En fin, [Carlos V] va y viene por los caminos de Europa, al frente de sus tropas –donde se mezclan todos los soldados de su imperio- o como simple político al que le preocupan los inagotables problemas de la cristiandad. De esa forma, Carlos se nos aparece tallado a escala continental, más que a escala nacional. Y eso le da un aire a veces arcaizante y a veces renovador. Admirando las ruinas romanas o evocando a Julio César, es un auténtico renacentista. Como caballero de la Orden del Toisón de Oro, que quiere medirse en duelo personal con Francisco I de Francia, es una figura medieval. Como paladín de una Europa unida, o legislador y protector de sus nuevos vasallos de las Indias occidentales, es un precursor.
19 de jul. 2019
Arcaizante y renovador
Manuel Fernández
Álvarez, Carlos V: Un hombre para Europa,
1999, Madrid, p. 87:
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