última
instancia, si seguimos a Gadamer, este cambio de valores acabaría conllevando
unas implicaciones metodológicas colosales para la filosofía y la ciencia
positivista en el siglo XX. En efecto, Gadamer eleva el fenómeno hermenéutico
desde el simple texto a la categoría de problema epistemológico de carácter
general. Releer a Homero es el primer paso, para el filósofo alemán, para
cuestionarse los cimientos de nuestra comprensión de la realidad.
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