Para todo lo demás, me
quedo con la tradición intelectual de Atenas (racionalismo, ilustración,
deducción, empirismo...) antes que con la de Jerusalén (revelación, profecía,
verdad divina, fe...). Aunque bien es cierto que ésta última, cuando se ha
hecho patente en mí, ha cobrado muchísima fuerza. Supongo que la inspiración
divina, por ser más escasa, siempre nos parece más potente que, por ejemplo, la
deducción filosófica. De tan socorrida, ‘Atenas’ nos parece ya vulgar, cuando realmente somos nosotros
los incapaces de apreciarla bien. Muy probablemente, sin ella yo ya no sería un
católico inconsciente, sino un fanático. Vade
retro.
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| Una vieja rezando, de Nicolás Maes |

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