En su clásico Homosexualidad griega (1978), K. J.
Dover hacía referencia en varias ocasiones a la iconografía de la cerámica
griega que representaba escenas eróticas. En éstas, mientras que los miembros
de los héroes eran representados con un tamaño discreto, los de los sátiros,
por el contrario, tenían una dimensión proporcionalmente mucho mayor. La
distinción entre penes era bastante rica; en vasijas con escenas de Hércules en
Egipto, por ejemplo, se representaba a los egipcios con el pene circumcidado.
Dover deduce de la iconografía que el héroe griego tiene un pene más pequeño de
lo habitual. Podemos añadir a la evidencia de la cerámica las palabras de
Aristófanes en las que se instaura un cánon de belleza para el hombre griego:
ἢν ταῦτα ποιῇς ἁγὼ φράζω,
καὶ πρὸς τούτοις προσέχῃς τὸν νοῦν,
ἕξεις ἀεὶ
στῆθος λιπαρόν, χροιὰν λαμπράν,
ὤμους μεγάλους, γλῶτταν βαιάν,
πυγὴν μεγάλην, πόσθην μικράν.
Si haces esto que te digo, y diriges tu ánimo a esto, tendrás siempre un torso robusto, una piel clara, ancha espalda, una lengua pequeña, nalgas anchas y un pene pequeño.
Aristoph. Nub. 1009-1014.
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